Una de las leyes del Universo es la Ley
de la Precipitación. Según esa ley, Dios proveía, en el principio de los
tiempos, a los seres humanos de todo cuanto pudieran necesitar. Pero llegó un
día en que los seres humanos dudaron de Dios y empezaron a murmurar: “Y si un
día se olvida de darnos lo que necesitamos”. Y así fue como el ser humano
comenzó a guardar y a tratar de conseguir por sí mismo lo que Dios le estaba
proveyendo; es decir, comenzó a trabajar para, con el sudor de su frente,
conseguir lo que antes tenía de manera fácil.
“Rasgar el velo de la soledad” de
Alfonso Vallejo
