Una vida
tras otra, vamos interpretando los distintos papeles que hemos decidido
experimentar en cada una de ellas: Hacemos de hijos, de padres, de nietos, de
abuelos, de esposos, de empleados, de empresarios, de ricos o de pobres, solo
por citar algunos. Y lo vamos haciendo, con más o menos acierto.
Sin
embargo, somos incapaces de interpretar el único papel en el que no tenemos que
actuar, porque es justamente aquello que somos: Hijos de Dios.
Alfonso
Vallejo

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