" Hay
heridas que no destruyen: revelan quién eres"
El 3 de abril, Viernes Santo, es
un día que nos invita a entrar en el misterio más profundo de la experiencia
humana: el dolor. No el dolor como castigo, ni como tragedia, ni como derrota,
sino el dolor como umbral. Como tránsito. Como lugar donde algo muere para que
algo más verdadero pueda nacer.
Hoy la vida te invita a mirar de
frente tus propias cruces, no para quedarte en ellas, sino para comprender lo
que te enseñan.
El Viernes Santo no es un día de
desesperanza; es un día de verdad. Es el día en que la vulnerabilidad se hace
visible, en que la fragilidad se vuelve sagrada, en que el sufrimiento se
transforma en un acto de amor. Es el día en que se revela que incluso en los
momentos más oscuros hay un propósito, una luz que aún no se ve, un sentido que
se está gestando.
Hoy la vida te invita a
contemplar tus heridas desde otro lugar. No desde la culpa, ni desde la
vergüenza, ni desde la resistencia, sino desde la compasión. Cada herida que
llevas cuenta una historia. Cada dolor que has atravesado te ha moldeado. Cada
caída te ha enseñado algo que no podrías haber aprendido de otra manera.
El Viernes Santo te recuerda que
el dolor no es el final del camino; es parte del camino. Y que incluso en los
momentos en que todo parece romperse, algo en ti se está fortaleciendo.
Este día también nos habla de
entrega. De ese momento en que Jesús, desde la cruz, pronuncia palabras que no
nacen del miedo, sino del amor. Palabras que perdonan, que confían, que se
rinden a un propósito más grande.
La entrega en el dolor no es
resignación; es sabiduría. Es reconocer que hay cosas que no puedes controlar,
que hay procesos que no puedes acelerar, que hay noches que deben vivirse para
que llegue el amanecer.
Hoy es un buen día para
preguntarte: ¿Qué parte de mí está atravesando un Viernes Santo? ¿Qué dolor
estoy llamado a mirar con más compasión? ¿Qué necesito perdonar, a otros o a mí
mismo, para poder avanzar? ¿Qué está muriendo en mí para que algo nuevo pueda
nacer?
El Viernes Santo también es un
día de silencio interior. De detenerse. De no huir. De no distraerse. De
permitir que el alma hable.
A veces, el dolor más profundo
no necesita soluciones; necesita presencia. Necesita que te sientes con él, que
lo escuches, que lo abraces.
Porque cuando abrazas tu dolor,
deja de ser enemigo y se convierte en maestro.
Este día te invita a honrar tus
procesos. A reconocer tu valentía. A mirar tu historia con ternura. A
comprender que cada sombra que has atravesado te ha traído hasta aquí.
Y que aquí, justo aquí, hay un
propósito.
El Viernes Santo no es un día
para quedarse en la oscuridad; es un día para comprenderla. Para atravesarla
con conciencia. Para permitir que te transforme.
Porque el dolor, cuando se mira
con amor, se convierte en luz.
Y
tú estás llamado a esa luz.
Propuesta
de trabajo del día: Ejercicio: “Mi herida sagrada”
1. Elige una herida emocional
que aún te duela.
2. Escríbela en tu diario con
honestidad.
3. Luego escribe: “Esta herida
me ha enseñado…”
4. Completa la frase con lo que
hayas aprendido.
5.
Termina escribiendo: “Me permito sanar”.
Meditación Guiada: Atravesar la noche (Meditación guiada en la siguiente entrada)
DIARIO DE LUZ - Alfonso Vallejo
