El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




miércoles, 13 de julio de 2011

Meditación del perdón (2)

Leía ayer un artículo que hablaba de la fuerza del perdón y no he podido resistirme a juntar dos entradas escritas con anterioridad, la primera que trata del mal que causa en la persona mantener en su interior el rencor, el odio o el deseo de venganza; y la segunda es la meditación del perdón con un ligero retoque.
Para poder hacer tranquilamente la meditación, lo mejor es que la grabes y la escuches con tu propia voz.
…………………………………………………
¿Por qué estás molest@ con tus suegros?,  ¿por qué no te hablas con tu amigo?, ¿por qué estas ofendid@ con tu hermano?,  ¿por qué le guardas rencor a tu cuñada?, ¿por qué odias a tu vecino?
¿Es posible que te sientas ofendid@ por algo que han dicho, o por algo que han hecho, o por alguna omisión? ………………. No han sido ellos, no ha sido a ti.
No han sido ellos, porque no son conscientes de sus pensamientos, y si no son conscientes de sus pensamientos, muchos menos de sus actos. Son como bebés, dominados por la inconsciencia. No ha sido a ti, si ha ocurrido, ha sido a tu cuerpo, y tú, recuerda, no eres el cuerpo.
Puede que incluso haya sido que no se han cumplido tus expectativas. Pero recuerda que las expectativas las creas tú con tus pensamientos. No son reales. Son imaginarias. Por lo tanto, en este caso, no te han ofendido, has sido tú quien se ha sentido herid@.
Pero incluso en los casos en los que pudiera haber razón para el odio, por haberte despojado de tus bienes o por haber sentido el ultraje de la violencia, no puedes guardar dentro de ti esa energía de odio, de ira, de deseo de venganza, de rencor; porque es esa energía la causante de un gran porcentaje de enfermedades físicas y emocionales. Mantener esas energías en ti, es como ir tomando un veneno gota a gota, y además la otra persona, a la que odias, no se entera de tu odio, ella sigue con su vida. Tu sol@ estás recibiendo el daño, cada día, es como si la ofensa te la estuvieran haciendo un día tras otro.
Solo hay una manera de eliminar esa energía destructiva: Perdonar. Cuando eliges perdonar: Sanas física y psíquicamente, liberas tu memoria y te permite vivir el presente, creces interiormente, se desarrolla tu conciencia, madura tu carácter.
Perdonar no borra el mal hecho, no quita la responsabilidad al ofensor por el daño hecho, ni niega el derecho a hacer justicia a la persona que ha sido herida. No necesitas para perdonar abrazarte a quién te ha ofendido. Es un proceso interior, en el que la energía de odio va desapareciendo dejando paso al Amor.
Perdonar es olvidar. Por eso quien dice que perdona pero no olvida, no está perdonando.
Recuerda a Jesús en la cruz: “Perdónales Señor, que no saben lo que hacen”. Y le estaban matando.
Meditación del perdón
  • Siéntate en tu espacio de meditación.
  • La espalda recta.
  • Ojos cerrados.
  • Si estás en una silla, las plantas de los pies apoyados en el suelo y la espalda recta, sin apoyarse en el respaldo.
  • Las manos en los muslos con las palmas hacia arriba.
  • La punta de la lengua en el paladar.
  • Inspira completa y profundamente contando hasta 6.
  • Retén contando 1.
  • Exhala lentamente.
  • Otra vez, inhala, retén, exhala.
  • Y otra, inhala, retén y exhala lentamente.
  • Deja que con la exhalación salga de ti la tensión.
  • Siente la relajación aumentando en tu cuerpo con cada respiración.
  • No tienes nada que hacer en este momento. Esto es todo lo que tienes que hacer, respirar.
  • Siente tu respiración.
  • Siente la relajación de tu cuerpo.
  • Siente la mente serenándose.
  • Respira suavemente.
  • Deja que la respiración siga su ritmo, no intervengas.
  • Prepárate para hablar con tu Alma.
  • Prepárate para hablar con tu Alma Superior.
  • Prepárate para hablar con tu Padre Divino y con tu Madre Divina.
  • Tu Alma que es perfecto amor, te está esperando para decirte que te perdona.
  • Tú Padre y tú Madre Divinos, que son perfecto amor, te están esperando para decirte que te perdonan.
  • Sigue respirando, lenta y suavemente.
  • Y entra dentro de ti.
  • Entra dentro de ti.
  • Entra dentro de ti para ir a encontrarte con tu ser interior.
  • Visualiza delante de ti una escalera de 10 peldaños.
  • Esa escalera va a llevarte hasta tu ser interior, hasta tu ser más reverenciado, hasta esa parte de ti que es amor, sólo amor.
  • Según vaya yo contando, (en este caso tú), vas a ir bajando los peldaños, y lo vas a hacer respirando lentamente.
  • Vas a inhalar, vas a realizar una pausa, vas a exhalar lentamente, para volver a realizar una pausa antes de volver a inhalar.
  • Empieza a bajar los peldaños, 10, 9, 8, sigue respirando lentamente, inhala, pausa, exhala, pausa, inhala, pausa, exhala, pausa, 7, 6, estás bajando, te estás relajando, tu respiración es cada vez más lenta, 5, 4, 3, inhala, pausa, exhala, pausa, inhala, pausa, exhala, pausa, te sientes bien, tu cuerpo cada vez está más relajado, y tu mente cada vez más serena, 2, 1.
  • Ya estás abajo.
  • Frente a ti hay una puerta cerrada.
  • La llave de esa puerta la tienes tú.
  • Esa puerta es la entrada hacia tu ser interior.
  • Coge la llave. Siéntela en la mano.
  • Colócala en la cerradura.
  • Abre la puerta.
  • Delante de ti se encuentra un lugar espacioso, grande, luminoso.
  • ES TU SER INTERIOR.
  • Ahí están tus secretos.
  • Están tus ilusiones y esperanzas.
  • Está tu ternura.
  • Está tu amor.
  • Están las mejores cosas de tu vida.
  • Está tu futuro.
  • Pero... también está tu pasado.
  • Con el dolor y con el sufrimiento.
  • Disfruta ahora de ese lugar y mira lo que hay en él.
  • Todo es luz.
  • Flores, el cielo azul, el sol brillando sobre tu cabeza, los pájaros trinando pasan revoloteando a tu alrededor, y delante de ti, el mar, majestuoso, sereno.
  • Te acercas caminando hasta la orilla, y puedes ver que caminando por la orilla, desde lejos, una figura se va acercando a ti.
  • Según se va acercando puedes comprobar que la figura eres tú. 
  • La figura se va acercando hasta que llega frente a ti.
  • Sin hablar quedáis uno/a frente a otro/a.
  • Y en ese momento, tú te perdonas.
  • Te perdonas por todo.
  • Te perdonas por lo que te has hecho.
  • Te perdonas por lo que te has dicho.
  • Te perdonas por tus carencias.
  • Te perdonas por lo que te has hecho sufrir.
  • Siéntelo.
  • Siente el perdón que sale de ti.
  • Mírate a los ojos y perdónate.
  • Repite en silencio en tu interior:
    • Yo me perdono.
    • Me perdono sin reservas.
    • Yo soy libre.
    • Vete en paz.
  • Y mira como te das la vuelta y te vas por la orilla de la playa, alejándote de ti, hasta que llegas a perder tu visión.
  • Se ha ido para no volver jamás.
  • Te pones a caminar por la playa.
  • Y ves que una niña // un niño viene hacia ti.
  • Te sonríe dulcemente, y le/la reconoces, eres tú de pequeña/o.
  • Estás sonriendo, eres feliz.
  • La/e abrazas.
  • La emoción os hace llorar a los/as dos.
  • Estás llorando con el/ella en la playa.
  • Esa niña/ese niño feliz entra dentro de ti.
  • Y ahí permanece. Recuérdala/e.
  • ...................
  • ¿Cuál es su edad?
  • Piensa si tienes algún sentimiento de culpa desde esa edad por alguna cosa que pasó.
  • Recuerda lo que no te gusta de tu vida desde entonces.
  • Para cambiarlo......, para perdonarlo.......
  • ..............................
  • Y esa niña/ese niño, se va, poco a poco, poco a poco, poco a poco hasta que también la/e pierdes de vista.
  • .......................
  • Recuerda a las personas que te han hecho algo, física, mental o emocionalmente.
  • Piensa en ellas, visualízalas ante ti y di:
    • Yo te perdono cualquier cosa mala que me has hecho voluntaria o involuntariamente, con pensamientos, palabras hechos u omisiones, aunque ya no te acuerdes de lo que es.
    • De esta forma yo soy libre y vosotros sois libres.
  • Míralas una a una y envíales tu perdón.
  • ........................
  • Recuerda ahora a las personas a las que tú has hecho alguna cosa,  visualízalas ante ti y repite en tu interior:
    • Perdóname por todo el daño que te he hecho, voluntaria o involuntariamente, con pensamientos, palabras, hechos u omisiones, aunque no recuerde lo que es.
  • Esa gente te mira, te sonríe y te dice:
    • Tranquilo/a, todo está bien.
    • Todo está olvidado.
    • Ya estás perdonado/a.
    • Todo es pasado, no es importante.
  • Repite en silencio dentro de ti:
    • Que cada lazo ilegal sea disuelto ahora.
    • Eres libre de seguir por tu camino, así como yo soy libre de seguir por el mío.
    • Vete en paz, que la paz sea contigo y con tu espíritu.
    • Que seas bendecido/a con Amor Divino, con Paz Divina, con Luz Divina, con buena salud, con espiritualidad, con felicidad, con armonía, con serenidad, con abundancia y prosperidad.
    • Que todo aquello que necesites, se pueda realizar y materializar rápidamente y de la manera más adecuada.
    • ¡Que seas bendecido/a!
  • Piensa que esas personas ya están libres y no tienen ninguna conexión contigo.
  • Experimenta la paz que se siente cuando se está bien con todos.
  • Ahora vas a salir de ese lugar.
  • Camina hasta la puerta por la que entraste.
  • Abre la puerta.
  • Pasa al otro lado y cierra tras de ti.
  • Delante de ti está la escalera por la que bajaste, empieza a subir, lentamente1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10.
  • Estás arriba. Respira lentamente.
  • Respira.
  • Respira.
  • Lleva la atención a tu corazón.
  • Recuerda un evento, un acontecimiento feliz.
  • Tu centro del corazón es el centro del amor.
  • Del amor por todo, de la ternura, de la bondad.
  • Levanta las manos con las palmas dirigidas al frente, y visualiza delante de ti a personas que sufren y necesitan amor.
  • Envía amor desde tu corazón, deja que pase por tus brazos y tus manos hacia las personas que tienes delante de ti.
  • ........................
  • Lleva ahora la atención a tu chakra corona.
  • Recuerda un evento feliz.
  • Tu chakra corona es el centro del amor divino.
  • Envía tu amor y tus bendiciones a tus guías y a los ángeles del perdón.
  • .......
  • Lleva ahora la atención a tu chakra cardiaco y a tu chakra corona y di:
    • Yo soy una luz de Dios.
    • Yo soy una luz divina.
    • Siento amor por todo el mundo.
    • Siento amor por todo lo creado, por cada árbol, por los pájaros, por los animales, por las personas, por todo, sin distinción.
    • Ese es el amor de un alma por todo.
  • Repite en tu interior:
    • A los ángeles del perdón.
    • Gracias por ayudarme en esta tarea de perdón.
    • A los ángeles de la sanación.
    • Gracias por esta sanación.
    • Estoy muy feliz.
    • Acepto el perdón y perdono completamente.
    • Sin reservas.
    • Gracias, gracias, gracias.

martes, 12 de julio de 2011

El Plan Divino

       Dice el diccionario que un plan es un proyecto, un programa de las cosas que se van a hacer y de cómo hacerlas, o también, un modelo sistemático de una actuación pública o privada, que se elabora anticipadamente para dirigirla y encauzarla.

Por lo tanto un plan es algo ordenado, programado y proyectado, en el que no existe la improvisación, y es lógico pensar, que el planificador, se va a volcar en su realización, vigilando cada aspecto para que se cumpla con éxito. ¡Imagínate un Plan diseñado por Dios!.
Todos hemos leído, hemos oído y hasta hemos hablado del Plan Divino. Es el Plan proyectado por Dios para la Creación. Y teniendo en cuenta los atributos de Dios:
-          Un Ser Perfecto.
-          Omnipotente, con un poder sin límites e inagotable, un poder infinito.
-          Omnisciente, con el poder de saberlo todo.
-          Omnipresente, que puede estar en todas partes a la vez.
-          Omnibenevolente, que es la perfecta bondad.
Es lógico pensar que el Plan Divino para la Creación es un Plan Perfecto.
Los seres humanos, también somos Creación, y entramos dentro del mismo Plan.
Nuestra vida, como nuestro cuerpo, han sido diseñados, con nuestra colaboración y consentimiento, para llevar a cabo un plan que concuerda completamente con el Plan Divino. Por lo tanto, ya podemos estar seguros de que el plan para nuestra vida, es perfecto, sin errores. Ninguno de los mortales estamos abandonados a nuestra suerte: Todo ha sido perfectamente planificado, tanto las vidas agradables, como las vidas duras, todo está perfectamente milimetrado. Lo único que tenemos que hacer, es ser conscientes de eso y aprovechar cada oportunidad para extraer las enseñanzas y asimilarlas.  
Es cierto que, a veces, parece que la vida es dura, demasiado dura, pero eso sólo es parte del aprendizaje que hemos decidido realizar a lo largo de esa vida. Es sobre todo en los momentos de sufrimiento cuando hemos de tener presente que el objetivo de la vida no es más que conseguir la manifestación en la Tierra del Amor Divino. Y si hemos decidido, en nuestra planificación de vida, aprender a sentir y a manifestar nuestro Amor a través del sufrimiento, así será. En esos momentos sólo queda la rendición y entregarse por completo a Dios, al Plan Divino.
Las siguientes preguntas lógicas son: ¿Cómo sé yo cual es el Plan Divino para mí?, ¿Por qué en mi hoja de ruta está marcado el sufrimiento y el Plan de mi vecino es de felicidad? La respuesta a la segunda pregunta es fácil: Ha sido nuestra propia elección, en función de nuestras anteriores vidas. Cada vida no es independiente, no es un oasis en mitad del desierto. Cada vida está concatenada con todas las anteriores, y es en función de todos los aspectos, comportamientos, aprendizajes, servicio a los demás, etc., etc., de cada vida, que se planifica la siguiente.
A la pregunta de ¿Cómo sé yo cual es el Plan Divino para mí?, hemos de saber que el Plan Divino está en nosotros desde antes de nacer, está marcado en el corazón de cada uno de nosotros, y llega a nosotros, cada vez que estamos dispuestos a escuchar los mensajes del corazón. Pero para ello nuestra mente ha de permanecer en silencio.
 En el Plan Divino está contemplada la felicidad para toda la vida. ¡Sí!, incluso en una vida que ahora podemos calificar de sufrimiento, está contemplada la felicidad, porque, la felicidad no se consigue con una buena salud o una vida de alegrías, la felicidad se consigue nada más y nada menos que visitando nuestro interior, entrando en el corazón, y ahí, se puede llegar fácilmente, con independencia de lo que esté sucediendo en nuestro exterior o en nuestro cuerpo.
Invertir nuestra energía en alinearnos con el Plan Divino, es recibir de inmediato el apoyo, el sostén y la protección de Dios.
Y si en algún momento tenemos dudas o confusión, sólo es porque, de alguna manera, hemos programado un plan, llamémosle humano, un plan mental, lleno de deseos, apegos y miedos. Todo lo humano es efímero y nos aparta del mensaje verdaderamente importante de nuestro papel dentro de la Creación.
Es normal darle valor a lo físico, pero, ya es momento, de empezar a darle importancia a nuestro interior, porque es lo único que permanece con nosotros cuando abandonemos este plano.
Es justo en el interior donde está el manuscrito del Plan para cada uno de nosotros. Y casi me atrevería a decir que especificado minuto a minuto. Vive una vida de meditación y silencio mental, entra en ti  y compruébalo.



domingo, 10 de julio de 2011

Tiempo, espacio, vida, ¿ciencia ficción?

            Hay veces, que en la meditación la mente se distrae, y “casi” no somos conscientes de ello, entreteniéndose con pasajes de la vida real. Otras veces, recibimos algún tipo de información, que en pocos segundos olvidamos, como si fuera un sueño. Esta mañana en un momento de mí meditación recibí, “supongo”, alguna información que cuando quise recordar, se esfumó como el humo, y en su lugar sólo quedaron preguntas: ¿Qué pasará con la vida en la cuarta dimensión, con una medida distinta del tiempo? Si el tiempo en la cuarta dimensión no se aprecia de manera lineal, tal como apreciamos en la tercera, sino en espiral, ¿setenta años de vida serán igual que en la actualidad en esta dimensión? ¿Qué pasará con el cuerpo, si el estado de conciencia de la persona es distinto?
            La diferencia entre apreciar el tiempo de forma lineal o en espiral es que, en una hora de reloj de la que actualmente vivimos, se pueden realizar actividades, que medidas en el reloj de tiempo que conocemos, podrían suponer, por ejemplo, tres ó  cuatro horas. Y eso solamente ocurre, y ocurre siempre, con un cambio de conciencia, es decir, con una apreciación distinta de la vida; la apreciación que se tiene cuando la mente descansa y se vive la vida con total atención. Esto no es ciencia ficción, es real, y es apasionante. Sólo por vivir esta experiencia merece la pena la “atención total”.  
La cuarta dimensión es un estado de conciencia, pero el cuerpo sigue siendo el mismo, la única diferencia estriba en que esa persona tiene una percepción completamente distinta de la vida, como decíamos antes, de “atención total”. A veces defino ese estado como de “encefalograma plano”, ya que la mente está completamente tranquila, sin ningún pensamiento, totalmente centrada en la vida, viendo como desfila esa vida delante de ella.
Por eso las preguntas. Si la apreciación del transcurrir del tiempo en el estado superior de conciencia es tres o cuatro veces más lenta que en el estado de conciencia normal de las personas, el cuerpo ¿se desgastará a un ritmo normal o será más lento su desgaste?, ¿vivirá más tiempo esa persona?
De cualquier forma, sólo es curiosidad, no es importante, ya que una persona viviendo en un estado superior de conciencia, al no tener planteamientos de ningún tipo en la mente, tampoco sobre la enfermedad o la muerte, no tiene ningún tipo de apego, tampoco a la vida.
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Mientras estoy escribiendo todo esto, es como si la información volatilizada como el humo volviera a mí.
Ya tenemos la respuesta: Aunque la percepción del tiempo sea distinta, el diseño del cuerpo fue realizado de tal manera, que desaparecerá cómo y cuando estaba previsto. Aunque en el espacio de su vida la persona haya alcanzado un nivel de evolución importante y sea capaz de vivir en una dimensión superior, el cuerpo desaparecerá tal como estaba previsto. La diferencia está, en que el ser, el alma, habrá aprovechado todas las oportunidades presentadas, acercándose a su esencia divina.
Para acercarse a nuestra esencia divina, no mentalmente, sino integrándolo en nuestro interior, es imprescindible la atención, es imprescindible el cambio de conciencia, es imprescindible que la mente descanse.                                                                                                                                                                                            
                                                                

sábado, 9 de julio de 2011

¿Cómo es el estado de felicidad plena?

La felicidad permanente es un estado interior. Nada, absolutamente nada fuera de nosotros, nos va a dar la plena felicidad. Todo lo que se encuentra en el exterior nos puede dar momentos agradables, alegres, puede ser, que incluso, nos de momentos de serenidad, pero nada permanente, porque todo lo que se encuentra en el exterior es caduco, como la misma vida. Esos momentos pueden durar un día, un mes, un año, o varios, pero se acabará en algún momento. Y cuando esas sensaciones terminan, aun podemos sentirnos peor, por la ausencia de algo, con lo que nos sentíamos bien, a lo que nos habíamos acostumbrado.

¿Cómo es el estado de felicidad permanente? Imagina una onda, como la de la imagen: En la parte inferior, en el valle, nos encontramos cuando estamos tristes, deprimidos, con sufrimiento. En la parte superior, en la cresta, nos encontramos cuando estamos en el estado opuesto, en alguno de los estados que describíamos en el párrafo anterior, momentos agradables y alegres, producidos por algo que se encuentra fuera de nosotros, y que aunque pueda parecerlo, no es ese el punto donde nos encontramos cuando se alcanza el estado de felicidad plena. Cuando se alcanza ese  estado, nos encontramos en el punto de equilibrio, en la línea central.

Es igual encontrarse en el valle o en la cresta, ambos casos son ficticios, y tanto los momentos agradables como desagradables, desaparecerán en cuanto desaparezcan las causas que los producen.

Más allá de nuestro cuerpo no existe ningún tipo de calificativo ni de apreciación, “sólo es”. Calificar algo como bueno o malo, sólo es una apreciación mental, porque nada es ni bueno ni malo, las causas, los eventos, los momentos, “sólo son”. La felicidad no depende de ninguna causa, la felicidad es inherente a la esencia de la persona. Dejar de vivir el mundo exterior al que nos guía la mente, es dejar de vivir momentos agradables o desagradables, es conectar con algo que podemos llamar felicidad. Conectar con ella es encontrar el punto de equilibrio en la vida, es encontrar ese punto en el que todo es, no hay euforia, no hay tristeza, sólo hay serenidad y paz interior, no hay apego ni deseos, por lo tanto, no se darán las frustraciones ni las alegrías pasajeras.

Buscar la felicidad utilizando la mente, es no encontrarla. Llega sola cuando desaparecen los calificativos y los juicios, es un estado neutro, en el que sólo existe el momento presente, porque pasado y futuro también son apreciaciones mentales. Se puede decir de otra manera: Cuando se vive el presente, no hay sufrimiento por algo pasado, y no hay ficticias esperanzas de que se cumplan los deseos mañana, porque sólo vivimos el ahora.  

Desecha el estado de euforia, como deseas desechar la tristeza, y busca el punto medio, el punto de equilibrio, que te va a llevar directamente a la felicidad.

viernes, 8 de julio de 2011

Grandes vidas

            Muchas veces me he preguntado leyendo la biografía y la obra de gentes como Yogananda,  Vicente Ferrer, Teresa de Calcuta, y tantos y tantos que han dedicado su vida a los demás, ¿Por qué a ellos parece no costarles nada entregar su vida para el bienestar o el crecimiento de sus semejantes, y a todos nosotros nos cuesta tanto, no ya dedicar nuestra vida al servicio de los otros, sino mantener un estado de alegría y felicidad, que es el que parece que ellos han vivido de manera permanente?

            Parece una buena explicación y deja tranquilas nuestras conciencias, el pensar que ellos han vivido muchas vidas y que están al final de su camino como humanos, por lo que el trabajo realizado en vidas anteriores, y el crecimiento experimentado en esas vidas, les ha hecho entender que, efectivamente, vinieron para realizar un trabajo de ayuda y servicio a los más desfavorecidos, tanto material como emocionalmente, y ni de las comodidades de la vida, ni los deseos por conseguir posesiones, o por desarrollar ningún tipo de poder, les ha distraído y desviado de su camino.

            Pero, ¿Realmente es así?, ¿No es posible vivir una vida parecida a la que ellos han vivido desde nuestra perspectiva? Personalmente creo que si es posible, con independencia del número de vidas vividas, a fin de cuentas, eso es algo que aquí, revestidos del cuerpo, no sabemos si hemos vivido una o mil. Lo único que tenemos que hacer es creer: Por un lado, creer que no somos el cuerpo; y por otro, que nosotros también tenemos un trabajo, seguramente mucho más fácil que el suyo.

            Solamente con un cambio de creencias, nuestra vida daría un vuelco total, y podríamos acercarnos a vivir una vida parecida a la suya. Si cambiamos la creencia de que la felicidad está en el exterior, y que para ser felices tenemos que conseguir todo eso que se encuentra fuera de nosotros: el amor de otra persona, una cuenta bien repleta de dinero en un banco, para conseguir el coche más grande o la casa más bonita; por la creencia de que lo esencial: amor, alegría, paz y felicidad, ya lo tenemos.

            Ellos no buscaban posesiones, las donaban, y han llegado a tener pueblos enteros, ashrams, fundaciones; ellos no buscaban amor, lo entregaban de manera desinteresada, y han llegado a ser amados por miles y millones de personas; ellos no buscaban poder, huían de él, y su palabra era poder, eran escuchados y admirados por el mundo entero, y recibidos por las primeras autoridades políticas, religiosas y culturales. Nosotros, que si que buscamos amor, posesiones y poder: O carecemos de ello, o no lo conseguimo en la misma cantidad que ellos lo conseguían.

            A veces creo que somos un poco torpes: Nos quejamos de nuestra vida, pero somos incapaces de cambiar ni un ápice de ella. Buscamos desaforadamente la felicidad, pero no se nos ocurre pensar que, a lo peor, la buscamos en lugares erróneos. Nos admiran esas vidas, las leemos, transcribimos sus frases y las comentamos con los demás, las colgamos en las redes sociales para que todos las vean; pero no pasamos de ahí, no imitamos lo esencial, que no son sus frases, sino su modo de vida.  Podemos incluso, apadrinar un niño de su fundación, pero criticamos y despreciamos a los miles de desprotegidos que, para poder comer, venden  chatarra en mantas en nuestras calles. ¡Ellos amaban a todos!

            Podríamos empezar por aquí: Amar a todos, con independencia de si son niños o mayores, de si son ricos o pobres, de si son amigos o enemigos. Ellos lo hacían así. Claro que podemos pensar: ¿Cómo voy a amar a mi enemigo o a un desconocido?, ¡pues si!, es fácil, ¡amándole!. A nosotros nos va a dar igual lo que él haga o piense, es su problema, su karma se encargará de que pague por ello. Nuestro trabajo sólo es amarle, y no tendremos que esperar mucho para recibir nuestro premio, lo recibiremos a la vuelta de la esquina. Como somos muy amigos de las frases bonitas, leer lo que decía Antoine de Saint-Exupéry; está a la derecha de esta entrada: “El amor es la única cosa que crece cuando se reparte”.

martes, 5 de julio de 2011

Nada es lo que parece

            Nada es lo que parece.

Nos parece, según nuestras actitudes, que vamos a vivir para siempre, y no es así. Estamos anclados a la vida, y permanecemos y actuamos en ella como si nos fuéramos a quedar a vivir aquí para siempre. Este es un gran error. Ignorar conscientemente, que sólo estamos aquí de paso, ya que de sobra sabemos que llegará un día, más pronto o más tarde, no sabemos cuándo, puede ser mañana o dentro de cincuenta años, en que tendremos que dejar nuestro cuerpo para irnos, no sabemos dónde, con el único bagaje de lo que hayamos acumulado en nuestra conciencia. Y ¿Qué vamos acumulando en nuestra conciencia?, básicamente miedo. Tenemos miedo de todo: De perder nuestro poder, de que no nos quieran, de ser infelices, del que dirán, de la oscuridad, de la enfermedad, del dolor, de la muerte, etc., etc. Y es ese miedo el que nos hace actuar con ira, con resentimiento, con hostilidad, es ese miedo el que nos hace ver a todos como enemigos que quieren usurpar nuestro poder, es ese miedo el que nos hace defender nuestro territorio. Pero, ¿Qué territorio?, ¿El que ocupamos accidentalmente en este espacio de eternidad, o la eternidad completa? Nuestro territorio, amigos, es la eternidad completa, y no hace falta defenderlo, tenemos tanto como queramos. Y el único bagaje que tendría que ocupar nuestra conciencia sería el Amor. El miedo, ya sabes, sólo es falta de Amor. Empieza a Amar y desaparecerá tu miedo, empieza a Amar y comprenderás que no tienes que defender nada, porque nada está en peligro, porque lo tienes Todo, porque todos tenemos Todo.

Nos parece que lo que sucedió ayer es pasado y lo que pasará mañana será futuro. Así es como definimos el paso del tiempo en nuestra actitud de avestruz, de esconder la cabeza para no ver la realidad, en nuestra actitud de ignorar que somos nada más y nada menos que una parte de Dios. Pero tampoco es así, no existen ni el pasado ni el futuro, y ni tan siquiera un presente al que poder asirnos con fuerza para no caernos, sólo existe, para nosotros, en esta constreñida tercera dimensión, el continuo fluir de la vida.  El salvoconducto para abandonar esta dimensión es ¿Cómo no? el Amor. Cuando realmente sepamos Amar, abandonaremos de inmediato esta dimensión, para adentrarnos en otros planos, en los que perderemos por completo la percepción del tiempo que tenemos ahora. Allá no habrá diferencia entre el pasado y el futuro, entre el ayer y el mañana, porque no habrá ayer ni mañana, porque todo, lo que ahora nos parece pasado o futuro aparecerá ante nosotros de manera permanente.  

Nos parece que existe por un lado el cielo y por otro la Tierra, y tampoco es así. No existe una línea de separación en ninguna parte del Universo. Y en Él, la Tierra es menos que un granito de arena. Y en ese granito de arena, nosotros guerreamos, nos miramos con desconfianza, nos tratamos con indiferencia cuando no con odio, sólo por el hecho de ser distintos, pero distintos ¿En qué?, ¿ En el color de la piel?, ¿En nuestras creencias?, ¿En lo que llamamos cultura? ¿Por qué tratar con desconfianza por el color de la piel, y no por el color de la camisa?, ¿Por qué tratar con indiferencia u odio por las creencias o por la cultura?, sólo son producto de la mente, de esa mente que permanece pegada al cuerpo un tiempo ínfimo de nuestra eternidad. Fuera de ese tiempo, no hay color, ni cultura, ni creencias. ¿Por qué no comenzar ahora a vivir como si ya estuviéramos en el tiempo de nuestra eternidad?

Puede ser que nuestra creencia nos haga pensar que las cosas son como las vemos cada uno de nosotros, pero no es así, las cosas son como son, no como nos puedan parecer, y lo que son, es mucho más fácil de lo que pudiéramos pensar. Deja que fluya la vida a través de ti, sin ninguna componenda, y podrás observar lo sencilla y lo magnífica que es la vida. ¿Vas a ganar la vida eterna cuando te enfadas con tu hermano?, ¿Vas a ver a Dios sólo en la piel que tu consideras correcta?, ¿Vas a vivir una vida, aunque sea corta, de felicidad, cuando desprecias lo que tú llamas ignorancia?, ¿Vas a conseguir la alegría riéndote de la desgracia de los demás?

“Todo está bien”, todo está bien como está, no como a ti te parece, “todo está bien”.

lunes, 4 de julio de 2011

Somos Luz

Somos Luz, somos energía, y es hora de saberlo, y cómo es posible que intelectualmente ya lo sepas, es hora de aceptarlo, y es hora de permitir que la sabiduría que creó el cuerpo corra por él; y que sea esa sabiduría la que nos permita avanzar en esta vida sin miedo, que sea esa sabiduría la que nos permita liberarnos de las ataduras que nos mantienen ligados a la materia, a la oscuridad, al sufrimiento, a la tristeza y al dolor.

Es hora de trabajar y avanzar para conectarnos con esa Luz, para sentir nuestra propia energía, para escuchar a nuestra Alma. Porque nos mantenemos estáticos, en el mismo lugar, no avanzamos. Sin ataduras o con ataduras, con miedo o sin miedo; no avanzamos. Siempre estamos en el mismo sitio, siempre los mismos problemas, siempre las mismas quejas.

Hoy por pereza, mañana porque estamos esperando al maestro que nos guíe, al otro día porque tenemos dudas de si estaremos preparados, al otro por el que dirán, y así sucesivamente un día tras otro. Siempre hay una disculpa, una buena disculpa para quedarnos sentados mirando la tele antes de meditar, antes de ayudar, antes de sentir, antes de amar.

Y entonces, sentimos ansiedad, sentimos estrés, sentimos una incómoda bola en nuestro interior que crece y crece, y que intentamos ignorar, pero no podemos. Sentimos de todo, porque esa sabiduría, esa luz, ese punto de conciencia que somos nosotros, no está de acuerdo con lo que hace nuestro cuerpo, no está de acuerdo con los caminos por donde le hace transitar la mente.

Leí una vez en algún sitio: “Benditos sean los seres humanos que comprenden que las dudas se irán resolviendo mientras avanzan por el camino, que los preparativos que antes hicieron, ahora no son necesarios. Que los cambios serán reconocidos y solucionados a medida que se presenten”.

No nos movemos porque vamos a esperar como se hace una meditación o como es esta o aquella terapia, o como es esa postura; o esperaré al día X para comenzar.

Pero la lección no es como sentarnos a meditar o como pensar, no. La lección es aprender a SER, porque la libertad de SER nos va a liberar de lo que calificamos como ignorancia, como obligación, del tener que……, o del deber de…….

Aprender a SER, es conectar con nuestro interior, es vivir desde el corazón; y en ese momento, de manera automática conectamos con la sabiduría que nos lleva más allá de los conocimientos de este mundo, del conocimiento de los libros, del conocimiento de los Maestros.

Todos hemos leído infinidad de libros espirituales o de crecimiento. Pero ninguno de esos libros imparte sabiduría, porque la sabiduría ya está en nosotros, y está desde siempre. Sólo hemos de trabajar para conectar con ella.

Y el trabajo no es duro, sólo es vivir desde nuestro centro. Nuestro centro es el corazón, sólo hemos de realizar un pequeñísimo viaje desde la mente al corazón, sólo hemos de dejar los pensamientos a un lado, y dejar que en su lugar se instale el Amor.

            Desde ese lugar, impregnados de sabiduría, podremos entender que la vida es como un pequeño, pequeñísimo paréntesis de nuestra eternidad. Pero que en ese ínfimo paréntesis hemos de realizar un trabajo, el trabajo de Ser, el trabajo de conectar con nuestra Alma, todo lo demás se nos dará por añadidura, y será muy fácil porque cualquiera que llegue a su interior podrá descubrir que el trabajo a realizar en el tiempo de nuestro paréntesis tiene que ver con el Amor.

            Entrar en nuestro interior, y sentir ese Amor, nos permite aceptar con total tranquilidad lo que somos. Sin juzgar, sin ira ni amargura, sin hostilidad ni remordimiento, sólo una tranquila disposición a aceptarlo, en lugar de combatirlo.

Cuando aceptamos lo que somos y vivimos cada momento de nuestra vida con plenitud y amor, las cosas, todas las cosas, todas las dudas, todos los problemas, se van resolviendo. Sin necesidad de tanta planificación y estudio. ¡Todo se resuelve mientras avanzamos por el camino!

domingo, 3 de julio de 2011

La vida es ilusión

            La observación de la vida me lleva a pensar que todo en la vida es ilusión, que todo en la vida es pensamiento, que cada persona vive la vida en función del color de sus creencias, en función de sus deseos, en función de sus apegos, en función de sus pensamientos.

Y si no estás convencido/a de eso, observa la vida, observa las reacciones de las personas. Ante una circunstancia, cualquiera, del tipo que sea, las reacciones de las personas, son distintas y en muchas ocasiones opuestas. ¿Por qué?, si la circunstancia es una, ¿no debería de reaccionarse de la misma manera?, ¿Quién actúa correctamente?, ¿Quién se alegra?, ¿Quién se ofende? Si la circunstancia es rosa, ¿Por qué unos la ven blanca y otros la ven negra?, y es posible, que si alguno la ve de su verdadero color, tanto el grupo de los que la ven blanca, como el grupo de los que la ven negra, le tachen de loco.

            ¿Qué pasaría si se viviera la vida sin creencias?, ¿Qué pasaría si dejáramos descansar el pensamiento?, ¿Qué pasaría si se aparcaran los deseos?, ¿No crees que lo qué pasaría sería un respeto absoluto hacia los demás?, ¿No crees que se habrían acabado las críticas feroces, las inútiles discusiones, los disgustos, los enfados?, ¿No crees que se vería la vida tal cual es?

            Si se viviera la vida con total desapego, se acabarían, por ejemplo, los partidos políticos, sólo existiría uno, el que siempre sirviera al pueblo, a todo el pueblo, no sólo a los ricos y poderosos como sucede en la actualidad. Si se viviera la vida con total objetividad, se acabarían las religiones, sólo quedaría una, la que enseñara a amar y a ser feliz, y como no hay en la actualidad, habría que crearla. Si se viviera la vida tal como es, ni tan siquiera habría forofos de un equipo u otro de ningún deporte, sólo habría amantes del deporte. Si se viviera la vida con hermandad, no habría hambre en el mundo, ni explotación. Si se viviera la vida sin pensamientos, sólo observándola, se acabarían las guerras entre naciones, los enfados entre hermanos, las discusiones entre vecinos.

            Pero no es así, se anteponen los deseos, los intereses, los pensamientos. Se vive la vida desde el prisma que a cada uno le interesa, se vive la vida como cada uno piensa que se debe vivir, se vive la vida para satisfacer los propios deseos; dando como resultado una vida de desatinos, de desigualdades, de abusos.

            ¿Crees que a ti no te pasa?, nos pasa a todos. Analiza todas tus reacciones en cualquier aspecto de la vida, observa si eres ecuánime en cualquier circunstancia: en la vida familiar, en religión, con las amistades, en deporte, en política, etc., etc. Analízalo con honestidad, y en tu soledad interior respóndete.

            Si te apetece, empieza a cambiar, pero no de palabra, sino de obra: vive la vida real, observándola sin más. Tú cambio hará que cambien los más próximos a ti. Es posible que todas nuestras estructuras corrompidas y caducas, (económicas, sociales, religiosas, políticas, culturales), no cambien de la noche a la mañana, puede ser que tú no veas el cambio, pero algo pasará en algún momento. Recuerda que todos tenemos las estructuras, sean del tipo que sea, que nos merecemos. Empieza a cambiar tú, que afecte a los demás, para merecer otra cosa.

            ¿Cómo cambiar?, es fácil. Mantén la atención, y observa la vida, sin calificar nada, sin juzgar nada. Observa la vida como observarías en tu primera visita el Coliseo romano, o el Machu Picchu, o el Taj Mahal, o la Sagrada Familia; con la boca abierta, sin palabras. Ten en cuenta que cada suceso en la vida es nuevo y único, y así cada segundo. A fin de cuentas, los monumentos mencionados puedes volver a visitarlos en una segunda ocasión. En la vida no, cada segundo es nuevo, no se repite. Vívelo como tal.