Estando
persuadida mi mente de que en nada se diferencias un día y un siglo, contempla
tranquila la marcha de los días y de los negocios y se ríe del cambio de los
tiempos. ¿Cómo han de perturbar accidentes ligeros y variables al que permanece
firme ante lo inseguro?
LUCIO
ANNEO SÉNECA

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