Nuestra
principal tarea es distinguir y separar las cosas, y decir: “Lo exterior no
está en mi poder; mis decisiones si lo están. ¿Dónde buscaré lo bueno y lo
malo? En lo interior, en las cosas que son mías”.
Las que
dependen de los demás no las califiques de buenas ni de malas, no digas que son
una ganancia ni un perjuicio, ni nada por el estilo.
“¿Entonces
qué? ¿Significa esto que debe darnos igual cómo las usemos?”. De ninguna
manera. Eso sería hacer mal uso de nuestra facultad de elegir, y por tanto
contrario a la naturaleza.
Las
cosas externas deben usarse con cuidado, porque su uso puede ser bueno o malo.
Pero manteniendo al mismo tiempo la compostura y la calma, porque las cosas en
sí no son ni lo uno ni lo otro.
EPICTETO

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