Recuerda
ante todo separar las cosas del tumulto que se forma en torno a ellas y
considerar lo que es en sí misma cada una; verás entonces que nada tienen de
terrible, salvo el miedo con que las miramos. Lo que les ocurre a los niños nos
ocurre a nosotros, (que somos niños grandes): si sus amigos, con los que
acostumbran a jugar, se les presentan con una careta, se quedan aterrados.
Tenemos que quitarles la máscara no solo a las personas, sino a las cosas
también, y contemplarlas en su aspecto natural.
LUCIO
ANNEO SÉNECA

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