La realidad y la ficción se dan la mano en este libro para servir al lector de puente de paso, desde el espejismo en el que se encuentra sumido, hasta la realidad del alma, para llevarle de la oscuridad a la Luz, de la ignorancia a la Verdad, del ego al Ser, del hombre a Dios.
Kepha,
que fue Pedro, el primer discípulo de Jesús, en una de sus vidas, no necesitaba
volver a realizar un nuevo periplo en la Tierra. Había finalizado su
aprendizaje, y no lo había hecho como muchos puedan pensar en esa vida al lado
del Maestro, aun tardó vidas, ya que para completar su aprendizaje tuvo que
volver varias veces.
La
vuelta de Kepha a la vida física, no fue para completar su misión, sino que fue
para enseñar a sus contemporáneos el camino de la felicidad, el camino del
Amor, el camino para llegar a Dios. Él no eligió volver en un principio de
manera voluntaria, pero aceptó el desafío cuando se lo plantearon, entendiendo que
la humanidad necesitaba esperanza, necesitaba un modelo, necesitaba alguien que
realizara el camino de la vida despertando del sueño en el que se encontraba
sumida. Él podía ser el modelo, él podía ser el guía.
En
el Plan de Vida de Pedro, será Fran, y a través de la vida de Fran, a través de
sus pensamientos, de sus emociones, de sus sentimientos y de sus vivencias,
podemos recorrer las diferentes etapas, por las que todos hemos de transitar,
para alcanzar la serenidad, la alegría, la paz y la felicidad, que son un
derecho de vida que pocos recuerdan, y a pesar de desearlo vehementemente, pocos
logran llegar a vivir una vida plena.
La
vida de Fran, es la misma vida, con las mismas situaciones, los mismos
sufrimientos, los mismos deseos y las mismas carencias que la del resto de los
hombres. Fran "sabe que puede" llegar a vivir una vida basada en el
amor, en la comprensión, en el respeto, en la ayuda, con un objetivo cada vez
más claro: Llegar a Dios, viviendo una vida de alegría, de paz y de felicidad.
Si Fran "sabe que puede", ¡y puede! Tú también puedes. Solo necesitas desearlo.
Introducción
Me siento
perdido, porque aún me siento separado de Dios, sabiendo que esa es la
auténtica misión de la vida, y me aterra pensar que tengo que volver a vivir.
Me da igual que sean una o quinientas vidas, con una sola ya siento suficiente
terror, ¿para qué pensar que puedan ser quinientas?
Y me aterra la
vida, porque en momentos de reflexión sobre la vida y la muerte, he llegado a
la conclusión, (mi conclusión, por supuesto), que esto que conocemos como vida
no es tal. Ahora estamos muertos, Y lo que llamamos muerte no es más que el
renacimiento a la auténtica vida, a la vida del alma, al Amor, a la vida de
Dios.
Otros definen
la vida como un sueño, o como una ilusión. Estoy con ellos, pero no solo a
nivel intelectual, sino a nivel de vivencia, porque esa es la idea que permanece
integrada en cada célula de mi cuerpo.
Sé que estoy
viviendo un sueño. Un sueño entre la alegría y la tristeza, entre la felicidad
y el sufrimiento, entre la ilusión y el desencanto, pero tampoco es de mucho
alivio saber que estoy soñando, porque es a través del sueño desde donde tengo
que librar la batalla de la vida.
En el cómputo
global de la vida, aun reconociendo su belleza, me siento un poco cansado de
tanta lucha.
¡Quiero volver
a Dios!
Lo mismo le
ocurre a Fran y supongo, que es lo mismo que les ocurre a miles o millones de
personas.
Conocí a Fran
en Lima, (Perú). Se podría catalogar el encuentro como casual, como tantos
encuentros en la vida. Fue haciendo cola en la caja de un supermercado. Nos
tocó una cajera un poco lenta, lo que nos dio pie para poder hablar, en los
minutos de espera, (que fueron muchos), de la vida y de la muerte, de Dios y
del demonio, y también, como no, de la lentitud de la cajera. Tengo que
reconocer que llegamos a criticarla un poquito, siguiendo la “bola” de nuestros
compañeros de espera.
Sin embargo,
los dos supimos que era un encuentro pactado de antemano. Ese encuentro
“casual”, fue el primero de otros muchos encuentros programados, en los que
conversamos durante horas. Y en esos encuentros, y de esas conversaciones,
nació una profunda amistad y la idea de utilizar la vida de Fran como nexo de
unión entre la vida en el cuerpo y la vida del alma, desde el nacimiento a la
muerte, o mejor, desde antes del nacimiento hasta la vuelta al otro lado de la
vida.
Es de lo que
trata el libro: De la gran diferencia que existe entre la vida física y la vida
del alma. De la conexión que todos los seres hemos de realizar entre ambas
vidas. Del camino que se ha de recorrer para llegar a Dios, que es una meta que
pocos tienen clara.
En relación a
la materia trata de: Como llegamos a la vida, que nos enseñan, como tenemos que
desaprender para despertar, y la dureza del tramo final. Aunque a veces pienso,
que es mucho más feliz el que cree que la vida es lo que parece, un lugar de
desigualdad y de luchas fratricidas, que aquel que cree que la vida es el
espacio que nos damos, a nosotros mismos, para aprender, para crecer, para
volver a Dios.
Y en relación a
la vida del alma, fuera y dentro del cuerpo: Vivir para ser felices, vivir para
ayudar, vivir sabiendo de que va la vida.
Sé que la
ignorancia no es eximente, pero si alguien es feliz en su ignorancia, ¡Bendito
sea Dios!, ya les tocará pasar por el mismo peaje en el que ahora nos
encontramos algunos y comenzará su larga caminata por el desierto. En alguna
duna nos encontraremos.
La vida que ha
vivido Fran no tiene muchas diferencias con la vida de cualquier mortal. Si. Ya
sé que ser discípulo de Jesús es como un valor añadido, pero la realidad es que
una vez en la materia todos tenemos que lidiar en las mismas plazas, con las
mismas herramientas, y los primeros años de su vida no fueron precisamente en
cuna de oro.
Poco importa quien se haya sido en vidas anteriores, porque todo el trabajo se ha de realizar ahora, en esta vida, y con este cuerpo. Lo importante es ser consciente de eso y realizar el trabajo para el que se ha nacido.
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