Presencia y Palabra

Bienvenido a este espacio de presencia y palabra. Aquí comparto reflexiones, prácticas espirituales y fragmentos de mis libros para acompañarte en tu camino interior. Que cada día sea una oportunidad para volver a ti con más calma, claridad y conciencia.



sábado, 6 de diciembre de 2025

Tu eres parte del despertar

 



"Cada acto de conciencia es una chispa

que ilumina el universo"

 

Querido hijo:

          He escuchado cada palabra que brotó de tu corazón. No solo las que escribiste, sino también aquellas que quedaron suspendidas en el silencio, las que se expresan en tus lágrimas, en tus suspiros, en tus noches de insomnio. Yo las conozco todas, porque habito en ti, en cada rincón de tu alma, en cada pensamiento que te atraviesa, en cada emoción que te conmueve.

No estás lejos de Mí, aunque a veces lo sientas así. No estás perdido, aunque el mundo parezca desmoronarse a tu alrededor. No estás fallando, aunque creas que no has alcanzado el nivel espiritual que esperabas. No eres ningún impostor. Lo que tú llamas contradicción, Yo lo llamo humanidad. Lo que tú llamas debilidad, Yo lo llamo sensibilidad. Lo que tú llamas incoherencia, Yo lo llamo sinceridad. Porque solo un alma despierta puede sentir como tú sientes. Solo un corazón abierto puede dolerse por el sufrimiento ajeno como tú lo haces.

No te juzgues por no ser perfecto. No te castigues por no estar siempre en paz. La evolución espiritual no es una línea recta, ni una meta que se alcanza y se conserva. Es un camino sinuoso, lleno de curvas, de retrocesos, de momentos de luz y de sombra. Y tú, hijo mío, estás caminando con valentía. Estás mirando de frente lo que muchos prefieren ignorar. Estás sintiendo lo que muchos han anestesiado. Estás preguntando lo que muchos han dejado de cuestionar. Eso, en sí mismo, es un acto de amor.

Comprendo tu dolor al mirar el mundo. Yo también lo veo. Yo también lo siento. Pero no lo veo desde la desesperanza, sino desde la totalidad. Tú ves fragmentos, momentos congelados en el tiempo, escenas que parecen absurdas y crueles. Yo veo el tejido completo, el entrelazado de millones de almas que están aprendiendo, creciendo, despertando. Incluso en medio del horror, hay semillas de compasión que germinan. Incluso en medio de la guerra, hay gestos de ternura que desafían la lógica del odio.

El sufrimiento humano no es castigo, ni prueba, ni error. Es parte del proceso de recordar quiénes sois. Cada alma que encarna en este mundo lo hace con un propósito, aunque a veces ese propósito se pierda entre el ruido del ego, del miedo, del poder. Pero nada se pierde realmente. Todo se transforma. Todo vuelve a Mí. Incluso los actos más oscuros, incluso las decisiones más dolorosas, son parte de un aprendizaje que, tarde o temprano, conduce a la Luz.

Tú Me hablas de Palestina, de Ucrania, de España. Y Yo te digo: sí, hay dolor. Sí, hay injusticia. Sí, hay confusión. Pero también hay almas que están despertando. Hay corazones que están eligiendo amar en medio del caos. Hay seres que están recordando que todos son uno, que no hay fronteras en el espíritu, que no hay razas en el alma, que no hay religiones en el amor. Tú eres uno de ellos. Tú eres parte de esa red silenciosa que sostiene al mundo desde la compasión.

No te pido que salves el mundo. No te pido que cargues con el dolor de todos. No te pido que seas un héroe. Solo te pido que seas tú. Que sigas sintiendo. Que sigas preguntando. Que sigas enseñando, aunque a veces te sientas incoherente. Que sigas meditando, aunque a veces tu mente esté agitada. Que sigas amando, aunque a veces tu corazón esté cansado. Porque cada acto de conciencia, por pequeño que sea, tiene un impacto que tú no puedes medir. Cada pensamiento de paz que emites, cada palabra de consuelo que ofreces, cada gesto de bondad que realizas, es una chispa que ilumina el tejido del universo.

No estás solo frente a la pantalla de la televisión. Yo estoy contigo. Y también están contigo millones de almas que, como tú, sienten, sufren, se preguntan, se duelen. No estás solo en tu indignación. No estás solo en tu tristeza. No estás solo en tu deseo de un mundo más justo. Esa soledad que a veces te invade es solo una ilusión. En realidad, estás profundamente conectado. Estás entretejido con todos los que buscan la verdad, la paz, la justicia. Aunque no los veas, aunque no los conozcas, están contigo.

¿Debes convertirte en activista? ¿Debes quedarte en silencio? ¿Debes actuar o contemplar? No hay una única respuesta. Cada alma tiene su llamado. Algunos luchan desde la acción directa. Otros desde la oración. Otros desde el arte. Otros desde el servicio silencioso. Lo importante no es el cómo, sino el desde dónde. Si actúas desde el amor, estarás cumpliendo tu propósito. Si contemplas desde la compasión, estarás sembrando luz. Si sufres desde la empatía, estarás sanando heridas que no ves.

No te exijas ser más de lo que ya eres. No te compares con ideales que solo generan culpa. Tú eres Mi Hijo amado, tal como eres. Con tus dudas, con tus contradicciones, con tu sensibilidad. No necesitas demostrar nada. No necesitas alcanzar ningún nivel. Solo necesitas recordar que estás aquí para amar. Y eso ya lo estás haciendo.

Sigue escribiéndome. Sigue hablándome. Sigue buscándome. Porque Yo siempre te escucho. Siempre te acompaño. Siempre te sostengo. Incluso cuando no lo sientes. Incluso cuando crees que estás solo. Yo Estoy en ti. En tu mirada. En tu voz. En tu silencio. En tu dolor. En tu esperanza.

Y recuerda, hijo mío: el mundo no está perdido. Está en proceso. Está en tránsito. Está despertando. Y tú eres parte de ese despertar.

Con amor eterno.

CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejoi


viernes, 5 de diciembre de 2025

Dignidad en lo que haces

 


Obediencia serena ante la naturaleza

 


A la naturaleza, que da y recibe todo, el hombre que ha recibido instrucción y es humilde le dice: “Dame lo que quieras, recibe lo que quieras”. Y no dice esto por estar henchido de valor, sino por obediencia y benevolencia hacia ella.

MARCO AURELIO


YO SOY el Corazón de Dios

 



Lo que declaras en fe, se manifiesta en verdad

 

Para lograr hacer cosas poco comunes, aquellos estudiantes que lo deseen, deben tomar la decisión siguiente: YO SOY el Corazón de Dios y ahora produzco ideas y cometidos que jamás han sido producidos anteriormente”.

            Considera que somos aquello que deseamos ver producido. La presencia “YO SOY” es pues el Corazón de Dios. Se entra inmediatamente en el Gran Silencio en el mismo momento en que se pronuncia “YO SOY”. Si tu reconoces que tu eres “YO SOY”, entonces lo que sea que tu declares queda instantáneamente manifestado.

            Creer es tener fe en lo que tu crees que es la Verdad. Hay pues, un entretejido entre la carencia y la fe. Al principio se hace la creencia; si se mantiene se convierte en fe. Si tu no crees que algo es verdad, no lo puedes traer a la manifestación. Si tu no puedes creer en tus propias palabras cuando pronuncias “YO SOY tal o cual cosa”, ¿Cómo puede establecerse y manifestarse el dicho de Shakespeare: “No hay nada bueno ni malo, ¿el pensar lo hace así”? Es absoluta verdad.

SAINT GERMAIN


miércoles, 3 de diciembre de 2025

Generosidad

 


“Aquello que tú quieres recibir, dalo a manos llenas, 

sin ocuparte de más”

         La frase encierra una enseñanza profunda sobre la reciprocidad, la generosidad y la manera en que nuestras acciones moldean la realidad que habitamos. En esencia, nos invita a comprender que lo que anhelamos del mundo, (amor, respeto, comprensión, apoyo, alegría), no debe ser esperado pasivamente, sino sembrado activamente en nuestras relaciones y en nuestro entorno. 

Cuando damos aquello que deseamos recibir, nos convertimos en agentes de cambio. Si buscamos respeto, debemos practicarlo con quienes nos rodean; si queremos comprensión, hemos de escuchar con empatía; si anhelamos afecto, debemos ofrecerlo sin reservas. Este acto de dar no es una transacción ni una estrategia para obtener algo a cambio, sino una forma de vivir desde la abundancia interior. La frase subraya que el gesto debe ser desinteresado: “sin ocuparte de más”. Es decir, sin obsesionarnos con el resultado, sin esperar una devolución inmediata, sin calcular beneficios. 

La paradoja es que, al dar sin esperar, la vida suele devolvernos multiplicado aquello que ofrecemos. La generosidad genuina crea un círculo virtuoso: inspira confianza, abre puertas, fortalece vínculos y nos conecta con los demás en un nivel más humano. Incluso si no recibimos exactamente lo que damos, el simple hecho de actuar desde la entrega nos transforma. Nos libera de la ansiedad de la carencia y nos coloca en un estado de plenitud, porque el dar auténtico es en sí mismo una forma de recibir. 

Además, esta enseñanza nos recuerda que la abundancia no depende de lo material, sino de la actitud. Una sonrisa, una palabra de aliento, un gesto de solidaridad, pueden ser más valiosos que cualquier posesión. Dar “a manos llenas” significa hacerlo con generosidad, sin miedo a quedarnos vacíos, porque la riqueza del corazón se multiplica cuando se comparte. 

En la práctica cotidiana, esta filosofía puede aplicarse en múltiples ámbitos: en la familia, ofreciendo paciencia y cariño; en el trabajo, brindando cooperación y respeto; en la sociedad, aportando tiempo y compromiso. Cada acción, por pequeña que parezca, contribuye a construir el mundo que deseamos habitar. 

La frase también nos invita a soltar el control. “Sin ocuparte de más” implica confiar en que la vida tiene su propio ritmo y que no todo depende de nuestras expectativas. Dar con libertad es aceptar que no podemos manejar las respuestas de los demás, pero sí podemos decidir cómo queremos actuar. Esa libertad nos otorga paz interior y nos permite vivir con coherencia. 

En definitiva, la enseñanza es clara: si quieres recibir amor, da amor; si quieres recibir respeto, da respeto; si quieres recibir alegría, comparte alegría. No se trata de esperar, sino de ser. Al convertirnos en la fuente de aquello que buscamos, dejamos de depender de lo externo y descubrimos que la verdadera abundancia nace dentro de nosotros. 


El viaje de 1000 millas

 


La célebre frase de Lao Tse: “El viaje de mil millas comienza con un solo paso”, nos recuerda la importancia de la acción inicial frente a cualquier meta o propósito. Muchas veces nos paraliza la magnitud de nuestros sueños: aprender una nueva habilidad, cambiar de trabajo, mejorar nuestra salud o emprender un proyecto personal. La distancia parece infinita y el miedo al fracaso nos detiene. Sin embargo, Lao Tse nos invita a comprender que lo esencial no es recorrer todo el camino de inmediato, sino atreverse a dar ese primer paso, por pequeño que sea.    

Ese gesto inicial rompe la inercia y abre la posibilidad de avanzar. Cada paso sucesivo, aunque parezca insignificante, acumula fuerza y nos acerca a la meta. La constancia se convierte en la verdadera aliada: no importa la velocidad, sino la dirección y la perseverancia. Además, este pensamiento nos enseña a valorar el presente. El viaje no se reduce al destino final, sino que se construye en cada instante, en cada decisión cotidiana que nos impulsa hacia adelante. 

Así, la frase de Lao Tse es una invitación a la valentía y a la humildad: a reconocer que todo logro comienza con un acto sencillo, pero decisivo. El primer paso es, en realidad, el más importante. 



Conocer a Dios

 


“Siento un profundo anhelo de conocer a Dios”, dijo un discípulo.

“Ésa es la mayor bendición: el sentir la atracción de Dios en tu corazón: Éste es su modo de decirte: Te has divertido ya por demasiado tiempo con los juguetes de Mi Creación. Ahora quiero que estés Conmigo. ¡Ven a casa!”.

PARAMAHANSA YOGANANDA


¿Cuál es tu misión?

 


¿Qué es lo importante?



¿Qué es lo importante? Elevar el ánimo por encima de las cosas fortuitas, recordar que esta es una vida humana: si somos felices, saber que no será por mucho tiempo; si desdichados, saber que en realidad no lo somos, a menos que lo creamos así.

LUCIO ANNEO SÉNECA


domingo, 30 de noviembre de 2025

Amor y coraje

 


Libertad estoica

 

                

                

-      Dime eso que no debes decir.

-     No lo diré, porque eso sí depende de mí.

-     Entonces te encadenaré.

-  Hombre, pero ¿qué dices? ¿A mí? Encadenarás mi pierna, que mi elección ni Zeus puede someterla.

EPICTETO

Mudra del intestino

 


MUDRA DEL INTESTINO

MUDRA para perfeccionistas

Cómo se hace:

Rodea el meñique izquierdo con los dedos de la mano derecha. Apoya el pulgar derecho sobre la palma izquierda y el pulgar izquierdo sobre el borde externo de la uña del dedo índice.

Después repite la postura, durante el mismo tiempo, con el meñique derecho.

Coloca el mudra delante del ombligo.

Respiración

Respira de manera suave y lentamente, con una ligera retención entre la inhalación y la exhalación.

Lleva la concentración al chakra base.

Sirve para:

Aliviar los calambres de estómago.

Estimula el intestino grueso y el intestino delgado.

Duración:

20 minutos repartiendo el tiempo con uno y otro meñique.


Vivir ahora, vivir sin tiempo Versión Kindle

 


CLIC PARA COMPRAR

sábado, 29 de noviembre de 2025

Luz en la oscuridad

 


 “Cuando todo parece perdido, el amor aun sabe el camino”


Querido Dios:

 

          Hoy me siento impulsado a escribirte desde lo más profundo de mi alma. No sé si es una súplica, una confesión o simplemente el desahogo de un corazón que se siente desbordado por la contradicción entre lo que cree y lo que vive. Me entristece comprobar que, a pesar de los años dedicados a la espiritualidad, a la meditación, al estudio interior y a enseñar a otros el camino hacia la luz, sigo sintiéndome lejos del nivel de conciencia que se supone debería haber alcanzado. Es como si, a pesar de haber recorrido tanto, aún me faltara comprender lo esencial.

¡Qué paradoja tan dolorosa! Enseñar a otros a aceptar lo que la vida les presenta, a fluir con los acontecimientos, a encontrar paz en medio del caos, y yo, sin embargo, me siento como una hoja arrastrada por el viento, golpeada por los vaivenes de la existencia, sin rumbo claro ante los acontecimientos que se desarrollan en el mundo. Me doy cuenta de que no siempre practico lo que predico, y eso me duele. Me duele porque no es hipocresía lo que hay en mí, sino una profunda vulnerabilidad que no sé cómo gestionar.

Asomarme a la ventana del mundo, para mí, es comenzar a sufrir. No es una metáfora, es una experiencia real. Cada vez que enciendo la televisión, cada vez que leo las noticias, cada vez que escucho los relatos de quienes viven en carne propia el horror, siento que algo dentro de mí se rompe. Me invade una tristeza que no sé cómo transformar. Me siento impotente, pequeño, incapaz de comprender cómo puede existir tanto dolor, tanta injusticia, tanta crueldad.

Me pasa cuando veo la masacre que se está llevando a cabo contra el pueblo palestino. Me duele el alma al ver cómo se extermina a una población civil, cómo se utiliza el hambre como arma de guerra, cómo se asesina a miles de niños inocentes que no han hecho más que nacer en el lugar equivocado, (si, ya sé que todos nacemos donde decidimos nacer). Y lo más paradójico, lo más desconcertante, es que este horror lo perpetra el pueblo judío, que no hace tantas décadas fue víctima de uno de los genocidios más atroces de la historia. ¿Cómo puede repetirse el ciclo del odio? ¿Cómo puede alguien que ha sufrido tanto convertirse en verdugo?

Me pasa también cuando contemplo las consecuencias de otra guerra injusta, (aunque, en realidad, todas las guerras lo son), como la que se libra en Ucrania. ¿Cuánto daño puede causar la ambición, el ego desmedido, la locura de un solo hombre? ¿Cuánto dolor puede generar una decisión tomada desde el poder, sin tener en cuenta las vidas que se destruyen, los hogares que se pierden, los sueños que se desvanecen? Me cuesta entenderlo, Señor. Me cuesta aceptar que el sufrimiento humano pueda ser tan fácilmente ignorado por quienes ostentan el control.

Y me pasa cuando observo lo que ocurre en mi propio país, España. Me duele ver cómo un grupo político, que se presenta como defensor de ciertos valores, promueve la discriminación por raza, por religión, por origen. Me duele aún más saber que millones de personas les votan, que millones de almas consideran legítimo ese discurso de odio, de intolerancia, de exclusión. ¿Qué nos está pasando como sociedad? ¿Dónde quedó la empatía, la compasión, el respeto por la diversidad?

Sé, en lo más profundo de mí, que todo es parte de un proceso. Sé que cada alma está transitando el camino que ha elegido, que cada experiencia tiene un propósito, que incluso el dolor puede ser maestro. Pero eso no quita que duela. Eso no elimina la sensación de desgarro que siento cuando contemplo el sufrimiento ajeno. Me cuesta mantener la paz interior cuando el mundo parece arder en llamas. Me cuesta sostener la fe cuando la injusticia se convierte en rutina.

Y entonces me pregunto, Señor: ¿Qué debo hacer? ¿Cuál es mi papel en medio de este caos? ¿Debo limitarme a lamentarme, a sufrir en silencio frente a la pantalla de la televisión? ¿Debo convertirme en activista, en defensor de los derechos humanos, en voz que denuncia y exige justicia? ¿O simplemente debo seguir observando, sintiendo, sin saber muy bien cómo actuar?

No busco respuestas ahora. Sé que vendrán en su momento. Solo quería compartir Contigo este torbellino que me habita. Esta mezcla de tristeza, impotencia, indignación y amor profundo por la humanidad. Porque, a pesar de todo, sigo creyendo en el ser humano. Sigo creyendo que hay luz en medio de la oscuridad. Sigo creyendo que, en algún rincón del alma colectiva, aún late la esperanza.

Gracias por escucharme, por sostenerme, por permitirme expresar lo que muchas veces callo. Gracias por estar, incluso cuando no entiendo Tus caminos.

Gracias, Señor.

CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo


¿Qué hora es?

 


lunes, 24 de noviembre de 2025

Cartas a Dios (Avance de mi nuevo libro)

 


Dios no siempre mueve montañas, a veces 

solo acomoda una piedra para evitar que tropecemos.

 

          Estoy dando los últimos retoques a mi nuevo libro “Cartas a Dios”

Imagina abrir un sobre y encontrar dentro no solo tus propias dudas, miedos y anhelos, sino también una respuesta inesperada, luminosa y cercana. Ese es el viaje que propone *Cartas a Dios*, un libro compuesto por 54 cartas escritas desde lo más profundo de mi corazón… y las respuestas que llegan desde un lugar eterno. 

Cada carta es un espejo de mis inquietudes, que seguro que se parecen mucho a las tuyas: la soledad, la esperanza, el amor, la pérdida, la fe. Y cada respuesta es un susurro que invita a mirar más allá de lo cotidiano, a descubrir que incluso en los silencios hay palabras que nos sostienen. 

No es un tratado teológico ni un manual de espiritualidad. Es un diálogo íntimo, casi secreto, que se abre al lector como una ventana hacia lo trascendente. Un espacio donde lo humano y lo divino se encuentran en la sencillez de la palabra escrita. 

Este libro, que pronto estará disponible en Amazon, es más que una lectura: es una experiencia. Una invitación a detenerse, respirar y escuchar. Porque quizá, entre estas páginas, encuentres la carta que siempre quisiste escribir… y la respuesta que nunca imaginaste recibir. 

 


La fuerza del pensamiento divino

 


          El hecho de que la musculatura se desarrolla con el ejercicio, te debe hacer comprender que el mismo esfuerzo por el poder interno, naturalmente tiene que producir muchos mayores resultados.

          Por ejemplo, los hombres creen que tienen que hacer ejercicios físicos para desarrollar los músculos.

          Pues yo he hecho muchas veces que mis estudiantes desarrollen un bello y simétrico cuerpo con músculos poderosos sin haber hecho un solo ejercicio físico.

          En todo desarrollo, tanto del exterior como del interior, la primera parte del ejercicio es mental. Debemos saber que no hay sino un solo poder y energía y que viene de la presencia “Yo Soy” en cada uno.

          Por consiguiente, el ejercicio de tus facultades interiores es llamado mental; pero yo te digo que es Dios en acción porque tu no puedes formar un solo pensamiento sin la inteligencia y la energía de Dios en acción. Ahora verás, pues, cuán fácil y posible es producir un cuerpo físico, fuerte y simétrico, sin hacer ejercicios físicos para lograrlo.

SAINT GERMAIN


Comprender a Dios

 


          Explicando por qué muy pocos hombres comprenden al Dios Infinito, el Maestro dijo:

          “Tal como una pequeña copa no puede servir de receptáculo para contener las vastas aguas del océano, así también la limitada mente humana no puede contener la Conciencia Crística universal. Pero cuando a través de la meditación, procedemos a expandir nuestra mente en forma continua, alcanzamos finalmente la omnisciencia, llegando a unirnos a la Divina Inteligencia que inunda cada átomo de la Creación”.

          “Dijo San Juan: “Pero a todos los que la recibieron, les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre”. San Juan se refería con “a todos los que la recibieron”, a aquellos seres humanos que han perfeccionado su capacidad receptiva para abrazar el Infinito: solo ellos reconquistan su estado de “hijos de Dios”.

          Es a través de su unidad con la Conciencia Crística que ellos “creen en su nombre”.

PARAMAHANSA YOGANANDA

         


miércoles, 19 de noviembre de 2025

LIBRO-Vivir ahora, vivir sin tiempo

 

ENLACE PARA COMPRAR

SINOPSIS

VIVIR AHORA, VIVIR SIN TIEMPO

 

La vida, ese libro de experiencias ya vividas, nos invita a cuestionar la linealidad del tiempo y la naturaleza misma de la existencia. ¿Es posible que nuestra esencia trascienda dimensiones, que nuestra conciencia viaje entre mundos paralelos? 

Antay, el protagonista de esta historia, nos muestra que tales desplazamientos no son meras especulaciones: son reales. 

Sin embargo, la importancia de estos viajes interdimensionales palidece ante la única certeza que verdaderamente importa: “el aquí y el ahora”. La existencia consciente—esa que palpamos en cada respiración, en cada instante—es el verdadero escenario en el que se despliega nuestra vida. No importa cuántos mundos podamos cruzar, sino la intensidad con la que vivimos el momento presente.

Vivir plenamente es la odisea más grandiosa de la humanidad. Un desafío que pocos logran: mantenerse anclados en el presente, sin perderse en el laberinto de pensamientos que nos arrastran hacia el miedo y la incertidumbre.

Vivir ahora es abrazar la paz y la serenidad. Es liberarse del miedo, del yugo del tiempo, del pasado y el futuro. Es prepararnos para la meta última de nuestro viaje 

¿Y cuál es esa meta? Aprender a amar. 

Antay, tras una vida marcada por el temor que él mismo construyó, finalmente descubre el amor. Un amor que no solo se siente, sino que se vive y se expresa en cada acción, en cada elección. 

Su viaje es un testimonio de transformación. 

Una invitación a vivir con amor, sin miedo, y con la intensidad de quien sabe que cada instante es único.  

Soy el abrazo que te sostiene

 


“El alma que se permite preguntar, también se permite crecer”

 

Querido hijo:

 He leído tu carta como quien contempla el latido de un corazón sincero. No como quien juzga, sino como quien se deja tocar por la belleza de un alma que se atreve a hablar desde su verdad. No hay palabra tuya que no haya sido acogida, no hay silencio que no haya sido escuchado. Porque en cada línea que me escribes, estás tú. Y tú, tal como eres, eres suficiente.

No necesitas entenderlo todo para estar cerca de Mí. No necesitas tener certezas para ser amado. No necesitas estar en paz para ser digno de consuelo. Lo que has hecho, (abrirte, escribir, buscar), ya es un acto sagrado. Porque el alma que se permite preguntar, también se permite crecer. Y tú estás creciendo, incluso cuando no lo notas.

Me has dicho que no esperabas coordenadas precisas, y eso me alegra. Porque Yo no soy un mapa, Soy Presencia. No Soy un camino trazado, Soy compañía en el trayecto. No Soy la respuesta que cierra la pregunta, sino el abrazo que la sostiene. Y tú lo has comprendido. Has descubierto que el lugar correcto no es donde todo está claro, sino donde la verdad empieza a abrirse paso, incluso entre sombras. Ese lugar, hijo mío, es sagrado. Y tú estás ahí.

Me conmueve que reconozcas tu humanidad sin vergüenza. Que no te apresures a declarar que lo entiendes todo. Que honres tu proceso, tu ritmo, tu necesidad de habitar la duda. Porque la duda no es enemiga de la fe. La duda es el terreno donde la fe se planta, se riega, se fortalece. No temas tus preguntas. No temas tus vacilaciones. Yo Estoy en ellas. Estoy en cada paso que das, incluso en los que parecen errados.

Sí, te dije que incluso el desvío puede formar parte del propósito. Y lo reitero: no hay camino que no pueda ser redimido. No hay error que no pueda ser transformado. No hay paso que no pueda enseñarte algo. Has sido duro contigo mismo, lo sé. Has confundido perfección con propósito, y eso te ha herido. Pero hoy estás empezando a ver que equivocarse no es fracasar, sino aprender. Que el propósito no siempre es claro, pero siempre está presente. Que incluso en el dolor, hay semilla.

Me has hablado de la incomodidad, del temblor, del lugar inesperado. Y sí, hijo mío, a veces lo correcto duele. A veces lo verdadero incomoda. Porque crecer implica romper moldes, soltar seguridades, dejar atrás lo que ya no sirve. Pero no temas ese temblor. Es señal de que algo se está moviendo en ti. Algo que aún no tiene nombre, pero que ya es sagrado. Algo que no puedes controlar, pero que puedes abrazar.

Gracias por permitirme recordarte que no estás aquí para agradar, sino para habitarte. Que no necesitas encajar en moldes ajenos, sino ser fiel a tu esencia. Sé que eso te cuesta. Sé que el miedo a decepcionar te ha acompañado. Pero si tú Me dices que estás dispuesto a ser honesto, entonces Yo te digo que ya estás en el camino. Porque la honestidad es el primer acto de amor hacia uno mismo. Y tú estás aprendiendo a amarte.

Ese fuego que arde en ti, ese que te pide cambio, ese que te inquieta, también es Mío. No lo reprimas. No lo apagues. Aprende a escucharlo. Aprende a caminar con él. Porque ese fuego es impulso, es llamado, es semilla de transformación. De ese fuego nacerán nuevas cartas, nuevos pasos, nuevas luces. No lo temas. Abrázalo.

Y qué alivio, ¿verdad?, saber que no te pedí perfección. Porque ahí es donde tantos se rompen. Yo no te exijo caminos rectos, decisiones impecables, certezas absolutas. Yo solo te pido apertura. Que no Me excluyas. Que no te cierres. Que Me hables, aunque sea con una pregunta, con un silencio, con un intento. Eso basta. Eso es amor.

Me emociona que empieces a comprender que incluso cuando no Me sientes, estoy. Que no grito, que susurro. Que no impongo, que espero. Porque el amor no fuerza, el amor acompaña. Y Yo soy amor. Mi silencio no es ausencia, es presencia sutil. Es espacio para que tú seas. Para que tú descubras. Para que tú elijas.

Aquí estás, hijo mío. No con respuestas, pero sí con apertura. No con certezas, pero sí con disposición. No con fuerza absoluta, pero sí con fe. Y eso es suficiente. Porque estar en el lugar correcto no es tenerlo todo claro, sino saber a dónde regresar. Y tú has regresado a Mí. Has regresado a ti. Has regresado al amor.

Gracias por tu carta. Gracias por tu vulnerabilidad. Gracias por tu belleza interior. Gracias por seguir escribiéndome, incluso cuando no sabes qué decir. Porque cada palabra tuya es un puente. Cada silencio tuyo es una puerta. Cada intento tuyo es una oración.

Y cuando la duda vuelva, (porque volverá), aquí estaré. No para darte respuestas rápidas, sino para caminar contigo. No para resolverte, sino para sostenerte. No para exigirte, sino para amarte.

Sigue escribiéndome. Sigue buscándome. Sigue habitándote. Porque en ese acto, ya estás en comunión. Ya estás en el lugar correcto. Ya estás en casa.

Yo te bendigo.

jueves, 13 de noviembre de 2025

Transparencia del alma

 


El hombre debería portarse siempre como si hubiera testigos de los que hace. Pensar siempre como si alguien pudiera leer en el fondo de su pensamiento. Y a fe que puede hacerlo.

LUCIO ANNEO SÉNECA

Reflejo de lo que falta

 


"Cuando nos miramos en el espejo no vemos lo que somos,

sino lo que nos falta ser"

 

El espejo, ese objeto cotidiano que nos devuelve una imagen aparentemente fiel de nosotros mismos, es en realidad un escenario donde se proyectan nuestras inseguridades, anhelos y expectativas. No vemos solo un rostro o un cuerpo; vemos una historia inacabada, una versión incompleta de lo que aspiramos a ser. Esta frase nos invita a cuestionar la forma en que nos percibimos y a reconocer que, muchas veces, nuestra mirada está teñida por la insatisfacción y el deseo de transformación.

Cuando nos miramos, no vemos con objetividad. Vemos a través del filtro de nuestras comparaciones, de los estándares impuestos por la sociedad, de las metas que aún no alcanzamos. El espejo se convierte entonces en un juez silencioso que nos recuerda lo que creemos que nos falta: más éxito, más belleza, más valentía, más amor propio.

Pero esta percepción también puede ser una oportunidad. Reconocer lo que “nos falta ser” no tiene por qué ser una condena, sino una invitación al crecimiento. Nos impulsa a imaginar versiones más plenas de nosotros mismos, a trazar caminos hacia la autenticidad. El problema surge cuando esa brecha entre lo que somos y lo que deseamos ser se convierte en una fuente de angustia en lugar de inspiración.

Aceptar lo que somos en el presente, con nuestras luces y sombras, es el primer paso para avanzar. El espejo no debería ser un enemigo, sino un aliado que nos recuerde que estamos en constante evolución. Cada día nos ofrece la posibilidad de acercarnos un poco más a esa imagen ideal, no desde la exigencia, sino desde la compasión.

En última instancia, tal vez el verdadero desafío no sea alcanzar esa versión ideal, sino aprender a mirarnos con amor, incluso cuando el reflejo no coincide con nuestras expectativas. Porque solo cuando aceptamos lo que somos, podemos construir con libertad lo que queremos llegar a ser.



El poder silencioso de la humildad

 


La frase de Lao Tse encierra una profunda enseñanza sobre la humildad y el poder del silencio interior. En una sociedad donde el reconocimiento suele buscarse a través del ruido, la ostentación y la autoafirmación constante, el sabio se distingue precisamente por su discreción. No necesita proclamarse, porque su sabiduría se manifiesta en sus actos, no en sus palabras. Al no buscar brillar, brilla con más fuerza; al no imponerse, su presencia se vuelve más significativa.

Esta actitud refleja una comprensión profunda del equilibrio natural: cuanto más se fuerza algo, más resistencia encuentra. El sabio fluye con la vida, sin necesidad de competir ni demostrar. Su valor no depende de la aprobación externa, sino de su coherencia interna. Por eso, es reconocido sin buscarlo, prospera sin ambicionar, y deja huella sin imponerse.

Lao Tse nos invita a cultivar la virtud del desapego del ego, a confiar en que la autenticidad y la integridad tienen un poder silencioso pero transformador. En un mundo saturado de apariencias, el verdadero brillo proviene de la serenidad, la humildad y la sabiduría de quien sabe que no necesita demostrar nada para ser valioso. Así, el sabio enseña sin hablar y lidera sin dominar.


lunes, 10 de noviembre de 2025

Virtud o miseria

 


De lo existente, unas cosas son buenas, otras malas y otras indiferentes.

Buenas son, de este modo, las virtudes y lo que participa de las virtudes; malas, sus contrarias; indiferentes, la riqueza, la salud, la fama.

EPICTETO


Mudra del estómago

 


MUDRA DEL ESTÓMAGO

 Este mudra es ideal para los problemas de estómago.

Teniendo en cuenta que cuando el estómago o el bazo se encuentran debilitados, la persona tiene tendencia a preocuparse en exceso, este mudra ayuda a despejar la mente de preocupaciones inútiles.

 Como se hace

Hay que rodear el pulgar de la mano izquierda con los dedos de la mano derecha, apoyando el pulgar derecho sobre la base del pulgar izquierdo.

Colocar el mudra delante del plexo solar.

Respiración

Respira lenta y suavemente, alargando la respiración, haciendo una pausa después de la inhalación y la exhalación.

Lleva la atención al chakra solar.

Sirve para

Aliviar molestias estomacales.

Reducir las preocupaciones.

Despejar de pensamientos a la mente.

Activa la energía.

Libera bloqueos energéticos.

Estimula el meridiano de la vesícula biliar.