El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




sábado, 10 de marzo de 2012

¡Cuanto camino por recorrer!

            ¿Vivimos de acuerdo a aquello que predicamos?, ¿Vivimos en consonancia con lo que enseñamos?, ¿Vivimos de acuerdo a tantas frases bonitas que colgamos en nuestros muros de las redes sociales?, ¿Vivimos según lo aprendido en los cursos a los que asistimos?, ¿Vivimos las sensaciones que nos llegan en nuestras meditaciones?, ¿Somos coherentes al cien por cien con nuestra idea de vida?

¿Decimos lo que pensamos?, ¿Pensamos lo que decimos?, ¿Actuamos según nuestro pensamiento y nuestra palabra?, ¿Criticamos o juzgamos situaciones?, ¿Tenemos expectativas sobre nuestros proyectos?, ¿Tratamos de satisfacer los deseos del cuerpo?, ¿Vivimos desde el corazón?, ¿Hablamos siempre con verdad?, ¿Practicamos el silencio?
¿Vivimos el presente?, ¿Permanecemos enganchados a sucesos del pasado?, ¿Envidiamos algo de nuestro vecino?, ¿Sabemos acallar la mente?, ¿Hacemos distinciones en nuestro amor?, ¿Tenemos miedo de algo?, ¿Discriminamos a personas por el color, la procedencia, el sexo, la religión, la tendencia sexual, los ideales, la política, el vestido o el color del pelo?, ¿Nos sentimos heridos en nuestro orgullo ante la crítica?, ¿Aceptamos las críticas?, ¿Nos sentimos atacados por las dudas y los temores?
¿Ayudamos a aquellos que son más necesitados que nosotros?, ¿Entregamos regularmente nuestro diezmo?, ¿Ayudamos a los que nos caen simpáticos, y no a los que nosotros creemos que se lo van a gastar en vino?
¿Creemos que hay otras verdades aparte de la nuestra?, ¿Aceptamos, sin condiciones esas otras verdades?, ¿Respetamos siempre la libertad de los demás?, ¿Pisamos a nuestro hermano para conseguir beneficio?
Creo que podría seguir haciendo miles de preguntas, pero me he deprimido un poco, ya que he ido contestando las preguntas según las iba escribiendo, y el resultado ha sido catastrófico. ¡Cuánto camino por recorrer!, ¡Cuántas lecciones por aprender!, ¡Cuántas vidas por vivir!, ¡Cuanta humidad por practicar!

           

jueves, 8 de marzo de 2012

Futuribles.

            En nuestro viaje por la vida nos vamos encontrando con infinidad de puertas. Unas se abren, otras se cierran. Nunca sabemos lo que nos vamos a encontrar detrás de cada puerta hasta que traspasamos el umbral. Justo en ese momento comienza una experiencia, un conocimiento, un aprendizaje para el alma.

            Podemos decir que cada puerta representa un futurible, una de las posibles opciones que planificamos en la organización de nuestra vida antes de tomar contacto con la materia. Ahí está también, aunque limitado, nuestro libre albedrio. Podemos elegir entre todas las puertas que tenemos delante, pero no otras.

            ¡Cuantas elecciones a lo largo de nuestra vida!, ¿Cuántas veces nos habremos planteado qué hubiera pasado si en vez de tomar la puerta “a” hubiéramos tomado la puerta “b”? ……. Pues no hubiera ocurrido nada. Posiblemente hubiéramos vivido otra vida completamente distinta, en el que las experiencias asimiladas por el alma hubieran sido otras. Pero el aprendizaje que hubiéramos adquirido de haber traspasado la puerta “a”, lo tendríamos que realizar en otro momento de la misma vida o en otra vida posterior. No podemos pasarlo por alto, ya que el alma necesita acumular todas las experiencias, no se va a saltar ninguna, aunque el orden de aprendizaje, normalmente le importa poco.

            Sin embargo, a veces, nos encontramos viviendo una etapa de felicidad después de haber traspasado una puerta, cuando, sin previo aviso, de la noche a la mañana, esa puerta se cierra de un portazo dejándonos afuera, truncando nuestra felicidad, y en nuestra impotencia, llenos de rabia, desafiamos a Dios, preguntándole como pudo haber permitido eso.

Dios, ni permite ni deja de permitir. Es nuestro trabajo, es nuestro aprendizaje, es nuestra programación de vida, es nuestra elección. El mismo portazo es nuestra experiencia.

El problema no es Dios. El problema somos nosotros, que nos identificamos con el cuerpo en el que residimos, y creemos, erróneamente, que necesitamos de un entorno agradable y de  personas afines para ser felices.

En nuestra identificación errónea con el cuerpo pensamos que a nosotros no nos puede ocurrir ningún acontecimiento de los que calificamos como malos, y que las cosas malas solo les suceden a los demás. No, a nosotros también, y el primer aprendizaje es ser conscientes de que todo sucede en un instante, pero al momento siguiente, ya ha desaparecido, y no tenemos porque quedar enganchados de manera permanente a nuestro dolor, al sueño roto, al fracaso, a la desilusión o al desengaño.

Quedarse en el dolor del pasado es como quedarnos parados delante de la puerta que se ha cerrado.  Eso no nos permite comprobar que a nuestro lado, mientras se cerraba la primera puerta, se abrían de par en par nuevas puertas. Pero no podemos verlas si nos quedamos inmóviles, con la mirada fija en la puerta cerrada. Las oportunidades están siempre delante, no detrás. No importa cuántas puertas se cierren, Dios siempre nos abre nuevas puertas de par en par.

Lo que sucede nunca es porque sí. Los futuribles a los que tenemos opción sólo son fruto de nuestro karma y de nuestra programación de vida. Si cuando la puerta se cierra no hemos asimilado la enseñanza, hemos de tener por seguro que volveremos a encontrarnos con la misma experiencia en la próxima puerta, y así va a ser siempre hasta que a fuerza de dolor, desengaño y sufrimiento aprendamos la lección.

Es mucho más fácil y más agradable, aprender con alegría, y hacer conciencia, de una vez por todas, de que somos alumnos, en distintos grados, que estamos estudiando una carrera: la carrera de la Iluminación. Unos en la guardería, otros en primaria, otros en secundaria, otros accediendo a la universidad y otros en el último año de carrera. Todos vamos a graduarnos, pero no está escrito que todos lo hagamos a la vez, porque muchos repiten y repiten, una y otra vez, ¿Hasta cuándo?, ¡Hasta que aprenden!

lunes, 5 de marzo de 2012

Vivir la angelidad

            El sufrimiento, el dolor, la ansiedad y la tristeza, son, entre otras, emociones generadas por formas de pensamiento negativas y erróneas. Recuerda: “La energía siempre sigue al pensamiento”, y la potencia de todas esas emociones negativas aumenta de manera considerable por el pensamiento dirigido constantemente hacia ellas, de la misma manera que se incrementa la enfermedad por dirigir el pensamiento de manera persistente a la zona del dolor.

El alma, con toda su sabiduría, debe de desconcertarse, por el ahínco y el excesivo énfasis que las personas ponen sobre lo que consideran sus problemas o sus dolencias. Si pusieran el mismo énfasis en cualquiera de los infinitos pensamientos positivos en los que podrían entretener a su mente, su vida daría un vuelco tan espectacular que se sentirían llenos de una angelidad tal, que su viaje por la materia sería una continuidad de la dicha de la vida eterna.
Los problemas del cuerpo, los problemas de la vida física, las perdidas, las decepciones, sólo son las lecciones que contribuyen a enriquecer la experiencia del alma, única razón para nuestra venida al cuerpo.
En nuestro interior, en nuestro ser más profundo, vamos a encontrar una fuerza y una energía, desconocidas, no sólo para aquellos que viven a kilómetros de la frontera del alma, desconociendo que puedan existir lugares en su propio interior donde encontrar a Dios de manera más fácil que en las iglesias; sino desconocidas también, para los espirituales de libro, aquellos que conocen toda la teoría del alma, del corazón y del amor, pero que, sin embargo, son incapaces de adentrarse en el silencio, para encontrar la semilla del amor que anida en su corazón.
Sentir la angelidad en un cuerpo humano, es sentirse impregnados por las energías de la sanación, de la alegría, de la paz y del amor. Sentir la angelidad en un cuerpo humano es aprender a vivir en silencio, es aprender a vivir el eterno presente, es sentirse seguro, es aprender a vivir la humildad, es reconocer en su interior la misericordia, es olvidarse de uno mismo y entregarse, sin condiciones, a los demás.
Cada vez que la persona sienta que se aleja de las energías del alma, y que vuelve a vivir los problemas del exterior, ha de buscar de nuevo la conexión con el mundo interior y olvidarse de los problemas del mundo, para reconectar de nuevo con su angelidad, y comprobar que lo que consideraba un problema insoluble, se esfuma como el humo.
El principal empeño de la persona debe ser mantener el contacto con la energía que emana de su interior, ya que es de ahí de donde provienen las soluciones a todos los problemas de su vida diaria, porque desaparecen las expectativas y se tiene la certeza de caminar la vereda correcta, vereda que lleva directamente a la felicidad, a prestar servicio al mundo que le rodea y  a aquellos con quienes convive.
Desde la angelidad la persona aspirará a servir y a darse incondicionalmente, olvidándose de sí misma, aunque sin dejar de prestarle a su cuerpo los cuidados necesarios, ya que tampoco puede olvidar que todo el trabajo ha de realizarlo desde el cuerpo, y es su obligación mantenerlo joven, fuerte y sano, el mayor tiempo posible.

viernes, 2 de marzo de 2012

¿Milagros?, ¿Ilusión?

                No hay una sola vez que me siente a realizar terapia, que no pase por mi mente el pensamiento de “Esto es posible”, relacionado con la terapia a realizar, sea la dolencia del tipo que sea, física, mental, emocional o espiritual, y sea de la gravedad que sea.  Siempre, en todos los casos, tengo la intima sensación de que el problema del paciente se va a solucionar.

            Y si aparece algún atisbo de duda, se va de inmediato, cuando pienso en que realmente es posible, porque Jesús, sin ir más lejos, llevó la sanación al máximo con la resurrección de Lázaro. Si, ya sé que ninguno de nosotros somos Jesús, y que incluso algún católico talibán de derechas pueda pensar que sólo por escribir esto, o llegar a pensarlo, tendría que ser condenado al fuego eterno. (Bobadas, el fuego eterno no existe).
            No, lo que yo quiero expresar, y además tengo necesidad de hacerlo, no sé porque, es que lo que denominamos milagros, (mal llamados milagros, porque no lo son, ya que sólo son una consecuencia del vivir en consonancia con nuestra divinidad), son posibles, lo son hasta las últimas consecuencia, y además lo son de manera inmediata.
            Supongo que esta sensación tan intensa que siento desde hace días, no es más que la constatación por parte de mi ¿alma? de que cualquier ser humano puede realizar eso que denominamos milagros. Para ello lo único que se necesita es vivir realmente desde el alma, vivir de manera permanente la divinidad, vivir el Amor por todo y por todos, ser consciente desde lo más íntimo de la persona que no se es el cuerpo, no identificarse, por lo tanto, con las molestias o los dolores de ese cuerpo, y ni tan siquiera identificarse con el nombre de pila.
Eso también es posible, y será ahora, en este paso por la vida física, o en vidas posteriores, que todos viviremos desde nuestra divinidad.  Cuando se consiga vivir de esa manera ¿Dónde queda la diferencia con Jesús?, en ninguna parte. Entonces, ¿Por qué no ahora?, ¿Por qué no en esta vida?
También puede ser que esta sensación tan intensa, sea una especie de confirmación de que la apertura de Shikoba como Centro de sanación, además de ayuda a la familia, sea una decisión acertada. Quién sabe, ¡los caminos del Seños son inescrutables!
Lo que sí es cierto, es que el resultado de las terapias sigue siendo el mismo, imprevisible, unas veces con una sola sesión es suficiente para sanar algo que parecía incurable, y otras veces ni mil terapias serian capaces de solucionar una contractura diminuta. Es bien cierto que nadie sabe la necesidad que la persona tiene para mantener o dejar ir su enfermedad, nadie sabe cuál es el aprendizaje que la persona necesita alcanzar con su dolencia.
Lo único que sí sabemos, es cual es nuestro aprendizaje. Estoy convencido que al llegar al final de ese aprendizaje, ahora o dentro de mil vidas, nuestras terapias no se diferenciarán ni un ápice de las sanaciones realizadas por Jesús.



miércoles, 29 de febrero de 2012

Nadie nace maestro, pero todos tenemos la maestría

            Los seres humanos estamos viviendo un momento apasionante. Hemos nacido justo en la época en la que tenemos la posibilidad de trascender de seres humanos a seres espirituales, y la única escuela expedidora de certificados es nuestro corazón. Es a través de él como vamos a realizar la conexión con nuestra alma, para recordar así de dónde venimos, y comportarnos, de una vez por todas, como los seres divinos que somos, dejando de lado los sueños ilusorios que nos va presentando nuestra mente.
Cualquier cambio de conciencia, cualquier sanación, cualquier crecimiento, cualquier evolución, ha de realizarse, en soledad, desde el interior de la persona. Y es momento ya de comenzar ese trabajo, si es que aun no estás inmerso de lleno en él, porque el ser humano debe poner fin a esa fuerza centrífuga que le mantiene alejado de sí mismo.
            El cambio de conciencia, con todo lo que arrastra tras de sí, debería de ser nuestra tarea principal, y no la especulación ridícula que realizan miles y miles de personas, que trabajan para el cambio cuando sobra tiempo, cuando no se puede ya doblegar la ansiedad o como fuerza de arrastre después de un curso.
            Nadie nace maestro, y sin embargo, todos tenemos la maestría, porque todos tenemos en nuestro interior todo el Conocimiento de Luz y de Amor. Sólo hay que aprender a vivir desde el corazón, y una vez en él, de manera automática sale a flote toda la Luz, todo el Amor y todo el Conocimiento.
            Sin embargo, podemos tener  un problema. Estar en la creencia de que ya vivimos desde el corazón, y no aparecer ni rastro de ese Conocimiento.  El problema estriba en que tenemos la creencia de que vivimos en el corazón, pero no vivir realmente en él. Eso solamente es otra ilusión de la mente, posiblemente una de las peores, ya que genera una especie de orgullo espiritual, que en vez de acercarnos al corazón, nos separa cada vez más.
            Hay señales claras que indican que se vive desde el corazón:
·       Sentir al resto de la humanidad como verdaderos hermanos: Cero críticas, cero juicios.
·       Respetar la libertad y el libre albedrío de todos: Familia, amigos, conocidos y desconocidos. No manipular.
·       No discriminar a nadie por razón de raza, de sexo, de estatus social, de religión o de tendencia sexual.
·       Ayudar y servir física, material, moral y espiritualmente a todos los que lo necesiten. No con lo que te sobra, sino con lo que te falta.
·       Ser totalmente honestos, claros y coherentes. El pensamiento, el sentimiento y la palabra han de ir siempre en la misma dirección.
·     Perdonar cualquier ofensa, y bendecir al ofensor. No existen ofensas, existen lecciones. Recuerda que sólo se perdona de manera natural, cuando el ofendido se coloca en lugar del ofensor.
·       Amar a todos y a todo por igual. Aceptar a todos y a todo de la misma manera.
·       Aceptar únicamente las verdades que resuenen en el corazón o en el alma, dejando que la intuición sea la guía de la vida.
·      Sentir que “todo está bien”.
Para todo esto, has de comprometerte contigo, has de tener voluntad de trabajo y paciencia para esperar los resultados, sin expectativas. La meditación y el silencio son dos grandes aliados en el viaje al corazón. Es fundamental el silencio, ya que cuando la mente está viviendo en la plenitud de su ruido, no deja espacio para escuchar los mensajes, más sutiles, del corazón.

martes, 28 de febrero de 2012

El espíritu de Acuario

            De la misma manera que nosotros coexistimos en dos planos: Material y espiritual, hay otros seres que ya han abandonado el plano material, y se encuentran únicamente en el plano espiritual, sin cuerpo físico.

            Estos seres están tan vivos, no, tanto no, más vivos que nosotros, ya que ellos sí que están viviendo la auténtica realidad, la realidad del Amor, mientras que la nuestra está distorsionada por la propia mente, que nos arrastra, entre otras cosas, al deseo, al apego, al egoísmo, al miedo; muy lejos de “la fraternidad”, “el servicio desinteresado”, “la solidaridad” y “la unión”, que son las características del espíritu de la Era de Acuario, por la que estamos iniciando el transito, junto con nuestro planeta.
            Es muy curiosa la inconsistencia y la falsedad, muy posiblemente inconsciente, de muchos de nuestros contemporáneos, ya que conociendo de manera perfecta la teoría de que somos seres divinos, de que nuestro cuerpo físico es el vehículo de nuestra divinidad, siguen apegados total y absolutamente a la materia. La inconsistencia entre lo que hacen, lo que dicen y lo que piensan es total, potenciando un auto-engaño absoluto. Auto-engaño porque predican una cosa y hacen totalmente la contraria; leen libros de autoayuda repitiendo como loros frases de esos libros, sin llevar a la práctica la enseñanza real de esas frases; se quejan de la desigualdad, cuando ellos la potencian con su manera de vivir, en lugar de remediar ellos la desigualdad que está al alcance de su mano; y así, mil cosas más.
            Los seres que están al otro lado de la materia, ya intentan ayudarles, pero no pueden con tanta falsedad como les envuelve. La energía de sus emociones, de sus pensamientos, y de sus palabras, les impide vibrar en una sintonía un poco acorde con la de los seres que les están intentando ayudar.
            Hay algunas claves que se pueden seguir para cambiar la sintonía de la propia energía:
-          Ser sinceros y honestos: En la sinceridad y la honestidad se igualan loa pensamientos, las palabras y las acciones. Ya no hay inconsistencia, ya no hay falsedad.

-          Evitar el auto-engaño: Hay que permanecer alerta de manera permanente. La mente utiliza millones de estrategias para convencerte de que lo estás haciendo bien.

-          Discernir lo verdadero de lo falso: Casi todo lo que presenta la sociedad, es ilusión, es falso, es un sueño, porque sólo es un reflejo de las propias mentes que conforman esa sociedad, y en esas mentes solo hay cabida para la desigualdad, para el egoísmo, para la desunión. Políticos y religiosos se encargan de fomentar la desigualdad y la desunión, inculcando falsos valores sobre la patria o la religión. Los verdaderos valores son la unión, la hermandad, la solidaridad o el amor. Nuestra patria es el Universo, nuestro idioma es el Amor, nuestro Dios es el mismo para todos, y se encuentra tanto en la catedral, en la pagoda, en el castillo y en la choza, como en el corazón de todas las personas.

-          Abandonar la pereza: El crecimiento interior y el fortalecimiento del carácter, no lo va a dar nadie más que uno mismo con su propio trabajo interno. Ni libros, ni gurús, van a hacer que se avance ni un ápice en el propio crecimiento. Hay una cita que dice: “El maestro abre la puerta, pero es el alumno el que ha de traspasar el umbral”.

-           Aceptar la vida tal cual es: Aceptar los obstáculos, aceptar las crisis, aceptar los desafíos, porque son, gracias a ellos, como vamos a avanzar y a crecer, son ellos los que fomentan la conexión con nosotros mismos y con Dios. 

-          Selecciona a las personas con las que te relacionas: Hay mucho fariseo, hay mucho charlatán, que por mucho que se anuncien, están muy lejos de la Luz. Recuerda: ¡Por sus hechos los conoceréis!, mucho más que por sus palabras. Para evolucionar es bueno encontrar a personas que estén vibrando en un nivel alto de evolución, no que ellos digan que están vibrando en tal o cual sintonía. Obsérvalos, observa sus acciones, observa su amor, observa su caridad, observa su falta de juicios, observa su honestidad, observa su solidaridad. 

-          Practica la humildad: En nuestro nivel, ninguno de nosotros está exento de vanidad. Posiblemente sea una de las mayores batallas que todos tenemos que librar, en mayor o menor medida

-          No explotar a nadie, no manipular, no especular: Respeta a cada persona como te gustaría que te respetaran a ti. Respeta su proceso. Ni tan siquiera les ayudes, si no desean la ayuda. Ten en cuenta una máxima: Trata a todos como te gusta ser tratado.

sábado, 25 de febrero de 2012

Shikoba ya funciona

            Los caminos del Señor son inescrutables, y es bien cierto que “el hombre propone y luego es Dios el que dispone”.

            Nuestro propósito, el proyecto de la Fundación Elial, era y sigue siendo, la apertura del Centro Shikoba de apoyo a la familia, pero no sé si la disposición de Dios es la misma, o lo es en este tiempo. ¿Por qué la duda?, porque, en un principio, para abrir el Centro ya contamos con los recursos necesarios, contamos con nuestros propios ahorros, pero estos son finitos, y no se estiran como el chicle un mes tras otro para mantener el Centro, para eso ya es imprescindible contar con una financiación regular y estable, presupuestada en diez mil dólares. Y aquí surge el problema, ya que entre los socios, las clases de yoga, las terapias y algunas donaciones esporádicas, llegan a nosotros trescientos euros al mes, muy lejos de los diez mil dólares presupuestados.
            Esta situación, a pesar de que estamos colaborando como voluntarios con otras ONG’s, no hace sentirnos un poco inútiles, y hemos decidido darle otra vuelta de tuerca a la vida.
            Mientras esperamos nuevos socios o algún filántropo millonario, para ser un poco útiles, y teniendo en cuenta el desastre de sanidad que hay en este país, hemos empezado a realizar todas las terapias de manera gratuita. Como en el Centro Shikoba ya se realizarían gratuitamente las terapias a los usuarios del Centro, hemos decidido que sea gratis para todo el mundo, por lo que a  partir de ahora, Shikoba será un “Centro de sanación y apoyo a la familia”.
Para la primera fase, la sanación, sólo necesitamos nuestro tiempo, nuestra energía, nuestras manos y nuestra conciencia, como instrumentos de sanación. Ya estamos en marcha, ya hay pacientes, ¡es tan fácil dar!  
Los primeros voluntarios que necesitará Shikoba serán terapeutas. En breve plazo en la web www.shikoba.org aparecerán las condiciones para el voluntariado.
Si mientras tanto te apetece hacerte socio, entra en el enlace que aparece a continuación. Gracias.
                                                  Formulario alta socios

                                                                       

jueves, 23 de febrero de 2012

Nada sucede porque si.

            Cuántos proyectos cancelados, cuántos deseos incumplidos, cuántas empresas fracasadas, cuánto trabajo inútil, cuánta planificación inservible.
            Seguro que todos, en uno o en otro momento de nuestra vida, hemos sufrido un revés de este tipo, en el que se nos ha truncado o retrasado algún proyecto, o alguna empresa no ha llegado a buen término, o se ha desmoronado alguna ilusión.
            Pero todo eso no es un revés, sólo es un acontecimiento más en el ciclo de la vida, y nuestra vida no se inició el día que vimos la luz por primera vez con los ojos que estamos leyendo esto. Nuestra vida viene de largo, de muchas idas y venidas, de un espacio físico, de energía densa, a un espacio de energía mucho más sutil; y la vida física actual sólo es una continuación de todas esas vidas, por lo que cualquier proyecto que deseamos emprender, es una continuación de algo que viene de atrás, para cumplir con el trabajo que tiene programado el alma para esta vida física.
Nada sucede porque sí, todo tiene una razón, todo contiene una enseñanza, todo contiene la cancelación de una deuda pendiente, a nuestro favor o en contra. Deprimirnos por algo que no se cumple, lo mismo que saltar alborozados por una ilusión satisfecha, es señal de que a nuestro carácter le falta, aún, un punto de maduración; es señal de que seguimos identificados con el cuerpo; es señal de nuestra falta de fe en nuestra divinidad.
Te propongo que tanto en la depresión como en la euforia, te sientes en meditación y valores los beneficios o los perjuicios que tal circunstancia acarrea a tu alma, o valores si tu crecimiento hacia la divinidad está más cerca o más lejos.
También puedes meditar en cuál sería el beneficio o el perjuicio que tal circunstancia traería a tu vida, en el hipotético caso de que vida finalizara en la próxima hora. Y realmente tu vida no se acaba en la próxima hora, tu vida se está terminando a cada instante, porque a cada instante tu vida se renueva. La vida es como el agua de un rio, siempre corriendo, siempre renovándose, sin que la misma agua pase dos veces por el mismo punto. Querer detener la vida en un acontecimiento es como querer detener la corriente del rio en un lugar determinado, es imposible.
Es tu mente la que de manera insistente hace que te quedes anclado en un momento de esa vida, disfrutando o sufriendo el momento de ese anclaje, que puede durar, dependiendo de tu evolución, una hora, un día, un mes, un año o toda la vida; pero mientras tanto, la vida va pasando, sin que tu seas consciente de ello, sin que te des cuenta de las nuevas oportunidades, de los nuevos proyectos o las nuevas empresas que van pasando ante ti, que son lecciones para tu crecimiento, también desaprovechadas, como tantas y tantas con anterioridad.

sábado, 18 de febrero de 2012

Meditación

La verdad en sí misma sólo puede ser alcanzada dentro de uno,
mediante la más profunda meditación y conciencia.
Buda.
La meditación es el fin del pensamiento, es mantener la mente absolutamente quieta, es vivir con total atención.
Recuerdo mis primeras meditaciones y las instrucciones que recibía. “Tienes que mantener la atención de manera constante”, “mantener la atención en ¿qué?, preguntaba yo”, “en tu respiración, por ejemplo, o en los latidos de tu corazón, o en los sonidos del exterior”, me dirigía el instructor, y seguía, “y si tu mente se distrae o se pone a cuestionar cualquier cosa, vuelve al punto de atención”. ¡Era realmente difícil!, creo que en un principio podía aguantar la atención en la respiración, no más de tres ó cuatro respiraciones, y cuando era consciente de que mi mente había ganado nuevamente la partida, después de no sé cuánto tiempo, ya que a veces podían haber pasado más de veinte minutos, volvía a mi respiración, y otra vez la mente, y otra vez volvía. Era una lucha sin cuartel. Y yo me preguntaba, ¿Esta lucha permanente con mi mente es meditación?
Más adelante, me enseñaron otro tipo de meditaciones, “meditaciones guiadas”: El instructor iba hablando, guiándonos por distintas partes de nuestro cuerpo, o haciendo que nuestra mente imaginara que estaba paseando por el Universo, o entrando en nuestro interior para visitar al niño que habita en nosotros, o viajando en una alfombra voladora, o montado a lomos de un águila. La mente, de vez en cuando, también se iba, pero me parecía más fácil mantenerla en el pensamiento que el instructor indicaba. Y yo me seguía preguntando: ¿Mantener a la mente en un pensamiento determinado será meditación, cuando la meditación es poner fin al pensamiento?
También me enseñaron a repetir palabras, (mantras), una y otra vez; aprendí otras meditaciones en las que era necesario un gran esfuerzo físico; otras en las que dirigía la energía por el interior de mi cuerpo; en fin, quise probar todo tipo de meditaciones, pero siempre terminaba preguntándome, ¿Esto será meditación?
Y si siempre terminaba preguntándome si era meditación, era porque si la meditación es el fin del pensamiento, como podía llamar meditación a algo que me obligaba a mantener un pensamiento en mi mente, ya fuera de dirección de la energía, de repetir mantras una y otra vez, o de cualquier otro tipo. Hoy tengo la respuesta: No son auténticas meditaciones, pero si son necesarias, más que necesarias son imprescindibles, ya son el primer paso, son el inicio, son el “a”, “e”, “i”, de la mente.
La verdadera meditación no puede ser buscada, la meditación llega, la meditación es una manera de vivir, la meditación es contemplar con atención la vida; por lo tanto cualquier intento consciente de meditación no es auténtica meditación. Pero si digo que son necesarias todas las técnicas de meditación, porque la mente necesita un entrenamiento. No se puede de la noche a la mañana intentar contemplar con atención y sin pensamientos como pasa la vida.
Las distintas técnicas tienen distintos objetivos: Los pensamientos son energía, por lo tanto, según sea el tipo de pensamiento que generamos con las distintas meditaciones conseguiremos: por un lado, no generar energías negativas provocadas por los pensamientos habituales, ya que meditando no se mantienen en la mente; y por otro lado, generar un tipo de energía especial, necesaria para el fin que persigamos con los distintos tipos de meditación. Meditar en un Ser Superior es permitir que su energía invada el campo del meditador, cuando se medita con un mantra la energía que llega es la energía del mantra, meditar con un mudra o con ciertos ejercicios físicos, hace que la energía discurra por distintas partes del cuerpo que habitualmente no reciben ese aporte de energía.
La verdadera meditación no necesita de instructores ni de técnicas. La auténtica meditación es vivir la vida con total atención. Vivir cada acontecimiento como novedoso, porque así es realmente, nada es igual, todo siempre es nuevo. Y además de vivir cada instante como algo nuevo y maravilloso, se ha de mantener esa novedad en la mente, es decir, no valen comparaciones con situaciones anteriores, ni calificar el acontecimiento como bueno, malo, hermoso o desagradable. El acontecimiento es, y punto. No se puede comparar, por ejemplo, una puesta de sol con otra, o darle ningún calificativo, ya que entonces se pierde la esencia de la puesta del sol, ya que la mente está pendiente de la calidad de la belleza, en vez de sencillamente contemplarla. Meditar sólo es contemplar, contemplar cómo te impregna la vida, contemplar su fluir. Un solo pensamiento del tipo que sea, hace que se difumine la meditación, hace que se pierda el sentido de la vida, hace que se pierda ese instante de vida en el que la mente está ocupada con el pensamiento.
No estoy diciendo que nos movamos con los vaivenes de la vida como si fuéramos una hoja movida por el viento, no, porque hemos de tomar nuestras decisiones y organizar los caminos a tomar. Para eso tenemos la mente, para organizar nuestra vida, para tomar nuestras decisiones, para solucionar los problemas que vayan surgiendo, pero no para darle vueltas a esas decisiones, a esa organización, a esos problemas. Una vez tomada la decisión, se ha de dejar descansar a la mente y permitir que llegue la meditación para observar a la vida, para contemplar con verdadera atención.
Una mente ocupada, es una mente que no vive nada más que sus propios pensamientos, no vive la vida, no vive la realidad, no vive la verdad.
Practica las meditaciones en las que te sientas más a gusto, pero recuerda que el objetivo no es conseguir detener los pensamientos en el momento en el que te encuentras sentado meditando, el objetivo es que toda tu vida sea meditación, es que tu mente observe en silencio, es que vivas la vida y no los pensamientos.
                ¿Qué sucede cuando se ha acostumbrado a la mente a estar a disposición del alma, serena y sin pensamientos? Es entonces, en esos momentos, en esos largos momentos en los que la mente se encuentra tranquila, cuando llega, por sí sola, la meditación, la auténtica meditación, sin buscarla; y a partir de ahí, con la meditación, llega la felicidad, la auténtica felicidad; se siente el Amor, el Amor Divino; se siente la unión con todo, la unión con todos, la unión con Dios.
                Este es nuestro único trabajo en esta vida, esa es nuestra única misión, ninguna otra. No es necesaria la búsqueda de ninguna misión, ya que a partir de ese momento, todo lo que sucede en la vida, se desarrolla como si estuviéramos sobre una alfombra voladora que nos lleva de un acontecimiento a otro, sin prisas, sin problemas, sin expectativas. Disfrutando del paseo por la vida, disfrutando de las sincronicidades, porque todo se desarrolla de manera fluida, sin los obstáculos generados por nuestros propios deseos, nuestros anhelos o nuestros miedos. Y las misiones que teníamos encomendadas, o nuestras deudas kármicas, se van a llevar a cabo y a cancelar, sin que tan siquiera seamos conscientes de ellas, porque en ese momento, todo estará bien, suceda lo que suceda.
                ¿Por qué todo estará bien, suceda lo que suceda?: ¿Qué es lo que nos ata al dolor, a cualquier dolor, incluido el de la pérdida de un ser querido, o que nos ata a la rabia, o a la incomprensión, o al miedo, o a las prisas? Solamente la mente y sus pensamientos. Cualquier acontecimiento sucede en un momento, pero al momento siguiente, ya no, ya vivimos otro acontecimiento. Si efectivamente la mente se encuentra tranquila, vivirá el acontecimiento que acaece realmente en el instante presente y no se habrá detenido en el acontecimiento anterior. Por lo tanto todo estará bien.
El siguiente paso es la desidentificación del cuerpo. Se acabó el miedo a la enfermedad, al dolor y a la muerte. Porque el conocimiento que le llega a la persona cuando esta le deja paso, hace que recuerde que no somos el cuerpo, que somos algo más, ese algo más que ahora, con la mente serena, se relaciona con todos los mundos, con una fuerza, con un poder y con una convicción desconocida mientras se daban vueltas y más vueltas a los mismos pensamientos día tras día.
Me he encontrado con personas, muy inteligentes e instruidas, que han rebatido este razonamiento por considerarlo simplista. Efectivamente, los asuntos del alma son simples, muy simples, y sólo hay una respuesta válida: “Inténtalo, y después juzga”, porque en este caso, no va a haber un científico que demuestre con fórmulas en un laboratorio la veracidad del razonamiento, para que luego, nosotros, cómodamente sentados en un sillón podamos leer las conclusiones del trabajo. No, el científico es uno mismo. Y todos los que han intentado el experimento han llegado a las mismas conclusiones, más pronto o más tarde, según su grado de dedicación: Una mente serena lleva directamente a la felicidad, a la alegría, a la paz y al amor. Una mente serena lleva directamente a Dios.
Si no has llegado ahí, no esperes llegar, ni leyendo esto ni leyendo nada. No te queda más remedio que entrar en el laboratorio de tu mente y comenzar el experimento. Los científicos que han obtenido sus propias conclusiones, sólo pueden ayudarte, y lo harán gustosos, pero el trabajo no te queda más remedio que desarrollarlo tú mismo. Empieza ya, entra en tu laboratorio, nunca es tarde. 
Una meditación sencilla
Sólo tienes que sentarte, cerrar los ojos, colocar la punta de la lengua en el paladar, dejar las manos apoyadas en los muslos con las palmas de las manos hacia arriba, y respirar, lenta y suavemente, por la nariz, con una respiración abdominal, permitiendo que con la exhalación vaya saliendo toda la tensión de tu cuerpo. Y empieza a repetir en silencio: “Yo Soy Luz, Yo Soy Amor, Yo Soy la Resurrección y la Vida, Yo Soy el Alma, Yo Soy ese Yo Soy”.
Puedes hacerla el tiempo que quieras, pero intenta que el mínimo sean once minutos.
Con ella vas a conseguir que se abra tu mente para que empieces a percibir pensamientos de frecuencia más elevada. Los pensamientos que te permites recibir en la actualidad son los que va marcando la sociedad, todos de baja frecuencia, y que son los que la sociedad impone sobre creencias de cualquier tipo: familia, amigos, sociedad, religión, normas morales; es decir, sólo te permites tener los pensamientos que son aceptados por los demás.
Pero con este tipo de pensamientos, mantienes encadenadas tus ilusiones, solo dejas volar las ilusiones que la sociedad permite; este tipo de pensamientos te impide conocer tu gloria y la gloria de Dios, te impide desarrollar tu poder y te impide alcanzar la felicidad plena, ya que nunca te aventurarás hacia lo desconocido, ni vas a contemplar la posibilidad de realidades más grandiosas, por miedo a que ellas signifiquen un cambio. Cambio que efectivamente ocurre, ya que hay mucho más que ver, mucho más que entender que lo que hay en ese mundo ordenado que nace, crece, envejece y muere bajo la dirección de la sociedad.
Con los pensamientos que te has permitido tener, ya has aprendido lo que es el miedo, lo que es la tristeza, lo que es la inseguridad, lo que es la avaricia, lo que son los celos, lo que es el odio, lo que es la enfermedad y lo que es la muerte. Y sobre todo ya sabes lo que es vivir alejado de la Fuente Divina.
Es momento de alcanzar todo lo contrario y sobre todo acercarte a tu esencia, permitiendo que entren en ti, otras frecuencias más elevadas y más sutiles de pensamiento. Lo vas a conseguir con esta meditación.
Con ella va a activarse la glándula pituitaria, con lo que tu cerebro va a estar mucho más despierto, es posible que incluso sientas un ligero dolor de cabeza, o que sientas mareo, si es así, deja la meditación, tendrás que ir acostumbrándote poco a poco.
A medida que empiezas a recibir frecuencias más altas, se transforman en una corriente eléctrica de alto poder, que se va repartiendo a cada célula de tu cuerpo a través del sistema nervioso central, causando como un estremecimiento o sensación de hormigueo. Sólo es que empieza a circular por tu cuerpo otra energía más sutil, haciendo que aumente la frecuencia vibratoria de cada célula. Cuantos más pensamientos elevados recibes, más vibra tu cuerpo, más luminoso se vuelve, más aumenta tu amor, tu compasión, tu misericordia, tu comprensión.
Puedes tener lo que quieras, ¿por qué te limitas?

jueves, 16 de febrero de 2012

Conciencia

            Perdemos demasiado tiempo y limitamos nuestra conciencia en menudencias tales como satisfacer los caprichos de nuestra forma física. No es nuestro objetivo primordial el cuerpo, aunque si es importante. No se trata de complacer todos los deseos de la mente, pero si hemos de respetar y cuidar con mimo nuestro cuerpo, para mantenerlo fuerte, sano y joven el mayor tiempo posible; ya que es a través de él como tenemos que desarrollar las tareas que hemos venido a realizar en la materia, y que si son primordiales.  

Nuestra principal tarea es cultivar la sensibilidad superior, es llegar a ser tan puros y altruistas que nuestras mentes permanezcan imperturbables ante cualquier acontecimiento, ya sea físico, ya sea emocional, ya sea mental o espiritual.
Se trata de expandir nuestra conciencia más allá de nosotros mismos, para alcanzar un nivel de conciencia tal, que sintamos a todos, en cualquier forma posible:
-          Como lo que son en realidad, es decir, como nuestros hermanos.
-          Tal como se encuentran: física, mental o emocionalmente.
Este es el instrumento de la sanación: “La conciencia expandida”.
Es posible que ya seas un magnífico sanador, o seas muy intuitivo, o sientas con bastante claridad el estado de personas en tu entorno; y eso te haga pensar que estás más cerca del final de tu recorrido en el cuerpo. Puede ser que no sea así, hay otros parámetros que también hay que valorar:
·         No utilices ese mini-poder para manipular a la vida, ni a tus hermanos.
·         Utilízalo para ayudar a todos, de dos maneras: Públicamente cuando te lo soliciten, y privadamente en la soledad de tu meditación cuando no lo hagan.
·         Ayuda de manera altruista, no sólo con lo que te sobra, sino con lo que te falta.
·         No juzgues a nadie si no quieres que te juzguen a ti.
·         No critiques nunca y no serás criticado.
·         Respeta siempre las decisiones de los otros.
·         Ante cualquier desaire, perdona, bendice y vete.
·         Deja que la vida pase a través de ti.
·         Acepta todo y a todos.
·         Vive siempre desde el alma dejando hablar a tu corazón.
·         Práctica el silencio, y cuando hables que siempre sea con verdad.
·         Medita cada día, busca la paz y la serenidad.
·         Vive el amor.
·         Recuerda que no eres ese cuerpo.
·         Eres un alma, eres un Ser Divino, eres un Hijo de Dios, ¡vive como tal!

Cuando cumplas todas esas condiciones, sí que estarás más cerca de abandonar definitivamente el cuerpo, porque estarás viviendo desde el alma aun estando en el cuerpo.

miércoles, 15 de febrero de 2012

¿Exito?, ¿Fracaso?

              El fracaso no existe, como tampoco existe el éxito. Pensar en el éxito o en el fracaso, desear el éxito o temer el fracaso, no es más que una condición emocional motivada por un deseo, que lleva a la persona a una pérdida de tiempo, a una parada o a un retroceso, en su trabajo de crecimiento y de unión con el alma.

        Pero si a pesar de todo queremos seguir hablando de fracaso, podemos decir que el verdadero fracaso es cuando la persona se identifica con sus pensamientos de éxito o fracaso. Pero aún así, ese fracaso no existiría si la persona aprende de eso que califica de fracaso, y aprende lo suficiente como para no volver a programar las acciones realizadas y no esperar nada de ellas.
Lo podemos ver de otra manera: Eso que calificamos de fracaso, ¿Cuánto tiempo dura?, ¿Un segundo?, ¿Un minuto?, no más. ¿Qué es un segundo o un minuto comparado con toda nuestra vida de setenta u ochenta años?, ¿Qué es comparado con la eternidad del alma?, ¿Merece la pena dar valor a ese segundo de nuestra vida, como para dejar de lado nuestra felicidad por ese fracaso?
Eso que nosotros denominamos fracaso, para el alma sólo es una lección aprendida, y una lección aprendida mediante un fracaso es mucho mejor asimilada que la lección aprendida sin dolor.
Los fracasos son imprescindibles para nuestro crecimiento, tanto o más que los éxitos. Decía Winston Churchill que el éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperar. Es cierto, triunfar es aprender a fracasar. Cada frustración, cada desengaño, cada contrariedad, cada desilusión, lleva consigo el germen de una infinidad de capacidades desconocidas, sobre las que las almas pacientes y decididas han sabido ir edificando lo mejor de sus vidas.
Las dificultades de la vida juegan, en cierta manera, a nuestro favor. El fracaso nos brinda la oportunidad de superarnos, de dar lo mejor de nosotros mismos. Es así, en medio de un entorno en el que no todo nos viene dado, como se va fortaleciendo el carácter, como se va adquiriendo fortaleza y poder.
 ¿Quién es perfecto y no comete errores? La diferencia estriba en que unos extraen, con humildad, toda la enseñanza posible, mientras que otros se hunden en la mayor de las miserias. El éxito, está en la capacidad de superar los tropiezos con humildad.

martes, 14 de febrero de 2012

Confia en tí

             Es cierto, “somos lo que pensamos”, y entre nuestros pensamientos está ese que nos dice que siempre hay alguien que sabe más que yo, alguien más rico, alguien más importante, alguien con más poder; pero curiosamente también los hay menos sabios, más pobres, menos importantes y con poco poder; pero ¡qué curioso!, en esos pensamos menos.

Detrás de ese pensamiento de que hay alguien que tiene algo más, lo que sea, se forja el deseo, ¡Yo también quiero ……….. más! Y se comienza un peregrinaje mental y de emociones en pos de ese más que la mente ha decidido que necesita. Pero, es asombroso, al no pensar que tiene suficiente de lo que sea, no quiere nada con los menos ricos, menos sabios, menos importantes, con menos poder.
¡Qué poderoso es el pensamiento!, que nos hace ir en pos de “maestros”, en pos de “religiosos”,  en pos de “políticos”, en pos de “famosos”.
Ninguno te va a enseñar lo que realmente necesitas, ninguno te va a enseñar el camino para conseguir la paz interior, ninguno te va a enseñar a amar.
¿Sabes que con esa paz interior y ese amor puedes conseguir lo que quieras? Eres un hijo de Dios y vas como un pordiosero detrás de cualquiera, porque confías más en cualquiera que en ti mismo.
¡Ya está bien!, ¡Ya está bien de confiar en los demás y no confiar en nosotros mismos!, ¡Ya está bien de perseguir “maestros”!, ¿No crees que ya es momento de ser tu propio maestro?, ¿No crees que ya es momento de empezar a confiar en ti?, ¿No crees que ya es momento de que te conviertas en tu propio Dios?
Toda la debilidad, toda la ignorancia, toda la confusión que creas sentir, sólo es producto de la desconexión con tu alma.
Conéctate con tu alma, siéntate, respira y medita en tu respiración.