Así comienza mi nueva novela: 7
vidas.
Y
comenzó la vida
“Todo
empezó antes de que yo supiera que empezaba”
¡Qué lejos queda aquel 28 de junio
de 1950, visto desde la atalaya en la que me encuentro ahora! Y, sin embargo,
ahí está, como un punto luminoso en la distancia, recordándome que alguna vez
fui un recién nacido que llegó al mundo en una casa modesta, en el hogar donde
mis padres vivían entonces. No nací en un hospital, sino entre paredes
familiares, bajo un techo que ya guardaba historias antes de que yo respirara
por primera vez.
Mientras mi madre se retorcía de
dolor, entregándose al misterio de traer al mundo a un bebé de cuatro kilos, la
vida seguía su curso unos pisos más abajo. En la calle, las carrozas desfilaban
celebrando las fiestas grandes de la ciudad, ajenas al pequeño milagro que
estaba ocurriendo justo encima de ellas.
Era León, engalanada para honrar
a San Juan y San Pedro, vibrando con música, risas y bullicio. Y en medio de
esa alegría colectiva, en un cuarto humilde y cálido, comenzaba mi propia
fiesta silenciosa: la de existir.
A veces pienso que no podría
haber tenido un comienzo más simbólico. Afuera, la ciudad celebraba la luz del
verano; adentro, mi madre y yo inaugurábamos una historia que aún hoy sigo
intentando comprender.
A veces me pregunto qué habría
pensado aquel bebé, (si hubiera podido pensar), al escuchar el estruendo de la
fiesta mezclado con el llanto propio de quien llega a un mundo desconocido.
Quizá, sin saberlo, ya estaba recibiendo la primera lección: la vida es un
escenario donde lo íntimo y lo colectivo se entrelazan sin pedir permiso. Mi
llanto se confundía con la música, y mi primera respiración coincidía con el
bullicio de una ciudad que celebraba sin saber que, en un cuarto alto y
discreto, otro pequeño comienzo se abría paso.
Mi madre solía contar que nací hermoso,
(porque esa es la palabra que utilizaba para definir a alguien pasado de peso),
con un llanto que llenó la habitación y un color sonrosado que tranquilizó a la
comadrona. Mi madre, agotada pero luminosa, me sostuvo entre sus brazos como si
sostuviera un secreto. Mi padre, nervioso y orgulloso, caminaba de un lado a
otro sin saber muy bien qué hacer con tanta emoción. Eran jóvenes,
enfrentándose al misterio de convertirse en padres por primera vez.

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