El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




viernes, 24 de abril de 2015

Conserva tu poder


Perlas para el alma

 

Nuestra conciencia está llena de miedo, miedo al rechazo, miedo a la soledad, y necesita reafirmase a si misma constantemente, buscando siempre validación externa, buscando la aprobación del exterior; y toda nuestra vida se ha construido, de manera inconsciente, (siempre estamos en piloto automático), sobre ese miedo. Cuando la mente es nuestro centro, estamos encogidos por ese miedo y eso nos hace estar constantemente a la defensiva, siempre nos falta algo, siempre tenemos necesidad de más: Más amor, más dinero, más poder, más aceptación, más atenciones.
La base de nuestros pensamientos y sentimientos es como un agujero negro, un vacio que nunca puede ser llenado, y para aliviar ese miedo, para tratar de llenar ese vacío, nos vamos al exterior y nos aficionamos al poder, al halago, a la admiración. Confiamos en el juicio de otras personas, ¡Que poco nos valoramos y queremos!, no confiamos en nosotros, y le damos nuestro poder a cualquiera que pasa por delante de nosotros.
Confiamos en el juicio de otras personas y nos ponemos nerviosos sobre lo que la gente piense de nosotros. Es importante para nosotros porque nuestra autoestima depende de eso y, sin embargo, nuestra estima desciende y desciende, porque hemos entregado nuestro poder a otras personas.

jueves, 23 de abril de 2015

Es la hora de los niños


En la actualidad habitamos el planeta unos siete mil quinientos millones de personas. Todos creciendo, todos evolucionando, todos encaminando nuestros pasos, aunque no seamos conscientes de ello, hacia Dios.
No sé si me quedaré corto o me pasaré de largo, si calculo que una quinta parte de la población, es decir, unos mil quinientos millones de personas podrían terminar su andadura en la Tierra, si no hay ningún milagro que cambie el rumbo actual de la sociedad, lo cual no parece muy factible por muchas puertas energéticas que se abran, entre diez y veinte vidas más. Por supuesto que habrá maestros que estarán en su última vida, y que habrá otros que les faltará menos de diez, lo sé. Lo que estoy presentando son grandes números, que tampoco sé si son correctos o no, pero para la exposición que pretendo, tampoco es necesario afinar al cien por cien.
Son muchas las personas que no saben que hacen en la Tierra, son muchas las que no saben que están completando una andadura que comenzó hace millones de años, son muchas las que no saben de dónde vienen, (aunque a decir verdad, exactamente, no lo sabemos ninguno), son muchas las que no saben que están trabajando para volver a Dios, son muchas las personas que nunca han oído hablar de meditación, de energía o de Karma, aunque el no saber nada de esto no es sinónimo de que falten más o menos vidas, de que se esté más o menos cerca de Dios, ya que el trabajo principal a realizar en la Tierra es aprender a amar, y hay personas que aman por encima de cualquier cosa, sin tanto adorno como yo le pudiera estar poniendo. Pero si que parece, que todos los que en un principio están un poquito más adelante en ese aprendizaje, aunque sólo sea teórico, si son conscientes de esos términos.
Soy optimista y me gusta pensar que todos los que estamos leyendo esto, somos conscientes de los términos que exponía en el párrafo anterior, y que estamos en ese pelotón de cabeza al que le quedan esas diez o veinte etapas para concluir esta carrera. Me gusta pensar que todos nosotros tenemos claro que estamos unidos, que somos lo mismo, y que “cuando uno gana ganan todos y cuando uno pierde pierden todos”.  
 
 Nuestro trabajo, por lo tanto, es doble. Por un lado tenemos por delante nuestro propio crecimiento, nuestra propia evolución, nuestro propio aprendizaje, pero estamos obligados a realizar otra tarea, la tarea de la enseñanza, con una única asignatura, enseñar cual es el objetivo de la vida, enseñar cómo llegar a Dios, ya que de Él partimos y a Él hemos de retornar. Cada uno en el aula que le corresponde, los habrá dictando sus clases en el salón de guardería, los habrá en la primeria, otros en la secundaría, otros en el instituto, otros en la universidad, otros dictando maestrías, o escribiendo libros para abarcar un auditorio mayor.
Lo que sí parece cierto es que hasta ahora nuestro trabajo de difusión está encaminado a los adultos. Para ellos son las clases de yoga, las meditaciones, los cursos, los talleres, las conferencias y los libros, de la misma manera que para ellos son las pláticas en las terapias de sanación.
Está bien, pero hemos de abarcar más, hemos de empezar con los niños. Trabajando con los niños ganamos veinte o treinta años, y aunque parece que la vida es corta, da para mucho, y en treinta años se puede adelantar mucho. Para enseñar a meditar a un adulto, por ejemplo, hay de conseguir, en primer lugar, derribar las barreras de los hábitos, de las creencias, del estrés, de los rechazos, de los miedos, del que dirán, de su falta de tiempo, de su falta de voluntad, de su poca paciencia, de su falta de madurez, de la debilidad de su carácter y de los millones de excusas que va a plantear su mente que no quiere perder el control. Enseñar a meditar a un niño con cinco, seis o siete años, es garantizar un adulto mentalmente sano, es inculcar un hábito que será tan normal como lavarse, almorzar o ver la tele, es inculcar las creencias de Dios, no desde la perspectiva enfermiza, negativa y destructiva de las religiones, sino desde la perspectiva de que Dios es Amor, es enseñarles desde pequeños que todos somos hermanos, y no enseñarles a competir, es ayudarles a madurar el carácter, es enseñarles a crecer no a envejecer, es enseñarles a amar, es enseñarles realmente a vivir.
El que aprende desde niño, va a llevar como bandera el respeto, la tolerancia, la igualdad, la libertad, la paz y el amor durante toda su vida, formara una familia, también mentalmente sana bajo los mismos principios, sus amigos serán como él, y sus hijos un calco del padre.
Enseñando a los niños estaremos ayudando a que la humanidad evolucione más rápidamente, y que en menos tiempo muchos más seres alcancen la “iluminación”.

Pasaba por aqui


Perlas para el alma
 
Se cuenta que en el siglo pasado, un turista americano fue a la ciudad de El Cairo, Egipto, con la finalidad de visitar a un famoso sabio. El turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en un cuartito muy simple y lleno de libros. Las únicas piezas de mobiliario eran una cama, una mesa y un banco.
 ¿Dónde están sus muebles? preguntó el turista. Y el sabio, rápidamente, también preguntó: ¿Y dónde están los suyos? ¿Los míos?, se sorprendió el turista. ¡Pero si yo estoy aquí solamente de paso! Yo también. Concluyó el sabio.

miércoles, 22 de abril de 2015

La pareja y el amor


Perlas para el alma


¿Recordamos que es el Amor Divino?: Es aceptación de uno mismo, es aceptación del otro tal cual es, es darlo todo a cambio de nada, es aquel que te hace feliz haciendo que los demás sean felices, es comprensión total, es tolerancia, es alegría, es colaboración, es amar sin juzgar, sin culpar, sin criticar; es ver a Dios en tu pareja. ¿Es este el Amor con el que has formado tu pareja?
¿No lo sientes así?, bueno, podéis seguir amándoos sin estar juntos, pero si queréis intentarlo de nuevo, trata de revivir los momentos del enamoramiento inicial, así se regenera la energía que sentisteis entonces, y puede ayudar.

Mejor desde niños


            Leía, no hace mucho, uno de los miles de pensamientos que corren por las redes sociales, creo que del Dalai Lama, que decía: “Los seres humanos pierden la salud por ganar dinero, y después han de invertir el dinero ganado para recuperar la salud”. Es muy cierto.
            La vida de la inmensa mayoría de los seres humanos está enfocada en la consecución de bienes materiales, ya que eso es lo que han aprendido de sus progenitores y de la sociedad, y es lo que a su vez enseñan a sus hijos. La sociedad, que no es más que un conjunto de individuos, espera conseguir beneficios emocionales a través de la posesión de los bienes materiales, y desgraciadamente no es así, de ahí es de donde procede esa pérdida de salud, no solo física, sino también emocional y mental.
            La enfermedad como todo, es energía, la enfermedad aparece cuando malgastamos nuestra energía, cuando permitimos que nos la roben, cuando la enfocamos hacia objetivos erróneos, o cuando la bloqueamos por alguna emoción desmedida.
             La pregunta sería. ¿No se perdería la salud trabajando para conseguir la estabilidad emocional por distintos caminos a los materiales?, pero eso ¿No implicaría entonces que no se podría conseguir la estabilidad material? No solamente es posible, sino imprescindible y necesario para nuestra salud el conseguir la estabilidad emocional desligándola de la consecución de cualquier deseo material. Y por supuesto no se ha de renunciar a la estabilidad económica, es más, alguien emocionalmente estable, está más capacitado para la obtención de cualquier objetivo.
Recordar: “Energías iguales se atraen”, por lo tanto encontrarse bien emocionalmente va a ser un plus añadido para conseguir cualquier cosa, mientras que si se condiciona la estabilidad emocional a la obtención de los objetivos materiales, es muy posible que no se materialicen los deseos con lo cual nunca se va a conseguir la estabilidad emocional. Es el pez que se muerde la cola: “Estoy mal, quiero conseguir algo con lo que seguro voy a estar mejor, pero como estoy mal no puedo disponer ni utilizar el cien por cien de mis recursos para conseguirlo, con lo cual no lo voy a conseguir y voy a empeorar emocionalmente”.
Y así se mueve el mundo.

 
Es momento de volver la vista al alma y de cambiar las prioridades de vida, es momento de buscar la estabilidad emocional sin condicionarla a nada material, es momento, posiblemente, de ir contracorriente, porque contracorriente es conseguir el dinero desde la felicidad y no como se hace ahora, tratar de conseguir la felicidad desde el dinero, es momento de ser felices, es momento de terminar con el estrés y la ansiedad, es el  momento de la sanación. 
Y una vez conseguido hay que enseñar a los niños el cambio de valores. Prioridad uno: Trabajar para conseguir la propia felicidad y la de los otros, prioridad dos: trabajar para conseguir el dinero, que en vez de amasarlo se utilizará para ayudar a los que lo necesiten.
Es cierto que enseñar a invertir las prioridades que marca la sociedad es ir contra corriente, pero en algún momento ha de haber un punto de inflexión que incline las balanzas hacia la consecución de bienes espirituales. Mejor desde niños.

martes, 21 de abril de 2015

Una lucha a ciegas


            Después de, más o menos contestadas las preguntas del millón. ¿Quién soy?, ¿De dónde vengo?, ¿A dónde voy?, a mi aún me queda alguna otra pregunta: ¿Para qué todo esto?, ¿Por qué la Creación?
            Todo apunta a que somos una Chispa Divina, desgajada de la Energía Divina, que es lo mismo que decir que desgajados de Dios, es decir que somos una parte de Dios, que una vez separados decidimos jugar un juego que se llama “involución”, para después de mucho sufrimiento, ya que sufrir es lo que hacemos a lo largo y ancho de todas nuestras vidas, comenzar de nuevo a “evolucionar” para volver de nuevo a fusionarnos con Dios.
            La verdad es que visto y comentado así parece tonto, aunque somos tan poquita cosa que posiblemente, no sólo no sabemos las respuestas, sino que ni tan siquiera sabemos hacer las preguntas. Dios en Su Inmensa Sabiduría, debe de tener claro el motivo, aunque a los humanos nos parezca una “sinrazón”.
            En ninguna lectura he encontrado tampoco la razón de la Creación, cuentan cómo fue, de distinta manera según lo cuente la ciencia o alguna de las múltiples religiones, pero ninguno dice porqué.
            La Biblia, por ejemplo, en el Génesis dice al respecto:
 En el principio creó Dios los cielos y la tierra.
 Y  la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el  Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.
Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.
Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.
Y llamó Dios a la luz día, y a las tinieblas llamó noche. Y fue la tarde y la mañana un día.
Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas.
E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así.
Y llamó Dios a la expansión cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.
Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así.
Y llamó Dios a lo seco tierra, y a la reunión de las aguas llamó mares. Y vio Dios que era bueno.
              Y así sucesivamente. Pero todo esto ¿Por qué?
 
            Ya sé que no es importante, sólo es curiosidad, pero a lo mejor me ayudaba en la lucha sin cuartel que están librando, desde hace ya demasiado tiempo, mi alma y mi mente. También es posible que no lo sepamos para que esa lucha siga siendo una lucha a ciegas, y que con saber que venimos de Dios y que a Él hemos de volver, debe ser suficiente para que en esa lucha que mantienen el espíritu y la materia, gane, por fin, el espíritu, y gane porque si, sin ninguna razón, o con una razón que por sí sola ya parece suficientemente importante, que Dios se encuentra al final de la batalla.
De cualquier forma, eso se ha de hacer siguiendo los dictados que marca el corazón a través de las intuiciones. Pero y los pobres mortales que no escuchan a su corazón ¿Qué harán? Pues harán lo mismo que todos hemos estado haciendo hasta ahora, vivir para la materia, sin preocupaciones ni diatribas adicionales, hasta que llegue el día, igual que nos llegó a nosotros, que empezamos a escuchar las intuiciones y decidimos seguirlas, sabiendo que no eran más que las palabras del corazón, ¡habla tan bajito!.
            Llegados a este punto, aquí tenemos otra razón para respetar las infinitas maneras de hacer del resto de seres humanos, cada uno se encuentra en un momento de su evolución, y aunque nos parezcan inaceptables, hemos de aceptarlas y respetarlas. Y mientras no las aceptemos porque sí, que es como deberíamos aceptarlas, podemos echar mano de cualquiera de los dos siguientes opciones: Una, pensar que no hace muchas vidas nosotros nos encontrábamos en el mismo punto, y dos, ¿Cómo actúa Dios en un caso así?
            Sea como sea, un signo claro de que la batalla comienza a decantarse a favor del alma, es el respeto con que se acepta al diferente, o al que piensa, habla o actúa distinto a nosotros. Mientras exista algún tipo de rechazo o incomprensión el campo de batalla sigue dominado por la mente.

lunes, 20 de abril de 2015

Involución y evolución


            En nuestra vida en la materia, casi todos los seres humanos nos movemos bajo los mismos parámetros, motivados por nuestras creencias y por nuestros deseos, sin embargo, esto no es al cien por cien en todos los aspectos de nuestra vida. En la vida material si es así, pero no lo es en la vida espiritual.
            Me explico: Creemos que para tener una casa hay que tener dinero, lo cual es cierto, por lo tanto, si tenemos el deseo de poseer una casa nuestras acciones irán encaminadas a la consecución del dinero necesario: trabajar más, ahorrar más, pedir un préstamo o incluso los hay que podrían robar para conseguirlo. Sin embargo, hay un ejemplo claro de que en nuestra vida espiritual no es así: Creemos en Dios, sabemos que Dios es Amor, todos queremos el Amor, pero no movemos ni un dedo para acercarnos a Dios, ni para tener ese Amor, con el resultado que todos conocemos, y que es lo que hay en nuestra sociedad por la falta de Amor: guerras, hambre, corrupción, asesinatos, engaños, y un largo etcétera que lo único que demuestra es que en nuestra sociedad no existe la característica que nos define como “humanos”, ya que estamos regidos, sencillamente, por la animalidad, por los instintos y por los deseos materiales.
            Reflexionando sobre esto, me hago cruces de cómo los seres humanos que estamos en posesión de la formula de la felicidad, no solo no la aplicamos, sino que hacemos todo lo contrario, hasta llegar, en algunos casos a enfermar de tristeza, aunque ya es, por sí sola, suficiente enfermedad la tristeza.
            En la actualidad, vivimos una paradoja: Tenemos una mente racional, que tiene la capacidad de pensar, evaluar, entender y actuar de acuerdo a ciertos principios para satisfacer algún objetivo o finalidad y, sin embargo, pensamos, evaluamos, entendemos y actuamos en contra de nuestros objetivo primordial, el objetivo de ser felices. 
Los seres humanos podemos usar la razón para evaluar la mejor manera de alcanzar un determinado objetivo, aunque también podemos tomar decisiones o idear comportamientos donde la racionalidad no parece el principal factor. Estas decisiones o comportamientos, adjetivadas a veces como "irracionales" en realidad esconden frecuentemente aspectos de racionalidad limitada, animalidad o aspectos de imitación social otras veces. Algunas conductas humanas parecen completamente "irracionales”. Sobre todo las referidas a los aspectos espirituales del ser humano.
Somos una máquina perfecta que actúa de manera imperfecta. Nuestra mente que es de una perfección sublime, elabora productos que son vomitivos en el noventa por ciento de los casos.
¿Siempre habrá sido igual o en algún momento, después de nuestra creación habremos sido realmente racionales al cien por cien, para conseguir nuestros objetivos más importantes: la paz, la serenidad, la alegría, la felicidad y el amor?
Si nos atenemos a la historia que conocemos, desde nuestra vida en las cavernas hasta nuestros días, si, no hay duda, siempre ha sido así. Pero parece ser, según afirman los teósofos que somos la cuarta y quinta raza, (la palabra raza aquí no tiene nada que ver con los cuatro grandes grupos étnicos en que se suele dividir la especie humana). O mejor, para no confundirnos con la palabra raza, usaremos la segunda acepción que utiliza Arthur Powell en su libro “El Sistema Solar”, “etapa evolutiva”.
 
Según Arthur Powell “a través de todas las fases de nuestro Sistema hay un principio fundamental que se repite una y otra vez en muchos niveles diferentes. Este principio debe captarse claramente porque es el hilo de Ariadna para todo el laberinto y comprende las siete grandes etapas de la Involución y la Evolución.
En nuestro actual período global, las siete Razas-Raíces son las siguientes:
Primera Raza-Raíz. Esta se llama Raza Etérica porque no poseía cuerpos más densos que el etérico. Esta raza desapareció de la Tierra hace tiempo.
Segunda Raza-Raíz. Esta es la Raza hiperbórea: tenía cuerpos físicos, y ocupaba un continente, llamado Plaksha, en el Norte del globo. También desapareció de la Tierra.
Tercera Raza-Raíz. Esta, la Raza Lemuriana, ocupaba el continente de Lemuria o Shálmali, como se la denomina en historia antigua. Hablando a grandes rasgos, éste fue un gran continente del Pacífico, en el Mar del Sur. La raza es la negroide, y algunos de sus descendientes todavía existen, aunque en la actualidad muy mezclados con progenies de razas posteriores.
Cuarta Raza-Raíz. Esta, la Raza Atlántica, habitaba el Continente de la Atlántida, o Kusha, en su mayor parte desaparecido debajo del Océano Atlántico. La mayoría de los habitantes actuales de la Tierra pertenece hoy en día a esta raza.
Quinta Raza-Raíz. Esta es la Raza Aria, e incluye en la actualidad a los miembros más avanzados de los habitantes de la Tierra.
Sexta Raza-Raíz. Esta Raza aún no existe, aunque aparecerá dentro de poco. Está destinada a ocupar un nuevo continente, que ya empezó a surgir, fragmento a fragmento, en el Pacífico.
Séptima Raza-Raíz. Esta Raza seguirá a la sexta, y será la última que aparecerá en la Tierra en este ciclo o ronda. Nada se sabe todavía del continente que ocupará aunque a veces se le dé el nombre de Pushkara”.
Sobre las etapas de Involución y Evolución a que hace referencia Arthur Powell: “Durante tres etapas el Espíritu desciende en la Materia: la Vida involuciona en la Forma; la cuarta etapa es la del conflicto entre el Espíritu y la Materia, entre la Vida y la Forma; durante las tres etapas restantes el Espíritu asciende: la Vida evoluciona a través de (y desde) la Forma”.
Por lo tanto, parece que no somos así desde la Creación, hemos ido primero involucionando hacia la materia desde la Chispa Divina que somos, encontrándonos ahora en un punto álgido, punto de conflicto entre el Espíritu y la materia, lo cual explica nuestro irracional comportamiento. Para que una vez superado el conflicto, se eleve el Espíritu hacia Dios.
Pero esto no debe conformarnos. “Ah, estamos en la etapa de conflicto, es normal sufrir”, no, porque en algún momento el Espíritu ha de vencer a la materia. Es seguro que millones y millones de los que ahora pueblan la Tierra no están preparados para eso, pero otros muchos si, y lo realmente triste es que de todos los que están preparados, (los que estáis leyendo esto lo estáis), no den un salto cualitativo en su vida para vivir la vida del Espíritu.
Pienso que una buena manera de conseguirlo es vivir como si el Alma ya hubiera vencido a la materia, amando, respetando a todos, ayudando a quien lo necesita, tolerando las diferencias, comprendiendo las razones de los otros. A fin de cuentas la batalla entre el Espíritu y la materia la hemos de ganar cada uno de nosotros, nada nos va a ser dado, por muchas puertas energéticas que se abran, el trabajo es únicamente nuestro.

viernes, 17 de abril de 2015

Yoga


El verdadero Yoga no trata de la forma de tu cuerpo,
sino de la forma de tu vida.
El Yoga no se realiza, se vive.
Al Yoga no le importa la persona que has sido,
le importa la persona en la que te estás convirtiendo.
Aadil Palkhivala
 

Yoga significa unión, y esa unión puede referirse a muchos aspectos, sin embargo, el fin último del Yoga es la unión del hombre con Dios.
            Desde el inicio del camino del Yoga, hasta llegar a esa unión final con Dios, existen múltiples etapas, el acercamiento, el aprendizaje, los inicios de la meditación, la relajación, aprender a desprenderse de la tensión con la respiración, descubrir al ser que mora en nosotros, aprender a dominar la mente, incrementar el poder personal, seguir la intuición, vivir desde el corazón, descubrir el amor universal, así hasta toparse en la última etapa frente a Dios.
            Yoga no es sólo una actividad para realizar fuera del horario laboral o escolar, Yoga no es sólo para relajarse, para eliminar el estrés, para tonificar los músculos, para mantener la salud o la juventud, con el Yoga se consigue todo eso, pero el Yoga es más, es mucho más, Yoga es una manera de vivir, de vivir presente, de vivir con atención, de vivir en silencio (mental), de vivir desde el corazón, de vivir amando, de vivir con Dios.
            He escuchado cientos de veces: “No puedo hacer yoga porque no soy flexible”, y entonces trato de explicar, dulcemente, que para hacer Yoga no es necesario ser ni flexible ni rígido, ni  musculado ni resistente, ni alto ni bajo, ni hombre ni mujer, ni niño ni anciano, ya que el Yoga es para todos, y para practicarlo sólo necesitamos dos cosas: el cuerpo y la mente. No es necesario vestirse de blanco o de negro, no es necesario un lugar, no es necesario ni una colchoneta ni una piel de oveja, no es necesario escuchar ni músicas relajantes ni mantras, solo es necesario un cuerpo y una mente.
 
            Por lo tanto, si no es necesario nada más que el cuerpo y la mente, se puede hacer Yoga en cualquier lugar y a cualquier hora, porque en el momento que la mente está completamente atenta a lo que hace el cuerpo, sin divagar, se está haciendo Yoga: leyendo, trabajando, cocinando, paseando o desplazándote en transporte público. Sólo hay que estar alerta, solo hay que ser conscientes.
            El problema es que no estamos entrenados para eso, y necesitamos un cierto entrenamiento. Ese entrenamiento es el que realizamos cuando nos juntamos un grupo, en algún lugar, y con una música relajante, nos movemos, hacemos Yoga y meditamos, es decir, nos entrenamos para la vida.
            No deberíamos circunscribir el Yoga a ese entrenamiento, más o menos asiduo. Eso debería ser lo que es, un entrenamiento, ya que el auténtico Yoga es el que realiza cada persona a lo largo de su día durante toda la vida.
            Recuerda, por tanto que Yoga no es un movimiento más o menos perfecto, más o menos intenso, más o menos repetitivo, más o menos complicado, Yoga es cualquier movimiento siempre que lo hagas con total atención, pero también es cualquier “no movimiento” del que seas totalmente consciente, ¡Yoga es una forma de vivir!, ¡Yoga es el fin de nuestra vida!, ¡Yoga es la unión con Dios!
 

Un momento único en tu eternidad


Perlas para el alma



            El momento que estás viviendo ahora es único e irrepetible. No se ha dado en todas las vidas que has vivido, y no se volverá a repetir ni en esta vida ni en las vidas posteriores.
            Aprovéchalo, vívelo, siéntelo y disfrútalo, no te lo pierdas por culpa de los vaivenes de tus pensamientos, porque puede ser que la enseñanza de toda esta vida esté concentrada en este momento.

jueves, 16 de abril de 2015

Aleluya: Venciendo a la muerte


            La gran mayoría de la gente se muere sin haber vivido nunca.
Madre Teresa de Calcuta.
 
Si la muerte no fuera el preludio a otra vida,
la vida presente sería una burla cruel.
Mahatma Gandhi
¿Cómo puede ser que muchos líderes religiosos, (no todos afortunadamente), a los que se les supone más cerca de Dios que ningún otro mortal atemoricen a todo el que quiere escucharles, y a los que no quieren también, con los castigos más atroces a todos los que mueren en pecado?
Y todo esto, encima de lo que ya tienen la inmensa mayoría de los mortales,  el miedo a perder algo que creen real como es su cuerpo, miedo a perder sus posesiones, miedo a perder a su familia.
¡El cuerpo nos parece tan real!, ¡Qué ironía! El cuerpo nos parece real, tenemos verdadero pavor a perderlo, tenemos verdadero pavor a morir y, sin embargo, no lo cuidamos. Descuidamos completamente nuestro cuerpo, alimentándolo de manera inadecuada, llenándolo de toxinas, deteriorándolo antes de tiempo, y cuando se acerca el momento crucial de la vida que es la muerte, nos aferramos al cuerpo con uñas y dientes porque no queremos morir.       
¡No sabemos vivir y, sin embargo, no queremos morir!
Es una suerte que no sepamos cuando va a ser el día de nuestra muerte, porque más de uno se suicidaría antes para no sufrir viendo acercarse la fatídica fecha. ¡Uf, que burros somos!
 
¡Es curioso!, acudimos a videntes, a magos, a gurús, y a todo aquel que tenga alguna tontería que contarnos para saber cosas sobre nuestro futuro, y somos incapaces de trabajar en nosotros para forjar el futuro que queremos. Creemos que ese futuro que deseamos va a llegar por arte de magia.
            Entre las muchas tonterías que escuchamos, se cuela alguna que no lo parece tanto, aunque supongo que como no la creemos, la dejamos pasar como si no la hubiéramos escuchado, no nos interesa, y es aquella en la que en vez de prometernos “el oro y las huríes del harén”, nos conminan a trabajar para forjar nosotros mismos nuestro futuro, partiendo de nuestra propia esencia, partiendo de la comprensión del “Ser” que realmente somos, eternos e inmortales.
¡Abramos nuestros oídos!, ¡Abramos nuestro corazón!, para llegar cuanto antes a la comprensión del alma que somos, y así la conciencia y la divinidad, que es nuestra condición natural, sin tiempo, sin pasado ni futuro, eternamente existiendo en el presente, podremos observar con dicha a nuestro propio cuerpo, cumpliendo su papel divino en esta película que es la vida, realizando ejercicios a cada instante que lejos de sumirlo más en la amnesia, le permitan, acercarse aquí y ahora a la verdad, única, inalterable y divina.
¡Somos Hijos de Dios, eternos, atemporales, sin espacio y sin tiempo! Y entonces la muerte será esperada con la tranquilidad del que sabe que pronto va a realizar el regreso a casa, a “su casa”.

Amor incondicional


Perlas para el alma



            Qué fácil es mostrar tu amor al mundo, cuando este cumple al ciento por ciento tus expectativas. Lo difícil es seguir mostrando el mismo amor cuando el mundo te vuelve la espalda, cuando el mundo te engaña, cuando el mundo te traiciona. Y, sin embargo, es aquí cuando se demuestra tu autenticidad, es aquí cuando se puede valorar la calidad de tu amor.
            El amor que se da cuando el mundo cumple tus expectativas, no es amor, es complacencia. El autentico amor se da siempre, sobre todo cuando el mundo te traiciona.

miércoles, 15 de abril de 2015

La terapia de la cebolla


            Si esperas encontrar algún remedio de sanación o de depuración del cuerpo utilizando cebollas, no es este el lugar correcto, no se trata de ninguna terapia que utilice cebollas, trata de lo que yo llamo la terapia de la cebolla, nombre que aplico, con todo respeto, a los pacientes con problemas mentales y/o emocionales, que no hacen absolutamente nada para su curación, excepto visitar al terapeuta. Por problemas mentales me refiero a las mentes aburridas que solo hacen que darle vueltas y vueltas a los mismos problemas, a las mismas preocupaciones, o a los mismos deseos incumplidos.
            ¿Por qué terapia de la cebolla? Hacer terapia energética a un paciente que no se involucra en su sanación, es como trabajar en una cebolla que aun está plantada en la tierra y sigue su proceso de crecimiento. Se realiza la terapia, desaparece la energía sucia, enferma o contaminada del cuerpo energético del paciente, con lo que se encuentra preparado para “iniciar una nueva vida”, pero no es tal si el paciente no hace absolutamente nada, y sigue con su proceso de pensamiento y de emociones desbocadas.
 
La limpieza de esa energía es como sacar la primera capa de la cebolla. Si el paciente toma las riendas de su sanación, a partir de ese momento hará algo que impida que la energía sucia vuelva a aflorar, es decir, no dejará que persistan los mismos pensamientos o las mismas emociones, haciendo algo para que eso no ocurra. Ese algo dependiendo del problema podría ser meditar, cambiar hábitos de vida, cambiar relaciones, hacer yoga o deporte, mantener pensamientos controlados positivos, y un sinfín de cosas más, válidas para que no vuelva esa energía, o al menos no lo haga al cien por cien. Cuando vuelve esta energía es dejar que la cebolla vuelva a generar su primera capa.
En la siguiente terapia, el terapeuta vuelva a sacar la primera capa de la cebolla, y nuestro paciente, sin un ápice de voluntad, otra vez vuelve a dejar que su cuerpo genere nuevamente la misma porquería. Y así una terapia tras otra.
            Recuerdo que hace tiempo, me deprimía muchísimo porque la terapia yo pensaba que no funcionaba, hoy no. Hoy, a la tercera terapia le indico al paciente que no puede poner su sanación en mis manos ya que no es mi responsabilidad su sanación. Yo, como terapeuta soy un mero acompañante en su proceso de sanación, pero que la sanción va a depender única y exclusivamente de sus ganas de sanar y del trabajo que realice para que eso ocurra.
            Bueno, y por si alguien ha entrado buscando remedios con cebollas, en la foto aparecen algunas de las propiedades de las cebollas.

             

¿Qué me falta para ser feliz?


Perlas para el alma

Los seres humanos tratan de paliar sus carencias espirituales con posesiones materiales, y afanados recorren un camino inútil para llegar a ningún sitio, para no entender después, como no son felices, ¡si no les falta de nada!
            ¡Y tanto que les falta!, les falta todo, les falta lo más importante: el conocimiento de lo que son, les falta creer que se puede conseguir un cambio, les falta la voluntad para trabajar en la consecución de ese cambio y les falta la paciencia para esperar los primeros resultados.

martes, 14 de abril de 2015

Jueces de nada y parte de todo


 "Debes convertirte en el cambio que deseas ver en el mundo."
     Mahatma Gandhi

Queremos un mundo mejor, queremos ser felices, queremos vivir sin estrés, queremos ser amados, queremos sentir paz interior, queremos dejar de lado la ansiedad, el miedo o la soledad, solo por mencionar alguno de los grandes males con los que convive la raza humana, o alguno de lo que parecen logros imposibles de conseguir.
Una de las grandezas que tenemos los seres humanos reside en la capacidad de cambio y que no la tiene ningún otro animal sobre la Tierra. Aunque también es cierto que son muchos los seres humanos que desconocen esa capacidad y pueden pasarse toda su vida sin realizar la más mínima variación en sus estructuras mentales, y por lo tanto en las acciones que dirigen sus vidas.
            De la misma manera que se realizan cambios para conseguir algún objetivo material, se han de realizar cambios para la consecución de objetivos no tan materiales, y que bien podríamos denominar espirituales, ya que son los relacionados con el espíritu, los relacionados con el alma, pero que sin embargo, son los cambios imprescindibles para la consecución de todas esas cosas intangibles, que a fin de cuentas, son las que van a hacer que nuestra vida se mueva por encima de los umbrales de la infelicidad, infelicidad que soportan, con más o menos estoicismo e incluso con aceptación, la mayoría de personas.
            El desconocimiento de que las cuestiones relacionadas con el alma son las que nos van a dar la auténtica paz que todos deseamos, hace que tratemos de encontrar la paz, la felicidad, la armonía o el amor, transitando a través de caminos equivocados para llegar a ¿La meta?, ¿A qué meta?
            El mayor error consiste en creer que existe una meta y que para llegar a ella, existe un camino. Y este error es el que lleva a todos los seres humanos a tratar de paliar sus carencias espirituales con posesiones materiales, y afanados recorren un camino inútil para llegar a ningún sitio, para no entender después, como no son felices, ¡si no les falta de nada!
            ¡Y tanto que les falta!, les falta todo, les falta lo más importante: el conocimiento de lo que son, les falta creer se puede conseguir un cambio, les falta la voluntad para trabajar en la consecución de ese cambio y les falta la paciencia para esperar los primeros resultados.
Son seres espirituales, y como tal, solo van a conseguir la felicidad que tanto ansían cuando conecten con su espiritualidad, que es lo mismo que decir que cuando conecten con su alma, y como eso parece muy etéreo, se puede centrar más en que se conecten con los dictados de su corazón.
 
            Aquí deviene el cambio. ¡Dejar de pensar para empezar a sentir!, y esto es algo que solo reside en la grandeza del ser humano. Los animales que se rigen por los instintos, no necesitan ningún cambio porque lo único que necesitan es mantener la existencia, con escasísimas necesidades, alimentarse, reproducirse y descansar. Ya sé que hay seres humanos que se parecen muchísimo a los animales, con el agravante de que tienen una mente que les incita a robar, a violar, a engañar o a matar. Pero está claro que no es su momento de ir más allá, y que en su evolución, más que crecimiento, puede ser que ellos mismos se hayan ofrecido para el aprendizaje de otros seres humanos que necesitan para su aprendizaje ser engañados, ser violados, ser robados o morir de manera violenta.
            Está claro que este post no es para esos que están más cerca de la irracionalidad, sino para los que están buscando, aunque por caminos equivocados vivir la experiencia de ser un alma.
            Volvamos al cambio, y sobre todo recordar que si queremos obtener distintos resultados, algo hay que cambiar, ya que si siempre hacemos las mismas cosas, los resultados siempre serán los mismos. Por supuesto si lo que queremos obtener son resultados espirituales, los cambios, parece lógico pensar, que también han de ser espirituales.
            ¿Cuáles serían esos cambios espirituales?: Volver la vista al corazón, volver la vista a la comprensión, volver la vista a la tolerancia, volver la vista al respeto, volver la vista a la ayuda, volver la vista a la honradez, volver la vista a la misericordia. A partir de estos cambios de actitud, en los que al principio se ha mantener una total y absoluta atención, hasta que la mente se vaya acostumbrando a la nueva forma de hacer, algo a empieza a cambiar, en la persona y en el entorno. La persona empieza a sentir una alegría que no sentía con anterioridad, y empieza a ser consciente de una paz interior desconocida, descubre entonces, que “todo está bien”, que no ha venido a la Tierra para ser juez de nada, pero si parte de todo; y esta nueva forma de hacer comienza a ser percibida por la gente de su entorno, que posiblemente, al principio del cambio piensen que la persona está perdiendo la cabeza, pero no tardarán mucho en ser conscientes de que es un cambio y no una locura.
            A partir de ese momento, también comienza a cambiar el entorno. Si con anterioridad con frecuencia había enfrentamientos, enfados, malas caras, malos entendidos, gritos y silencios, a partir del cambio, a la sonrisa le responderá otra sonrisa, el abrazo y el respeto serán correspondidos, y la ayuda, la comprensión y la tolerancia agradecidas.
            Ya lo dicen los sabios: “Si quieres un mundo mejor conviértete en el cambio que deseas”, “Cambiando tú, cambia el mundo”, empezando por cambiar “tú mundo”.
            Así que este parece un buen momento para dejar de desear y actuar para que ese deseo se cumpla.

Yo Soy el alma


Perlas para el alma
 
La verdadera y futura curación se efectuará cuando la vida del alma pueda fluir sin impedimento ni obstáculo a través de cada aspecto de la materia, pudiendo entonces vitalizarla con su potencia y eliminar así los bloqueos que son la fuente de las enfermedades.
Un sinfín de enfermedades tienen su origen en un, “enfado del alma”.  Sólo hay que ser honestos con uno mismo, escuchar lo que dice el corazón, y seguirlo al pie de la letra.

viernes, 10 de abril de 2015

El gran día para los seres humanos


            El día en que los seres humanos seamos conscientes del poder creador de nuestros pensamientos podremos, oficialmente, dar por concluida la etapa de sufrimiento sobre la faz de la Tierra.
            El día en que los seres humanos dejemos de ser como una hoja movida por el viento, y tengamos la suficiente voluntad para pensar y actuar al unísono con el alma, se habrá acabado el ciclo de nacimientos y muertes.
            El día en que los seres humanos tengamos con todos nuestros semejantes la misma tolerancia, la misma paciencia y el mismo amor que tenemos con un bebé de meses se erradicará todo lo malo del mundo: guerras, asesinatos, robos, odios mentiras, traiciones, celos, …..
            El día en que los seres humanos den la espalda a las religiones, tan discriminatorias, tan intolerantes, tan hipócritas, y abran su corazón a Dios, sabremos realmente lo que es amar.
 
            El día en que los seres humanos seamos conscientes de que todos somos lo mismo, todos la misma energía, todos la misma divinidad, entenderemos al fin que “si tu ganas gano yo”, y “si tu pierdes pierdo yo”, con lo que el “leitmotiv” de todos y cada uno será ayudar a los demás.
            El día en que los seres humanos entendamos que ser Hijo de Dios significa que somos Su Creación, que somos Su Energía, que sería como decir que llevamos sus genes, trataremos al resto de Hijos de Dios como hermanos, porque es lo que somos.
            El día en que los seres humanos entendamos que el Universo nos devuelve ciento por uno aquello que pedimos, aquello que permanece con intensidad en nuestra mente, todos viviremos en la abundancia y en la opulencia divina.
            El día en que los seres humanos entendamos que a cada acción le corresponde una reacción y que cada causa produce un efecto, (Ley del Karma), se erradicará la maldad entre los hombres, recordar: “El que a hierro mata, a hierro muere”, “Cada uno va a recoger exactamente lo que siembra”.
            El día en que los seres humanos nos volvamos como niños, nuestro será el reino de Dios. Ya lo dijo Jesús: “Dejad a los niños, y no les impidáis que vengan a mí, porque de los que son como éstos es el reino de los cielos”.
            El día en que los seres humanos comprendamos, por fin, que aprendemos siguiendo el ejemplo, cambiarán los comportamientos para que nuestros hijos se eduquen en la bondad, en la tolerancia y en el amor.

jueves, 9 de abril de 2015

Algo le falta a Dios


            Parece que Dios lo tiene todo, tiene la sabiduría, tiene el amor, tiene la belleza, puede estar en todos los lugares a la vez, nada es imposible para Él, es todo bondad, tanta bondad, que nos permite vivir la vida que cada uno de los mortales nos hemos dado, sin inmiscuirse para nada en la vida de ninguno, sabiendo de antemano cual va a ser el resultado de todas y cada una de nuestras acciones.
Aunque parezca que lo tiene todo, no es tal, le faltan cosas, le falta todo lo que le tendríamos que dar todos los seres que estamos encarnados, le falta nuestro amor, cuando curiosamente, es lo único que hemos venido a hacer a la Tierra: aprender a amar, aprender a vivir la vida como cuando estamos al otro lado de ella, comportarnos como auténticos hijos de Dios. Los hay que incluso, no sólo no le aman, sino que le temen.
Iba a decir que tenemos que aprender a amar, y que al primero que deberíamos amar sería a Él, a Dios, pero no, no puede haber primero, porque cuando se ama como Dios nos ama a nosotros, que es como hemos de amar, no hay lugar, ni posiciones, ni cantidad, ni tiempo, ni ranking, se ama a todos por igual, incluso a Dios, y punto.
Cuando los seres humanos decimos, (porque es algo que casi todos tenemos claro), que somos hijos de Dios, no somos conscientes de lo que significa tal afirmación, y no lo somos porque no la hemos integrado en nosotros, y actuamos a espaldas de Dios, diciendo que somos sus hijos.
Aunque eso de que actuamos a espaldas de Dios es una manera de expresar que nuestras acciones no están en concordancia con nuestra ascendencia, la ascendencia divina, que es lo que significa ser hijos de Dios. Dios lo sabe, lo sabe tan bien, que ya hace miles de años nos dio unos mandamientos para cumplir a lo largo y ancho de nuestra vida, que podían servir como guía para evitar las payasadas que vamos realizando en cada una de nuestras vidas. 
No sabemos amar, aunque también es cierto que nadie nos lo ha enseñado. Y, sin embargo, son muchas las oportunidades que tenemos en cada vida física para aprender. Solo tendríamos que expandir el amor que sentimos por nuestros hijos, por nuestros padres o por nuestra pareja hacia el resto del mundo, o al menos, al resto de nuestro mundo, compañeros y amigos, para poder, a través de ese amor llegar a amar a Dios y al resto de seres humanos. Es cierto que el amor que sentimos hacia los nuestros, no es el amor que estamos buscando, nuestro amor es un sentimiento, y el auténtico, el verdadero y el incondicional es una energía. Pero por algún sitio tenemos que empezar.
Dios es hoy, para casi todas las personas, un desconocido, o alguien que nos castiga si no cumplimos ciertos preceptos, o una especie de conseguidor al que acudimos cuando nos acucian los problemas, del tipo que sean. No nos acordamos de Él para nada más que para pedir. Y ¿Por qué de la misma manera que pedimos, no agradecemos?, ya que no le amamos, al menos, seamos agradecidos, o ¿Se supone que lo que consideramos bueno lo conseguimos nosotros y lo que creemos malo nos lo envía Dios?
Dios nos ama de tal manera, que no le importa que no le agradezcamos nada, no le importa que no le amemos, ni tal siquiera llega a notar tal carencia, ya que Él, mejor que nadie, sabe que dentro de cuatro días, para nosotros, para Él un suspiro, estaremos de vuelta en casa.