El Amor de Dios es una energía, mientras que el amor de los hombres es un
sentimiento, una emoción, un conglomerado de apego y deseo que mueve una
energía que afecta al chakra solar y hace que parezca que hay maripositas aleteando
en el estómago. Pero las maripositas más pronto que tarde dejan de aletear, la
energía del deseo se va evaporando y solo queda el apego que nos hace creer que
seguimos con las personas porque las queremos, aunque a veces decimos, sin
ningún rubor, que se ha acabado el amor, pero queda el cariño. No, el Amor
nunca se acaba, lo que pasa es que no ha existido nunca. Lo que queda es apego,
algo que hay qué aprender a eliminar porque es la antítesis del amor. Donde hay
apego no puede existir amor, porque el Amor es libertad, el Amor es confianza,
el Amor es respeto, el Amor es tolerancia, el Amor es comprensión.
Un espacio sagrado para escuchar la voz interior y despertar la presencia que habita en ti.
Presencia y Palabra
Bienvenido a este espacio de presencia y palabra.
Aquí comparto reflexiones, prácticas espirituales y fragmentos de mis libros para acompañarte en tu camino interior.
Que cada día sea una oportunidad para volver a ti con más calma, claridad y conciencia.

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