El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




lunes, 13 de marzo de 2017

El ser humano necesita....

         Creen los hombres que necesitan un líder que les conduzca por la senda adecuada, un gurú que les enseñe, un maestro que les indique el camino, un jefe que les controle, un modelo al que imitar, un ídolo al que admirar, una pareja para amar, un amigo con quien hablar, un profesional que les comprenda, un sacerdote que les perdone, un alguien sobre el que arrojar su dolor, un santo al que adorar, un dios en quien creer, un enemigo al que culpar, un grupo para meditar, una cuenta corriente que les de seguridad, un libro para aprender y una pastilla para dormir.



         Y, si ellos así lo creen, así es. Porque cada hombre sólo es el reflejo de su propio pensamiento y de su propia creencia. Y así seguirá siendo hasta que el hombre entienda que no necesita nada, que no necesita a nadie. Y no lo necesita porque el ser humano es un ser completo. Tiene todo lo que necesita para realizar con éxito su Plan de Vida.

         Puede, que en algún momento de su existencia necesite de alguien, de manera puntual, para que le ayude a abrir alguna puerta, pero, como seguro que ha leído u oído en multitud de ocasiones, la puerta ha de franquearla él sólo, porque todo el trabajo importante a realizar en la vida física es un trabajo en soledad, es un trabajo de introspección, de comprensión y de aceptación.

         Lo único que necesita el ser humano es tener conciencia de lo que es, y aceptarlo, y eso lo podrá escuchar de sus modelos y lo podrá leer en libros, pero no le va a servir para nada hasta que no lo integre en cada célula de su cuerpo.

         El ser humano es una parte de Dios. Dios es su origen y Dios es su destino. Y todo el equipaje que necesita el hombre para volver a Dios es el Amor.


         Así que Amen. Es suficiente.


sábado, 11 de marzo de 2017

Emociones y respiración

“Mi padre tenía razón...
el dinero o la fama no eran tan importantes como respirar.
Lo esencial sucede y lo demás es prescindible.”
― Angus Young

         La respiración es la vida.

         Antes de relacionar las emociones y la respiración, veamos primero que es la respiración.

Lo primero que hace un bebé al tomar contacto con la vida física fuera del útero de su madre es tomar una inhalación, y lo último que él mismo realiza cuando abandona la vida es completar esa respiración con una exhalación.

         Y ese ser humano, mientras dura su vida, va a respirar, de manera autónoma, sin ser en absoluto consciente de su respiración, entre 12 y 16 veces por minuto.

La respiración es el proceso mediante el cual el aire entra en el cuerpo inspirado a través de la nariz, (mejor que por la boca), y es conducido por la tráquea a los pulmones, o mejor dicho a través de bronquios y bronquiolos hasta los alveolos. A los alveolos es donde llega la sangre cargada de anhídrido carbónico, (CO2), procedente de la combustión celular donde se cambia por el oxígeno del aire, (inversamente a lo que realizan las plantas en la fotosíntesis).



Es importante inspirar y expirar por la nariz, ya que así el aire se filtra, se calienta y se humedece, recuperando la humedad cuando se exhala.

Tipos de respiración: Aun cuando anatómicamente no sea muy correcto, se pueden dividir los pulmones en tres partes: superior, media e inferior.
Por lo que, en función de la zona pulmonar que se utilice la respirar, se puede hablar de tres tipos de respiración:
-  Superior o clavicular.
                   -  Media o costal.
                               - Inferior o abdominal.
A estas tres se puede añadir una más, la respiración completa, que engloba a las tres.

Respiración clavicular o superior: Es la que ofrece menor volumen para el intercambio, haciendo intervenir los músculos de la zona superior, que no son músculos de la respiración, acumulando tensión en cuello y hombros.
Se produce un menor intercambio gaseoso porque se hace trabajar la parte superior de los pulmones, que es, justamente, la parte más pequeña, con menor número de vasos sanguíneos, por lo que existe un menor flujo sanguíneo en la zona.

Respiración media o costal: Normalmente se da asociada a la superior o a la inferior.

Respiración abdominal o inferior: Es la más recomendada. A menor gasto energético, ya que moviliza menos músculos y muy poco las costillas flotantes, mayor intercambio gaseoso.
Se utiliza el diafragma, que es el músculo de la respiración, y el desplazamiento de este músculo hacia el abdomen es lo que produce la expansión y el estiramiento de los pulmones con lo que el aire entra en ellos por succión.
         Al haber un mayor intercambio gaseoso, por ser mayor la superficie de los pulmones que intervienen en este tipo de respiración, hace que sea necesario respirar menos veces que si se realiza una respiración clavicular o superior.
         De tal manera, que mientras una persona que respira con la parte superior realiza tres respiraciones, otra que hace una respiración abdominal respira solamente dos.

         Respiración completa: Es la respiración compuesta de los tres tipos anteriores. Se comienza bajando el diafragma y llenando primero la zona inferior, posteriormente la media y por último la superior.
         La respiración ideal es la respiración abdominal, ya que además de utilizar el diafragma, que es el músculo específico de la respiración, tiene otros efectos:
          - Produce un rítmico masaje visceral que ayuda a la digestión, a la circulación en el hígado y a las venas de la zona.
      -   Sitúa el mayor intercambio en la zona inferior de los pulmones, donde tiende a transitar un mayor volumen sanguíneo.
            - Es una respiración más vertical que horizontal, ya que lleva el abdomen hacia delante y las vértebras lumbares ligeramente hacia atrás; lo cual resulta importante a la hora de evitar el agarrotamiento y la rigidez.

Existe una profunda conexión entre el pensamiento y la respiración. El ritmo de los movimientos respiratorios corresponde en una forma notable al ritmo de los pensamientos.
Por lo tanto, si se realiza una respiración clavicular, se respira más veces por minuto, con lo cual, los pensamientos van a presentarse con más rapidez, y el trabajo para controlarlos ha de ser mucho más intenso, mientras que, con una respiración abdominal, los pensamientos aparecerán más lentamente, y serán más fáciles de controlar.
La respiración clavicular es la respiración que realiza un alto porcentaje de la población, con lo cual, es fácil entender la razón por la que son esclavos de sus pensamientos, de sus preocupaciones y de sus emociones.
Tan profundo es el lenguaje de nuestra respiración, que se comporta de acuerdo, no solo a como estamos, sino también a como somos.

Las emociones tienen una incidencia muy importante en la respiración: El miedo inhibe y bloquea la respiración, el estrés hace que se respire de manera entrecortada, la ansiedad, la ira y la angustia, aceleran la respiración, mientras que la tristeza la ralentiza.
La respiración es un proceso inconsciente, pero a diferencia de otros procesos, circulatorio, digestivo, etc., también se puede controlar de manera consciente, porque no sólo está regida por el sistema nervioso vegetativo, sino también por el sistema nervioso central.

Por lo tanto, de la misma manera que la emoción modifica la respiración, se puede utilizar la respiración para modificar la emoción. Al controlar voluntariamente la respiración, se tiene la posibilidad de recuperar el equilibrio y gestionar la emoción.
      Y la mejor respiración para recuperar el control emocional es la respiración abdominal. Es la respiración natural, es la que tienen los bebés cuando nacen.
Practicar esta respiración es beneficioso para el organismo ya que ayuda a mejorar la circulación y a oxigenar órganos vitales como el corazón y el hígado. En lo emocional favorece la relajación, la concentración, elimina la tensión muscular y combate la fatiga, la ansiedad y la depresión.
Practicar la respiración abdominal de forma habitual favorece que se pueda ejercitar de forma natural en los momentos en que es necesario tomar el control de la emoción.
Sin embargo, a pesar de que la respiración utilizada habitualmente sea la respiración superior o clavicular, se puede, en momentos de emociones desbordadas realizar una respiración abdominal lenta, de manera consciente.

Para ello, puedes sentarte o acostarte. En la posición de acostado es más fácil manejar la respiración abdominal, así que, si tienes problemas para realizar ese tipo de respiración, acuéstate:
- Coloca una mano en el punto del ombligo para comprobar que sube y baja, y comienza a ser consciente de la respiración.
- Inhala suave y lentamente por la nariz.
- Realiza una pequeña retención antes de expulsar el aire.
- Exhala lentamente también por la nariz.
- Vuelve a realizar una pequeña retención antes de volver a tomar aire.
         En cinco minutos se comenzará a estabilizar la emoción desbocada, pero puedes seguir el tiempo que consideres oportuno.

         Se pueden realizar respiraciones específicas dependiendo de qué es lo que se quiere logar:
Cuando la persona se siente estresada, enfadada, inquieta o ansiosa, respirar por la fosa nasal izquierda. Esta técnica es ideal para quienes tienen problemas para dormir o necesitan relajarse.
  Sentados con la columna recta y los pies apoyados en el piso.
 Tapar la fosa nasal derecha con el pulgar derecho y mantener el resto de los dedos juntos y apuntando hacia arriba.
- Respirar lenta y profundamente 26 veces por la fosa nasal izquierda y la persona se sentirá totalmente tranquila y en paz.
-  Si se respira por la por la fosa nasal izquierda durante 5 minutos, se calmará completamente.

Por lo tanto, para activarse, respirar por la fosa nasal derecha. Esta respiración resulta magnífica cuando la persona, pese a estar exhausta, no se puede permitir parar. Va bien practicarla, por ejemplo, cuando a la persona le entra el sopor a media tarde. Se practica como la anterior, tapando el orificio izquierdo y respirando 26 veces por la derecha.

    Normalmente siempre tenemos una fosa nasal más abierta que la otra. Aproximadamente cada dos horas cambia la fosa dominante, con lo que se equilibra la polaridad energética.
En situaciones de actividad debería dominar la fosa derecha y en otras más tranquilas o inactivas, la izquierda. Por eso, es recomendable dormir con la cabeza apoyada sobre el lado derecho, así se usa el izquierdo, más apropiado para el sueño y el descanso.

Para controlar la ira expulsar con fuerza el aire, y hacer una retención antes de tomar una nueva inhalación cuando lo pida el cuerpo. Esa inhalación será de forma pasiva, sin intervenir ni en alargar ni en acortar. Sola se controla la exhalación. Se puede repetir hasta notar que llega la calma.

Para refrescar el cuerpo, bajar la fiebre, e incluso como ayuda para dejar de fumar, practica Sitali Pranayama.
-   Esta respiración consiste en inspirar por la boca con la lengua rizada y ligeramente salida y expirar por la nariz, sin meter la lengua.
-  Ayuda a dejar de fumar. Se puede practicar siempre que se sientan deseos de fumar, ya que disminuirá el impulso adictivo y desaparecerá la urgencia.
-  Es recomendable su práctica diaria para mantener una buena salud. Puede que después de cada sesión se note un sabor a cobre o metal en la lengua; son las toxinas que elimina el cuerpo.
-   Se puede realizar durante un mínimo de 3 minutos y un máximo de 31.

La respiración lenta reduce las sensaciones de dolor.

Cuanta más lenta es la respiración, la calma y la tranquilidad serán su reflejo inmediato. Si se consigue reducir el número de respiraciones de 16 a 8 la serenidad será la tónica habitual, y si se consigue llegar a 4 respiraciones por minuto, la vida será un estado de meditación.

Meditaciones sobre la respiración:

Respiración cuadrada:
·         Sentados con la espalda recta y los pies apoyados en el piso.
·         Inhala suave y lentamente por la nariz, contando 6.
·         Realiza una pequeña retención antes de expulsar el aire, contando 6.
·         Exhala lentamente también por la nariz, contando 6.
·         Vuelve a realizar una pequeña retención antes de volver a tomar aire, contando 6.

Meditación So Hung:
•        INHALA pensando “So”
•        EXHALA pensando “Hung”

Meditación sencilla para mejorar la atención
• Siéntate cómodamente en una silla con las plantas de los pies bien apoyadas en el suelo. Las manos apoyadas en los muslos con las palmas mirando hacia arriba.
• Cierra los ojos y coloca la punta de la lengua tocando el paladar.
• Lleva la atención a tu respiración.
• Siente como entra el aire por tus fosas nasales (observa dónde roza y cuál es la temperatura del aire).
• Siente cómo expiras. Hazlo por la nariz. (Observa también dónde roza y la diferencia de la temperatura con el aire que entraba).
•  Permanece atento a tu respiración.
 Cuando seas consciente de que aparece algún pensamiento (porque seguramente aparecerán y puede que no seas consciente hasta mucho tiempo después), vuelve suavemente a tu respiración.
• La mejor técnica para que desaparezca un pensamiento es quitarle la energía, y eso se hace quitándole la atención. Es decir, lleva tu atención a otro sitio, y como estás meditando en la respiración, vuelve la atención a la respiración.
• Hazlo de 10 a 15 minutos en la mañana y otros 10 a 15 minutos en la tarde.
Fijarse en la sensación que se produce en los agujeros de la nariz al entrar y salir el aire de la respiración.
Mantener la atención en esa percepción sutil y observar la total duración de cada inspiración y de cada exhalación.
Si es difícil, se pueden contar las respiraciones, o la respiración completa o contando la inhalación y la exhalación; empezando de nuevo cada vez que se pierda la cuenta.



jueves, 9 de marzo de 2017

Alma peregrina (Introducción)

Introducción del libro "Alma peregrina"

Cuando pienso en mi vida, en la cantidad de vida transcurrida, me parece muchísima y, sin embargo, qué rápida ha pasado, cuánto tiempo perdido, cuántos pensamientos desperdiciados, cuánto sufrimiento inútil, cuánta lucha, cuantos desengaños, cuantos desencuentros, ¿O no? Porque realmente el tiempo perdido, los pensamientos desperdiciados, el sufrimiento y la lucha, los desengaños y los desencuentros son justamente mi vida. Es eso lo que me ha traído hasta aquí, hasta este momento, y no otra cosa. Es eso lo que ha construido mi carácter, mi manera de ser, de pensar y de sentir en este momento, hasta sentarme delante de la computadora para empezar, con todo respeto, la escritura de este libro. Es seguro que otros tiempos, otros pensamientos, otros sufrimientos, otras luchas, otros desengaños y otros desencuentros no me habrían puesto en este lugar ahora. ¿Mejor?, ¿Peor? No sé. Ni mejor ni peor. Sería distinto.


Hace mucho tiempo me transportaba con el pensamiento a mi edad actual, soy un jubilado, y me veía paseando nietos, viendo televisión y esperando pacientemente el momento de la muerte. Sin embargo, estoy iniciando la escritura de un nuevo libro, y en lugar de estar paseando nietos, mi esposa y yo estamos criando a nuestro hijo que hoy tiene tres años y medio. Veo media hora de dibujos animados, que es lo que ve mi hijo, y la muerte la contemplo como algo imprescindible, y en muchos momentos deseada, de la misma manera que contemplo el comer o el respirar de cada día.

         Aunque he iniciado el libro escribiendo sobre mí, no es un libro autobiográfico. Aunque en algunos pasajes sí relataré mi propia experiencia, ya que es la más cercana que tengo y la que mejor conozco.

         Plasmaré, de la manera más clara posible, cómo crecer espiritualmente, cómo saber qué hacemos aquí, en la Tierra, y trataré de marcar las coordenadas que nos devuelvan al camino de retorno a casa, al camino de retorno a Dios.

He dedicado los últimos quince años de mi vida a la sanación, a la meditación, a la búsqueda de los maestros, a la búsqueda de Dios. Los anteriores también, pero yo no sabía que buscaba a Dios, yo buscaba la “iluminación”, con minúscula, porque era algo que veía más como un logro personal que como un encuentro con Dios. Era la culminación de mi orgullo, era la apoteosis de mi soberbia. Soberbia y orgullo en las que hoy sigo trabajando, o al menos eso creo.

Dios era ajeno a mi trabajo (eso era lo que yo pensaba), incluso en algunas fases de ese trabajo de búsqueda llegué a plantearme si realmente existía Dios, cuando es Él quien me permite no solo hacer mi trabajo de sanador, sino que es Él quien sana y mantiene mi vida.

Trabajar en un Centro de Sanación al que acuden innumerables  personas abre un abanico de posibilidades increíble para conocer realmente sus estados mentales y emocionales, para conocer cómo condiciona la sociedad en la vida, en la salud, en el carácter y en la conciencia de sus miembros, para conocer la escasa voluntad de los seres humanos para trabajar en su propia recuperación, en su propia evolución, en su propio crecimiento, y sobre todo, para saber cómo y cuánto están de separados de Dios.

Sí, voy a hablar de Dios, es el tema central de este libro: Cómo crecer espiritualmente para acercarnos a Dios. Pero voy a hacerlo desde una perspectiva espiritual, en absoluto religiosa, porque espíritu y religión son conceptos distintos. Mientras que la religión se refiere al conjunto de creencias, normas de comportamiento y ceremonias de oración y sacrificio, que son propias de un determinado grupo humano y con las que el ser humano reconoce una relación con la divinidad, el espíritu es la parte divina del ser humano.

No necesitamos, por lo tanto, intermediarios para tratar con Dios. Mejor hacerlo directamente desde el interior, desde la parte divina, que hacerlo con una pandereta, de cara a la galería y dirigidos por otros que dicen que representan a Dios. Las distintas religiones se han apropiado de Dios, pero lo han hecho con malas artes, lo han hecho a través del miedo, de la manipulación, de la discriminación y de la crítica. Y Dios es Amor, y nadie que utilice el miedo, la manipulación, la discriminación o la crítica puede hablar en nombre de Dios, sencillamente porque no Ama. Voy a hablar de Dios desde la perspectiva del humano espiritual, no del religioso, voy a hablar de Dios desde la perspectiva de hijo Suyo.

         Estamos acostumbrados a intentar curarlo todo con pastillas, pero aún no se han inventado las píldoras que sanen el miedo, la rabia o la falta de amor, que son los verdaderos orígenes de muchas de las enfermedades que se intentan curar, pero que no se sanan con pastillas. Pues la auténtica causa del problema no se sanará con ningún método que no suponga la introspección en nuestro propio interior, para encontrar, de manera honesta, la verdadera razón del mal que nos aqueja y trabajar después con voluntad en nuestra propia sanación. La sanación, la auténtica y real sanación pasa por saber realmente quiénes somos, por cambiar los hábitos de vida, por hacernos conscientes de nuestra unicidad y por encontrar a Dios en la mirada del otro.

         Cada persona que acude a consulta viene con los mismos síntomas que traía consigo la persona de la visita anterior, y son los mismos que traerá la siguiente persona: infelicidad, ansiedad, miedo, estrés, tristeza, sensación de soledad. En casos más extremos, todas esas emociones desbocadas ya han hecho mella en el cuerpo físico, siempre atacando en sus partes más débiles.

         Cuando el mal ya se ha apoderado del cuerpo, cuando existe un dolor o una molestia física, la persona es más consciente y más constante, y es capaz de seguir con más interés las indicaciones del sanador, tanto más, cuanto mayor es el mal en el cuerpo. Pero si el problema es solamente emocional, preferirá no seguir con la terapia, ni mucho menos seguir las indicaciones.

         No le parece importante la infelicidad o la ansiedad, y si con un poco de suerte pasa algo a mitad de semana, que hace que su ánimo se eleve un poquito, y que se encuentre mejor, para qué perder el tiempo en meditar, en observarse o en ser honesto consigo mismo para ver qué es lo que realmente tiene en su interior. Puede estar meses y hasta años lamentándose del sufrimiento, arrojando sobre los demás su dolor, siendo incapaz de bucear un cuarto de hora cada día en su interior para descubrir la causa de su verdadero sufrimiento y poder así remediarlo.

         He pensado que sería fabuloso instalar en el cerebro de las personas una especie de memoria que le indicara cuáles son los pensamientos que la hacen sufrir y ser infeliz, y cuáles la pueden ayudar a alcanzar aquello que busca desesperadamente: la felicidad. Y por extensión a Dios. Pero por ahora, eso no es posible.

         Sé que leer no sirve de mucho, porque son muchas las personas que leen con avidez un libro tras otro, sin que jamás pongan en práctica nada de lo leído, pero siento la necesidad de intentarlo. Por un libro más, tampoco pasa nada.

         En las redes sociales corren pensamientos deliciosos, y leía uno que decía: “Tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro, es fácil. Lo difícil es criar al hijo, regar el árbol y que alguien lea el libro”. En el caso del libro, no es tan fácil escribirlo, aunque, una vez editado, si una sola persona puede sacar provecho de este, en mi caso, me doy por satisfecho. Y si nadie obtuviera de él ni un solo beneficio, bueno, también está bien, ya que, en el proceso de escribirlo, entro en contacto con la parte más íntima, y yo, al menos, sí que estoy activando el recuerdo de que no soy el cuerpo que está delante de la computadora, de que soy algo mucho más grande y con mucho más poder de lo que el conjunto de la sociedad está haciéndome creer desde que tengo uso de razón.

         Ya he pasado por las fases en las que he tenido que escuchar que soy raro, que soy un loco o que me han sorbido el cerebro. Ya hace tiempo que no me importa, en absoluto, lo que los demás puedan pensar de mí. Hace tiempo que tampoco existen para mí los compromisos sociales. Hace tiempo que mi único trabajo es la búsqueda de la felicidad, de mi felicidad, para hacerla extensible a los que me rodean. Hace tiempo que mi único trabajo es encontrarme con Dios.

           No hace mucho escribía en el blog “El inca vuelve a casa”, en el que de vez en cuando pongo algún pensamiento: “Soy feliz en mi trabajo, pero no por mi trabajo. Soy feliz en mi matrimonio, pero no por mi esposa. Soy feliz con mi vida, pero no por mi vida”. Sencillamente soy feliz. Felicidad que ya he encontrado dentro de mí, no sé en qué medida, porque en la felicidad, como casi todo en la vida, hay grados. Sé que una vez conseguida la felicidad plena, ya no será necesario seguir dentro de un cuerpo, porque la felicidad plena supone vivir el Amor, supone sentir la conexión con todo lo creado, supone haber integrado en el cuerpo físico la grandeza de nuestra divinidad, supone haber encontrado a Dios. Y estoy contento por haber iniciado el camino de regreso.


lunes, 6 de marzo de 2017

¿Guerras?, ¿Banderas?


PERLAS PARA EL ALMA




Guerrear o discutir por un trapo, por un trozo de tierra o por cualquier causa que los humanos crean justa en su corto conocimiento, solo les separa de Dios. En lugar de discutir, en lugar de pelear, en lugar de separar, han de aunar esfuerzos, porque la vida que hay en uno es la vida que hay en todos, porque hoy pueden pelear por quitar una bandera en un lugar y en la próxima vida pueden pelear por volver a colocarla de donde la quitaron ellos mismos.



domingo, 5 de marzo de 2017

Reflexiones

El alma es un punto de Luz. Dios es la Luz.

No hay diferencia entre un punto de Luz y otro. Por lo tanto, todas las almas son iguales. Todos los hombres también.

El hombre es el alma recubierto de materia. Dios habita en el interior del hombre.

El hombre es finito, porque la materia más pronto que tarde se convierte en polvo. El alma es inmortal porque sigue siendo Luz.

El hombre es un reflejo de la Luz. Es un reflejo de Dios.



A veces la Luz se opaca porque el mismo hombre la recubre con sus tristes pensamientos, con sus pensamientos de dolor, con su idea de separación de Dios, por el desconocimiento de que es alma, de que es Luz, de que es inmortal.

Cuando la Luz se opaca el hombre duerme y entonces sueña que está viviendo una vida separada de Dios. Sueña que es un ser independiente y que tiene que defenderse de los otros hombres, que normalmente también han opacado su Luz y también duermen. No saben en su sueño que todos son lo mismo.

Los hombres en sus sueños se engañan, se roban, se ofenden, se matan, se critican, se juzgan, se discriminan. ¡No es fácil despertar!, pero para eso vivimos, ¡para nada más!
Para despertar no hay que abrir los ojos, hay que abrir el corazón.

El despertar es lento, es paulatino, pero una vez que se abre el corazón el hombre cambia, el hombre, por fin, vive. Los otros hombres, dormidos, no pueden soportar a nadie despierto, le atacarán con saña: Estás loco, estás en una secta, te han engañado, y le retirarán la palabra.

Cuando el hombre despierto aguanta el vendaval comenzará a tener seguidores: Dirán de él ¡es un maestro!, ¡es un guía! También se equivocan porque solo está despertando, el auténtico maestro habita en el interior del hombre: Es Dios.

El hombre vive inmerso en un ruido infernal. Ese ruido son sus pensamientos producidos por su mente en el sueño.

Se acaba el ruido cuando el hombre despierta. Se detiene el carrusel de su mente, ¡Todo es silencio!, y en el silencio todo está bien, todo es perfecto: las críticas y los halagos.

El hombre en el silencio vuelve a vivir desde el alma, vuelve a vivir en la Luz, vuelve a sentir a Dios.

Es en el silencio donde se produce el esperado encuentro: El encuentro  con Dios.

Y por fin el hombre es libre. Es feliz. Por fin ha vuelto a acariciar su divinidad.




jueves, 2 de marzo de 2017

Todos los caminos conducen a Roma

Existe una expresión que dice: “Todos los caminos conducen a Roma". Aunque no importe mucho para esta entrada, dicha expresión proviene de la época del imperio romano, donde se construyeron más de 400 vías, unos 70.000 kilómetros, para comunicar la capital, Roma, considerada el centro donde convergía el poder del imperio, con las provincias más alejadas.

Cambiemos a la ciudad de Roma por nuestro propio origen: “Dios”. Con lo cual la expresión quedaría “Todos los caminos llevan a Dios”, que además es utilizada también con cierta frecuencia. Aunque en muchos escritos explican que no es, en absoluto, cierta.

Pues es totalmente cierta. El origen del hombre es Dios, y su meta también es Dios. Todos los hombres van a llegar a la meta, unos tardarán más porque irán dando rodeos kilométricos y otros llegarán más rápido al avanzar por el camino recto, pero todos, absolutamente todos, volverán al origen, volverán a Dios. Unos de manera rápida como la liebre, y otros más lentos como la tortuga.



Se puede afirmar, por lo tanto, que todos los caminos conducen a Dios. Sabemos, también, que el camino más corto entre dos puntos es la línea recta. Así que, parece claro, que, de todos los caminos, sólo uno va a llevar al hombre directamente a Dios, sin rodeos. Los caminos restantes pueden dar muchas vueltas, pasando muchas veces por el mismo lugar, avanzando un paso y rodeándolo varios kilómetros, que, traducido a la existencia del ser humano, significa vivir en la materia una y otra vez, sin avanzar ni un solo metro en cada una de esas vidas.

Algunos de los vehículos que encaminan al hombre a ese punto que le coloca en el camino más corto para alcanzar a Dios bien podría ser la práctica de la oración en cualquiera de las formas que enseñan las diferentes religiones, como rezar el Santo Rosario, los rezos del Salât, Ardas el rezo de los Sikhs o los tres rezos del judaísmo, solo por nombrar algunos de los más importantes. Son también vehículos, la meditación, la práctica del yoga, el servicio en cualquiera de sus formas, hacer el diezmo de manera desinteresada, o practicar alguna de las infinitas formas que enseña la sociedad en la actualidad, de silencio, de visualización, de contemplación o de perdón.

Pero la herramienta más importante es el Amor. Y ¡nadie enseña a Amar! Cuando el ser humano Ame a todos y a todo, porque comprende que todo es una Creación de Dios, se habrá colocado en el centro de ese camino que le va a conducir en línea recta, sin rodeos y sin demoras a Dios. Sin necesidad de nada más. Sin necesidad de religiones, ni de rezos, ni de lecturas, ni de técnicas de ningún tipo.

La mejor manera para aprender a Amar es tratar a todos aquellos que la persona tenga a su alrededor como si fuera el mismo Dios. Es bien cierto que a Dios le agradan los rezos y la ayuda al prójimo, pero más le agrada que los hombres, Sus hijos, se amen de manera incondicional. En el Amor ya está incluida la oración, el servicio, la compasión, la misericordia, la alegría, la ternura y la felicidad. Y no Aman cuando juzgan, cuando critican, cuando engañan, cuando roban, cuando no cumplen la palabra, cuando…

Sin embargo, el hombre es ¡tan vulnerable!, ¡tan mental!, ¡tan apegado al sueño!, que necesita de una zanahoria, como los pollinos, para avanzar lentamente en su camino.


Es bueno que el ser humano mantenga la zanahoria delante hasta que la llama del Amor prenda en su corazón, pero sin confundir el estímulo con el objetivo. 


sábado, 25 de febrero de 2017

¿Que pensará la gente?

        Vivir de apariencias, vivir tratando de ocultar la realidad personal, vivir con una máscara, vivir para agradar y satisfacer a otros, es uno de los caminos más cortos para llegar al sufrimiento, ya que jamás se va a conseguir satisfacer a todo el mundo, y el no cumplir el propio deseo de agradar y deslumbrar a otros puede ser causa de sufrimiento. Es imposible cumplir las expectativas que puedan tener otros. Cada persona tiene su propia expectativa, su propio pensamiento, su propia creencia, su propia realidad.

Tratar de enmascarar la propia realidad, esconderla, disimularla, es no sentirse feliz con la propia vida, es no aceptar la vida, es …, no amarse, y quien no se ama a sí mismo, ¿Cómo va a ser capaz de amar a otros?, es imposible. Vivir para satisfacer a los demás es dilapidar completamente la vida, ya que se reniega de la misión principal, que es “aprender a amar”. El Amor comienza en uno mismo, y para llegar a amarse primero hay que aceptarse.



Pero es curioso, siempre se trata de agradar, de satisfacer y de no hacer algo que dé que hablar a los desconocidos. Si se pusiera el mismo interés para agradar y complacer a la familia, a los amigos y conocidos, la vida sería diferente, y las relaciones también.

Si se tratara de agradar a los conocidos y a la familia con el mismo énfasis que se pone para agradar a los desconocidos, se acabarían los enfados, los malentendidos, los silencios, etc.

¿Alguna vez has pensado en qué pensaría tu pareja?, ¿Qué pasaría si todo el afán fuera para satisfacer a la pareja, para agradarla, para cumplir sus expectativas? Si todo lo que se hiciera fuera para satisfacer y hacer feliz a la propia pareja, la vida sería un camino de pétalos de rosas, y lo sería en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, en la unión y en la separación.

¿Alguna vez has pensado qué pensarán tus hijos cuando les dices que no tienes tiempo, o que estás trabajando, o que no puedes dejar lo que estás haciendo porque es muy importante?, ¿Cuántas veces se frustran los niños por tratar sus padres de satisfacer las expectativas de desconocidos?, ¿Cuántas veces se colocan en el lugar de sus hijos?, ¿Te has cuestionado alguna vez, cuanto es de importante para tu hijo su juego, o que le veas como lo hace?

Vivir para dar satisfacción a los nuestros en la mejor forma de amor, de comprensión, de tolerancia, y esa es la verdadera razón de la vida.

Desgraciadamente la inmensa mayoría de las personas viven instaladas en la noria de una vida en la que en cada vuelta de la rueda piensan que deben lucir esplendorosos en su exterior y con el suficiente maquillaje para que no se trasparente cada una de las desgracias que jalonan su vida. ¡En vez de maquillar el exterior sería bueno arreglar el interior!

“Y que me importa a mí lo que piense mi vecino”. El pensamiento de otra persona no afecta en lo más mínimo, con el pensamiento del vecino se va a seguir igual de alto, igual de bajo, igual de rico, igual de pobre, en suma, igual de todo, no afecta para nada. Por lo tanto, ¿Porque tanto sufrimiento para tratar de agradar a los demás?

Sin embargo, el pensamiento sí que afecta al pensador. Los pensamientos son energía, y en función del tipo de pensamiento, desprenderá un tipo u otro de energía, que le va a afectar positiva o negativamente en el desarrollo de su vida, y por supuesto, está generando un Karma que tendrá que eliminar en esta o en posteriores vidas.


Por lo tanto, ¡Cambia ya el pensamiento de “¿Qué pensarán los demás?”, por el de “Y a mí que me importa”!