El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




domingo, 21 de agosto de 2011

La realidad puede ser otra

            Amigo, amiga que hoy, no por casualidad, estás leyendo esto. Hoy necesito explicarte una realidad concreta, como tantas. Pero que hoy, a mi me ha interpelado como ser humano, como instrumento de Dios en este mundo.
Esta mañana he vivido la realidad de una persona que aprecio y respeto porque, como yo, es un ser humano, a pesar de las diferencias culturales que nos separan. Que más me da como ve el mundo esta mujer, a quien vota o si me cuesta entender sus palabras. Es un ser humano, que como tú y como yo, pisa esta tierra, respira, camina, habla, ama.
Lamentablemente sufrió un percance y le entró un líquido corrosivo en el ojo por lo que tuve que acompañarla al hospital. Un hospital deprimente, decadente y caótico. Una vez entramos yo pretendía que la atendieran de manera inmediata, ya que era una emergencia. Pero no, allí de pie, con la mano en su ojo ardiente tuvimos que hacer cola y cuando nos toco el turno nos comunicaron que no había cupos para oftalmología. ¿Cómo? No es posible. -Es una emergencia. -Exclamé.  Entonces nos derivaron a un pasillo con unas puertas maltrechas donde se anunciaban diferentes especialidades. Me vi llamando a la puerta, sin poder esperar a que está se abriese en ¿Cuánto? ¿Un minuto, diez, una hora, dos? La doctora, al decirle que había ocurrido, dictó a la enfermera un remedio para limpiar el ojo. Pero no, tampoco iba a ser rápido. Yo, tenía que cancelar primero. Es decir hacer otra cola en la ventanilla de caja para pagar la jeringa y el líquido que iban a necesitar. Sorprendida, aunque ya lo sabía pero no lo había vivido, sugerí que fueran tratándola mientras yo, como no, iba a pagar lo que fuera. Pero no, primero había que cancelar. Así que ella tuvo que esperar para enjugar sus lágrimas de dolor y de miedo hasta que yo regresé. Felizmente no hubo que lamentar males mayores pero mientras la acompañaba a su casa yo iba reviviendo lo visto en aquel lugar donde nadie va por gusto, sino porque necesita y, a veces urgentemente, que le atiendan, le alivien su dolor y también atenúen sus miedos.
Pero todavía me quedaba más por ver. Tomamos un taxi para no tardar mucho en bus y porque estos, según me dijo ella, la dejaba un poco lejos de su casa. Pero ni con el taxi nos ahorramos caminar y caminar, pues el conductor no quiso subirnos al cerro donde ella vive. Si ni ellos mismos quieren llegar ahí. ¿Qué será?  Así pues con el ojo vendado y con el susto aún en su cuerpo tuvimos que empezar a caminar bajo un sol de justicia, montaña arriba. Y cada vez más arriba mientras ella me contaba la dificultad que representa adquirir un trocito de tierra para poder hacerse un techo para vivir. Yo, callada, casi no tenía pensamientos, apenas  iba observando la belleza del paisaje de estos Andes: el cielo, el verde, las majestuosas montañas, y  viendo lo generosa que es la tierra y sintiendo como el Amor de Dios se refleja en la naturaleza.
Pero el cansancio me volvía a la realidad por un instante y no podía creer que aún siguiéramos subiendo. Ya quedaba lejos el lugar donde paró el coche y donde terminan su trayecto los destartalados buses. Entonces,  de repente,  me encuentro con un conjunto monumental de torres de electricidad, antenas telefónicas y no sé cuantas y cuantas antenas. Al pie de ellas unas casitas, más bien unas chozas, de apenas 20 metros cuadrados donde, me cuenta, viven algunas familias a las que el estado les paga para que vigilen. Y a partir de ahí, tierra, viento, frio, soledad y una ciudad abajo repleta de gentes, muchas de la cuales, me temo que, jamás, seguro, han llegado tan alto.
Después de observar atentamente todo lo que se me estaba revelando, con tanto contraste, apenas vemos tres o cuatro casas más y ella señala: - Allá vivo yo. Llegamos y me cuenta que poco a poco la acabarán de construir con sus manos, ella y su marido.  Y observo que en lugar de ventanas hay  plásticos azules y que no  hay escaleras. Y que para bajar a la puerta de la cocina hay que, literalmente, descender  por un barranco. Y saluda al vecino, que “colgado” en el mismo barranco, trata de allanar la tierra con sus manos y la ayuda de dos rudimentarias herramientas. Un resbalón y uno cae y desaparece de repente para siempre entre los valles. Mis sensaciones sobrevienen una detrás de otra y sólo algún pensamiento se cuela ante tanta sorpresa. Muy amablemente me invita a entrar. Allá en un espacio pequeño  y oscuro me ofrece agua. Estamos en la cocina. Y ella no para de justificarse que está por terminar pero que poco a poco, como sintiéndose mal por el hecho de vivir ahí. Y yo, exhausta de andar y absolutamente atónita, por unos momentos me siento también mal. Porque puedo sentir lo que ella está sintiendo y porque yo me siento una privilegiada. Soy una privilegiada. Pero en absoluto más que ella. ¿Entonces?  
Ella cría a sus hijos, lleva su casa, estudia, trabaja……… como muchas mujeres.
Y sufre, siente, padece, ama, cae y se levanta como tú y como yo, como todos los seres humanos.
Entonces ¿dónde está la diferencia, podemos preguntarnos? E incluso podríamos afirmar que ella posiblemente así es feliz.  Sí, posiblemente. Pero si tanto lo fuera no desearía otra realidad para sus hijos. Y ahí entiendo la diferencia. Todo lo que  ella hace, como tu y como yo, no es para  vivir mejor, no. Es, para SOBRE-vivir. No para cambiar la ventana por otra que cierre mejor, sino para poder una, la que sea y poder quitar el plástico. No para ir al restaurante un día sino para poder comer cada día. No para tener un coche, sino  para que al menos le alcance para coger ese bus. No para hacerse una liposucción pero si para poder cancelar para que la atiendan en el hospital si un día ella o sus hijos tienen una emergencia.  Y así todo. Por tanto. . . me pregunto, ¿Qué puedo hacer yo?, ¿Qué debo hacer yo? 
De repente, me doy cuenta que tengo que marcharme. Y empiezo a andar. Y empiezo a bajar por el cerro, con los cerdos y las gallinas saliendo a mi paso y contemplando nuevamente la belleza del paisaje, tanta, que siento como si estuviera contemplando  el mundo entero. Lo puedo sentir entre mis manos. Mío. Tuyo. De todos.  Voy bajando apenas murmurando para mis adentros. No me queda casi ni murmullo. Qué pequeña me siento ante la inmensidad que veo, y que pequeña también ante la realidad del mundo, y más aún, de mi misma.
Ha sido un día inesperado. Y de aprendizaje, que sin duda aún estoy vislumbrando. Si Dios me muestra quien soy y donde estoy  en el mundo, creo que es para que tome consciencia de que no llegué allá por casualidad o para pasar una mañana diferente y poder contarlo aquí. Hay algo más, mucho más grande, detrás de cada realidad que vemos. Es la capacidad de observarlo con los ojos del Amor y sentir en carne propia el latir del corazón del otro, su sentir, su humanidad. Sentir al otro es el primer paso para comprender y caminar a su lado. Respetando sus costumbres, su cultura, su ser y tenderle esa mano que necesita. Pero me sigo preguntando que a partir de ahí,  ¿Qué puedo hacer? ¿Por dónde empezar? ¿Quién soy yo para decidir que ella necesita lo mismo que yo tengo?
 Ante esa pregunta me digo que somos muchos los que alguna vez, o más, nos hemos encontrado en esa tesitura y nos hemos sentido de mil formas distintas. Impotentes, incapaces, egoístas, pobres,… Pero lo que si tengo claro es que yo no estuve ahí para bendecir mi suerte, girarme y marchar.
Y que tú, que estás leyendo estas palabras, tampoco estás aquí para bendecir la tuya, girarte y marchar.
Atiende pues, tú que puedes, y no pongas más excusas. No retrases lo que has venido a hacer en este mundo. Tu mano alcanza más allá de lo que puedas imaginar. Siempre, siempre, hay alguien que te necesita. Cerca, lejos, antes o después.
Aquí, allí, cerca, lejos. Dónde sea, ofrece, comparte algo de lo que tienes sin pensar en lo que te representa. Seguramente, si estás leyendo esto tienes algo más que esa persona. Puedes conectarte con un mundo global, virtual, en el que una simple lectura  puede cambiar tu vida, puede cambiar su vida.
Por si eso ocurre, te invito a conocer a nuestra Fundación, Fundación Elial, que con el Espíritu de Gratitud y Amor por todo lo que hemos recibido, decidimos un día darle voz a los más pobres, a los que nos necesitan y que, como tú y como yo, lloran, ríen, se caen, se levantan, aman. Aquellos en los que Dios tiene puesta su mirada.
Es dando que se recibe. No lo dudes. Da, comparte lo poco o mucho que tienes y tus riquezas serán innombrables. Ellos confían en Dios. Y tú eres instrumento del Dios Bondadoso y Eterno que mora en tu ser.
Gracias, que Dios te bendiga.
Entrada publicada por Elisenda Julve.

sábado, 20 de agosto de 2011

Con un lirio en la mano

            “Eso que estás diciendo, es lo mismo que decir que vaya por el mundo con un lirio en la mano”. Esto me lo decían, después de que yo hiciera una mínima exposición de mi pensamiento sobre cómo actuar con las demás personas, en todos los casos, sin hacer excepciones.

            Mi exposición fue: “El pensamiento es energía, es vibración. Esa vibración es una señal que se envía y atrae otra vibración de la misma calidad que la enviada.

Por lo tanto, si la señal que envías de manera permanente es de desconfianza, vas a recibir, también de manera permanente, engaños y trampas, vivirás en un mundo que siempre te parecerá un mundo de tramposos, vivirás en una espiral de sospechas, vivirás siempre con cautela, con precaución, con miedo, con recelo; en lugar de tener una vida de confianza, de seguridad, de tranquilidad.

Lo que hay que hacer es no sospechar permanentemente de la gente, es no desconfiar de nadie. Si tu desconfías de los demás, ¿Crees tú, que ellos van a confiar en ti? Si la energía que reciben de ti es de desconfianza, te van a dar aquello que estás pidiendo casi a gritos, ¡que te engañen!”.
En principio, todo el mundo es bueno, y si hacen algo mal, o te dan un peso erróneo, o quieren cobrarte de más, etc., etc., no te están engañando a ti, se están engañando ellos, se están haciendo mal a ellos mismos, ya que tendrán que pagar por ese engaño que pretenden hacer contigo. Se denomina la “Ley del Karma”. ¡Si no somos el cuerpo, ¿cómo vamos a sentirnos engañados por 50 gramos de menos en un peso?! Somos un alma, y al alma le dan igual los 50 gramos.
Por lo tanto, ¡Si, vete con un lirio en la mano, y además del lirio, vete enviando amor! Si la energía que envías es amor, es confianza; se supone, por definición, que la energía de vuelta será la misma, y así será, aunque, desgraciadamente, no en todos los casos. Ya que aunque en todas las interacciones vayas con estas energías, alguno te va a engañar. Es normal, son esa pobre gente que sólo vive en su cuerpo, y basan su felicidad en estafarte un poco de dinero, para amasar más, o en engañarte en cualquier otro aspecto. ¿Qué hacer? Pues lo normal, decírselo, con todo el amor. Y si no tienes ocasión de decírselo, lo que has de hacer es perdonarle, bendecirle y no volver con esa persona. Yo creo que no hay que poner la mejilla dos veces.
    Si consigues una vida de silencio, si consigues vivir observando la vida, es seguro que el Universo te va a indicar en forma de intuición, en forma de saber porque sí, en que tienda has de entrar para que te atiendan desde el alma. Pero si en vez de vivir en el silencio vives en un pensamiento circular de desconfianza, entrarás en la tienda en la que necesites hacer realidad tus pensamientos, entrarás en la tienda de un troglodita para que te atienda como te mereces, engañándote. 

viernes, 19 de agosto de 2011

Un cuento corto


            Caminaba con mi padre cuando él se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:

- ¿Además del cantar de los pájaros, escuchas alguna cosa más?

Agudice mis oídos y algunos segundos después le respondí:

Estoy escuchando el ruido de una carreta.

- Eso es - dijo mi padre- Es una carreta vacía.

Pregunte a mi padre.: - ¿Como sabes que es una carreta vacía, si aun no la vemos?

Entonces mi padre respondió: - Es muy fácil saber cuándo una carreta esta vacía, por causa del ruido. Cuanto más vacía esta la carreta, mayor es el ruido que hace.

Me convertí en adulto y hasta hoy cuando veo a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuna o violenta, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y menospreciando a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo:

-          Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace.

La humildad consiste en callar nuestras virtudes y permitirle a los demás descubrirlas.

Y recuerden que existen personas tan pobres que lo único que tienen es dinero.

Y nadie está más vacio que aquel que está lleno de egoísmo.

jueves, 18 de agosto de 2011

Si me caigo, no me queda más remedio que levantarme

            Trabajamos duro para conseguir incrementar nuestro nivel de energía y de vibración, para ser cada día mejores personas, para ayudar cada vez más, para ser más compasivos y más tolerantes, para acercarnos más a Dios. Es cierto, que caemos y nos volvemos a levantar, pero seguimos trabajando con determinación. Y según vamos alcanzando mayores niveles de vibración, somos conscientes del “conocimiento y del poder” que se encuentra en nosotros y, cuando descubrimos “eso”, queremos mantener, a toda costa, el nivel de vibración alcanzado.

Mantener la energía, no es difícil, sólo hay que mantenerse en el nivel de pureza de la vibración conseguida. Me explico: A más vibración, más sutileza; ¡recordar que nuestro fin es llegar a integrarnos con la Energía Divina!, es decir, Sutileza Total. Por lo tanto, hemos de actuar, física, mental, emocional y espiritualmente, de acuerdo con aquello que queremos alcanzar, hemos de actuar como si ya estuviéramos vibrando con la Energía Divina: Bondad absoluta, Verdad absoluta, Amor absoluto, Paz infinita, Certeza total.
             Y cada vez que nuestra actuación se sale de estos parámetros de “totalidad”, nuestro nivel de energía decrece: Cada vez que no decimos la verdad absoluta, cada vez que intentamos manipular, cada vez que intentamos sacar beneficio a costa de otros,  cada vez que dudamos de nuestra divinidad, cada vez que se apodera el miedo de nosotros, cada vez que no compartimos nuestro conocimiento, nuestro poder, nuestro dinero, nuestra compasión; cada vez que juzgamos o criticamos. En todos estos casos nuestro nivel de energía desciende, unas veces somos conscientes de ello, y otras no lo somos. Pero cuando eso ocurre, nos volvemos más terrenales, alejándonos del espíritu y perdiendo el contacto con nuestra alma.
            Es cierto, que cuando desaparece la causa del descenso de energía, esta vuelve, normalmente, al punto de partida. Pero mientras dura la bajada, ¡y puede ser de larga duración!, estamos más expuestos a los peligros del cuerpo y de la mente, a todos esos peligros que con tanto trabajo y sacrificio, vamos dejando atrás: miedos, dudas, anhelos, deseos, tristeza, etc. Y son justamente todos estos peligros, la causa primera del descenso de la energía, ya que es la identificación con el cuerpo y la conexión a través de la mente con las cuestiones terrenales, la causa más normal de la desconexión de nuestra alma.
            Es como la pescadilla que se muerde la cola: Estamos fantásticos, pero por alguna razón, desconocida o no, aparece un punto de, por ejemplo, miedo en nuestra mente. De manera inmediata desciende la energía, la mayoría de las veces bruscamente. Con el nivel de energía y de vibración en su punto más bajo, el pensamiento de miedo se apodera de nosotros con  tanta fuerza, que somos incapaces de tener consciencia de la desconexión. En ese momento, nos convertimos, nuevamente, en los trogloditas, que éramos antes de alcanzar nuestro nivel superior de vibración.
            Afortunadamente, nuestro trabajo sirve para algo y, siempre, en algún momento, somos conscientes de nuestro estado. Es entonces cuando elegimos seguir terrenales, o volver a nuestro estado inicial de vibración. Para volver al estado inicial, no es suficiente con proponérselo, ni tan siquiera con sentarse a meditar en ese momento, ya que la mente ha tomado el mando y no lo va a dejar fácilmente.
            Aunque cada persona, sabe mejor que nadie como volver a dominar a su mente, cuento mi formula: Si puedo, trato de tomar contacto con la naturaleza: no hace falta escalar una montaña, puede ser un jardincito, un árbol de la calle o una maceta de casa; lo importante es que sea un espacio de energía limpia y más poderosa de la que en ese momento me rodea; y en ese espacio, respiro lenta y suavemente por la nariz, mientras imagino, pienso o visualizo como esa energía limpia hace crecer mi aura. La punta de la lengua la tengo en el paladar, y entre la inhalación y la exhalación, hago una pequeña retención. A la vez, voy repitiendo lentamente en mi interior “Yo Soy el Alma”.
            Con esto se recupera nuevamente el nivel de vibración inicial. Todo son técnicas. Lo importante es tener la paciencia y la voluntad para llevarlas a cabo.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Marionetas de la mente

            No hay medida en el amor, como no la hay en la felicidad, o en la paz interior, o en la alegría, o en la bondad.

            No se es bueno de diez a doce y, malo de cuatro a seis, como no se es feliz a ratitos, o no se quiere por la noche mucho, y por la mañana se grita. Si a alguien le sucede esto, ni es bueno, ni ama, ni es feliz.
            La felicidad, el amor, la paz interior, la alegría, son estados inherentes a la persona, son cualidades del alma y, no hay posibilidad de conseguirlos con estímulos procedentes del exterior. La única forma de conectar con esos estados, que no son tales, sino que es solamente uno, yo me atrevería a llamarle AMOR, es vivir el presente, es detener los pensamientos, es desechar los deseos, es permanecer en el interior. No es que al vivir de esa manera, se abra una cajita y aparezca ese amor, no. Lo que se consigue es cambiar la vibración de la energía, y conectar con otras energías superiores que nos conducen directamente a tales estados. Y una vez conseguida esa vibración es difícil perderla, aunque si puede disminuir, y lo hace, cuando la persona tiene miedo, o duda, o no dice la verdad, o sencillamente no utiliza su mente y se deja utilizar por ella.    
Lo que producen los estímulos externos: un aumento de sueldo, una pareja extraordinaria, unos hijos inteligentes, un premio de la lotería, etc., etc., sólo es una ilusión pasajera, sólo es la satisfacción de las perspectivas marcadas por la mente.  La mente, tan poderosa ella, se programa para alcanzar la felicidad cuando se consiga equis, y una vez conseguido equis, la mente dice que es feliz, y la persona, que vive en la mente y se identifica con ella, se cree a pies juntillas lo que esta va dictando. No es tal. Sólo es una ilusión pasajera, ya que la mente, una vez conseguido aquello que anhelaba, va a marcarse otro objetivo, con lo cual, la persona vuelve a no ser feliz, hasta que consiga obtener el nuevo capricho de la mente.
Los padres que dejan de hablar a su hijo, porque se ha casado, por ejemplo, con una persona que no es de su agrado, ni quieren, ni han querido nunca a su hijo, aunque ellos digan que lo hacen por el inmenso amor que le tienen a su hijo. Sólo son marionetas de su mente, manejadas a su antojo y además engañadas por esta. Porque ¿dónde queda el amor? ¿No es más amor seguir al lado del hijo, apoyarle, ayudarle y  darle su mano por si realmente un día la necesita? Cuantos familiares y amigos, cuantas personas, invocando el falso nombre del amor, están siendo manejadas por sus mentes, como las marionetas en los teatrillos para niños.
Si estás en una tesitura parecida, ¡reflexiona!, ¿a dónde te está llevando tu irracionalidad?, ¿a satisfacer a tu mente?, ¿a satisfacer tus deseos?, puede incluso que tengas razón, paro no te enteras al haber dado por muerto y enterrado a tu…… ¿ser querido?, o puede que no tengas razón y te estés perdiendo la felicidad de ese ser. Corta el hilito que mueve tus pasos y empieza a tomar las riendas de tu vida. Tu felicidad, tu amor, tu paz interior y tu alegría no dependen de lo que otros hagan o dejen de hacer, sólo depende de ti.         



sábado, 13 de agosto de 2011

Humildad & Soberbia (Santa Rosa de Lima)


            Deseo de aparentar, de ser admirados y conocidos, amor propio, orgullo, deseo de reconocimiento. ¿Dónde dirías que queda aquello que dijo Jesús: “Quien se humilla será ensalzado”? Todas, o casi todas las personas tienen una especie de necesidad de hacer algo grande, de alcanzar un ideal, algo superior, algo que haga hablar a los demás de ellos.
            Se puede alcanzar algo grande, o pequeño, y se puede conseguir con soberbia o con humildad.
            No merece la pena hablar de la soberbia. Los soberbios y orgullosos, lo son tanto, que ni tan siquiera son capaces de reconocerlo, no se conocen a sí mismos. Será cuando reconozcan que esa faceta, es una parte muy importante de su pobreza y su debilidad de carácter, cuando den comienzo a la maduración y construcción de este. Será cuando empiecen a rectificar y a vivir más humildemente, cuando reciban el reconocimiento, cuando ya no lo busquen.
           Sí prefiero hablar de la humildad. Porque ser humilde no es negar las propias cualidades, ni dejar de aspirar a realizar algo grande, ni hablar mal de uno mismo, o fingir defectos que no se tienen. Es sencillamente, tener un conocimiento cabal de uno mismo, conocer tanto los defectos como las virtudes, y no alardear de ninguno de ellos. El humilde ve las cosas como son, lo bueno como bueno, lo malo como malo. En la medida en que una persona es más humilde crece una visión más correcta de la realidad. Ser humilde es acercarse a la Verdad, porque es acercarse a Dios.
            Una buena manera para vivir en humildad, es dejar de compararse con los hombres, y compararse con los Santos, o con el mismo Dios. Ahí es donde se aprecia la infinita pequeñez de la que disfrutamos los humanos. Ahí es de donde nace el verdadero afán de superación, el afán de llegar más lejos en la vida espiritual, dejando, sin más importancia que la que realmente tiene, la vida terrenal, que desgraciadamente se rige, en la actualidad, por lo que podríamos denominar “intercambio interesado”: Yo te quiero para que me quieras, yo te doy para que me des, para que me lo agradezcas, para que dependas de mí, para tener poder sobre ti.
            He llegado aquí leyendo la biografía de Santa Rosa de Lima, nacida humilde y hermosa, llegando a ser muy culta, entregó su vida, para remediar las enfermedades y miserias de quienes iban a buscarla, creyendo ciegamente en su virtud y santidad. Murió con treinta y un años y en tan corta edad, ya era considerada una santa en vida. Hizo caso omiso a cualquier beneficio terrenal, porque sólo deseaba alcanzar la Unión con Dios. Vivió una vida de servicio, oración y penitencia. Lejos, muy lejos de las vidas que vivimos hoy.
            No es necesario flagelarse, ni vivir una vida de aflicción para acercarse a la santidad, o si no te gusta la palabra santidad, cámbiala por evolución, o crecimiento, o madurez, o felicidad, o paz interior, o iluminación. Pero si es necesario el trabajo en uno/ mismo/a, con humildad, con la misma humildad con la vivió Santa Rosa de Lima. Es necesaria la unión en esta vida terrenal con la naturaleza y con el resto de seres humanos, para alcanzar la Unión con Dios, que es nuestra única y verdadera finalidad.
            Sintiendo la energía de la casa donde vivió tan magnífica mujer, sentía que mi alma iba a escapar de la cárcel del cuerpo, ya que era incapaz de contener tanta paz y tanto amor como se respiraba en el lugar, y pensaba que ojala todos los mortales pudieran sentir por un instante la fuerza del alma y la desidentificación del cuerpo, ya que así antepondrían el trabajo espiritual y la humildad, al afán de conseguir bienes terrenales. Ojala supieran los mortales cual es la verdadera vara con la que son medidas nuestros avances y cualidades.
            Quiero terminar, con la mayor humildad, con un himno dedicado a Santa Rosa:
Cuando, Señor, en quieta lontananza
Se encienden los fulgores de este día,
No dejes avivar nuestra esperanza,
Atiende al corazón que en ti confía. 

Van a pasar por manos laboriosas
Los granos de un rosario de ilusiones,
Acógelas, Señor, que son hermosas,
Amor y don de nuestros corazones. 

Mujer llena de Dios, oh Santa Rosa,
Vivir para el Señor, para el Amado,
Fue el ansia de tu amor, gracia divina,
Llevada de Su fuerza y de Su mano.

No olvides los que vamos de camino
Siguiendo en el desierto tus pisadas,
Aboga ante el Señor favor divino,
Seguir como seguiste sus llamadas. 

Proclamen nuestros labios la grandeza
Del Padre que en el Hijo nos dio gozo,
Y, siendo nuestra herencia la pobreza,
Nos colma de su amor el Fuego Santo.

jueves, 11 de agosto de 2011

Alabanzas & Críticas

            Creo, que la inmensa mayoría de las personas, no somos especialistas en destacar las virtudes de los demás. Estamos especializados en hacer hincapié en lo que consideramos defectos, y ahondamos en ellos hasta casi hacer sangre.

            ¿Alguna vez habéis reflexionado sobre esto?, yo lo he hecho esta mañana, mientras escuchaba a dos señoras como criticaban a una tercera que, lógicamente, no estaba presente. Y me preguntaba: si lo más característico de la señora ausente sería eso que sus “amigas” comentaban indignadas con tanta saña. Solamente era un aspecto, y ¿todo lo demás?, ¿Por qué no alababan con la misma vehemencia algunas de sus cualidades?, ¿Serían capaces de tener la misma conversación si estuviera presente “su amiga”?
            ¿Por qué costará tanto trabajo destacar las virtudes, y se crítica, sin embargo, tan a la ligera, algún defecto?, ¿Quiere esto decir que los que hacen de la crítica su deporte favorito son perfectos?, ¿Sabrán los críticos, que cuando no están presentes son criticados de la misma manera?, lo cual es normal, ya lo dijo Jesús: “Con la vara que mides serás medido”, sólo es la ley del Karma.
            Cuesta el mismo trabajo criticar que alabar, y sin embargo, los efectos generados son opuestos según se hable bien o mal. Alguien puede decir que comentar un defecto no es hablar mal, sino que únicamente es la constatación de un hecho. Pero ¿No es también constatar un hecho hablar de una virtud?, ¿Por qué no hacerlo? La energía generada por una crítica, es como un puñal lanzado a la persona criticada, por el contrario, la energía generada por una alabanza, es como un nube de algodón.
El Karma de la crítica es negativo, han de devolver la crítica;  es cierto que también han de devolver la alabanza, pero es mucho más agradable. Recordar que ya no se genera Karma, cuando todo se hace con y por Amor. ¡Cuando se critica no hay mucho amor por el medio, al contrario, normalmente hay miedo, o envidia, o rencor, u orgullo, pero sobretodo lo que hay es el reconocimiento de los propios defectos reflejados en el espejo de la persona que está delante!
Os propongo que durante la segunda quincena de este mes no hablemos absolutamente de nadie que no se encuentre presente, pero si alguien no puede evitarlo, que al menos, evite la crítica, cualquier crítica, y ya que tiene esa necesidad imperiosa, (sepa Dios porque), de hablar de los demás, que únicamente alabe las virtudes de la persona sobre la que ha decidido disertar.
No hay que hablar de nadie que no se encuentre presente, pero si se hace, que el tema de conversación sea algo que se pueda hablar sin problemas, con la persona de la que se hable.
Todas las personas tenemos muchas más virtudes que defectos, por lo tanto va a sernos muy fácil, cuando hablemos de alguien, poder elegir alguna de sus virtudes y hablar, y hablar, y hablar.

miércoles, 10 de agosto de 2011

¿Seguro que quieres ser feliz?

            Voy recibiendo correos con comentarios de las distintas entradas del blog, y leyendo alguno de ellos, tengo que utilizar casi todas las técnicas que conozco para no deprimirme. Ya que después de más de ciento cincuenta entradas hablando de lo mismo, porque siempre es lo mismo con distintas palabras, unas veces comenzando por la “a” y otras por la “z”, recibo algún comentario en el que me dicen que no saben cómo hacer para sentir paz, felicidad, alegría y amor, que no saben cómo hacer para dejar de sufrir, o para dejar de darle vueltas a los mismos pensamientos una y otra vez, o que se sienten invadidos por la rabia, por el rencor o por el odio y no saben cómo parar esa rueda.
            Leyendo estos correos, yo me pregunto: ¿Realmente quieren salir de la rueda en la que se encuentran inmersos?, porque para dejar atrás cualquier pensamiento circular, que es la única razón de cualquier tipo de sufrimiento, de ira, de tristeza, etc., sólo hay que desearlo. ¡Sí!, ¡Ya sé!, que nadie quiere sufrir, y que todos deseamos dejar atrás esos pensamientos que vuelven una y otra vez. Bueno, todos no………. Hay muchas personas, más de las que nos pensamos, que ni tan siquiera son conscientes de que la razón de su triste vida sólo son sus pensamientos, incluso hay algunos, que se jactan de ser unos buenos pensadores, y llaman analfabetos a los que intentan no pensar.
            No me dirijo a esos grandes pensadores, ni a los que no saben que la razón de su desdicha son sus pensamientos. Me dirijo a los que si sabéis toda la teoría, pero que no llegáis a la práctica. Pero os digo más, lamentándoos no llegareis nunca. Sólo se llega actuando y trabajando con valentía y decisión.
            Creo que lo decía no hace mucho, ¿cómo quieres vivir? Si quieres sufrir, o pasarlo mal, o no ser feliz de la mañana a la noche, ¡ya lo tienes!, no tienes que hacer nada extraordinario, pero si lo que quieres es lo contrario, si lo que quieres es ser feliz, tendrás, forzosamente, que cambiar algo de tu vida, ya que si sigues haciendo lo mismo, los resultados  serán los de siempre. Los lamentos no sirven de nada. Esto es como el fumador que cada mañana se levanta tosiendo, que quiere dejar de toser, pero que es incapaz de dejar el tabaco.
            Para cambiar algo es imprescindible tener claro que todo lo que ocurre en tu vida, es sólo lo que tú buscas, y programas en tú mente, y que nadie, absolutamente nadie, tiene ninguna culpa de tus desdichas. Este primer paso, que parece el más fácil, no lo es tanto, porque seguro que vas a encontrar, de inmediato, una disculpa fuera de ti: la enfermedad, la falta de dinero, la familia egoísta, etc., etc. Pero ten claro que sólo son disculpas y lamentos. Si consigues traspasar la puerta de este primer punto, y saber que ocurre has dado un paso importante.
Una vez que sabes que buscas, has de traspasar el segundo umbral: Saber que has de hacer para conseguir esa vida que sabes que quieres. Es otro paso importante, porque puede ser que lo que necesitas es renunciar a algo a lo que estás acostumbrado/a, familia, trabajo, ciudad, y eso es ir en contra de la sociedad. ¡Hay que ser muy valiente!, y tener en cuenta que nada en esta vida es permanente, ni importante, ni imprescindible. Todo es pasajero, lo es la misma vida. y la renuncia podría implicar un cambio radical en tu vida. También puede ser que lo que necesites sea trabajarte: meditar, hacer deporte, ir a misa, no sé, eso lo decides tú en tu silencio interior para encontrar la estabilidad que estás buscando y que sabes que necesitas. Sea lo que sea, ¡es otro paso difícil!
Y después ya sólo te queda llevar a la práctica, con decisión, aquello que te va a llevar a la solución de todos tus problemas, y trabajar, trabajar, trabajar, trabajar, cada día, sin desfallecer, sin hacer caso a tu mente ni a tu pereza.
A partir de aquí, ya llegarán los resultados, pero no los esperes, porque “quien espera desespera”. Sólo trabaja, cada día de tu vida.
Espero que a partir de hoy, sea más fácil para ti trabajar que lamentarte, ya que el lamento, sólo es otro pensamiento circular.

domingo, 7 de agosto de 2011

Aprender a sentir

            Todos los seres estamos interconectados entre nosotros y con la Tierra. Eso nos da la oportunidad de poder sentirnos unos a otros, y de saber el estado en que se encuentra otra persona, tanto física como emocionalmente. Y ni tan siquiera es necesario, que para sentir a otra persona, esta tenga que encontrarse presente. Se puede sentir, tanto a una persona que está a nuestro lado, como a otra que está a cien, mil o diez mil kilómetros. Se puede sentir, también, a alguien que aparece en una foto, en la pantalla de la tele, o se la puede sentir, sencillamente pensando en ella. Pero no sólo eso, se puede sentir a una planta, a un animal o a un objeto inanimado, como puede ser una casa, o un coche. La interconexión es total y permanente.

La sensación percibida es real, tan real como puede ser aquello que percibimos por los sentidos de la vista, el oído o el tacto. La única diferencia es su sutileza.
Es posible, si no estás familiarizado/a con la energía, que tengas que hacer un acto de fe para creerlo, ¡hazlo!, créetelo, es así.
Seguramente ya has tenido alguna experiencia de este tipo, y no sé si te has preguntado cómo pudo ser, y cuáles eran las circunstancias de ese momento para que sucediera. La circunstancia necesaria para que eso ocurra es el silencio, el silencio mental, ya que para sentir algo en el interior, se ha de estar conectado con ese interior, y la única manera de entrar dentro de nosotros y sentir, es en silencio. El parloteo mental aleja a la persona de su interior, y la hace vivir y sentir únicamente aquello que está pasando por su mente. Recuerda las palabras del Buda: “Somos exactamente lo que pensamos”.
Para no generar ningún tipo de energía debido a pensamientos, que puedan interferir en la recepción de otras energías, estos han de ralentizarse, para en los instantes de silencio, poder conectar con las energías que nos envuelven, debido a la interconexión existente entre todo y entre todos.
Cualquier pensamiento, cualquier sentimiento, cualquier emoción, cualquier molestia física, son energía, y esa energía envuelve a la persona. Cualquiera, en estado de silencio interior que conecte con esa persona, va a sentir exactamente la energía que desprende o envuelve a la persona.
Un momento excelente para apreciar otras sensaciones que no sean de la persona misma, es el momento de la meditación. Porque es en ese momento de soledad y silencio, cuando el meditador se encuentra en la actitud necesaria para abrirse a otras energías, para abrirse a diferentes vibraciones.
¿Cómo hacerlo?: Entra en meditación, en este caso, es recomendable una meditación silenciosa. Conecta con tu respiración, y cuando todo/a tú seas respiración, date permiso para conectar con otras energías. Puedes decir en tu interior: “Todas mis sensaciones están relacionadas con………..”. A partir de ese momento, cualquier sensación que aparezca en tu campo energético o en tu cuerpo físico, no es tuya, es de esa persona con la cual te has relacionado. Puedes seguir tu meditación manteniéndote en esa sensación, si la mantienes sin juzgar y sin cuestionar, llegará un momento en que habrá desaparecido de tu conciencia. En ese momento habrás hecho de terapeuta energético, porque al desaparecer de tu conciencia la sensación de la energía, habrá cesado la causa que estaba generando esa energía en la otra persona.
Esta es la base de algunas terapias de sanación energética. Aunque como nunca debemos interferir en cuestiones de otras personas, para utilizar esta técnica en sanación, en necesario la autorización de la otra persona.
Como puedes ver, todo conduce a lo mismo: Parar el pensamiento, vivir desde el interior, fluir con la energía, fluir con la vida, vivir el presente. Sentir y no pensar.

viernes, 5 de agosto de 2011

Abundancia y prosperidad

            Es cierto que buscamos la iluminación, pero la tenemos que encontrar en el mundo material en que vivimos. Y aunque para encontrarla, es necesario prescindir de los deseos, de cualquier deseo, resulta difícil no desear, por ejemplo dinero, cuando llegar a final de mes es casi un calvario.

O sea, que por un lado necesitamos estabilidad económica para conseguir la estabilidad emocional, imprescindible para avanzar en nuestro sendero espiritual, y por otro hemos de eliminar cualquier tipo de deseo, como puede ser el de conseguir una estabilidad económica.
¿Qué hacer entonces? Porque, además, nadie ha dicho que un ser evolucionado espiritualmente tenga que vivir en la miseria, nadie ha dicho que el dinero y la espiritualidad sean incompatibles.
En todas las religiones, incluida la católica, en todas las filosofías, en todas las enseñanzas, se habla de la Ley del Karma, directa o indirectamente:

“Es dando que se recibe”
“Es necesario sembrar para recoger”
Por lo tanto, si queremos recoger dinero, es necesario realizar en primer lugar una buena siembra. Esa siembra es el diezmo.
 El diezmo es una ley espiritual tan efectiva como lo son las leyes naturales. En su sentido literal es donar la décima parte de todos los frutos adquiridos.
El diezmo es una práctica de la antigüedad, practicada tanto entre los babilonios, persas, griegos y romanos, como entre los hebreos. También es ley en la actualidad entre los musulmanes, judíos y muchos grupos cristianos.
“Si quieres recibir antes tienes que dar”. Se trataría de dar entre el 10% y el 20% de los ingresos netos a organizaciones de caridad o proyectos espirituales.
En realidad no sólo se trata de diezmar, es todo un compendio de acciones a realizar para llamar la abundancia a tu vida. Te detallo algunas:
Normalmente cuando se tiene necesidad de dinero, los pensamientos negativos son los que más abundan en la mente. Se han de eliminar esos pensamientos y se han de evitar las palabras en contra de la prosperidad y el éxito.
·         No decir cosas parecidas a “No tengo dinero”
·         En su lugar decir:
·    No tengo presupuesto.
·   No estoy interesado.
·   Lo pensaré.
·         Recuerda que lo que se dice tiende a materializarse.
·         Se han de realizar acciones positivas acorde con el dinero:
·         Ser generosos.
·         Compartir.
Realizar el diezmo, de manera secreta, sin hacer ostentación, no menos del 10% de los ingresos netos, y a continuación decretar: DECRETO que el buen Karma generado por este diezmo, vuelva a mí y a mi familia, muchas, muchas veces, en temas espirituales, material y financieramente, para neutralizar mi Karma negativo. Con humildad, con gratitud, con amor y con fe.
Además de esto, no se debe generar Karma negativo. No se puede dar con una mano y robar con la otra. Para no generar Karma negativo:
·         No robar.
·         Pagar las deudas a su debido tiempo.
·         Evitar hacer ostentación de la riqueza: No despreciar a los pobres y evitar el orgullo.
·         Evitar la envidia:
o   No hablar de alguien sobre el dinero que tiene o como lo ha conseguido.
o   Bendecir a los ricos.
·         Evitar las injurias.
·         Ser generosos.
Aún hay una cosa más, enseñada por Jesús, en relación con el diezmo: Dar ya no el 10% sino darse del todo por amor, sin contar el costo.
¡Bendito/a seas en la abundancia y en la prosperidad!  

jueves, 4 de agosto de 2011

Pecado

              Algunas de las definiciones de pecado son:

·         Transgresión voluntaria de un precepto tenido por bueno.
·         Trasgresión voluntaria de los mandamientos religiosos o divinos.
·         El pecado es una ofensa a Dios. Es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo.
·         Desviación moral del ser humano que lo lleva a una conducta ofensiva a los ojos de Dios. El pecado impide la relación con Dios.
·         Acción deliberada y engañosa, contraria a la voluntad de Dios expresada en la Ley.


El Hinduismo, sin embargo, no percibe al pecado como un crimen contra Dios, sino como un acto contra el dharma -- orden moral -- y contra el propio ser de uno. 
El concepto de pecado, no existe tampoco en las enseñanzas de Buddha. Pero existe el concepto de acción-reacción, (karma), es decir que nuestros actos traen consecuencias. Observar la motivación y la intención de nuestras acciones y mantenerlas apegadas al amor compasivo evita la acumulación de karma negativo.
Resumiendo, se ofende a Dios en religiones como la cristiana, judaica e islámica, pero no se le ofende en otras, como el hinduismo o el budismo, aunque el budismo no sea exactamente una religión.
¿Quiere esto decir, que si un hinduista realiza una acción que en la moralidad cristiana se cataloga como pecado, Dios no lo tiene en cuenta?, o ¿Si lo tiene en cuenta sin que lo sepa el hinduista y, por lo tanto, le condena?
Lo que denominan pecado sólo es un intento más de dominio y manipulación de las distintas religiones, a través del miedo. No existe el pecado. Dios no se ofende por nada de lo que los humanos podamos hacer, decir o pensar, y no se ofende porque Dios es Amor, Dios nos ama sobre todas las cosas, y Él sabe, mejor que nadie, que lo que hagamos, digamos o pensemos los humanos, es cosa del ego, no del alma. Para Dios somos como un bebé para su mama, no hay nada que perdonar al bebé, porque nada de lo que haga ofende. Somos bebés de Dios, estamos creciendo, y de la misma manera que el bebé está aprendiendo a vivir en la vida física, nosotros estamos preparándonos para vivir la vida eterna. Y en ese aprendizaje, cometemos errores, que no pecados.
Esos errores son necesarios para que el alma asimile la experiencia. A veces, caemos en el error más de una vez, pero no importa, lo importante es rectificar ese error. Dios, ante nuestro error, en su Magnífica Bondad, sólo esboza una sonrisa, como diciendo: “Vaya, otra vez”. Pero es, precisamente de esos errores, de donde va a salir el afianzamiento de la experiencia para el alma. Experiencia que una vez asimilada va a hacer que nunca más se repita el error, ni en esta, ni en ninguna otra vida. Lo que se ha aprendido, se conserva para la eternidad.
Aunque no exista el pecado y no seamos condenados al fuego eterno que prometen las religiones, nuestras acciones, si que tienen consecuencias, tanto en nuestra vida física, como en nuestra vida fuera del cuerpo. A cada acción le corresponde una reacción, y esta teoría científica, sí que está recogida no sólo en las religiones que postulan por el pecado, (aunque no les interesa publicitarlo), sino también, por todas aquellas que no lo contemplan. Ni el más mínimo pensamiento queda fuera de esta ley, recordar que el pensamiento es energía.
Es esta cadena de acciones y reacciones, de caer en el error, levantarse, rectificarlo y aprender, la que nos ata a la rueda de nacer y morir una y otra vez. ¿Hasta cuándo?, pues hasta que nuestras acciones, nuestras palabras y nuestros pensamientos, sean sólo impulsados por el Amor, pero sin deseos, sin apegos, sin esperar nada a cambio, ni recompensas, ni felicitaciones.
Hasta que llegue ese día de esa vida, estaremos aquí. No creas que porque medites una hora al día, o porque seas voluntario en una organización humanitaria, o vayas a misa, o porque no cometas los pecados que las organizaciones religiosas pregonan, ya lo tienes todo hecho, no, ni mucho menos. Tendrás todo el trabajo hecho en la Tierra cuando la guía que dirige tus pasos sea el Amor. Hasta entonces seguiremos coincidiendo en el camino. ¡Feliz viaje!

miércoles, 3 de agosto de 2011

¿Cómo quiero vivir?

            Terminaba la entrada “Prefiero amarte en lugar de sufrir por ti”, diciendo que todos podemos decidir cuál es la forma de vida que queremos, sólo hemos de tener claro cómo queremos vivir y trabajar para ello.
Ese es el problema, ¿Tienes claro cómo quieres vivir? No me refiero, de entrada, a tu vida material, ya sé que quieres vivir en la opulencia, me refiero a tu vida emocional. ¿Cómo quieres vivir?, ¿Quieres sentir paz en tu interior?, ¿Quieres saber que se siente cuando lo que te envuelve es una alegría serena?, ¿Quieres ver siempre felices a los tuyos?, ¿Quieres disfrutar de cada segundo de tu vida?, ¿Quieres que te amen sin que pidas nada?, ¿Quieres disfrutar de una vida sin agobios, sin estrés?, ¿Quieres ser feliz?
¿La respuesta es sí?,  ¿Y?,………., ¿Qué haces para conseguirlo?


¿Ya sabes que es lo que haces para conseguir esa vida que deseas?, supongo que tienes claro que no lo vas a conseguir acaparando cosas materiales ¿no?, ¿Entonces qué haces?, ¿Quieres algunas ideas?
            Acepta: Acepta todo lo que llegue a ti, siempre es por alguna razón. Ten en cuenta que nada ocurre porque sí. Es posible que incluso llegue a ti para que acabes con tu miedo y te rebeles, pero incluso la rebeldía ha de ser pacífica, ha de ser practicada con amor. La aceptación descoloca al contrario, el amor le desarma.

             Acepta lo bueno sin excitación, acepta lo malo sin sufrimiento. Porque lo bueno o lo malo, solo es la valoración que le otorga tu mente. Para las mentes que están a tu alrededor, no hay valoración, porque sólo son observadores. Sé tú, también, un observador de tu vida.

            Pero si llegara algo a tu vida difícil de aceptar, entrégaselo a Dios, si, así como suena, entrégaselo a Dios y espera. El sabe mejor que tú lo que necesitas, entrégaselo y confía.

            Confía: En la planificación de la vida, están contemplados todos los encuentros y todas las situaciones. Confía por lo tanto en que todas las situaciones que se presentan en tu vida no aparecen por casualidad, tú las habías programado con antelación, es una nueva experiencia que te presenta tu alma para su propio aprendizaje, para su propia experiencia. Es bueno aprender aquello que la situación trae a tí, ya que sino se repetirá una y otra vez, en esta y en las siguientes vidas, hasta que se haya adquirido el aprendizaje. El alma necesita vivir todas las situaciones y todas las experiencias. Situaciones y experiencias que convergen en un punto: Amor.
            Ama: Empieza por amarte a ti mismo/a. Nadie más puede hacerlo por ti, ya que es una función de cada alma en particular. Así será más fácil que ames tu vida, amala completamente, ama lo que tienes y valóralo, no desees nada, el deseo es el pistoletazo de salida al sufrimiento.
            La realidad interior determina lo que ocurre en el exterior. Si dentro de ti hay amor, eso es lo que va a circundar tus experiencias y a hacerte vivir esa vida que has programado para ti.
            Por lo tanto, en primer lugar, has de saber qué vida quieres vivir, y a continuación, poner los medios necesarios para hacerla realidad. No es una quimera: Ama, acepta y confía.           

martes, 2 de agosto de 2011

Prefiero amarte en lugar de sufrir por tí

            Los seres humanos tenemos, en todo momento, libertad para elegir los derroteros por los que queremos que discurra nuestra vida.

            Haciendo uso de esa libertad de elección los seres humanos van tomando decisiones y eligiendo caminos, que les llevan a su propio sufrimiento o al de las personas que les rodean, sin ser conscientes, de que otra decisión distinta a la tomada con anterioridad, les podría suponer una paz interior equidistante ciento ochenta grados, del sufrimiento generado por la primera decisión.
            Recuerdo cuando mi mente era todavía una jaula de grillos, cuál era mi estrategia para evitar, en todo lo que pudiera, tomar decisiones que me desestabilizaran emocionalmente: Pensaba “Si se parara mi corazón en los próximos dos minutos, ¿De qué me serviría este enfado?, incluso, aunque en mi mente pensara, y en mi interior sintiera, que era mía la razón, ¿Qué ganaba con el disgusto si dejaba de existir en los dos minutos siguientes? Y de manera inmediata trataba de suavizar la situación, y eso era suficiente para mantener mi estabilidad emocional, aunque no siempre lo conseguía. La situación, entonces, podía variar o no, pero incluso, si no lo hacia y todo seguía igual en el exterior, yo, al menos, me mantenía estable.
            Haciendo uso de mi libertad de elección, hace ya tiempo que decidí intentar no sufrir por los demás, y en su lugar intentar amarles, a pesar de……. Amar a los demás supone tenderles siempre la mano, supone eliminar la crítica, incluso de pensamiento, supone no verse afectado por juicios ajenos, supone intentar ayudar cuando lo soliciten, supone no inmiscuirse en vidas ajenas, supone aceptar cualquier vida, y cualquier situación de esas vidas, supone alejarse cuando no se es aceptado, supone desear siempre lo mejor para todos, a pesar de……..
¿Cuál es la diferencia entre sufrir por los demás o amarles? Ya sabemos que todo es energía, y que la energía afecta físicamente, sanando o enfermando al cuerpo, en función de la calidad de esa energía. El sufrimiento es energía sucia, oscura, pesada, es esa energía que va afectando al cuerpo de manera negativa, enfermándole lentamente como si una gota de veneno entrara en él cada día. El amor también es energía, pero a diferencia de la anterior es una energía limpia, clara, luminosa y sanadora.
Sufrir o amar, amar o sufrir, sólo es una elección, pero esa elección, a diferencia de otras, como el lugar de vacaciones o el color del coche, cambia completamente la vida, ya que permite vivir, de manera permanente, algo que los seres humanos buscamos desde que tenemos uso de razón: la felicidad.  
Todos podemos decidir cuál es la forma de vida que queremos, sólo hemos de tener claro cómo queremos vivir y trabajar para ello. Puedo asegurarte que se consigue. ¡Tú decides!