Cuando
veas a alguien arrastrarse ante otro, o adularlo en contra de su propia
opinión, puedes tener la seguridad de que no es libre. Y no solo si lo hace por
una simple cena, sino incluso por una prefectura o un consulado. A los que
hacen estas cosas a cambio de una minucia, puedes llamarlos esclavos menores,
mientras que los que se arrastran a cambio de grandiosidad, puedes llamarlos
grandísimos esclavos, como se merecen.
EPICTETO

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