Es
difícil, combinar y aunar la atención cuidadosa de quien tiene devoción por las
cosas materiales y la estabilidad de quien es indiferente a ellas, pero no
imposible; de lo contrario, sería imposible ser feliz.
Es como
planear un viaje por mar. ¿Qué puedo hacer? Puedo elegir el capitán, los
marineros, el día, el momento oportuno. Luego se nos echa encima una tormenta.
En ese momento, ¿qué me incumbe? Mi parte ya está hecha. El problema es de
otro: el capitán.
EPICTETO

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