El hombre no es amo del hombre; lo son
la muerte y la vida, y el placer y el dolor. Sin esas cosas, tráeme al Cesar y
verás como no me inmuto.
Pero si viene con ellas, atronador y
echando rayos, y esas cosas me dan miedo, ¿qué hago entonces sino reconocer a
mi amo, como el esclavo fugitivo?
Mientras solo consiga de esas cosas
alguna suerte de tregua, estaré de pie en el teatro como el esclavo fugitivo;
me baño, bebo, canto, pero todo lo hago con miedo e intranquilidad. Ahora bien,
si me libero de los amos, (es decir, de aquellas cosas por las que los amos son
temibles), ¿qué problema tendré entonces, ni qué amo?
EPICTETO

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