Conviene pensar a menudo en la rapidez
con que todo lo que existe, y que está naciendo, se nos arrebata de delante de
los ojos y desaparece. Pues la sustancia es como un rio en un curso continuo:
las acciones consisten en una perpetua mutación; las causas sufren mil vueltas
y revueltas, y casi no hay cosa firme ni estable. Y a nuestro lado está el
abismo sin límites de lo que ha pasado y de lo que está por venir, en el que
todas las cosas se pierden.
¿Cómo, pues, no va a ser un insensato
el que dejándose llevar por estas cosas se envanece o aflige, o el que se queja
de ellas como si fueran molestas y duraderas?
MARCO AURELIO

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