El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




lunes, 27 de febrero de 2023

¿En la dimensión correcta?

 


Capítulo final. Novela "Ocurrió en Lima"

Todavía era de noche cuando desperté. Saqué el brazo y alargué la mano para mirar la hora en el celular. Eran las 4:44 de la madrugada. Mi pensamiento, aun torpe a esta hora, me recordó que, una vez leí en alguna de las páginas de espiritualidad, que frecuentaba aquella época, hace ya 7 años, en aquellos días de agosto en los que solía frecuentar la compañía de Ángel, que encontrarse con el número 444 significa que los ángeles están cerca de mí para ayudarme en todo aquello que pudiera necesitar y que por eso no hay que preocuparse.

Volví a cerrar los ojos y a meter el brazo dentro de la sábana. Aun me faltaban casi dos horas para levantarme. Como no era normal que me despertara tan temprano agudicé el oído para ver si los niños hacían algún movimiento. Podía ser que me hubiera despertado por alguno de ellos. No se escuchaba ningún ruido, todo era silencio. Sentí un ligero escalofrío y me acerqué a Indhira buscando cobijo. Pero…, no estaba.

Abrí los ojos para tratar de ubicarla cuando fui consciente de que no estaba acostado en nuestra cama. Estaba…, estaba en mi antigua cama, en mi antigua habitación. “Que sueño tan tonto”, pensé. Sin embargo…, ¡parecía tan real!

 La mente tiene, a veces, razonamientos extraños y, el mío fue: “Si vuelvo a cerrar los ojos, posiblemente, dejaré de soñar este sueño, sin sentido, y cuando despierte ya se habrá esfumado”, por lo que cerré los ojos acurrucándome, lo más cómodo posible, para volver a dormir dentro de este extraño sueño.

Pero no conseguí dormir y, además, podía escuchar, con toda nitidez, el ruido de algunos carros que pasaban. En mi casa, donde vivo, en la avenida de Los Libertadores no hay tráfico en la noche, mientras que donde vivía antes, en la avenida Pardo siempre hay movimiento.

Me levanté, con un nudo en el cuello, y pensé: “A ver hasta dónde llega este absurdo sueño”. Realmente estaba en mi antigua habitación. Miré por la ventana y, en efecto, estaba en mi antiguo departamento.

Empecé a caminar por todo el departamento para ver si encontraba algo extraño, algo diferente, que me diera alguna pista de lo que estaba pasando. Hice más, me pellizqué y sentí el pellizco, abrí el caño en el lavabo del cuarto de baño, metiendo mi mano bajo el agua y sentí como se mojaba. Estaba siendo un sueño demasiado real.

Recorrí todo el piso y todo era conocido, no había nada extraño. En el congelador de la refrigeradora había comida ya cocinada que, se supone, yo había guardado. Recordaba perfectamente que ese era mi proceder habitual. Cocinar y congelar para no tener que cocinar cada día. Miré la fecha de un paquete de jamón inglés y la fecha marcada era de hace 7 años.

Fue entonces cuando fui consciente de que no estaba soñando. ¡Estaba despierto! Me senté en el sofá para tratar, primero de ubicarme y, después, para encontrar alguna explicación.

“A ver, Antay, tranquilo”, me dije a mí mismo. “Anoche cuando llegamos de Cieneguilla de la comida familiar, dimos de cenar a los niños, les acostamos, Indhira y yo comimos algo de fruta, porque estábamos un poco llenos del almuerzo, y nos fuimos a la cama. Y despierto, ahora, en mi antiguo piso”.

  Es como si me hubiera pasado lo contrario al día que desperté sin memoria, encontrándome con que estaba casado con Indhira, que teníamos dos niños y que era el presidente de la empresa de mi suegro.

Pero ahora ha sido al revés. Vuelvo a despertar en mi antiguo piso, aunque recordando todo lo que he vivido desde el día que desperté sin memoria para viajar a Miami.

¿Qué vida es la real?, ¿la vida que tenía ayer o esta de ahora, que parece una continuación o un comienzo de la parte de vida que estaba borrada de mi memoria?, o ¿no está borrada? y, sencillamente, no ha existido. Pero yo he besado y abrazado a mis hijos, he hecho el amor con Indhira, he viajado con Pablo a Miami, me he encontrado con Ángel después de 7 años, o ¿no eran 7 años y solo eran unos días?, he hablado con Diana sobre el problema que tenía con Pablo. Espera…, y todo eso, ¿no sería un sueño? No, no puede haberlo sido, ha sido muy real, entonces…, ¿qué ha sido?, ¡ah!, ya sé…, puede haber sido una de esas recreaciones de las que me hablaba Ángel. Pero si es una recreación quiere decir que no voy a volver a ver a mis hijos. Ya les extraño.

¡Necesito ayuda!, Ángel, ¿dónde estás?, siempre apareces cuando te apetece, pero no cuando te necesito. ¡Necesito respuestas!

-    Si necesitas respuestas es que no has entendido nada sobre la aceptación. -me pareció escuchar la voz de Ángel en mi cabeza, o ¿era mi propio pensamiento?

-    Fuera Ángel o fuera mi propio pensamiento seguí la conversación- Creí que lo había entendido todo, pero esto es muy fuerte. ¿Qué está pasando?, ¿Cuál es, en realidad, mi vida? -no era una pregunta lo que le estaba haciendo, era una súplica.

-    No tengo nada que decirte. No existe algo fuerte o débil. Es la mente la única que califica cualquier situación.

>> ¿Cambia la situación porque sepas lo que está pasando? Recuerda: Todo está bien.

 >> ¿Has pensado, alguna vez, que es la vida? No hay una vida. Hay miles de millones de vidas, una por cada uno de los habitantes del planeta. Si tú no estás, para ti, no hay vida. Por lo tanto, la vida, tu vida, es lo que a ti te sucede. Y lo que a ti te sucede tienes que aceptarlo si quieres ser feliz.

>> Estás donde tienes que estar.

Recordé, entonces, el momento en el que mis hijos estaban sentados en mis rodillas, el día que llegué de viaje. En ese momento fui consciente de lo importante que es vivir con atención aceptando el momento. Lo único que hice fue disfrutar el momento sin preguntar que estaba pasando. Eso es lo que tengo que hacer ahora.

Está claro que mi vida, en este instante, es esta. ¿Para qué saber por qué me está pasando esto?, ¿qué me importa dónde voy a despertar mañana? Sin embargo, a pesar del estado de aceptación en el que me encontraba, no podía por menos de pensar en Indhira y, sobre todo en los niños, en mis hijos. Porque a Indhira seguro que la iba a volver a ver y, si podía ser hoy mejor que mañana, pero a los niños no los volvería a ver, o ¿sí? Si siguiera en esta vida, sin volver a saltar a ningún otro momento, si lo que viví fue una recreación, es posible que vuelva a encontrarlos en un par de años. ¡Ojalá sea así! 

El único problema, ahora, es que no tengo a nadie que me indique el camino como me pasaba en la vida que tenía ayer.

“Tengo que centrarme”, pensé. “Todo parece indicar que hoy es el lunes, después del domingo en que estuve reunido con mis antiguos compañeros. Si es así…, tengo que ir a mi nuevo trabajo acompañando a Diana, Pablo y Patricia para que presenten su curriculum y yo tendré mi primera reunión del comité de dirección, que ha sido programada para presentarme”.

 Acababa de salir de la ducha cuando sonó el timbre de la puerta. “Solo podía ser Diana”, pensé.

-    Un momento, ya abro, -grité desde el interior. Tenía que vestirme.

-    En efecto, cuando abrí, allí estaba Diana.

-    Disculpa, he llamado un poco antes porque me he quedado sin café. ¿Me invitas?

-    Si. Prepáralo tú misma mientras termino de vestirme.

-    ¿Cómo te fue ayer con Indhira?, -preguntó Diana desde la cocina y, siguió- se ve una chica muy linda y encantadora.

Poco se podía imaginar Diana que, mientras ella y el mundo dormían, para mí y, supongo que, para el mundo, habían pasado siete años, aunque no tuviera memoria de ellos, y una semana, que tengo muy presente y que no creo que olvide mientras viva y, de la misma manera que avanzamos esos años, los hemos retrocedido.

-    No podía decir nada a Diana excepto lo que contesté- Me fue muy bien.

-    ¿Te disculpaste?, te veo bien, ¿habéis vuelto a quedar?, -En tan poco tiempo, Diana se había convertido en una gran amiga. Casi como la hermana que nunca tuve.

-    Me disculpé y quedamos en que nos llamaríamos el sábado. Pero no voy a esperar al sábado. La voy a llamar hoy. -cuando hablábamos esto lo hacíamos tomando ya nuestro café.

Por primera vez en mucho tiempo, quizás por primera vez en mi vida, estuve, totalmente, presente, siendo consciente de todos y cada uno de los minutos del día.

Al llegar, con Diana, a la puerta de la empresa, ya nos estaban esperando Pablo y Patricia. Los acompañé al despacho del señor Ramírez, de recursos humanos, mientras yo pasaba a mi oficina.

Poco antes del comienzo de la reunión de dirección asomó Diana por la puerta del despacho. Había finalizado su entrevista. Estaba exultante cuando me dijo que el lunes de la siguiente semana comenzaba a trabajar. Pablo y Patricia se habían ido a tomar un café porque el señor Ramírez no les podía atender hasta el mediodía, por culpa de la reunión de mi presentación.

La reunión, que duró un par de horas, fue muy agradable. Allí conocí a los que ya eran mis nuevos compañeros de trabajo y, todos celebraron que hubiera personal informático especializado en la empresa. Parece ser que era el talón de Aquiles de todos ellos.

Seguía siendo consciente.

Cuando estás consciente el tiempo no se hace ni largo ni corto. Es una sensación extraña a la que no estaba acostumbrado. Todo era presente. Fue como la mañana en la que paseando me sentí parte de todo, no por sentirme en el mismo estado de pertenencia sino por el estado de presencia. Todo era presente

Y en ese presente, a las 7 de la noche, me pareció que era buen momento paras dejar de trabajar.

-    Desde la misma oficina llamé a Indhira- Hola Antay, -contestó- ¡que sorpresa!, pensé que habíamos quedado en hablar el sábado.

-    Sí, lo sé. Pero, si no te importa podríamos vernos de nuevo en la pizzería y cenar una pizza. -No me importaba lo que ella pudiera pensar. Es lo que me apetecía hacer y si a ella no le apetecía con decir que “no”, estaba solucionado.

-    Si que me apetece. ¿Nos vemos allí en media hora?

-    Te espero.

-    ¿Qué pasó para que me llamaras?, -preguntó Indhira en cuanto nos encontramos.

-    Con un día ha sido suficiente para saber lo que quiero. No necesito una semana para pensarlo y tampoco quiero perder tiempo en pensamientos inútiles. Quiero estar contigo. Pienso en ti de manera permanente.

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