El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




domingo, 10 de abril de 2011

La Regla de Oro

            La Regla de Oro en su forma positiva dice: “Haz a los demás lo que quieres que ellos te hagan a ti”.
            La Regla de Oro en su forma negativa dice: “No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti.
            El crecimiento, la evolución y la construcción del carácter, son la misma cosa, y son los medios para purificar el alma encarnada.
            El carácter de una persona son esas cualidades que la distinguen de los demás. A pesar de lo que cada uno crea o desee, cada persona tiene unas peculiaridades propias y unas peculiaridades colectivas. 
Las peculiaridades colectivas lo podríamos denominar “pensamiento social”, y son esas creencias, escritas o no, que rigen la vida de una determinada sociedad. Por ejemplo, hay sociedades en las que está permitida la poligamia, mientras que en otras está perseguida por la ley; y en función de la sociedad en la que hayas nacido, podrías dar un sinfín de argumentos defendiendo una causa o la otra. Reflexiona un instante……….., ¿Qué es lo correcto?, si vives en una sociedad en la que está prohibida, es posible que consideres una aberración lo contrario. Sigue reflexionando, ¿Qué habría que hacer con la sociedad que defiende la poligamia?, ¿Convertirlos?, ¿A qué?, ¿A nuestras ideas?, ¿Eliminarlos?, ¿Ignorarlos? El ejemplo de la poligamia, lo podemos aplicar a cualquier otro aspecto colectivo de la vida: aborto, matrimonio entre personas del mismo sexo, divorcio, etc., etc.
Las peculiaridades particulares son la colección de hábitos, tendencias y creencias que cada persona ha ido construyendo a lo largo de su vida. Es la acumulación de hábitos del cuerpo, de emociones y sentimientos, hábitos de la manera de pensar y de la moral, hábitos de obedecer a la voz de la conciencia, o de ceder a la tentación, hábitos de entrenamiento en todos los campos de la voluntad. Es lo que hemos construido en nosotros mismos.
El efecto acumulado de todos esos hábitos, marcan la dirección, marcan el rumbo, son una predisposición que hace fácil y natural para la persona seguir los surcos que el hábito ha marcado.
Es nuestro carácter o nuestros hábitos lo que determina como reaccionaremos a las circunstancias externas, y lo que nos coloca preparados para actuar en esta o en otra dirección.
Es también nuestro carácter lo que determina lo que nuestra manera de pensar hará cuando nuestros pensamientos no están dirigidos por nuestra voluntad.  
También es lo que determina que será de nuestras emociones y sentimientos cuando no están bajo control, y se les ha permitido que encuentren su propia vía de escape.
Y si por encima de nuestras creencias y de nuestros hábitos, o por encima del pensamiento social aplicáramos la Regla de Oro, ¿Qué pasaría?
“Haz a los demás lo que quieres que ellos te hagan a ti”: Parece bastante clara la Regla. Hacer a los demás lo que quieres que ellos te hagan a ti, es tal cual, es literal. Es decir: Respetar la libertad de los demás, eso es lo que tú quieres para ti ¿verdad?; ayudarles y enseñarles si te lo solicitan, ya que lo contrario sería coartar su libertad, es lo que te gustaría ¿verdad?; no hacerles sentir miedo, ni ansiedad, ni dolor, no juzgarles ni criticarles, no maltratarles de palabra o acción;  facilitar por encima de todo su felicidad, su bienestar, su serenidad. ¿No es eso lo que te gustaría que hicieran los demás contigo?
El crecimiento, la evolución y la construcción del carácter son un proceso, que a su vez implica tiempo.
En este proceso se cometen errores. No hay que aumentar ese error, no hay que recordarlos ni criticarse uno mismo, ya que sino será imposible remediar ese error o remover un hábito. Hay que tener presente que uno se convierte en lo que piensa, que la energía va detrás del pensamiento.
¿Qué se ha de hacer?:
1)      Borrar mentalmente los hechos desagradables.
2)      Imaginar que se hace, se dice o se siente las cosas correctas.
3)      Si está relacionado con otra persona, imaginar que también está reaccionando de manera correcta.
Todo esto, ¿para qué? Es el poder de la materialización. Todo lo que se piensa repetidamente con cierta voluntad tiende a manifestarse.
Pensamientos y emociones positivas repetidas se van a manifestar como acciones correctas; las acciones correctas se van a manifestar como virtud. Y lo mismo sucede con los pensamientos negativos, convirtiéndose al final en vicios.
Construimos nuestro carácter al repetir pensamientos, al repetir emociones y sentimientos, y por los hechos que resultan de ellos. Piensa en algo muy a menudo y durante suficiente tiempo, y ese pensamiento se expresará, tanto así como la palabra o la acción.
Repite un hecho muy a menudo, frecuentemente, y se convertirá en un hábito.
El carácter de una persona está profundamente arraigado y no cambia de un día para otro, o de segundo en segundo, como lo hacen nuestra manera de pensar y nuestros sentimientos. No puede lograrse con un impulso sencillo, sino mediante un proceso lento y laborioso.
No existen atajos para remodelar el carácter. Por eso los buenos deseos de Año Nuevo, por ejemplo, son tan a menudo ineficaces. No se cambia con un mínimo esfuerzo. Para que cristalice el cambio, el esfuerzo debe ser constantemente repetido y continuado a lo largo del año, mes a mes, día a día.
El destino de las personas se construye con los propios esfuerzos.
Por todo esto, práctica la Regla de Oro: “Haz a los demás lo que quieres que ellos te hagan a ti”.

martes, 5 de abril de 2011

Observar la mente

            ¿Alguna vez te has parado a observar que es lo que pasa realmente por tu mente? ¡Hazlo! al menos en algún momento del día, ya que para permanecer todo el día atentos al juego de la mente se ha de tener mucho entrenamiento. Pero si que podrías intentar durante algunos periodos del día, y durante varios días, comprobar cómo se va comportando tu mente.
            Es posible que llegues a la conclusión de que son muy pocos los momentos del día en los que te encuentres verdaderamente libre de emociones, pasiones y sentimientos oscuros.
            La mente hace que vayas cayendo permanentemente en la trampa, en su trampa. En la trampa de estar preguntándote a ti mismo/a por qué alguien te ha hecho daño, por qué te han rechazado, por qué no te han prestado atención. Sin darte cuenta puedes sentirte obsesionado/a por el éxito, por el fracaso, por la soledad, por la forma de comportarse el mundo contigo, por tu mala suerte. Y dándole vueltas a todo ese juego  compruebas que te encuentras soñando despierto/a, soñando que te toca la lotería, soñando que eres famoso/a, soñando que te ascienden en el trabajo, soñando que estás con la pareja ideal, soñando que el mundo está a tus pies.
            Observando tu mente vas a comprobar cómo se apodera de ti el miedo, miedo a no gustar, miedo a las críticas, miedo al éxito, miedo a quedarte sin trabajo, miedo a quedarte solo/a, miedo a la enfermedad, miedo a la muerte; y de manera constante te estás inventado estrategias y como llevarlas a la práctica para defenderte y para asegurar la vida que crees que te mereces.
            ¿Te ocurre algo parecido? ¿Sabes por qué? Porque has olvidado de dónde vienes y adónde vas, porque crees que la vida es conseguir la satisfacción de todos los caprichos que te va presentando la mente, porque crees que eres un cuerpo.
            ¿De dónde vienes?, vienes de Dios. ¿Adónde vas?, vas a Dios. ¿Cuál es tu misión en la vida?, sólo una, sentir el Amor, sentir el Amor Divino en la Tierra, conseguir vivir en el mundo como cuando estás en la casa del Padre.
El trabajo, la familia, las vacaciones, la jubilación, etc., sólo son meros instrumentos para que aprendas a sentir el Amor. Y no lo vas a sentir luchando para ascender y conseguir la admiración de los demás, no lo vas a sentir jugando a que tu familia haga lo que tú crees que “debe” de hacer, no lo vas a sentir viajando al lugar más paradisiaco del mundo, no lo vas a sentir dando rienda suelta a todas las emociones y pasiones negativas que te embargan en muchos momentos de tu día.
            No vas a sentir el Amor buscándole, ni lo vas a sentir jamás en los demás. Sólo vas a sentir el Amor amando, ayudando, bendiciendo, compadeciéndote del prójimo. Porque hasta que no sientas el Amor en tu interior, no podrás entregarlo, y ni tan siquiera lo conocerás. Si no sientes ese Amor que nace del interior y que se da “a todo el mundo a cambio de nada” no sabes lo que es amar, y todo lo que te parece que es amor, sólo es un sucedáneo. Y es ese sucedáneo el que te obliga a dominar a las personas que ¿amas?
            Observa lo que pasa por tu mente, y podrás comprobar que son muy pocos los pensamientos de Amor que circulan por ella. O ¿crees que es Amor cuando tu deseo, o tu miedo, o tu frustración, o tu infelicidad, la disfrazas con la típica frase: “es por su bien”, o con: “yo sé muy bien lo que le conviene”?
            No te engañes y observa a tu mente. Busca en este mismo blog la “Meditación para despertar el Amor”, y practícala, hasta que sientas que eres Amor puro.

viernes, 1 de abril de 2011

La vida interior

La vida interior es la verdadera vida, es el sendero que nos va a llevar a la placidez y a la serenidad total, alejándonos de las oscilaciones en la que nos mantenemos viviendo la vida del exterior, oscilaciones que nos llevan del dolor al placer, de la oscuridad a la luz, del amor al miedo.
No podemos permitir dejarnos arrastrar por la corriente de los pensamientos negativos, que nos quieren hacer experimentar como verdadero lo que sólo es ilusión….., la ilusión de todas las cosas que percibimos por los sentidos y nos presenta la mente. Y es esta ilusión la que hace que nos hundamos en la más trágica de las desesperaciones o sintamos el más dulce de los placeres.
Pero tanto la desesperación como el placer tienen un carácter efímero, que en el peor, o mejor de los casos, puede durar lo que dura una vida. Y ¿qué es una vida comparada con la eternidad?
La vida es la escuela para la eternidad. Cada vida, cada tiempo de encarnación, es un curso de aprendizaje para alcanzar la graduación del Espíritu, la graduación del Alma, y si nos dejamos arrastrar por las ilusiones que nos presentan los sentidos, acabaremos cada curso sin haber alcanzado el nivel imprescindible para pasar al próximo curso, repitiendo vidas que no sólo pueden resultar inútiles, sino que pueden ser un lastre por la acumulación de causas pendientes, que hemos de solucionar en vidas posteriores.
Todas las situaciones que se presentan, todas las personas que nos rodean, todas las circunstancias vividas, están ahí justo en el momento oportuno para aprovechar la mejor de las enseñanzas. Es nuestra opción vivir la enseñanza con la mente, desde los planteamientos del propio interés material, desde el resentimiento, desde la ira o los celos, o vivir desde el interior donde habita la misericordia, la compasión y el amor.
La mente es como un circo, como un espectáculo de ilusiones, en el que va presentando un número de prestidigitación tras otro, con el único fin de preservar su poder, de mantener la atención, de defender su espacio, y todo desde una sólida base creada por ella misma: el aislamiento. El ser humano no es un ente aislado, sin embargo, él se lo cree. Él no cree realmente que sea un Espíritu, no cree que sea un Alma, no cree que el cuerpo sea una simple, aunque muy importante, vestimenta, no cree que está interconectado con el resto de almas, no cree que sea parte de una misma Energía, no cree que haya sido creado a imagen y semejanza de Dios, y que el objetivo de cada tiempo de encarnación sea el aprendizaje para la unión con su Alma, la unión con la Energía, la unión con Dios.
El ser humano no es un ente aislado. El ser humano no está sólo. Este es el primer aprendizaje, el siguiente es vivir desde el interior. Desde el interior se puede observar el espectáculo que presenta la mente de manera imparcial, sin implicarse en los números de ilusión que van apareciendo en el escenario de nuestra mente y que sólo buscan, la hipotética satisfacción de ella misma, satisfacción que nunca va a conseguir, ya que la mente es ávida de sus deseos e implacable de sus obsesiones, y nunca tiene suficiente, siempre quiere más.
Vivir desde el interior, manteniendo en reposo a la mente, nos hace recordar el camino para el retorno a casa, el retorno a nuestra verdadera casa, la casa del Alma, la casa de Dios.

jueves, 31 de marzo de 2011

Todo es conciencia

            Todo es conciencia, todo es para cada uno, tal como cada uno lo piensa y lo siente, todo está en la conciencia. La conciencia es el factor común de todas las experiencias. Siente que tú sólo “estás”………, que sólo estás simplemente presente…….., que no está pasando realmente nada, que todo es producto de tu conciencia. Observa que todo empieza y acaba en esa conciencia tuya que ahora mismo está presente. Los coches que pasan, la tierra girando alrededor del sol, una guerra al otro lado del mundo, tus pensamientos. Todo se desarrolla en tu conciencia…….., en este instante………, ahora.
            Pero tu conciencia no siempre está presente, si tú te desmayas o te duermes, para ti no existen ni los coches pasando, ni la tierra girando, ni las guerras, ni tu pensamiento, para ti no existe nada de eso, mejor dicho, para ti no existe nada. Y si no existe para ti, ¿Seguirán pasando los coches? ¿Seguirá girando la tierra? ¿Seguirán las guerras? Seguramente contestarás que sí, que sigue pasando. Pero aunque siguiera pasando todo eso, a ti ¿Qué más te da si no te enteras?
Además, ¿Cómo sabes que todo eso sigue pasando? ¿Por lo que te cuentan? Y ¿Cómo sabes que lo que te cuentan es lo que está pasando realmente? ¿Cómo sabes que tu conciencia y tu percepción son similares a las de otra persona? Si fuera así, todos seriamos prácticamente iguales, tendríamos los mismos coches, votaríamos al mismo partido, etc., etc., y no pasa, y si eso no pasa, ¿Por qué ha de pasar que dos personas con distintos estados de conciencia sean conscientes al cien por cien de la misma percepción?
Aun hay más, tu aspecto físico, tu sufrimiento, tus penas y tus alegrías, todas tus emociones, también son conciencia, también son tus pensamientos. ¿Qué pasaría si apartaras la conciencia de todo eso? ¿Qué pasaría si tu conciencia estuviera siempre centrada en tu respiración, por ejemplo? Pasaría que no tendrías conciencia de tu aspecto físico, pasaría que no tendrías sufrimiento, ni penas, ni alegrías, ni emociones; porque sólo habría respiración, que es donde tienes centrada tu conciencia. Y si no tienes, por ejemplo, conciencia de tu cuerpo físico, ¿Qué crees que pasaría? Que no le darías poder a ninguna sensación de tu cuerpo: No habría cansancio, no habría dolor.
En los aspectos emocionales, ya está claro que todo depende solamente de nuestro pensamiento, de nuestra conciencia, pero ¿Cómo afecta la conciencia físicamente? Podríamos llegar más allá……., como por ejemplo, que podríamos, incluso,  influir en el aspecto  de nuestro propio cuerpo. Las células del cuerpo están muriendo y naciendo de manera permanente, y las que van naciendo, lo van haciendo con la información de la célula madre: aspecto, enfermedad, etc. Pero la información de la célula madre no es más que nuestra propia conciencia, ¿Qué pasaría si apartamos la conciencia de nuestro propio aspecto? ¿Nacerían las nuevas células con la misma información que cuando fueron creadas, es decir, sanas, con la información de la conciencia divina, o con la información actual de la conciencia social?
Lo vamos a dejar aquí, porque para llegar a afectar al cuerpo sería necesario un dominio total de la mente, y no creo que sea el caso de ninguno de los que leemos este blog o escribimos en él.
Pero por intentar dominar totalmente a la mente que no quede. ¿Todavía no meditas? ¿Sabes que grandes mujeres y hombres de la historia lo hacían? ¿Sabes que Jesús, y Buda, y Tagore, y Ghandi, y San Francisco, y Santa Teresa, y tantos y tantos más, meditaban? Por cierto, orar, (no como los papagayos), también es meditación. La oración, la meditación y el silencio, son las únicas maneras de dominar la conciencia, de dominar el pensamiento, de dominar la mente.
Si ya meditas, ¡enhorabuena!, si no lo haces, ¡empieza ya! Puedes hacerlo solo sintiendo tu respiración, sintiendo cada inhalación y cada exhalación, puedes incluso contarlas; y cuando te encuentres que estás pensando, a la segunda o tercera respiración, vuelve al principio, vuelve a comenzar por uno, una y otra vez, tantas veces como tu mente te saque de donde tú has decidido estar: la respiración. Hazlo cada día, no menos de once minutos.
En poco tiempo te darás cuenta de que empiezan a llegar cambios a tu vida, física y emocionalmente, te darás cuenta de que empiezas a dominar tu conciencia, y por lo tanto tu vida.

miércoles, 30 de marzo de 2011

¿Cuál es tu respuesta?

¿Cómo responderías a la pregunta de qué es un ser humano? ¿Se podría definir como una factoría perfecta, producto de las secreciones de sus glándulas internas? O ¿Cómo una maquina dirigida por una especie de computadora denominada cerebro? O ¿Cómo un organismo afectado por el medio ambiente? O ¿Cómo un sistema de deseos e impulsos que le dirigen y determinan su estado? O ¿Cómo un ente espiritual dirigido por una fuerza interior? O ¿Cómo………………?
Dependiendo de quién responda a la pregunta, cualquier respuesta es válida. Pero si aceptamos cualquier respuesta como válida, cabría seguir haciéndose preguntas para tratar de acotar un poco más el concepto del ser humano. ¿Por qué hay unos que son felices y otros no? ¿Por qué son unos más inteligentes que otros? ¿Por qué a unos les gustaría tener un coche deportivo rojo y a otros una bicicleta? ¿Por qué hay algunos que ayudan a los demás de manera desinteresada y otros sólo hacen que acaparar más y más? ¿Por qué los hay que respetan la libertad de los demás? ¿Por qué hay otros que no sólo no respetan sino que maltratan de palabra o de acción a los que les rodean? ¿Por qué hay unos que rezan y otros que matan? ¿Por qué………….?
¿Cuál sería la causa de todas esas diferencias? ¿Por qué tenemos células distintas? ¿Por qué el medio ambiente es distinto? ¿Por qué tenemos distintos cerebros? ¿Por qué unos se dejan dirigir por un instinto casi animal y otros no? ¿Por qué unos son espirituales y otros no? Si fuera sólo por esto, se supone que dos hermanos deberían de ser muy similares o casi idénticos y, sin embargo, no es lo normal. ¿Por qué tantas diferencias?
Pero aun podemos encontrar más diferencias ¿Por qué hay unos que ven algo alrededor de las personas que denominan aura, y otros no? ¿Por qué los hay que oyen voces y no les encierran? ¿Por qué hay gente que utiliza las manos como herramienta de sanación, y que además hasta funciona? ¿Por qué los hay que ven a personas que han muerto y que incluso dicen que hablan con ellos?  ¿Será que los muertos siguen vivos de alguna manera? ¿Por qué hay personas que dicen salir del cuerpo y que parece cierto, porque describen situaciones o lugares donde no han estado? ¿Por qué hay personas que adivinan el futuro?
¿Será que los seres humanos somos “más” que una factoría química, dirigidos por el cerebro, afectados por el medio ambiente, obcecados por los deseos y medio guiados por una fuerza interior? ¿Será que no somos sólo cuerpo? ¿Será verdad que existe el alma, o el espíritu, u otra cosa distinta? ¿Será verdad que somos energía? ¿Será verdad que existe el karma? ¿Será verdad que existe la reencarnación? ¿Será verdad que existe Dios?

lunes, 28 de marzo de 2011

4ª dimensión

            La inmensa mayoría de las personas está viviendo en la tercera dimensión. La tercera dimensión es vivir en la materia con un cuerpo y utilizando la mente. Es la dimensión conocida por todos, porque, o estamos en ella, o nos movemos entre la tercera y la cuarta.
            Todo es conciencia, en la tercera dimensión vivimos con una conciencia determinada, la que nos permite la mente. Es esa conciencia en la que de manera constante estamos haciendo planteamientos mentales, tratando de organizar nuestra vida y la de los demás, suspirando por conseguir un tipo de vida determinado, buscando la felicidad fuera de nosotros, necesitando sentir que nuestro amor es correspondido, acumulando riquezas materiales, luchando porque se reconozcan nuestros meritos, permitiendo que se desboquen las emociones, pidiendo explicaciones, de manera permanente, y ofreciéndolas, culpabilizando al otro, pisoteando los derechos de los distintos, (por el color, por la clase social, por el idioma, por las creencias religiosas, por el sexo, por la nacionalidad). Viviendo, en fin, una vida ficticia creada por nuestro pensamiento.
            Lo terrible, no es vivir en la tercera dimensión dirigidos por la mente, todos llevamos mucho tiempo y muchas vidas en ella, lo verdaderamente terrible es no ser conscientes. Ya que mientras no seamos conscientes estaremos atados de pies y manos para realizar el siguiente paso: la cuarta dimensión. Y no seremos conscientes mientras nuestras “pre”ocupaciones estén dirigidas a la materia, estén dirigidas al control del prójimo, estén dirigidas al exterior.
            Este es el momento para dar el salto, es el momento del cambio de conciencia, de no hacerlo, nuestro ciclo de reencarnaciones sufrirá un parón de varios millones de años, justo el tiempo que tarden en completar su ciclo evolutivo, el ciclo de vuelta al Espíritu, el ciclo de vuelta a Dios, todos los que ahora están inmersos en el cambio de conciencia, en el traspaso a la cuarta dimensión.
            La cuarta dimensión es nuestro siguiente peaje. La Tierra y sus habitantes estamos evolucionando hacia esa dimensión. También utilizamos el cuerpo, pero el instrumento que nos mueve en ella ya no es la mente, es el corazón. 
            Cuando hablamos del corazón, no nos estamos refiriendo al corazón físico, nos estamos refiriendo al chakra cardiaco. El chakra cardiaco es el que gobierna el corazón, y es la sede del amor. Vivir en este chakra es sentir las energías que hay en él, el amor, la compasión, la misericordia, la caridad, la bondad, la grandeza, la abundancia. Pero para llegar aquí hemos tenido que purificar la energía de los chakras inferiores, las energías terrenales de los chakras base y sexo, y de los emocionales, ombligo y solar. Será entonces cuando se empiece a sentir la energía del amor, el verdadero amor, el que da todo a cambio de nada, el que sólo busca la felicidad de los demás, el que no pregunta ¿cuánto? cuando le dicen “te quiero”, el que da la libertad, el que respeta, el que no exige nada a cambio, el que no tiene que perdonar porque nunca se siente ofendido. Vivir en el corazón, vivir en el chakra cardiaco es vivir en la cuarta dimensión.
            El camino, a partir de aquí, es más sencillo, es como si el chakra cardiaco diera paso, (no es así, ya que todos los chakras se pueden activar a la vez), a la creatividad superior del chakra de la garganta y al inicio del conocimiento, que se va a concretar en el chakra ajna, que es el chakra de la facultad mental superior. Un poco más arriba nos espera el chakra frontal, el chakra de la conciencia búdica, el chakra de la sabiduría y de la intuición inferior, para llegar a la cima de la cabeza donde se encuentra el chakra corona, el centro del Amor Universal, el centro de la voluntad para amar, para manifestar la bondad y la voluntad al bien.  
            El camino hacia el Amor Universal sólo requiere un primer paso importante, hacerse consciente del dominio de la mente y después trabajar para dominarla. ¿Cómo?: meditar, meditar, meditar, meditar, meditar. Dejarse llevar por las preocupaciones, dejarse arrastrar por los deseos, por el orgullo, por los celos, por la rabia, por la avaricia, supone quedarse anclado en la tercera dimensión, mientras los compañeros de curso siguen avanzando hacia la felicidad, hacia la paz, hacia el Amor que se encuentran esperándonos en nuestra siguiente etapa: la cuarta dimensión.               

domingo, 27 de marzo de 2011

Ofrece tu vida

            Pocos son los que no creen que existan los ángeles, los guías, los maestros o el mismo Dios. Unos creen por sus creencias religiosas, (fe es creer lo que no vemos), otros por convencimiento, otros incluso, por deducción lógica. Son muchos los que no lo reconocen, y que incluso defienden a capa y espada la existencia de nada al otro lado de la vida física, pero en su fuero interno, más de una vez han pedido ayuda o han suplicado a Algo superior a ellos; el caso es que se pueden contar con los dedos de la mano los que son verdaderamente ateos.
            Si tú eres de los que crees pública o privadamente que hay Algo más, me atrevo a pedirte un momento de reflexión: Imagina que uno de esos guías, o ángeles, o maestros, o el mismo Dios se hiciera carne y bajara a la tierra a vivir entre nosotros. ¿Cuál sería su comportamiento? Bueno, en realidad no hace falta que imagines mucho si conoces la vida de Jesús, de su Madre María, de Buda, de San José, de San Francisco, o más cercanos en el tiempo como la Madre Teresa de Calcuta, el Padre Pío, Vicente Ferrer, o tantos y tantos Seres que han estado entre nosotros, repartiendo su amor, su compasión, su comprensión, su misericordia, su respeto hacia los demás.
            Todos ellos pasaron por las mismas circunstancias por las que todos nosotros estamos pasando, todos son como nosotros una chispa divina, todos tuvieron un primer nacimiento, todos  pasaron por la vida con dolor y sufrimiento, pero ellos supieron transformar el sufrimiento en Amor, supieron transformar la tristeza en alegría, supieron transformar la pobreza en abundancia, supieron transformar el egoísmo en servicio a los demás. ¿Crees que eran diferentes a ti? ¿Crees que tenían algo especial que les hizo santos? ¿Crees que lo que ellos eran es incompatible con tu vida? ¿Crees que tú no puedes hacer lo mismo? Y tanto que puedes.
            Todo lo que haga una persona, lo pueden hacer los demás; todo lo que una persona consiga, lo pueden conseguir los demás; tú también……. ¿Cómo?......, ofreciendo tu vida a Dios, es lo que hacían ellos. Ofrecer la vida a Dios no es hacerse cura o monja, no. Ofrecer la vida a Dios es dejar que la vida fluya a través de ti, sin componendas mentales; es dejar que la vida transcurra según el Plan Divino, sin forzar acontecimientos para que la vida sea lo que a ti te gustaría que fuera. Cuando consigues eso, te cambia la vida, porque Dios, al que le has ofrecido tu vida, con tus problemas, con tus dudas, con tus miedos, se encarga de que empieces a vivir la vida  que necesitas vivir, no la vida que tu crees querer vivir.
            Cuando despiertes cada mañana dedica un minuto, no hace falta más, a ofrecer tu vida a Dios y a entregarle tus problemas. Después de eso puedes levantarte y empezar tu día, sin darle vueltas a nada, permaneciendo alerta a cómo va pasando ese día. Con la mente en calma, observando el fluir de tu propia vida, aceptando cada segundo, porque cada segundo es enviado por Dios, verás cómo empiezan a suceder cosas que antes te podían parecer imposibles, verás cómo va llegando la paz y la serenidad y la felicidad, veras como va llegando el Amor.
            Después de eso, sólo te queda cada noche agradecer la vida recibida, incluso si el día no parece haber sido de tu agrado, agradécelo, porque ha sido un día necesario, y eslabón anterior de acontecimientos futuros, necesarios para tu aprendizaje.
            Recuerda: Al despertar ofrece tu día a Dios entregándole los problemas, y al anochecer agradece todo lo recibido. Comprobarás así, que tu vida no va a diferir mucho de la vida de los santos que hayas imaginado.

sábado, 26 de marzo de 2011

Cambia, cambia tú

            Todos deseamos alcanzar la felicidad permanente, la serenidad, la paz interior, y el amor. Sin embargo, no se puede decir que hagamos habitualmente mucho para conseguirlo, ya que seguimos dejándonos llevar por la inercia de la vida sin hacer absolutamente nada nuevo que nos saque de la misma ruleta en la que nos encontramos dando vueltas. Una y otra vez, día tras día, en una rueda sin fin, en la que se van repitiendo las mismas situaciones, sin que nunca suceda nada especial que nos saque del aburrimiento de la vida.
            Nos quejamos de la vida que llevamos, no nos gusta completamente el trabajo que realizamos; nos gustaría que nuestra pareja fuera más cariñosa, o más dulce, o más comprensiva; los niños, a veces, nos agobian; sentimos que la casa se nos viene encima, pero nos aburren las salidas de ella; la familia y los amigos, normalmente, se pasan la vida juzgando y criticando; en resumen: no nos gusta la vida que llevamos, aunque aceptamos vivirla de esa manera por mil razones: la obligación, la sociedad, la falta de dinero, la falta de tiempo para cambiar nada, el qué dirán, etc., etc..
            ¿Qué hacer para que cambie?, ¿se solucionaría con el premio gordo de la lotería?, ¿cambiaría algo si realizáramos un viaje a la otra punta del planeta?, ¿Qué hacer? La respuesta es fácil: “Cambia, cambia tú”, porque si siempre haces las mismas cosas, el resultado ha de ser siempre el mismo. “Cambia tú”.
            No esperes que cambie tu trabajo, tu jefe o tus compañeros; no esperes que cambie tu pareja; no esperes que cambien los niños, ni tu familia, ni tus amigos; porque todos están en la misma dinámica que tú, todos están tan aburridos de la vida como tú, todos están esperando un cambio como tú. Sin embargo, tú tienes una cierta ventaja porque aunque tú te estás aburriendo o cansando, tienes la inquietud del cambio, sólo que con un ligero error en tu planteamiento, estás esperando que el cambio llegue sólo, y eso, ya te aseguro que no va a suceder. Has de intervenir, has de tomar las riendas de tu vida, has de cambiar algo para que cambie tu entorno, has de trabajar para el cambio, has de implicarte.
            ¿Cómo? Realmente esta es una de las preguntas del millón, ya que hay tantas maneras de trabajar para un cambio como personas quieren cambiar, porque cada persona está en un punto del camino, totalmente diferente a donde se encuentran los demás. Pero si se pueden dar unas pautas básicas:
En primer lugar: Conciencia, tienes que ser consciente de donde te encuentras, de lo que tienes y de lo que te gustaría tener. Quejarse no es suficiente, ya que mientras te quejas, te aburres o te cansas, no estás siendo realmente consciente de que es lo que estás viviendo, y es posible que ni tan siquiera sepas que es lo que has de cambiar, porque no es necesario dar un cambio total y absoluto, lo que pasa es que el cansancio que te produce “un algo” en tu vida, está interfiriendo en el total de la vida, no dejando que seas consciente de momentos que podrían ser felices. Así que comienza por vivir la vida conscientemente para comprobar que es lo que te desagrada.
En segundo lugar: Ama, pon amor en todo lo que hagas, todo lo que estás haciendo por obligación, hazlo con amor: amor a tu pareja, amor a tus hijos, amor a tu trabajo, amor a tu familia, en resumen: Amor a la vida.
En tercer lugar: El proceso del cambio. Es seguro que siendo consciente de tu vida y realizando todo con amor, ya has descubierto que es lo que realmente está interfiriendo en tu felicidad. Cámbialo, sin miedo. Cuando se realizan las cosas que hay que hacer, sin miedo, con una confianza absoluta en la vida, en el Universo, en Dios, la vida fluye con una intensidad desconocida hasta entonces, y se van sucediendo las situaciones que hacen posible que el camino a la felicidad se despeje con una velocidad y una facilidad desconocida hasta entonces.
En cuarto lugar: Acepta, acepta la  vida sin condiciones, y esta te irá indicando cual es el paso siguiente que hay que dar. No preguntes como te lo va a ir indicando la vida. Lo sabrás, sin más, sólo acepta y déjate llevar.
En quinto lugar: Vive desde el corazón. El corazón es el pregonero de la vida, es desde él desde donde van llegando las informaciones que la vida necesita darte. Se llama intuición, empieza a seguirla en las pequeñas cosas, sin dejar que tu mente las eche para atrás. Esas pequeñas cosas pueden ser tan nimias como: coger el paraguas al salir de casa un día de sol, entrar en un lugar que no habías pensado, ir a recoger a los niños antes de la hora, etc., etc. Así podrás comprobar cómo lo que antes llamabas “casualidades”, se multiplican en tu vida, y podrás darle el nombre correcto “causalidad”.
Así que recuerda, “no te quejes”, porque todo seguirá igual en tu vida. El camino es: conciencia, amor, cambio, aceptación y vivir desde el corazón.

viernes, 25 de marzo de 2011

La muerte

            Cuando trabajan los adivinadores, los tarotistas, los astrólogos o los clarividentes, hay una predicción en la que siempre pueden estar completamente seguros de acertar, y es el hecho de que el consultante va a morir.
            Durante la vida o periodo encarnado, la persona se prepara y estudia para un sinfín de actividades, de las que ni siquiera está segura de tener que utilizar algún día,  sin embargo, para la única actividad segura que va a realizar, que es morir, no se prepara en absoluto, y no sólo no se prepara, sino que ni tan siquiera habla de ella. La muerte es un tema tabú en nuestra sociedad.
            Por eso la gran mayoría de las personas no saben con que se van a enfrentar en el momento de abandonar el cuerpo físico, y se pueden enfrentar a la muerte, en su ignorancia, de maneras muy diferentes: algunas con verdadero dolor por lo que están a punto de dejar, por tener que abandonar todo lo que fueron acumulando durante su vida, y es tan grande ese dolor que no les llama en absoluto la atención lo que se puedan encontrar al otro lado de la vida. Otros no contemplan para nada la posibilidad de morir, es como si se hipnotizaran, hasta llegar al punto de que su conciencia ignora y rechaza  el hecho de morir. Sin embargo, la muerte también va a llegar para ellos, y ante la muerte se encuentran paralizados. Los creyentes y practicantes de cualquier religión lo tienen más fácil, ya que aceptan el hecho de morir como lo mejor que les puede suceder, siempre esperando algún tipo de premio, o castigo en algunos casos, según haya sido su vida en la tierra.
            Sea como sea, la muerte es una actividad que hemos practicado miles de veces. Todos hemos vivido muchas vidas, y está claro que en todas hemos muerto. ¡Es una lástima no recordar cómo se muere! Por eso sería bueno prepararse para ese momento.
            A fin de cuentas, la muerte sólo es un cambio de conciencia, es algo parecido a lo que sucede cuando dormimos. Cada noche cuando dormimos, salimos del cuerpo dejando a este descansando en la cama, realizando fuera del cuerpo diversas tareas según sea la evolución de la persona. Lo que sí está claro es que la conciencia permanece despierta las veinticuatro horas del día, aunque no recordemos cuáles son nuestras actividades fuera del cuerpo cuando dormimos.
            Existen muchas maneras de morir, tantas como maneras de vivir. El acto de morir sólo es el triunfo final de la vida, y es el paso a un descanso totalmente consciente, el alma se retira al mismo lugar en que se encontraba antes del nacimiento, y no hay más razón, aparte de las mentales que puedan tener tanto el moribundo como sus allegados, para hacer de la muerte un momento triste
            Es muy sencillo el trabajo que hay que realizar para preparar el tránsito de la muerte:
a)      Vivir conscientemente enfocados en la cabeza, en el entrecejo, mediante la concentración, la visualización y la meditación.
b)      No interferir emocionalmente en la vida de los demás, practicando con ellos el servicio desinteresado.
c)      Practicar cada día, antes de dormir, en llevar la conciencia a la cabeza y aprender a ser conscientes de los sueños, para ir recordando el tiempo que se pasa en el plano astral durante el sueño.
Para ayudar al moribundo en su tránsito es bueno que se guarde silencio en la habitación, así el alma puede realizar su trabajo con tranquilidad, sin interferencias de ningún tipo y sin los amarres emocionales de las personas que están junto a él pueden provocar con sus llantos y súplicas. A ser posible se encenderá una luz anaranjada, ya que ayuda al enfoque en la cabeza, lugar por donde se debería abandonar el cuerpo. Mantras o frases espirituales también ayudan al moribundo igual que mantener la cima de la cabeza al este y las manos y los pies cruzados.
Morir puede ser un arte feliz y consciente o desgarrador. Está en nuestras manos como deseamos morir, pero recuerda que para saber morir, es necesario antes haber sabido vivir.
Te recomiendo el libro “La muerte una gran aventura” de Alice Bailey, de él he sacado algunos extractos. (No lo busques en la librería, no está. Bájalo de Internet). 

jueves, 24 de marzo de 2011

La verdad

            ¿Existe la verdad?, ¿existe una sola verdad o hay más verdades? Aunque la respuesta parece fácil, si se trata de la verdad, sólo debería existir una, sin embargo, observando la vida parece que haya muchas verdades, tantas verdades como personas, y además, cada persona cree estar en posesión de la verdad, de la única verdad, de la verdad absoluta, y en muchos casos, cada persona defiende su verdad con uñas y dientes, a veces, incluso a gritos.
            ¿Puede ser que haya tantas verdades? Parece claro que no, entonces… ¿Dónde está el problema? ¿Cómo puede ser que tantas personas crean ciegamente que están en posesión de la verdad? ¿Estarán equivocadas las personas o realmente hay tantas verdades?
            Sólo existe una verdad,  la verdad de la vida, la verdad del Amor, la verdad de Dios, y las verdades de los hombres sólo son producto de su pensamiento. Decía Buda: “Somos exactamente lo que pensamos”, y es ese pensamiento el que determina la verdad de la persona y determina también su vida.
            La verdad de la mente es como………. como una enfermedad. No hay mucha diferencia entre una gastroenteritis y vivir la verdad de la mente, sin embargo, las personas, que acuden rápidamente al doctor para solucionar una gastroenteritis, no son conscientes de lo dañina que es la enfermedad de su verdad, y además tratan de contagiar su mal a las personas que la rodean.
            ¿Cómo encontrar esa verdad? ¿En los libros? ¿En las escuelas? No.
La verdad sólo se encuentra en lo profundo de las personas, la verdad sólo se encuentra en el corazón. No se va a encontrar la verdad en ninguna mente por privilegiada que sea, no se va a encontrar la verdad a través del raciocinio, porque la verdad no se busca, la verdad llega sola cuando la persona elige vivir una vida plena, una vida total, una vida completa. La verdad llega cuando la persona elige vivir desde el corazón, cuando la persona elige conectarse con su alma, cuando la persona elige ser.
            No existe ninguna diferencia entre la verdad, la felicidad, el amor y la alegría; es un pack que llega de manera completa cuando la persona comprende que no es un cuerpo, que no es una mente, sino que es un ser divino, que es un alma y que se encuentra únicamente de paso en la materia con un único objetivo, el encuentro con su parte divina. Es en ese encuentro cuando la persona empieza a vibrar en otra sintonía, en la sintonía de la Verdad, en la sintonía del Amor, en la sintonía de Dios.
            Conectar con la parte divina no es difícil, pero si laborioso, recuerda: “Voluntad” para dedicar un tiempo diario a  trabajar para fortalecer esa conexión, el propio “Trabajo” y “Paciencia” hasta que empiecen a llegar los resultados; aunque es posible que sea necesaria también otra cualidad, la “claridad mental”, ya que es imprescindible que la persona tenga muy claro que lo que quiere es ser feliz de verdad, no de palabra ni de mente; y es esa claridad la que va a dar la fortaleza necesaria para ser constante en el trabajo.
            El “Trabajo”, solo es aceptación, aceptar la vida como llega, sabiendo que cada cosa que pasa es perfecta, tanto lo que se califica como bueno  o como malo, todo es perfecto y necesario. Ayuda a esa aceptación la meditación, el dedicar un tiempo diario a dominar la mente para que acepte la vida, para que acepte la verdad, para que acepte la felicidad.
¿Sigues creyendo que estás en posesión de la verdad? ¿Qué tu verdad es la válida, la “buena”? Escucha a tu corazón y encontrarás la respuesta.

viernes, 18 de marzo de 2011

El poder del silencio

Un hombre fue hasta donde estaba Sócrates y le dijo:
- Oye Sócrates, escucha lo que te tengo que contar de como un amigo tuyo...
- Calla, -le interrumpió el sabio-, ¿ya has pasado lo que me quieres contar por los tres cedazos?
- ¿Tres cedazos? ¿Cuáles?
- ¡Si cierto, tres cedazos! El primero es el de la verdad. ¿Has comprobado que lo que me vas a contar es verdad?
- No, verdaderamente lo he oído decir; pero...
- Entonces, lo habrás pasado por el segundo, esto es, el de la bondad: ¿Lo que me vas a contar, si no sabes si es verdadero, será por lo menos bueno?
- No, ciertamente no, más bien al contrario...
- ¡Ah, -interrumpió Sócrates- entonces probemos con el tercer cedazo: Pregúntate si es verdaderamente necesario que me cuentes todo aquello que al parecer te ha impresionado.
- Verdaderamente necesario, lo que se dice necesario, no lo es...
- Entonces, -respondió el sabio-, si lo que me quieres decir no es ni verdadero, ni bueno, ni necesario, metámoslo en el olvido y no nos ocupemos más de ello.
Cada vez que hablamos dejamos salir una parte de nuestra energía, y producimos imágenes con aquello que pensamos antes de convertirlo en palabras. ¿Cuántas de nuestras palabras son positivas?, ¿Cuántas de nuestras palabras son necesarias?, ¿Cuántas de nuestras palabras son verdad? Si lo que queremos decir no es bueno, ni necesario, ni verdadero, es mejor quedarse callados y no decir nada. Así no ensuciaremos nuestro entorno con la energía negativa de nuestras proyecciones y no perderemos nuestra energía inútilmente.
Hemos de ser como un espejo que escucha y refleja la energía, sin más. Hemos de ser como el Universo que acepta sin condiciones nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras palabras, nuestras acciones y todo lo que hace es enviarnos el reflejo de nuestra propia energía bajo la forma de las diferentes circunstancias que se presentan en nuestra vida.
Si tus palabras se identifican con el éxito, tendrás éxito, si tus palabras son de rabia, tendrás más rabia; si tus palabras son de ira, esta te inundará completamente; si tus palabras son de miedo, sentirás terror; si hablas de fracasos, fracasarás.
Nuestra vida solamente es el reflejo de nuestro parloteo interno. Aprende a escuchar y a reflejar esa energía sin emociones ni prejuicios, y calla si no tienes algo bueno, necesario o verdadero que decir.
 Aprende el arte de la discreción, es una buena manera de evitar la opinión de los demás y así tu vida se volverá tranquila, volviéndote invisible, misterioso e indefinible. Mantener en el exterior el silencio interno ayuda a evaluar todo lo que se presenta y poder así tomar las decisiones de manera acertada.
Con la discreción y el silencio,  evitas las críticas y los juicios sobre los otros, que además de una perdida inútil de energía lo único que hacen es esconder tus propias debilidades, ya que todo lo que criticamos de los otros son proyecciones de nuestras debilidades, son manifestaciones de toda la negatividad no resuelta que aun anida en nuestro interior.
Permite que cada persona resuelva sus problemas, ¡bastante tenemos cada uno con los nuestros! Y, además, es bueno preservar nuestra energía para ir resolviéndolos poco a poco. Cuando atacas, muestras tus propias debilidades, cuando te defiendes estás entregando tu energía a quien no se la merece; así que no ataques, pero tampoco te defiendes, escucha las opiniones sobre ti, como si oyeras llover, acuérdate del espejo, deja que la energía envenenada que llegue a ti, rebote sobre el emisor. A fin de cuentas, sólo son palabras, solo son opiniones.
            Tu silencio interno te fortalece y te vivifica, tu silencio externo  preserva tu energía. Calla si lo tienes que quieres decir no es ni bueno, ni necesario, ni verdadero; pero tampoco permitas que te cuenten mentiras, inutilidades o maldades. Eres tú, con tu propia energía, quien va a atraer a los chismosos, a los mentirosos o a los que hablan por hablar; eres tú, con tu propia energía quien decide si quieres rodearte de sabios o de mequetrefes.
            Tu energía eres tú, los que te rodean son el reflejo de tu energía. ¡Tú decides!


jueves, 17 de marzo de 2011

Sentir y vibrar diferente

¿Qué crees que necesitas?
Si en este momento sientes necesidad de algo, aunque no sepas exactamente qué, revisa y mira a tu alrededor. Más aún, empieza por revisar tu vida y párate en el momento aquel en que empezaste a necesitar, a desear, a querer, a poseer. Es entonces, cuando te darás cuenta de que eres incompleto/a, ya que si fueras completo/a no tendrías necesidad de nada.
La vida y lo que tú crees que es tu propia vida no están sincronizadas.
Tu caminas hacia una dirección, pero el viento te mece, te para, te empuja y todo lo que es se resiste a ti.
Quizás, en algún momento, aunque haya sido sólo un instante, has podido sentir y vibrar diferente, y tú mismo/a te has maravillado, te has reconocido en un tiempo y un espacio diferente. Feliz, en paz. Y entonces has creído que era un sueño, que era irreal, que es imposible sentir y vivir en este estado de plenitud. Y sientes que quieres, aún a pesar tuyo, quieres vivirlo, aferrarte y no moverte de ahí.
Aunque no sabes bien de que se trata, dónde estás y que te está pasando, en tu interior sabes que sí, sabes que ese es tu estado natural, porque te sientes cómodo/a, te sientes pleno/a. Es algo que “puedes pensar” como desconocido pero que sientes que es tu lugar.
Entonces, tanto si eso ha durado un minuto, como una hora, un día o una semana completa, ¡Piensas! Sí, empiezas a pensarlo y lo pones en duda. Te juzgas a ti mismo/a bajo el poder de tus pensamientos y desde los ojos de los demás. No crees que puedas permanecer mucho más  tiempo ahí, porque te parece que sino “estás fuera del mundo”.
Y te dices a ti mismo/a, erróneamente, “despierta” “toca de pies en el suelo”, “vuelve a la realidad”.
Pero no te das cuenta que aquello que tu llamas realidad, en verdad, es solamente el mundo exterior, el mundo de los convencionalismos, de los juicios, del vivir en función de lo que pensarán los demás, según lo que “está bien” y lo “que está mal”.
Y en un instante, la Luz, la paz, la certeza, la calma, se desvanecen y vuelves a sufrir. Incluso más que antes porque ahora ya sabes, ahora ya conoces un poco más de ti y sientes que no puedes compartirlo con demasiadas personas o casi ninguna de las que te rodean. Claro, te preocupa que puedan pensar de ti. Entonces empieza el esfuerzo para olvidar quien eres, para volver al “mundo real”, el único que crees conocer y adaptarte a él nuevamente.
El desconcierto entre lo que eres y lo que haces, entre dónde te has sentido en casa  y dónde te dice tu mente que deberías estar – el escenario de la vida donde has decidido interpretar un papel- es una constante que ya sabes que se irá repitiendo cíclicamente y que no podrás, y a lo mejor, ni querrás evitar.
El alma, prisionera  de ti mismo/a no dejará nunca de hacerse presente y en ella sentirás como Dios, amoroso, te extiende su mano para que vuelvas a Casa, a la verdadera realidad.
Asimismo tu pensamiento incesante tampoco dejará de decirte lo “loco/a” que estás por el hecho de permitirte sentir. Y te conducirá, momento a momento, al mundo del cuerpo, de los deseos, de los anhelos, del sufrimiento.
Más en esta lucha serás tan libre, que nadie, y cuando digo nadie me refiero a los  ángeles, tus Guías o  Dios te obligará a seguir la vida de tu corazón y situarte en el Camino, tu Camino. Solamente tú podrás decidirlo.
Sólo tú puedes decidir SER y desplegar tus alas para SER, para vivir en unidad completa, sin esfuerzo, en el mundo del espíritu, en el mundo del alma aquí en la tierra, en una conjunción perfecta que te envuelve y, además, feliz como nunca te habrías atrevido a soñar.
Por eso, cuando vuelvas al mundo supuestamente real no olvides nunca quién eres en realidad. Sé firme como una roca en lo que sientes y ninguna tempestad que te llegue en forma de palabras, de reproches, de juicios, ni de opiniones de los demás, podrá doblegar nunca, ninguna de las ramas de ese árbol de la vida que tu eres, porque estarás tan enraizado/a a la tierra y a la vida, que tu voluntad sólo será una. La Voluntad de Dios que ha obrado en ti maravillas.
Entrada publicada por Elisenda.


miércoles, 16 de marzo de 2011

Yo confieso

Los caminos del Señor son inescrutables. Aquellos que me conocéis, ¡cuántas veces me habéis oído decir esta frase! Y no me canso de repetirla, no para reafirmarme en la idea, no, sino porque según va avanzando mi vida, soy más consciente de la Perfección y la Grandeza del Plan Divino. Pero claro, tratándose de Dios, no se podía esperar menos que perfección y grandeza.
Hace tiempo, al final de una meditación, se me ocurrió decir, en el momento de agradecer todo lo que había recibido en la meditación: “Ofrezco mi vida para la realización del Plan Divino, acepto sin condiciones el Plan Divino”. Volví a repetirlo al final de la siguiente meditación, y de la siguiente, y de la siguiente; y así estuve una buena temporada, sin ser muy consciente de lo que estaba ofreciendo; y lo que estaba ofreciendo era ¡nada menos que mi vida!
Hasta que un día, en una meditación, (a mí las ideas, o las intuiciones, o las certezas, casi siempre me llegaban en dos momentos del día, cuando me duchaba y cuando meditaba), se entrometió una pregunta en mi mente: ¿Qué estás haciendo para entregarte, sin condiciones, al Plan Divino?, y fui consciente de que no estaba haciendo nada especial, seguía con mis clases, mis terapias, mis meditaciones, mis lecturas……, ¡todo igual, como siempre!, pero la mente, tan entrometida ella, siguió con su razonamiento: ¿Crees tú, que planificar la vida es entregarte, sin condiciones, al Plan Divino?, ¿Crees tú, que organizando cada minuto de tu día, estás dejando que tu vida siga los dictados de Dios?, ¿Conoces los planes de la Divinidad tan a la perfección que te puedes permitir organizarlos? Supongo que os imagináis las respuestas: Ni conocía los planes de Dios, ni mi vida seguía los dictados del Plan Divino; y todo eso porque no estaba dejando que la vida fluyera al ciento por cien a través de mí.
Sólo había un camino a seguir, dejar que la vida hiciera su papel y siguiera su curso, sin entrometerme, sin querer modificar ninguna situación, estar pendiente de cada segundo de mi vida como si fuera el último, no planificar nada más que lo imprescindible, y no preocuparme si no se cumplían los planes, solo me cabía aceptarlos,  porque Dios, en su Sabiduría, en su Perfección, en su Grandeza, los habría cambiado para acoplarlos al Plan establecido, y ¿quién era yo para rectificar a Dios?
Y empecé a transitar por ese camino y empecé a ser consciente de las sincronicidades, hasta en las cosas más pequeñas; todo tenía su porqué, todo tenía una razón; mi única misión era aceptar, era estar despierto, era vivir, era disfrutar, era ser feliz, sin cuestionar nada, sin plantearme nada, ¡todo está bien! Y ¡vaya si estoy viviendo!, y ¡vaya si estoy disfrutando!, y ¡vaya lo feliz que soy! Yo había entregado mi vida al Plan Divino y lo aceptaba sin condiciones, ¡solo de palabra!; pero cuando dejé que el Plan Divino me inundara, cuando puse mi vida en manos de Dios, mi vida dio un vuelco de 180º, uno más, pero ¡cuánta grandeza!, ¡cuánto gozo!, ¡cuánta felicidad!
Yo se que nadie escarmienta en cabeza ajena, pero como decía, también muchas veces, en las meditaciones: “Si de todos los que leéis esto, le sirve a uno sólo, el trabajo estará cumplido”:
Permite que el Plan Divino te inunde.
No vayas en contra del libre fluir de la vida.
No planifiques tu vida de manera exhaustiva.
Acepta lo que llegue a tu vida y agradécelo.
No dejes a tu mente campar a sus anchas.
Recógete en silencio y medita.
Trata a todos como si fueras tú quien estuviera delante.
Pide ayuda cada mañana y da las gracias cada noche.
Todo está bien.
Escucha a tu corazón.
Desde aquí a la felicidad absoluta y al Amor Total, sólo hay un camino muy corto y muy ancho. ¡Camínalo sin miedo!

viernes, 11 de marzo de 2011

Vivir sin razones........ Vivir desde el alma

Cuando te has pasado casi toda tu vida justificándote por todo lo que hacías o pensabas, a menudo condicionado por el qué dirán o pensarán tus amigos, tu familia, cuando hacías lo que no sentías pero creías que era tu deber, cuando, cuando…..
Y cuando a pesar de todo te sentías rechazada e insistías para identificarte contigo misma porque creías que así eras feliz. Entonces era cuando no eras tú….., pero te sentías “yo”. Con tu grupo de gente, con tu familia y con el deber moral de querer y entenderles porque claro, tú, ya se sabe, “eras un poco rarita”. Pero te conformabas con ese amor que, en realidad no era tal, sino egoísmo de los demás por tenerte a su lado, a su gusto, y moldearte a su manera, para tu supuesto mejor bienestar.
Y cuando todo eso pasó……, y diste un salto….., y te plantaste….., y sin dejar de amarles, al contrario….., amándoles con un amor completo, les dijiste amorosamente: ya no acepto tus críticas, ya no quiero tus reproches, ya no siento que te deba nada, ya soy yo, ya soy el Alma que vibra, que siente y que camina libre……, entonces tampoco te entendieron y pasaste a ser más que extraña. Te convertiste en alguien irreconocible, excéntrica, rara, pero ya te daba igual. Eras tú. Entendiste que cuando hacías “lo que debías” no eras tú, ni los otros eran ellos. Solo cuerpos, sólo mentes atrapadas en un mundo de conveniencias que no hacen feliz a nadie.
Cuando amas desde la libertad amas más que nunca, los lazos de unión son más, son nudos que no pueden deshacerse nunca. Eliges amar desde tu libertad y puedes sentir como sin apegos, sin dudas, sin temores, sin preguntas, sin nada, lo tienes Todo. Eres un alma y, necesariamente, necesitas nutrirte de todas y cada una de las almas que existen. Y les amas, aún cuando en su cuerpo mental no te comprendan e incluso te rechacen.
No es fácil vivir en el mundo cuando pretendemos satisfacer a los demás. No podemos permitirnos vivir en función de lo que los otros sientan de ti. No, porque significa que ya no queda ni un ápice de amor. Sólo egoísmo, castración, sometimiento, amargura e infelicidad que se reparte entre todos, a partes iguales.
Se vive desde uno mismo, desde lo que se siente, desde lo que uno cree que es su camino. Y en ese camino no importa cuáles sean tus uniones terrenales,  con hijos, padres, hermanos, tíos, primos, amigos…………, no importa. Se vive desde la propia alma y solo desde ahí esas uniones son sólidas, de verdadero amor.
No podemos permitir que nadie pretenda decirnos como debemos vivir, ni tenemos ningún derecho a decirle a nadie como debe vivir su vida. Ni Dios en su Omnipotencia nos maneja para que seamos como Él quiere, El nos da la libertad y la respeta.
No, no y rotundamente no. Jamás dejes que nadie pretenda vivir por ti tu vida, y jamás oses dar grandes consejos. Camina, sin pisar a nadie, sin molestar, como si llevaras unos zapatos mágicos que, cuando sea necesario, te eleven para dejar a los otros donde están y para que ni siquiera se den cuenta de que tú pasas por el mismo camino y les has adelantado. Eso sería arrogancia.
Sé humilde, da la mano pero no aprietes con la fuerza de la obligación, del deber, del sentirte más que nadie. Que tu acercamiento a las personas sea suave, casi imperceptible, sólo lo suficientemente presente para que sepan que les ofreces tu corazón y tu ayuda, sólo si ellos quieren. De lo contrario, aunque con buena intención, sería como imponer un regalo que a ti te gusta al niño que sólo necesita tu sonrisa, tu mirada de aceptación plena. Esa eres tú, la Luz que alumbra sin deslumbrar, la mano que acaricia sin ahogar, el silencio que habla de amor.
No pretendas entendimiento en las cosas del corazón, porque este late a un ritmo diferente para cada uno y no comprende de razones humanas.
Ama desde el corazón y cada latido será rítmicamente perfecto y armónico con el de todos los corazones. Todo tiene su tiempo, todo tiene su hora. Esta es la tuya, no pares tu reloj interno, tu pulsación, tu vibración de Amor. Avanza inexorablemente hacia delante como el reloj camina sobre sus agujas. Sentirás que cada momento es la hora perfecta, el minuto, el segundo que te sostiene donde tú debes estar.
Como los relojes de otros países, cada alma tendrá una hora distinta, pero será la suya y, más lenta o más rápidamente, avanzará inexorable también a su propio encuentro con Dios, a su encuentro con la Vida.
Ama, ama, ama, ama todo lo que vives, no es ni bueno ni malo, es tu camino. Camínalo y si en él te acompañan otras almas, uníos, creced y esparcid la Semilla del Amor Eterno por todos los rincones del mundo, a cada corazón.
Y si sientes que caminas sola, sigue amando porque en todo está Dios. Él no te falla nunca.
Entrada publicada por Elisenda.