Presencia y Palabra

Bienvenido a este espacio de presencia y palabra. Aquí comparto reflexiones, prácticas espirituales y fragmentos de mis libros para acompañarte en tu camino interior. Que cada día sea una oportunidad para volver a ti con más calma, claridad y conciencia.



martes, 3 de marzo de 2026

Desde la fe

 



“Aunque el oro aún no brilla bajo mis pies, mi alma ya camina sobre él”

         Querido Dios:

           “Yo Soy la Presencia Activa de un millón de euros, ya manifestado”. Ya sabes que este es un decreto de Saint Germain, una afirmación poderosa que utilizo para manifestar lo que deseo ver precipitado en mi vida y en mi uso. No es una frase que repita por capricho ni por rutina vacía. Es una invocación, una declaración de fe, una semilla que planto cada día en el fértil terreno de mi conciencia.

Me acuesto con este decreto cada noche, lo pronuncio como quien se arropa con esperanza. Con él me levanto, como quien se viste con propósito. Y durante el día, en innumerables ocasiones, lo repito una y otra vez, como un mantra que me conecta con la abundancia que sé que existe, aunque aún no la vea reflejada en mi cuenta bancaria.

No es el primer decreto que trabajo. Han sido muchos los que he utilizado a lo largo de mi vida. Desde que descubrí a Saint Germain, los decretos se han convertido en herramientas sagradas. Pero incluso antes de conocer su enseñanza, ya practicaba el pensamiento positivo. Desde siempre he sabido, quizá por intuición ancestral o por el eco de otras vidas, que el pensamiento es una fuerza creadora. Es la herramienta que nos puede hacer viajar por todos los estados emocionales, desde el sufrimiento más absoluto hasta la euforia, en cuestión de segundos.

Se me ocurre un ejemplo para ilustrarlo: una persona puede estar en un entierro, sumida en una tristeza profunda, y de repente, alguien dice algo gracioso, algo inesperado, y esa persona ríe. Aunque sea por unos instantes, abandona el estado de dolor. Si lograra sostener ese pensamiento alegre por más tiempo, podría salir del sufrimiento. Así de poderosa es la mente. Así de volátil es la emoción. Así de transformadora puede ser una idea.

Por eso, cuando leí por primera vez las palabras del Buda: “Somos lo que pensamos”, sentí una confirmación brutal. Era como si alguien hubiera puesto en palabras lo que yo ya sabía, lo que mi alma ya había comprendido sin necesidad de libros. A partir de ese momento, empecé a leer, a investigar, a profundizar en lo que intuía. Me sumergí en enseñanzas espirituales, en metafísica, en psicología del alma. Y cuanto más leía, más sentido cobraba todo.

Desde siempre he utilizado el pensamiento positivo para atraer salud, dinero, amor, soluciones a situaciones comprometidas, y también para satisfacer los deseos que plantea mi caprichoso ego. Porque sí, reconozco que no todo lo que pido nace de la sabiduría del alma. A veces es el ego quien habla, quien exige, quien sueña con lujos y comodidades. Pero incluso en esos momentos, intento que el pensamiento sea elevado, constructivo, alineado con la Luz.

Tengo que reconocer que “casi nunca” he conseguido manifestar lo que pido. Pero no me desanimo. Sigo teniendo fe. Porque mientras trabajo el pensamiento, me siento bien. Me siento conectado con la sabiduría del Universo, que no deja de ser la Tuya. Me siento parte de algo más grande, como si cada decreto fuera una conversación Contigo, una oración sin súplica, una afirmación de que lo divino vive en mí.

Muchas veces me he preguntado por qué no se cumple lo que decreto. Y aunque nunca llego a una solución definitiva, las posibles causas que barajo me resultan satisfactorias. No me frustran, sino que me invitan a reflexionar, a seguir buscando, a seguir creciendo.

Una de las causas que contemplo es que tal vez no esté contemplado en mi Plan de Vida. Siempre llego a la conclusión de que, si en mi plan está previsto que viva debajo de un puente, por mucho pensamiento positivo que trabaje, seguiré viviendo debajo de ese puente. Lo que sí podría conseguir es que el puente sea de oro, pero yo seguiría debajo. Y aunque suene irónico, hay belleza en esa imagen. Porque incluso debajo de un puente dorado, puedo encontrar paz, dignidad, propósito.

Otra causa que suelo considerar es que en mi mente subconsciente esté tan arraigado el pensamiento de pobreza que necesite más de una vida para eliminarlo. Tal vez la programación mental que arrastro es tan profunda, tan antigua, que requiere un proceso largo, paciente, amoroso. Tal vez estoy aquí para romper cadenas que vienen de generaciones anteriores, para sembrar una nueva conciencia que florecerá en otros.

También podría ser que, mientras trabajo el pensamiento positivo, mi propia mente me sabotee. Que haya una voz interna que, sin que yo lo note, filtre el pensamiento de que no lo voy a conseguir. Esa voz que dice: “Esto no es real”, “No va a funcionar”, “No lo mereces”. Y aunque intento silenciarla, a veces se cuela, como un susurro que debilita la fe.

En fin, Señor, no sé cuál es la causa correcta. Tal vez sea una combinación de todas. Tal vez haya otras que aún no he descubierto. Pero puedo asegurarte que no me desanima. Al contrario, me fortalece. Porque cada intento es un acto de amor hacia mí mismo. Cada decreto es una semilla que planto con esperanza. Cada pensamiento positivo es una caricia al alma.

Yo sé que algún día lo conseguiré. No sé cuándo, no sé cómo, pero lo sé. Porque la fe no se basa en resultados, sino en convicción. Y mi convicción es firme. Mi corazón está abierto. Mi alma está dispuesta.

Gracias, Señor, por escucharme. Gracias por acompañarme en este camino. Gracias por permitirme escribirte, como quien escribe a un amigo, a un padre, a un maestro. Gracias por estar en mí, incluso cuando no te veo. Gracias por enseñarme que el verdadero milagro no es recibir un millón de euros, sino descubrir que ya soy rico en amor, en conciencia, en luz.

Con todo mi amor.

CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo


Buenas acciones

 


Todo cambia

 

 


          Entre todas las otras máximas de las que a menudo echarás mano, debes tener estas dos muy presentes.

La primera es que las cosas en sí no llegan al alma, sino que se quedan inmóviles fuera, luego todas tus inquietudes provienen solo del modo en que interiormente opinas de ellas.

La segunda, que todas estas cosas que ves en cuanto hayas vuelto los ojos habrán cambiado y ya no serán lo que eran. Considera frecuentemente cuántas mutaciones has presenciado ya: el mundo es continua mutación; y la vida, lo que opines de ella.

MARCO AURELIO


Todos iguales

 


          He sabido con agrado, por los que vienen de tu parte, que tienes un trato familiar con tus esclavos. Es propio de un hombre prudente y sabio como tú.

          ¿Son esclavos? No, son hombres. ¿Son esclavos? No, camaradas. ¿Son esclavos? No, son amigos humildes, y compañeros de esclavitud, considerando que estamos todos sujetos a los mismos caprichos de la fortuna.

LUCIO ANNEO SÉNECA


La voluntad de tu amo

 


          Si te quedas boquiabierto, irás dando tumbos arriba y abajo según la voluntad de tu amo. ¿Y quién es tu amo? Quienquiera que tenga poder sobre las cosas que ansías o rehúyes.

EPICTETO


Meditar

 


          Una de las cosas más importantes, aún para los estudiantes más sinceros, es la necesidad de darle tiempo a la meditación, la de aquietar la actividad exterior para que la Presencia Interior pueda surgir sin obstrucción.

          Meditar significa realmente sentir la Presencia de Dios, por eso cuando se entra en meditación no debemos arrastrar con nosotros todas las perturbaciones que nos han afectado hasta ese momento. Hay que quitar conscientemente del sentimiento y de la atención todo aquello que pueda perturbar, pues es una actividad para sentir la Presencia de Dios y no para resolver todas las molestias.

SAINT GERMAIN