A veces, en la búsqueda
de la felicidad le damos tantas vueltas a la vida que más parece que la
retorcemos.
Y, sin embargo, no es
necesario darle muchas vueltas, porque es seguro que así no vamos a conseguir
la felicidad y nos podríamos marear de tanta vuelta. Es mucho más sencillo:
Solo tenemos que aceptar la vida que nos hemos dado.
La aceptación es un
concepto que implica reconocer y asumir conscientemente la realidad tal como
es, incluyendo situaciones, pensamientos, emociones o aspectos personales, sin
intentar modificarlos, evitarlos o juzgarlos.
Aceptar significa no
juzgar nada, ni nuestro, ni de los otros, ni del interior, ni del exterior, las
cosas son como son y no hemos de tener ningún interés en como deberían ser, en
como tendrían que ser, en como pensamos nosotros que han de ser.
La aceptación consiste
en eliminar la expectativa, en eliminar el deseo. Lo cual no significa que la
acción de una persona, o cualquier situación nos agrade o nos haga felices. La
felicidad llegará después, aceptando.
Aceptar en ver las
cosas como son, no como a nosotros nos gustaría que fueran. Es observar las
situaciones y los sucesos, sin juzgar, sin esperar nada, ya que cuando esperamos
algo, es una prueba clara de que queremos controlar las situaciones, queremos
controlar a las personas, queremos controlar el mundo. Y no funciona así. Las
personas son como son, y nadie, excepto ellas mismas, puede cambiarlas.
La aceptación es como un puente que nos
traslada de la decepción a la paz, del dolor a la alegría, del sufrimiento a la
felicidad. Aceptación es vivir el presente, es vivir la realidad, tal cual es,
es vivir a los demás como lo que son, seres divinos. La aceptación, al
mantenernos en la realidad, lejos de vivir una vida de pensamientos, nos
permite ser conscientes de todas las oportunidades que nos rodean, para poder
fijar y seguir el rumbo de nuestra vida hacia la felicidad.
La aceptación llega
con la apertura del chakra del corazón. El centro energético del corazón,
situado en el centro del pecho, a la altura del corazón físico, es la sede del
amor, de la compasión, de la misericordia, de la dulzura, y es lo que nos une
al resto de seres humanos, y lo que nos acerca a nuestra divinidad.
Un chakra cardiaco que
irradia amor, generosidad, compasión, que se siente unido a todo y a todos, es
el secreto para conseguir el tan deseado equilibrio interior, equilibrio que
lleva directamente a no resistirse al fluir de la vida, y a aceptar los
cambios, las incertidumbres, los sucesos, las ideas y las personas.
La aceptación es la
antesala del Amor, y para conseguir amarnos a nosotros mismos, veremos que
necesitamos traspasar la puerta de la aceptación, para observarnos sin juzgar,
para valorarnos, para respetarnos, para compartir y para entregarnos a los
demás.
¿Aceptando qué?:
Aceptando lo que somos, aceptando el dolor, aceptando el sufrimiento, aceptando
el miedo, aceptando lo que nos parecen limitaciones, aceptando nuestra vida.
Cuando se consigue
aceptar la vida y lo que la envuelve, la persona se ablanda, tolera, perdona y
ama.
Se dice muy rápido que
hay que aceptar la vida, sin embargo, nuestra conciencia lleva mucho tiempo generando
un patrón de conducta que hace difícil cualquier cambio. ¿Qué hay ahora en la
conciencia?, ¿Qué es lo que tiene que cambiar?: Tenemos que ser conscientes de
que estamos atados a nuestros pensamientos, para permitir que estos cambien y
desaparezcan las viejas energías, y así despertar a una conciencia basada en el
corazón.
Sólo cuando nos demos
cuenta de que el vacío en el que estamos inmersos no puede ser llenado de
ninguna manera desde el exterior,
empieza el cambio, empieza la aceptación.