El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




lunes, 25 de abril de 2011

Pedid y se os dará

            Con suavidad se van sucediendo los minutos, las horas, los días, las semanas, los meses, con suavidad se van sucediendo las estaciones de manera cíclica, primavera, verano, otoño, invierno, y otra vez la primavera, todo vuelve, todo es un  continuo.
            De la misma manera se va deslizando la vida: Los mismos pensamientos, las mismas acciones, los mismos sentimientos, las mismas emociones; la vida también es un continuo. Es un continuo hasta que tú decides que ya está bien: Cuando tú decidas que has sufrido lo suficiente, se acabará el sufrimiento; cuando tú decidas que te has aburrido lo suficiente, se acabará el aburrimiento; cuando tú decidas que has sido suficientemente pobre, se acabará tu pobreza.
            “Pedid y se os dará”, ¿Cuántas veces has escuchado esta frase? “Pedid y se os dará”. La vida sólo es un reflejo de aquello que pides. No, no estamos locos, ¡es así! Puedes jurar por activa y por pasiva que lo que deseas es ser feliz, y sin embargo, estás viviendo el sufrimiento. Pero es que no te basta con jurarlo, ni tan siquiera con desearlo. Tienes que pedirlo, y después, esperar que llegue.
Imagínate que tienes hambre, y que entras en un restaurante para saciar tu hambre, y que pides el primer plato, y justo después de pedirlo, te levantas y te vas. Es cierto que tienes hambre y deseas comer, es cierto que pides la comida, pero también es cierto que no las has esperado y te has ido, con lo que seguirás teniendo hambre.
Así es en la vida. Quieres ser feliz, que es como tener hambre; deseas la felicidad, e incluso empiezas a realizar alguna técnica para conseguirla, que es como pedir la comida; pero sigues anclado/a en los mismos pensamientos y realizando las mismas acciones, que es como levantarse e irse del restaurante.
“Pedid y se os dará”. Pide, agradece de antemano lo que vas a recibir y,  espera. Espera que llegue tu petición, con paciencia, sin alterarte, sin volver a realizar las acciones anteriores, actuando como si ya hubiera llegado tu pedido, es como ir salivando, esperando la comida.
Mientras esperas abstente de juicios y críticas, hacia los demás y hacia ti mismo/a, no te lamentes, observa la vida y acéptala, sin condiciones, perdona cualquier acción que te desagrade de los demás y de ti mismo/a, piensa que todas las personas tienen un motivo para actuar como lo hacen, ya sea real o imaginario, piensa que ellas también tienen hambre, pero no han tenido la paciencia suficiente para esperar la comida. Observarás como va llegando tu petición, a veces llega el pedido completo, y otras veces llega en diferentes entregas, todo depende de la fuerza de tu petición y de tu paciencia en la espera.
Piensa que todos somos iguales, que el Dador de peticiones escucha a todos por igual, y que Él intenta hacer la entrega, pero no todos han sido capaces de aguantar la espera, por lo que el pedido no puede llegar al destinatario.
Pide, que el paquete siempre llega a su destino, y espera para que cuando llegue el repartidor te encuentre en casa.

jueves, 21 de abril de 2011

El cuerpo mental

Una de nuestras capas del aura es el cuerpo mental, y es en él donde se desarrollan los poderes de la mente, donde se desarrollan los pensamientos, incluso la memoria y la imaginación. A diferencia de otras capas, que siempre permanecen inalterables en su tamaño, el cuerpo mental crece a medida que el ser humano va evolucionando.
En su forma, existe una especie de estriaciones, que lo dividen en secciones. Estas secciones son como los caminos asignados para cada tipo de pensamiento. Los pensamientos, dependiendo del tipo que sean, actúan a través de estas secciones.
  En el ser humano ordinario, el cuerpo mental está todavía desarrollado de manera imperfecta por lo que, en muchas personas, todavía no están en actividad gran número de estas secciones. Así pues, los pensamientos pertenecientes a una sección que no se haya activado, han de fluir por otra sección que se encuentre en actividad, lo cual es inadecuado, por lo que tales pensamientos se expresan torpemente y de manera incomprensible. Por ejemplo, si llega un pensamiento relativo a Dios a una persona atea, expresará muy torpemente ese pensamiento porque ha de circular por un camino que no es el suyo, ya que tiene desactivada la sección o camino de la divinidad.
La forma del cuerpo mental es ovoidal, pero no es un ovoide perfecto, ya que según el tipo de pensamiento, estos se alojan en una determinada parte del ovoide. Los buenos pensamientos, de orden superior, hacen vibrar la materia más fina del cuerpo mental, la cual, en virtud de la gravedad, tiende a flotar en la parte superior del ovoide; mientras que los pensamientos de orden inferior: egoísmo, miedo, juicios, etc., que son vibraciones de materia más grosera, tienden a desplazarse hacia la parte inferior del ovoide; por lo que la persona corriente, que cede fácilmente a pensamientos inferiores, expande la parte inferior de su cuerpo mental, teniendo la apariencia de un huevo con su porción más abultada en la parte inferior. La persona que no se entretiene en ese tipo de pensamientos inferiores, sino que se dedica a los más elevados, tiende a expandir la parte superior de su cuerpo mental, tomando este la apariencia de un huevo con la parte más estrecha en el inferior.
El cuerpo mental posee una  molécula denominada semilla mental permanente, la cual perdura en el ser en todas sus encarnaciones. Esta semilla es el centro y corazón del cuerpo mental, y su función es la de conservar almacenadas todas las experiencias por las cuales pasa el cuerpo mental en todas sus encarnaciones.
El ser humano, al usar su cuerpo mental, es decir, al pensar, imprime una vibración en el cuerpo mental, y esa vibración produce dos resultados:
1)      Irradia vibraciones u ondas.
2)      Produce formas mentales.
La vibración en el cuerpo mental, como todas las vibraciones, se propaga a su alrededor, y  tiende a reproducirse en cuanto tiene oportunidad. En consecuencia, al chocar una onda mental con el cuerpo mental de otra persona, tenderá a imprimir en esta, vibraciones similares al pensamiento originado por la primera persona. Es decir, que el cuerpo mental de una persona al ser tocado por una onda mental, tiende a producir en su mente un pensamiento similar al que surgió en primer lugar en la mente de la persona originaria del pensamiento.
Como gran número de personas carecen de pensamientos fuertes y precisos, salvo en la persecución de algún asunto que demande toda su atención, en condiciones ordinarias son afectados considerablemente por los pensamientos que chocan en sus mentes. De ahí proviene la gran responsabilidad de quienes verdaderamente piensan, porque sus pensamientos, sobre todo si son fuertes y precisos, afectarán inevitablemente a un gran número de personas. Se puede causar mucho daño de esta manera; aunque ello se haga inconscientemente, el causante es kármicamente responsable por lo que ha hecho.
Como es natural, un pensamiento bueno puede afectar a otros en bien de la misma manera. Así, uno que sepa esto, puede convertirse en un verdadero Sol, irradiando constantemente hacia sus amigos y vecinos pensamientos de amor, de calma, de paz, etc. Pocos se dan cuenta de la enorme fuerza que pueden ejercitar, si quieren, gracias al poder del pensamiento.
Una forma mental, por ejemplo, de amor o de deseo de proteger, dirigida con fuerza a otra persona, llega a ésta y se mantiene en su aura como agente protector y aprovechará todas las oportunidades de servir y de defender, no por acción consciente y deliberada, sino siguiendo ciegamente el impulso que se le imprimió; fortalecerá las fuerzas amistosas que choquen con el aura, y debilitará a las inamistosas. Así se crean y mantienen verdaderos ángeles guardianes alrededor de las personas queridas. Muchas plegarias maternas envuelven al hijo ausente, actuando de esta manera.
 La mente es la gran matadora de lo real. No vemos objeto alguno tal cual es, sino, únicamente, las imágenes que somos capaces de formar de ellos; de manera, que todo está necesariamente coloreado por esas formas mentales de nuestra propia creación.
A partir de este instante, todos los que hemos leído esto, ya sabemos que somos responsables de nuestros pensamientos, por lo que mantener en nuestra mente pensamientos negativos sería una grave irresponsabilidad, ya que por un lado afecta negativamente en las personas objeto de nuestro pensamiento, y por otro lado nos afecta a nosotros mismos.
Para aclarar conceptos, te presento algunos ejemplos prácticos:
Imagina una relación de pareja, en la que los dos miembros de la pareja se aman normalmente, sin excesivos juicios ni críticas. Los pensamientos de amor de cada uno de ellos, se desplazan hasta el aura de la otra persona, incrementando los pensamientos de amor de ella misma. La consecuencia es que la forma de pensamiento de amor en cada uno de ellos será mayor cada día que pasa.
Imagínate que tú mismo/a eres un/a hipocondríaco/a. La forma mental de miedo a una determinada enfermedad, va a crecer cada día, con una consecuencia lógica, más tarde o más temprano hay muchas posibilidades de somatizar la enfermedad.
Una manera de actuar de manera benéfica sobre los demás, es la bendición, de la que tantas veces hemos hablado en este blog. Pero para que la energía de la bendición sea efectiva, es necesario que la persona a la que va dirigida se encuentre libre de pensamientos, o al menos, que estos no sean negativos. La energía de la bendición permanecerá en el aura de la persona hasta que se libere de pensamientos, protegiéndola contra energías negativas.
Si te apetece tener información más completa sobre el cuerpo mental, puedes buscar en Internet “El cuerpo mental” de Artur Powell.

domingo, 17 de abril de 2011

Una declaración de amor

            La semana pasada tuve el placer de asistir a una boda, en la que se derrochaba amor por los cuatro costados. En ella, los novios hicieron una declaración pública y permanente de su amor. El novio en un mini-discurso resaltó las diferencias entre el “amar y el querer”. Me gustó tanto que le solicité permiso para compartir la idea, ligeramente corregida, para eliminar situaciones personales, con vosotros.
Querer y amar. Parecen lo mismo….., pero ¿Son lo mismo? No, no lo son. Existen algunas diferencias.
            Querer es un sentimiento que lleva implícito un pensamiento, o una emoción generada por un pensamiento. En cualquier caso, existe el pensamiento, está implicada la mente, y cuando la mente entra en juego, la pureza del sentimiento no es tal, ya que se encuentra teñida de la energía del pensamiento. La mente trabaja con imágenes, comparando las imágenes que recibe con las que tiene archivadas en sus cajones de memoria, y además siempre resalta los detalles negativos. Esto supone que el sentimiento, “el querer”, siempre se encuentra acompañado de algún pensamiento negativo. Es el “te quiero, pero….”: Te quiero pero tienes una peca en la nariz, te quiero pero eres un poco desordenado/a, te quiero pero hablas demasiado, te quiero pero…….
            El resultado de esto es que ambas partes piensan en su interior: “Ya le/a cambiaré”. Pero eso casi nunca ocurre, porque casi nadie cambia por lo que pueda decir otra persona, las personas cambian por sí mismas, por su propio convencimiento. Con lo cual, el “pero” no sólo se mantiene, sino que se agranda, cada día más, ya que la mente va a mantener la fijación cada vez con mayor insistencia. Además, ¿para que se quiere cambiar a la persona amada? Si se conocieron siendo de una manera, se enamoraron siendo de esa manera, ¿Por qué iban a querer cambiarse?, ¿No será que ya no se quieren?, ¿Por qué sino?
            Con el paso del tiempo, se mantiene el sentimiento, pero……. ¡Con resignación!, eso hace que la relación no sea todo lo fluida que debiera ser si no existiera el “pero”,  eso hace que no se compartan los secretos, eso hace que las críticas cada vez sean más frecuentes, eso hace que necesiten otras personas a su alrededor, ya que ellos no tienen temas de conversación, eso hace que se acabe, si alguna vez existió, la complicidad, etc.  Queda el sentimiento, si, pero……… incompleto
            El Amor si es completo, Amar es otra cosa. El amor es una energía, y en el amar, esa energía sale por cada poro de la piel, se ama porque sí, se ama sin más, se ama sin condiciones. En el amar no hay pensamiento, no se quiere cambiar a la otra parte porque todo es perfecto, amar es entrega y a la vez libertad, amar es alegría, es complicidad, amar es admiración, amar es dar sin querer recibir.  El “querer” puede acabarse o diluirse, el amor nunca se acaba, nunca disminuye. Una vez que se consigue manifestar el amor, este perdura para siempre, extendiéndose a todo el mundo, en cualquier parte, manifestándose en su totalidad hacia la persona amada.
            “Querer” es una buena línea de salida para sentir el amor. Sólo se ha de purificar, eliminando el o los pensamientos que le acompañan. Entonces sólo quedará el amor.
            Una buena práctica es empezar a no juzgar ni criticar nada de la pareja, y además, satisfacerle/a en todo, sin ningún reproche. No olvidar decirle/a “te amo”, cada día, varias veces al día; no olvidar ni los besos ni los abrazos también diarios; recordarle/a lo que te gusta de él/ella.  
Si realmente amas, haz esa práctica. No sólo a tu pareja, sino a todos los que te rodean. Verás cómo cambia tu vida, verás como te inunda la felicidad, la paz, y por supuesto, el Amor.

viernes, 15 de abril de 2011

Sin prisa, pero sin pausa

            Siempre he creído que allí donde llega una persona puede llegar cualquier otra, y  que lo que una persona consiga puede conseguirlo cualquiera. Sin embargo, la realidad nos demuestra que no siempre es así, ya que cada persona tiene su propia velocidad, cada persona dejó su vida anterior en un punto del camino diferente a todas las demás, cada persona tiene una maduración distinta de su carácter; cada persona ha elegido que quiere aprender, como lo quiere aprender, y cuando lo quiere aprender; y ante esto, solo cabe dar las instrucciones necesarias para conseguir cosas, sabiendo de antemano que unas personas van a seguirlas y otras no, y que entre las personas que las sigan algunos conseguirán resultados importantes con pocos días de práctica, y otros no, y de estos últimos también habrá un porcentaje muy importante que al no conseguir resultados inmediatos renunciarán a la práctica.
            Este es uno de los males que aquejan a nuestra sociedad, las prisas. Queremos conseguir todo en poco tiempo, pero sin embargo, no nos importa pasarnos las horas muertas delante de la tele, viendo nada y aprendiendo menos.
            Siempre hay un momento en nuestra vida en el que suena el despertador del alma, ese es el momento elegido por nosotros y por los seres con los que planificamos nuestra vida, para retomar el camino de retorno a casa. Ese despertador no es una alarma normal, es un encuentro, una situación, un libro, una circunstancia de la vida, o cualquier otra causa, en la que se van a dar las condiciones adecuadas para hacerse preguntas; para sentir una especie de vacío, que algo, no sabemos qué, nos anima a llenar.
Nosotros no somos, en ese momento, conscientes, de que sólo estamos retomando nuestra evolución en el mismo punto donde la habíamos dejado en nuestra encarnación anterior, y que esa alarma sólo es el momento de la partida. ¿Cómo ha de hacerse? Existen tantas maneras como seres. No existe una fórmula mágica. Pero si se puede tener una cierta certeza de si la fórmula elegida es la correcta o no: ¡Sólo hay que sentir!
Cuando se ha elegido la manera correcta de retomar el camino, la sensación es de serenidad y alegría interior. No existen nervios, ni ansiedad, ni dudas, ni miedos. A partir de aquí, se ha de añadir una buena dosis de paciencia y seguir el rumbo, sin prisas. ¿Para qué correr?, ¿Para llegar adónde? No hay meta, no hay final, sólo hay camino, por lo tanto no hay prisa, se trata de recorrer el camino, en paz y con alegría. Si hemos invertido muchas vidas y una buena parte de la presente para llegar al punto donde nos encontramos, ¿dónde quedan las prisas? Como dice el refrán: “No por mucho madrugar amanece más temprano”. Cada cosa lleva su tiempo. No podemos parar la mente en un instante, cuando lleva toda una vida torturándonos con sus pensamientos circulares; no podemos aparcar la crítica en un segundo, cuando es el deporte nacional; no podemos amar sin condiciones de la noche a la mañana, cuando nos hemos pasado la vida exigiendo amor a cambio del nuestro; no podemos recorrer a pie mil kilómetros en una hora, por mucho que corramos. Cualquier camino, por largo que sea, necesita, para recorrerlo, de un movimiento constante.
Sin embargo, aunque digamos que no hay fórmulas concretas y no hay metas, sí que hay una fórmula muy eficaz que nos va a permitir adentrarnos en atajos, aún menos angostos y más cómodos que el propio camino. La fórmula es la atención y el atajo el amor.
Para transitar por el camino que nos acerca a Dios, no es necesario sentarse como un yogui en meditación profunda, no es necesario convertirse en un asceta y vivir una vida de soledad en la montaña, no es necesario practicar el sacerdocio en ninguna religión, no es necesario dedicar la vida exclusivamente al servicio de los demás. Estas pueden ser fórmulas para ciertas personas, pero no para la inmensa mayoría de nosotros. Lo que la inmensa mayoría necesitamos sólo es vivir una vida normal, siendo conscientes de ella, es decir, vivirla con atención cada segundo. Esto significa que no hemos de darle vueltas a nada de lo que haya sucedido en el segundo anterior, ni esperar ni desear nada en el segundo siguiente. De esta manera, no va a anidar en nosotros el sufrimiento, ni el dolor, ni la crítica, ni el orgullo,  ni la rabia, ni el miedo. Todo esto, siendo conscientes de nuestros tropiezos y nuestras caídas, para volver a levantarnos en cuanto seamos conscientes de que hemos caído. Poco a poco, sin prisas.
De esta manera, al no estar pendientes nada más que de la propia vida, va a ser muy fácil para nosotros conectar con nuestra esencia. Nuestra esencia es el Amor. El Amor es nuestro atajo. El Amor es nuestra vida.

miércoles, 13 de abril de 2011

La escuela de la vida

                Cada situación que se presenta en la vida, no llega a nosotros por casualidad. Cada situación llega para nuestro aprendizaje, siempre en el mejor momento, en el momento más adecuado, para poder recibir en óptimas condiciones las enseñanzas que dicha situación nos aporta.
            Aprovechar o no las lecciones, es nuestra elección. La vida es una escuela. En la  escuela, el instituto o la universidad, hay unos alumnos que estudian, trabajan y aprenden de manera fluida, superando todas las asignaturas en cada curso; mientras que otros dedican el curso a la buena vida, suspendiendo y repitiendo. La vida es igual.
            Las asignaturas de la vida no son más que virtudes, no son más que las cualidades del alma: Amor, comprensión, voluntad, compasión, alegría, paz, servicio, caridad, etc. Para su trabajo no se precisa estudio ni memorización, sólo es necesaria la atención y la observación, para comprobar el grado de sapiencia en cada materia. Las asignaturas de la vida no precisan de apuntes ni de trabajos en grupo, sólo es necesario el trabajo interior, ya que la consecución de una virtud, (asignatura aprobada), se produce cuando se elimina el vicio contrario a esa virtud. El trabajo en las asignaturas de la vida es un trabajo en solitario, interno y en silencio.
Cómo para la observación y la atención no se ha de realizar ningún trabajo adicional, ni dedicarle un tiempo extra, ¡parece fácil!, sin embargo, no lo es. La experiencia lo demuestra, ya que vida tras vida vamos suspendiendo muchas asignaturas, dedicando demasiado tiempo para cualquier aprendizaje. La observación y la atención tienen un enemigo muy poderoso, la misma mente. Ella que ha de observar, no observa, ella que ha de atender, no atiende, y se aburre, y se distrae. Como consecuencia, la persona, que es un cúmulo de instintos, de deseos e insatisfacciones, busca en los placeres externos y en la satisfacción de sus deseos, su propia realización. ¡Casi nunca lo consigue!
Es posible que la asignatura más importante de la vida sea alcanzar el conocimiento de que el ser humano es divino e inmortal. Cuando la humanidad esté segura de su divinidad e inmortalidad, y haya adquirido el aprendizaje sobre la naturaleza del alma y el reino en el cual funciona el alma, su actitud hacia la vida y los asuntos cotidianos, sufrirán tal transformación que podremos sentir la paz interior y la felicidad en nosotros, sin necesidad de ningún estímulo externo: unas vacaciones, un ascenso en el trabajo, una pareja que nos complazca, una vida cómoda, etc., etc.
En realidad, la adquisición del conocimiento no es tal. No se trata de aprender, se trata de recordar. No se trata de satisfacer ningún deseo, sino de eliminar los deseos. No se trata de aprender a ser virtuosos, sino liberarnos de los hábitos negativos. No se trata de hacer, se trata de ser.
En la escuela de la vida, están desterrados los términos de acción, no hay que enfrentarse a la vida, porque es tan inútil como nadar contra corriente, ¡no avanzas! En la escuela de la vida, sólo hay que dejar que la vida te lleve, pero no que te arrastre. Dejar que la vida te lleve, es observar cada situación y actuar en ella, con alegría, buscando siempre aquello que es positivo, sin centrar la atención en las cualidades negativas de la vivencia; no tratando de cambiar la situación, sino cambiar en el interior la manera de vivirla; no esquivando la situación, sino aceptándola.
Empieza cada día proponiéndote la observación atenta de la vida, para comprobar que tiene de divino, para comprobar que la enseñanza está justamente en “eso” que te molesta, en eso que te incomoda, en eso que te genera ansiedad. Y acéptalo. A partir de aquí puedes tener la seguridad de ir aprobando las asignaturas y de ir pasando cursos.

lunes, 11 de abril de 2011

He tenido un sueño

            He tenido un sueño. He soñado que entraba en un lugar oscuro, pequeño y apretado, no tenía facilidad de movimiento, sin embargo, el lugar en el que había entrado, flotaba como una pelota, y yo dentro de ella, aunque cada vez menos, porque daba la impresión de que la pelota crecía y crecía más cada día. Todo lo que sentía allí eran palabras repetitivas, inconexas, rápidas, sin expresar prácticamente ninguna idea, daba la impresión de que la mayoría de esas conversaciones inconexas trataban de dolor y de sufrimiento. Los que básicamente hablaban de manera permanente eran, al parecer, mis padres, aunque de vez en cuando se añadían otras conversaciones, tan inútiles como las que estaba habituándome a escuchar. Por otro lado, también escuchaba unos ruidos ensordecedores que llegaban de todas partes.
            Era un espacio muy incomodo y empezaba a echar de menos mi hogas. Vivía en un lugar blanco y luminoso, dónde no me sentía constreñido por nada, podía viajar a todas partes a gran velocidad, era responsable de mi mismo, y las conversaciones que se escuchaban no trataban ni de dolor, ni de sufrimiento, sino de alegría y amor. Reinaba una paz que en nada se parecía al lugar donde ahora me encontraba. Me sentía mal dentro de ese sueño y quería despertar, pero una fuerza superior a mi me lo impedía.
            Como todo lo que podía hacer era escuchar, me dedique a ello para tratar de averiguar dónde me encontraba, y así un día podía oír: “Ya estoy harta de que dejes los pantalones tirados en cualquier sitio”; y después de ese comentario se desataba una especie de tempestad de palabras que solía acabar con un ruido tremendo, que luego averigüé que se llamaba portazo. Otro día escuchaba: ”¿Cuántas veces tengo que decirte que no me gusta la carne tan poco hecha?”; y a continuación una nueva tormenta que esta vez terminaba con algo que resultó ser el llanto. Yo pensaba que debía de ser muy importante para esas personas hacer bien la carne, o doblar los pantalones, o no gastar dinero, o limpiar cada día, o ir al futbol; ya que sacrificaban el amor por esas cosas. ¡Debían ser muy importantes!
            Así pasaban los minutos, los días, las semanas. Empecé a acostumbrarme a las palabras de reproche de mis padres, a sus gritos, a las críticas entre ellos y entre casi todas las personas que les visitaban, a las palabras que denotaban hastío, a la incomprensión entre todos. Y yo me preguntaba: ¿Dónde estoy?, ¿Dónde estará la paz que reinaba en mi ciudad?, ¿Por qué no puedo moverme?, ¿Por qué está todo tan oscuro? Sólo de vez en cuando escuchaba algo suave, escuchaba murmullos, e incluso me parecía escuchar que se dirigían a mí; entonces me sentía bien, ya que todo era más parecido a la alegría y al amor que se sentía en mi hogar.
            Un día empecé a escuchar otros gritos distintos, había carreras, sentía voces de gente extraña, el balón en el que estaba empezó a deslizarse por un túnel oscuro y estrecho; desde el otro lado del túnel tiraban con fuerza, hasta que el balón apareció al otro lado del túnel, y pude escuchar: ¡Es un niño!, ¡Es un niño precioso!
Estaba muy asustado, quería salir de allí y supliqué: “Padre mío, ¿Por qué este dolor?,  ¡quiero volver a casa! Y por fin puede ver a alguien conocido, era mi amigo de juegos, después supe que aquí, donde estoy ahora, desde este lugar que se llama cuerpo, les llaman ángeles, aunque curiosamente nadie les ve. Y mi amigo me dijo:
“Acuérdate que elegiste entrar dentro de ese cuerpo
para avanzar un poco más en tu evolución.
Has encarnado.
A ti te va a parecer un camino largo, pero en realidad no lo es,
yo lo viviré como un suspiro.
Dentro de poco ya no te acordarás de mí, ni de nuestros juegos,
ni de nuestros estudios, ni de tu hogar.
Ya no te parecerá un sueño, te parecerá real.
Pero sin embargo, seguirá siendo un sueño.
Lo único que tienes que hacer es buscar con ahínco los mismos sentimientos
que tenías antes de entrar en este cuerpo.
Tienes que acordarte de vivir en el cuerpo,
 como vivías allí, en tu verdadero hogar.
No vayas nunca en contra de la vida,
no quieras manipular ni a la vida, ni a los otros, que como tú tienen un cuerpo.
Ayuda a todos porque son tus hermanos,
que también han elegido estar en un cuerpo para avanzar más rápido.
Pero ayuda cuando te lo soliciten, son ellos los que deben hacer su camino.
No juzgues a nadie si no quieres que te juzguen a ti.
No critiques nunca.
Respeta siempre las decisiones de los otros.
Ante cualquier desaire, perdona, bendice y vete.
Deja que la vida pase a través de ti.
Déjate guiar por la intuición.
Acepta a todos.
Escucha siempre a tu corazón.
Práctica el silencio.
Cuando hables que sea con verdad.
Aprende a meditar y practica cada día.
Busca la paz y la serenidad.
Busca el amor.
Recuerda que no eres ese cuerpo.
Y aplica la máxima: Todo está bien”.
“Cuando necesites ayuda,
llámame, aunque yo siempre estaré aquí para ayudarte.
Pero recuerda que la ayuda no va a ser para ese cuerpo,
la ayuda es para ti”.
¡Hasta pronto!
¡Te amo!

domingo, 10 de abril de 2011

La Regla de Oro

            La Regla de Oro en su forma positiva dice: “Haz a los demás lo que quieres que ellos te hagan a ti”.
            La Regla de Oro en su forma negativa dice: “No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti.
            El crecimiento, la evolución y la construcción del carácter, son la misma cosa, y son los medios para purificar el alma encarnada.
            El carácter de una persona son esas cualidades que la distinguen de los demás. A pesar de lo que cada uno crea o desee, cada persona tiene unas peculiaridades propias y unas peculiaridades colectivas. 
Las peculiaridades colectivas lo podríamos denominar “pensamiento social”, y son esas creencias, escritas o no, que rigen la vida de una determinada sociedad. Por ejemplo, hay sociedades en las que está permitida la poligamia, mientras que en otras está perseguida por la ley; y en función de la sociedad en la que hayas nacido, podrías dar un sinfín de argumentos defendiendo una causa o la otra. Reflexiona un instante……….., ¿Qué es lo correcto?, si vives en una sociedad en la que está prohibida, es posible que consideres una aberración lo contrario. Sigue reflexionando, ¿Qué habría que hacer con la sociedad que defiende la poligamia?, ¿Convertirlos?, ¿A qué?, ¿A nuestras ideas?, ¿Eliminarlos?, ¿Ignorarlos? El ejemplo de la poligamia, lo podemos aplicar a cualquier otro aspecto colectivo de la vida: aborto, matrimonio entre personas del mismo sexo, divorcio, etc., etc.
Las peculiaridades particulares son la colección de hábitos, tendencias y creencias que cada persona ha ido construyendo a lo largo de su vida. Es la acumulación de hábitos del cuerpo, de emociones y sentimientos, hábitos de la manera de pensar y de la moral, hábitos de obedecer a la voz de la conciencia, o de ceder a la tentación, hábitos de entrenamiento en todos los campos de la voluntad. Es lo que hemos construido en nosotros mismos.
El efecto acumulado de todos esos hábitos, marcan la dirección, marcan el rumbo, son una predisposición que hace fácil y natural para la persona seguir los surcos que el hábito ha marcado.
Es nuestro carácter o nuestros hábitos lo que determina como reaccionaremos a las circunstancias externas, y lo que nos coloca preparados para actuar en esta o en otra dirección.
Es también nuestro carácter lo que determina lo que nuestra manera de pensar hará cuando nuestros pensamientos no están dirigidos por nuestra voluntad.  
También es lo que determina que será de nuestras emociones y sentimientos cuando no están bajo control, y se les ha permitido que encuentren su propia vía de escape.
Y si por encima de nuestras creencias y de nuestros hábitos, o por encima del pensamiento social aplicáramos la Regla de Oro, ¿Qué pasaría?
“Haz a los demás lo que quieres que ellos te hagan a ti”: Parece bastante clara la Regla. Hacer a los demás lo que quieres que ellos te hagan a ti, es tal cual, es literal. Es decir: Respetar la libertad de los demás, eso es lo que tú quieres para ti ¿verdad?; ayudarles y enseñarles si te lo solicitan, ya que lo contrario sería coartar su libertad, es lo que te gustaría ¿verdad?; no hacerles sentir miedo, ni ansiedad, ni dolor, no juzgarles ni criticarles, no maltratarles de palabra o acción;  facilitar por encima de todo su felicidad, su bienestar, su serenidad. ¿No es eso lo que te gustaría que hicieran los demás contigo?
El crecimiento, la evolución y la construcción del carácter son un proceso, que a su vez implica tiempo.
En este proceso se cometen errores. No hay que aumentar ese error, no hay que recordarlos ni criticarse uno mismo, ya que sino será imposible remediar ese error o remover un hábito. Hay que tener presente que uno se convierte en lo que piensa, que la energía va detrás del pensamiento.
¿Qué se ha de hacer?:
1)      Borrar mentalmente los hechos desagradables.
2)      Imaginar que se hace, se dice o se siente las cosas correctas.
3)      Si está relacionado con otra persona, imaginar que también está reaccionando de manera correcta.
Todo esto, ¿para qué? Es el poder de la materialización. Todo lo que se piensa repetidamente con cierta voluntad tiende a manifestarse.
Pensamientos y emociones positivas repetidas se van a manifestar como acciones correctas; las acciones correctas se van a manifestar como virtud. Y lo mismo sucede con los pensamientos negativos, convirtiéndose al final en vicios.
Construimos nuestro carácter al repetir pensamientos, al repetir emociones y sentimientos, y por los hechos que resultan de ellos. Piensa en algo muy a menudo y durante suficiente tiempo, y ese pensamiento se expresará, tanto así como la palabra o la acción.
Repite un hecho muy a menudo, frecuentemente, y se convertirá en un hábito.
El carácter de una persona está profundamente arraigado y no cambia de un día para otro, o de segundo en segundo, como lo hacen nuestra manera de pensar y nuestros sentimientos. No puede lograrse con un impulso sencillo, sino mediante un proceso lento y laborioso.
No existen atajos para remodelar el carácter. Por eso los buenos deseos de Año Nuevo, por ejemplo, son tan a menudo ineficaces. No se cambia con un mínimo esfuerzo. Para que cristalice el cambio, el esfuerzo debe ser constantemente repetido y continuado a lo largo del año, mes a mes, día a día.
El destino de las personas se construye con los propios esfuerzos.
Por todo esto, práctica la Regla de Oro: “Haz a los demás lo que quieres que ellos te hagan a ti”.

martes, 5 de abril de 2011

Observar la mente

            ¿Alguna vez te has parado a observar que es lo que pasa realmente por tu mente? ¡Hazlo! al menos en algún momento del día, ya que para permanecer todo el día atentos al juego de la mente se ha de tener mucho entrenamiento. Pero si que podrías intentar durante algunos periodos del día, y durante varios días, comprobar cómo se va comportando tu mente.
            Es posible que llegues a la conclusión de que son muy pocos los momentos del día en los que te encuentres verdaderamente libre de emociones, pasiones y sentimientos oscuros.
            La mente hace que vayas cayendo permanentemente en la trampa, en su trampa. En la trampa de estar preguntándote a ti mismo/a por qué alguien te ha hecho daño, por qué te han rechazado, por qué no te han prestado atención. Sin darte cuenta puedes sentirte obsesionado/a por el éxito, por el fracaso, por la soledad, por la forma de comportarse el mundo contigo, por tu mala suerte. Y dándole vueltas a todo ese juego  compruebas que te encuentras soñando despierto/a, soñando que te toca la lotería, soñando que eres famoso/a, soñando que te ascienden en el trabajo, soñando que estás con la pareja ideal, soñando que el mundo está a tus pies.
            Observando tu mente vas a comprobar cómo se apodera de ti el miedo, miedo a no gustar, miedo a las críticas, miedo al éxito, miedo a quedarte sin trabajo, miedo a quedarte solo/a, miedo a la enfermedad, miedo a la muerte; y de manera constante te estás inventado estrategias y como llevarlas a la práctica para defenderte y para asegurar la vida que crees que te mereces.
            ¿Te ocurre algo parecido? ¿Sabes por qué? Porque has olvidado de dónde vienes y adónde vas, porque crees que la vida es conseguir la satisfacción de todos los caprichos que te va presentando la mente, porque crees que eres un cuerpo.
            ¿De dónde vienes?, vienes de Dios. ¿Adónde vas?, vas a Dios. ¿Cuál es tu misión en la vida?, sólo una, sentir el Amor, sentir el Amor Divino en la Tierra, conseguir vivir en el mundo como cuando estás en la casa del Padre.
El trabajo, la familia, las vacaciones, la jubilación, etc., sólo son meros instrumentos para que aprendas a sentir el Amor. Y no lo vas a sentir luchando para ascender y conseguir la admiración de los demás, no lo vas a sentir jugando a que tu familia haga lo que tú crees que “debe” de hacer, no lo vas a sentir viajando al lugar más paradisiaco del mundo, no lo vas a sentir dando rienda suelta a todas las emociones y pasiones negativas que te embargan en muchos momentos de tu día.
            No vas a sentir el Amor buscándole, ni lo vas a sentir jamás en los demás. Sólo vas a sentir el Amor amando, ayudando, bendiciendo, compadeciéndote del prójimo. Porque hasta que no sientas el Amor en tu interior, no podrás entregarlo, y ni tan siquiera lo conocerás. Si no sientes ese Amor que nace del interior y que se da “a todo el mundo a cambio de nada” no sabes lo que es amar, y todo lo que te parece que es amor, sólo es un sucedáneo. Y es ese sucedáneo el que te obliga a dominar a las personas que ¿amas?
            Observa lo que pasa por tu mente, y podrás comprobar que son muy pocos los pensamientos de Amor que circulan por ella. O ¿crees que es Amor cuando tu deseo, o tu miedo, o tu frustración, o tu infelicidad, la disfrazas con la típica frase: “es por su bien”, o con: “yo sé muy bien lo que le conviene”?
            No te engañes y observa a tu mente. Busca en este mismo blog la “Meditación para despertar el Amor”, y practícala, hasta que sientas que eres Amor puro.

viernes, 1 de abril de 2011

La vida interior

La vida interior es la verdadera vida, es el sendero que nos va a llevar a la placidez y a la serenidad total, alejándonos de las oscilaciones en la que nos mantenemos viviendo la vida del exterior, oscilaciones que nos llevan del dolor al placer, de la oscuridad a la luz, del amor al miedo.
No podemos permitir dejarnos arrastrar por la corriente de los pensamientos negativos, que nos quieren hacer experimentar como verdadero lo que sólo es ilusión….., la ilusión de todas las cosas que percibimos por los sentidos y nos presenta la mente. Y es esta ilusión la que hace que nos hundamos en la más trágica de las desesperaciones o sintamos el más dulce de los placeres.
Pero tanto la desesperación como el placer tienen un carácter efímero, que en el peor, o mejor de los casos, puede durar lo que dura una vida. Y ¿qué es una vida comparada con la eternidad?
La vida es la escuela para la eternidad. Cada vida, cada tiempo de encarnación, es un curso de aprendizaje para alcanzar la graduación del Espíritu, la graduación del Alma, y si nos dejamos arrastrar por las ilusiones que nos presentan los sentidos, acabaremos cada curso sin haber alcanzado el nivel imprescindible para pasar al próximo curso, repitiendo vidas que no sólo pueden resultar inútiles, sino que pueden ser un lastre por la acumulación de causas pendientes, que hemos de solucionar en vidas posteriores.
Todas las situaciones que se presentan, todas las personas que nos rodean, todas las circunstancias vividas, están ahí justo en el momento oportuno para aprovechar la mejor de las enseñanzas. Es nuestra opción vivir la enseñanza con la mente, desde los planteamientos del propio interés material, desde el resentimiento, desde la ira o los celos, o vivir desde el interior donde habita la misericordia, la compasión y el amor.
La mente es como un circo, como un espectáculo de ilusiones, en el que va presentando un número de prestidigitación tras otro, con el único fin de preservar su poder, de mantener la atención, de defender su espacio, y todo desde una sólida base creada por ella misma: el aislamiento. El ser humano no es un ente aislado, sin embargo, él se lo cree. Él no cree realmente que sea un Espíritu, no cree que sea un Alma, no cree que el cuerpo sea una simple, aunque muy importante, vestimenta, no cree que está interconectado con el resto de almas, no cree que sea parte de una misma Energía, no cree que haya sido creado a imagen y semejanza de Dios, y que el objetivo de cada tiempo de encarnación sea el aprendizaje para la unión con su Alma, la unión con la Energía, la unión con Dios.
El ser humano no es un ente aislado. El ser humano no está sólo. Este es el primer aprendizaje, el siguiente es vivir desde el interior. Desde el interior se puede observar el espectáculo que presenta la mente de manera imparcial, sin implicarse en los números de ilusión que van apareciendo en el escenario de nuestra mente y que sólo buscan, la hipotética satisfacción de ella misma, satisfacción que nunca va a conseguir, ya que la mente es ávida de sus deseos e implacable de sus obsesiones, y nunca tiene suficiente, siempre quiere más.
Vivir desde el interior, manteniendo en reposo a la mente, nos hace recordar el camino para el retorno a casa, el retorno a nuestra verdadera casa, la casa del Alma, la casa de Dios.

jueves, 31 de marzo de 2011

Todo es conciencia

            Todo es conciencia, todo es para cada uno, tal como cada uno lo piensa y lo siente, todo está en la conciencia. La conciencia es el factor común de todas las experiencias. Siente que tú sólo “estás”………, que sólo estás simplemente presente…….., que no está pasando realmente nada, que todo es producto de tu conciencia. Observa que todo empieza y acaba en esa conciencia tuya que ahora mismo está presente. Los coches que pasan, la tierra girando alrededor del sol, una guerra al otro lado del mundo, tus pensamientos. Todo se desarrolla en tu conciencia…….., en este instante………, ahora.
            Pero tu conciencia no siempre está presente, si tú te desmayas o te duermes, para ti no existen ni los coches pasando, ni la tierra girando, ni las guerras, ni tu pensamiento, para ti no existe nada de eso, mejor dicho, para ti no existe nada. Y si no existe para ti, ¿Seguirán pasando los coches? ¿Seguirá girando la tierra? ¿Seguirán las guerras? Seguramente contestarás que sí, que sigue pasando. Pero aunque siguiera pasando todo eso, a ti ¿Qué más te da si no te enteras?
Además, ¿Cómo sabes que todo eso sigue pasando? ¿Por lo que te cuentan? Y ¿Cómo sabes que lo que te cuentan es lo que está pasando realmente? ¿Cómo sabes que tu conciencia y tu percepción son similares a las de otra persona? Si fuera así, todos seriamos prácticamente iguales, tendríamos los mismos coches, votaríamos al mismo partido, etc., etc., y no pasa, y si eso no pasa, ¿Por qué ha de pasar que dos personas con distintos estados de conciencia sean conscientes al cien por cien de la misma percepción?
Aun hay más, tu aspecto físico, tu sufrimiento, tus penas y tus alegrías, todas tus emociones, también son conciencia, también son tus pensamientos. ¿Qué pasaría si apartaras la conciencia de todo eso? ¿Qué pasaría si tu conciencia estuviera siempre centrada en tu respiración, por ejemplo? Pasaría que no tendrías conciencia de tu aspecto físico, pasaría que no tendrías sufrimiento, ni penas, ni alegrías, ni emociones; porque sólo habría respiración, que es donde tienes centrada tu conciencia. Y si no tienes, por ejemplo, conciencia de tu cuerpo físico, ¿Qué crees que pasaría? Que no le darías poder a ninguna sensación de tu cuerpo: No habría cansancio, no habría dolor.
En los aspectos emocionales, ya está claro que todo depende solamente de nuestro pensamiento, de nuestra conciencia, pero ¿Cómo afecta la conciencia físicamente? Podríamos llegar más allá……., como por ejemplo, que podríamos, incluso,  influir en el aspecto  de nuestro propio cuerpo. Las células del cuerpo están muriendo y naciendo de manera permanente, y las que van naciendo, lo van haciendo con la información de la célula madre: aspecto, enfermedad, etc. Pero la información de la célula madre no es más que nuestra propia conciencia, ¿Qué pasaría si apartamos la conciencia de nuestro propio aspecto? ¿Nacerían las nuevas células con la misma información que cuando fueron creadas, es decir, sanas, con la información de la conciencia divina, o con la información actual de la conciencia social?
Lo vamos a dejar aquí, porque para llegar a afectar al cuerpo sería necesario un dominio total de la mente, y no creo que sea el caso de ninguno de los que leemos este blog o escribimos en él.
Pero por intentar dominar totalmente a la mente que no quede. ¿Todavía no meditas? ¿Sabes que grandes mujeres y hombres de la historia lo hacían? ¿Sabes que Jesús, y Buda, y Tagore, y Ghandi, y San Francisco, y Santa Teresa, y tantos y tantos más, meditaban? Por cierto, orar, (no como los papagayos), también es meditación. La oración, la meditación y el silencio, son las únicas maneras de dominar la conciencia, de dominar el pensamiento, de dominar la mente.
Si ya meditas, ¡enhorabuena!, si no lo haces, ¡empieza ya! Puedes hacerlo solo sintiendo tu respiración, sintiendo cada inhalación y cada exhalación, puedes incluso contarlas; y cuando te encuentres que estás pensando, a la segunda o tercera respiración, vuelve al principio, vuelve a comenzar por uno, una y otra vez, tantas veces como tu mente te saque de donde tú has decidido estar: la respiración. Hazlo cada día, no menos de once minutos.
En poco tiempo te darás cuenta de que empiezan a llegar cambios a tu vida, física y emocionalmente, te darás cuenta de que empiezas a dominar tu conciencia, y por lo tanto tu vida.

miércoles, 30 de marzo de 2011

¿Cuál es tu respuesta?

¿Cómo responderías a la pregunta de qué es un ser humano? ¿Se podría definir como una factoría perfecta, producto de las secreciones de sus glándulas internas? O ¿Cómo una maquina dirigida por una especie de computadora denominada cerebro? O ¿Cómo un organismo afectado por el medio ambiente? O ¿Cómo un sistema de deseos e impulsos que le dirigen y determinan su estado? O ¿Cómo un ente espiritual dirigido por una fuerza interior? O ¿Cómo………………?
Dependiendo de quién responda a la pregunta, cualquier respuesta es válida. Pero si aceptamos cualquier respuesta como válida, cabría seguir haciéndose preguntas para tratar de acotar un poco más el concepto del ser humano. ¿Por qué hay unos que son felices y otros no? ¿Por qué son unos más inteligentes que otros? ¿Por qué a unos les gustaría tener un coche deportivo rojo y a otros una bicicleta? ¿Por qué hay algunos que ayudan a los demás de manera desinteresada y otros sólo hacen que acaparar más y más? ¿Por qué los hay que respetan la libertad de los demás? ¿Por qué hay otros que no sólo no respetan sino que maltratan de palabra o de acción a los que les rodean? ¿Por qué hay unos que rezan y otros que matan? ¿Por qué………….?
¿Cuál sería la causa de todas esas diferencias? ¿Por qué tenemos células distintas? ¿Por qué el medio ambiente es distinto? ¿Por qué tenemos distintos cerebros? ¿Por qué unos se dejan dirigir por un instinto casi animal y otros no? ¿Por qué unos son espirituales y otros no? Si fuera sólo por esto, se supone que dos hermanos deberían de ser muy similares o casi idénticos y, sin embargo, no es lo normal. ¿Por qué tantas diferencias?
Pero aun podemos encontrar más diferencias ¿Por qué hay unos que ven algo alrededor de las personas que denominan aura, y otros no? ¿Por qué los hay que oyen voces y no les encierran? ¿Por qué hay gente que utiliza las manos como herramienta de sanación, y que además hasta funciona? ¿Por qué los hay que ven a personas que han muerto y que incluso dicen que hablan con ellos?  ¿Será que los muertos siguen vivos de alguna manera? ¿Por qué hay personas que dicen salir del cuerpo y que parece cierto, porque describen situaciones o lugares donde no han estado? ¿Por qué hay personas que adivinan el futuro?
¿Será que los seres humanos somos “más” que una factoría química, dirigidos por el cerebro, afectados por el medio ambiente, obcecados por los deseos y medio guiados por una fuerza interior? ¿Será que no somos sólo cuerpo? ¿Será verdad que existe el alma, o el espíritu, u otra cosa distinta? ¿Será verdad que somos energía? ¿Será verdad que existe el karma? ¿Será verdad que existe la reencarnación? ¿Será verdad que existe Dios?

lunes, 28 de marzo de 2011

4ª dimensión

            La inmensa mayoría de las personas está viviendo en la tercera dimensión. La tercera dimensión es vivir en la materia con un cuerpo y utilizando la mente. Es la dimensión conocida por todos, porque, o estamos en ella, o nos movemos entre la tercera y la cuarta.
            Todo es conciencia, en la tercera dimensión vivimos con una conciencia determinada, la que nos permite la mente. Es esa conciencia en la que de manera constante estamos haciendo planteamientos mentales, tratando de organizar nuestra vida y la de los demás, suspirando por conseguir un tipo de vida determinado, buscando la felicidad fuera de nosotros, necesitando sentir que nuestro amor es correspondido, acumulando riquezas materiales, luchando porque se reconozcan nuestros meritos, permitiendo que se desboquen las emociones, pidiendo explicaciones, de manera permanente, y ofreciéndolas, culpabilizando al otro, pisoteando los derechos de los distintos, (por el color, por la clase social, por el idioma, por las creencias religiosas, por el sexo, por la nacionalidad). Viviendo, en fin, una vida ficticia creada por nuestro pensamiento.
            Lo terrible, no es vivir en la tercera dimensión dirigidos por la mente, todos llevamos mucho tiempo y muchas vidas en ella, lo verdaderamente terrible es no ser conscientes. Ya que mientras no seamos conscientes estaremos atados de pies y manos para realizar el siguiente paso: la cuarta dimensión. Y no seremos conscientes mientras nuestras “pre”ocupaciones estén dirigidas a la materia, estén dirigidas al control del prójimo, estén dirigidas al exterior.
            Este es el momento para dar el salto, es el momento del cambio de conciencia, de no hacerlo, nuestro ciclo de reencarnaciones sufrirá un parón de varios millones de años, justo el tiempo que tarden en completar su ciclo evolutivo, el ciclo de vuelta al Espíritu, el ciclo de vuelta a Dios, todos los que ahora están inmersos en el cambio de conciencia, en el traspaso a la cuarta dimensión.
            La cuarta dimensión es nuestro siguiente peaje. La Tierra y sus habitantes estamos evolucionando hacia esa dimensión. También utilizamos el cuerpo, pero el instrumento que nos mueve en ella ya no es la mente, es el corazón. 
            Cuando hablamos del corazón, no nos estamos refiriendo al corazón físico, nos estamos refiriendo al chakra cardiaco. El chakra cardiaco es el que gobierna el corazón, y es la sede del amor. Vivir en este chakra es sentir las energías que hay en él, el amor, la compasión, la misericordia, la caridad, la bondad, la grandeza, la abundancia. Pero para llegar aquí hemos tenido que purificar la energía de los chakras inferiores, las energías terrenales de los chakras base y sexo, y de los emocionales, ombligo y solar. Será entonces cuando se empiece a sentir la energía del amor, el verdadero amor, el que da todo a cambio de nada, el que sólo busca la felicidad de los demás, el que no pregunta ¿cuánto? cuando le dicen “te quiero”, el que da la libertad, el que respeta, el que no exige nada a cambio, el que no tiene que perdonar porque nunca se siente ofendido. Vivir en el corazón, vivir en el chakra cardiaco es vivir en la cuarta dimensión.
            El camino, a partir de aquí, es más sencillo, es como si el chakra cardiaco diera paso, (no es así, ya que todos los chakras se pueden activar a la vez), a la creatividad superior del chakra de la garganta y al inicio del conocimiento, que se va a concretar en el chakra ajna, que es el chakra de la facultad mental superior. Un poco más arriba nos espera el chakra frontal, el chakra de la conciencia búdica, el chakra de la sabiduría y de la intuición inferior, para llegar a la cima de la cabeza donde se encuentra el chakra corona, el centro del Amor Universal, el centro de la voluntad para amar, para manifestar la bondad y la voluntad al bien.  
            El camino hacia el Amor Universal sólo requiere un primer paso importante, hacerse consciente del dominio de la mente y después trabajar para dominarla. ¿Cómo?: meditar, meditar, meditar, meditar, meditar. Dejarse llevar por las preocupaciones, dejarse arrastrar por los deseos, por el orgullo, por los celos, por la rabia, por la avaricia, supone quedarse anclado en la tercera dimensión, mientras los compañeros de curso siguen avanzando hacia la felicidad, hacia la paz, hacia el Amor que se encuentran esperándonos en nuestra siguiente etapa: la cuarta dimensión.               

domingo, 27 de marzo de 2011

Ofrece tu vida

            Pocos son los que no creen que existan los ángeles, los guías, los maestros o el mismo Dios. Unos creen por sus creencias religiosas, (fe es creer lo que no vemos), otros por convencimiento, otros incluso, por deducción lógica. Son muchos los que no lo reconocen, y que incluso defienden a capa y espada la existencia de nada al otro lado de la vida física, pero en su fuero interno, más de una vez han pedido ayuda o han suplicado a Algo superior a ellos; el caso es que se pueden contar con los dedos de la mano los que son verdaderamente ateos.
            Si tú eres de los que crees pública o privadamente que hay Algo más, me atrevo a pedirte un momento de reflexión: Imagina que uno de esos guías, o ángeles, o maestros, o el mismo Dios se hiciera carne y bajara a la tierra a vivir entre nosotros. ¿Cuál sería su comportamiento? Bueno, en realidad no hace falta que imagines mucho si conoces la vida de Jesús, de su Madre María, de Buda, de San José, de San Francisco, o más cercanos en el tiempo como la Madre Teresa de Calcuta, el Padre Pío, Vicente Ferrer, o tantos y tantos Seres que han estado entre nosotros, repartiendo su amor, su compasión, su comprensión, su misericordia, su respeto hacia los demás.
            Todos ellos pasaron por las mismas circunstancias por las que todos nosotros estamos pasando, todos son como nosotros una chispa divina, todos tuvieron un primer nacimiento, todos  pasaron por la vida con dolor y sufrimiento, pero ellos supieron transformar el sufrimiento en Amor, supieron transformar la tristeza en alegría, supieron transformar la pobreza en abundancia, supieron transformar el egoísmo en servicio a los demás. ¿Crees que eran diferentes a ti? ¿Crees que tenían algo especial que les hizo santos? ¿Crees que lo que ellos eran es incompatible con tu vida? ¿Crees que tú no puedes hacer lo mismo? Y tanto que puedes.
            Todo lo que haga una persona, lo pueden hacer los demás; todo lo que una persona consiga, lo pueden conseguir los demás; tú también……. ¿Cómo?......, ofreciendo tu vida a Dios, es lo que hacían ellos. Ofrecer la vida a Dios no es hacerse cura o monja, no. Ofrecer la vida a Dios es dejar que la vida fluya a través de ti, sin componendas mentales; es dejar que la vida transcurra según el Plan Divino, sin forzar acontecimientos para que la vida sea lo que a ti te gustaría que fuera. Cuando consigues eso, te cambia la vida, porque Dios, al que le has ofrecido tu vida, con tus problemas, con tus dudas, con tus miedos, se encarga de que empieces a vivir la vida  que necesitas vivir, no la vida que tu crees querer vivir.
            Cuando despiertes cada mañana dedica un minuto, no hace falta más, a ofrecer tu vida a Dios y a entregarle tus problemas. Después de eso puedes levantarte y empezar tu día, sin darle vueltas a nada, permaneciendo alerta a cómo va pasando ese día. Con la mente en calma, observando el fluir de tu propia vida, aceptando cada segundo, porque cada segundo es enviado por Dios, verás cómo empiezan a suceder cosas que antes te podían parecer imposibles, verás cómo va llegando la paz y la serenidad y la felicidad, veras como va llegando el Amor.
            Después de eso, sólo te queda cada noche agradecer la vida recibida, incluso si el día no parece haber sido de tu agrado, agradécelo, porque ha sido un día necesario, y eslabón anterior de acontecimientos futuros, necesarios para tu aprendizaje.
            Recuerda: Al despertar ofrece tu día a Dios entregándole los problemas, y al anochecer agradece todo lo recibido. Comprobarás así, que tu vida no va a diferir mucho de la vida de los santos que hayas imaginado.

sábado, 26 de marzo de 2011

Cambia, cambia tú

            Todos deseamos alcanzar la felicidad permanente, la serenidad, la paz interior, y el amor. Sin embargo, no se puede decir que hagamos habitualmente mucho para conseguirlo, ya que seguimos dejándonos llevar por la inercia de la vida sin hacer absolutamente nada nuevo que nos saque de la misma ruleta en la que nos encontramos dando vueltas. Una y otra vez, día tras día, en una rueda sin fin, en la que se van repitiendo las mismas situaciones, sin que nunca suceda nada especial que nos saque del aburrimiento de la vida.
            Nos quejamos de la vida que llevamos, no nos gusta completamente el trabajo que realizamos; nos gustaría que nuestra pareja fuera más cariñosa, o más dulce, o más comprensiva; los niños, a veces, nos agobian; sentimos que la casa se nos viene encima, pero nos aburren las salidas de ella; la familia y los amigos, normalmente, se pasan la vida juzgando y criticando; en resumen: no nos gusta la vida que llevamos, aunque aceptamos vivirla de esa manera por mil razones: la obligación, la sociedad, la falta de dinero, la falta de tiempo para cambiar nada, el qué dirán, etc., etc..
            ¿Qué hacer para que cambie?, ¿se solucionaría con el premio gordo de la lotería?, ¿cambiaría algo si realizáramos un viaje a la otra punta del planeta?, ¿Qué hacer? La respuesta es fácil: “Cambia, cambia tú”, porque si siempre haces las mismas cosas, el resultado ha de ser siempre el mismo. “Cambia tú”.
            No esperes que cambie tu trabajo, tu jefe o tus compañeros; no esperes que cambie tu pareja; no esperes que cambien los niños, ni tu familia, ni tus amigos; porque todos están en la misma dinámica que tú, todos están tan aburridos de la vida como tú, todos están esperando un cambio como tú. Sin embargo, tú tienes una cierta ventaja porque aunque tú te estás aburriendo o cansando, tienes la inquietud del cambio, sólo que con un ligero error en tu planteamiento, estás esperando que el cambio llegue sólo, y eso, ya te aseguro que no va a suceder. Has de intervenir, has de tomar las riendas de tu vida, has de cambiar algo para que cambie tu entorno, has de trabajar para el cambio, has de implicarte.
            ¿Cómo? Realmente esta es una de las preguntas del millón, ya que hay tantas maneras de trabajar para un cambio como personas quieren cambiar, porque cada persona está en un punto del camino, totalmente diferente a donde se encuentran los demás. Pero si se pueden dar unas pautas básicas:
En primer lugar: Conciencia, tienes que ser consciente de donde te encuentras, de lo que tienes y de lo que te gustaría tener. Quejarse no es suficiente, ya que mientras te quejas, te aburres o te cansas, no estás siendo realmente consciente de que es lo que estás viviendo, y es posible que ni tan siquiera sepas que es lo que has de cambiar, porque no es necesario dar un cambio total y absoluto, lo que pasa es que el cansancio que te produce “un algo” en tu vida, está interfiriendo en el total de la vida, no dejando que seas consciente de momentos que podrían ser felices. Así que comienza por vivir la vida conscientemente para comprobar que es lo que te desagrada.
En segundo lugar: Ama, pon amor en todo lo que hagas, todo lo que estás haciendo por obligación, hazlo con amor: amor a tu pareja, amor a tus hijos, amor a tu trabajo, amor a tu familia, en resumen: Amor a la vida.
En tercer lugar: El proceso del cambio. Es seguro que siendo consciente de tu vida y realizando todo con amor, ya has descubierto que es lo que realmente está interfiriendo en tu felicidad. Cámbialo, sin miedo. Cuando se realizan las cosas que hay que hacer, sin miedo, con una confianza absoluta en la vida, en el Universo, en Dios, la vida fluye con una intensidad desconocida hasta entonces, y se van sucediendo las situaciones que hacen posible que el camino a la felicidad se despeje con una velocidad y una facilidad desconocida hasta entonces.
En cuarto lugar: Acepta, acepta la  vida sin condiciones, y esta te irá indicando cual es el paso siguiente que hay que dar. No preguntes como te lo va a ir indicando la vida. Lo sabrás, sin más, sólo acepta y déjate llevar.
En quinto lugar: Vive desde el corazón. El corazón es el pregonero de la vida, es desde él desde donde van llegando las informaciones que la vida necesita darte. Se llama intuición, empieza a seguirla en las pequeñas cosas, sin dejar que tu mente las eche para atrás. Esas pequeñas cosas pueden ser tan nimias como: coger el paraguas al salir de casa un día de sol, entrar en un lugar que no habías pensado, ir a recoger a los niños antes de la hora, etc., etc. Así podrás comprobar cómo lo que antes llamabas “casualidades”, se multiplican en tu vida, y podrás darle el nombre correcto “causalidad”.
Así que recuerda, “no te quejes”, porque todo seguirá igual en tu vida. El camino es: conciencia, amor, cambio, aceptación y vivir desde el corazón.