Un espacio sagrado para escuchar la voz interior y despertar la presencia que habita en ti.
Presencia y Palabra
sábado, 25 de octubre de 2025
viernes, 24 de octubre de 2025
Cuando el alma despierta
“Recordar que
soñamos es el primer paso hacia la eternidad”
Querido Dios:
Permíteme una reflexión. No como un reproche, ni siquiera como un reclamo, sino como una inquietud que brota del corazón cuando la mente se silencia.
Cuando en nuestros sueños aparece una
pesadilla, al momento de despertar, al cruzar el umbral entre lo onírico y lo
real, se siente un alivio inmenso: “Gracias a Dios que solo era un sueño”. En
esa frase hay gratitud, hay humildad, hay ese pequeño acto de rendirse ante lo
desconocido. Porque incluso en la vigilia más lúcida, hay cosas que no podemos
controlar.
Creo, sinceramente, que la vida y la
muerte son algo parecido. Creo que la vida es como un sueño, una ensoñación de
la Creación. Un suspiro divino que se materializa en carne, en tiempo, en
experiencia. Infinitamente minúsculo si se compara con la eternidad del alma. Y
aun así, ¡cuán importante se nos hace! Vivimos aferrados a este sueño como si
fuera todo. Tememos perderlo, tememos que termine, tememos que lo que hay más
allá sea oscuro, o peor, nada.
Pero si la vida es un sueño, entonces
también se despierta. También tiene un final. También se transita de la sombra
del cuerpo a la luz del espíritu. Y ese momento, ese instante en que se deja el
peso de lo terrenal, debe ser –imagino– como despertar de una larga noche. Con
el alma expandiéndose como si finalmente recordara que siempre supo volar.
En el sueño de la vida hay de todo.
Sufrimiento y dolor que desgarran, alegrías que iluminan, felicidad que
envuelve, éxtasis que trasciende, paz que serena, ansiedad que agita. Todas las
emociones desfilan como actores por este teatro temporal. Ninguna permanece
para siempre, ninguna tiene el poder de definirnos. Solo son parte del relato.
A veces me pregunto si ese desfile de
emociones no es más que el alma probando trajes, entendiendo las formas del
amor, del miedo, del apego y la compasión. Y a veces siento que, incluso en
medio del caos, algo en nosotros sabe que no estamos solos. Que tú estás en
cada rincón del sueño, aunque no podamos verte desde esta perspectiva limitada.
Y entonces llega el día. El día del
despertar. La muerte. Qué palabra tan cargada de silencios. Dejamos el cuerpo
como quien deja una casa después de una larga estancia. La piel se queda, los
ojos se cierran, los latidos se aquietan. Pero algo se enciende. Una llama que
no se puede apagar, que no depende del oxígeno ni de la materia. El alma, libre
al fin, vuela.
Y la sensación de amor supongo que es
tan inmensa, que no hay tiempo de pensar: “Qué alivio, que solo eras una vida”.
Creo que el amor lo cubre todo. Esa vibración única, inefable, que recorre el
espíritu y lo abraza. Como si al despertar nos diéramos cuenta de que éramos
parte de ti, desde siempre. De que nunca estuvimos separados.
Pero aquí viene mi pregunta, Señor. En
este sueño que llamamos vida, ¿por qué no somos capaces de permanecer
conscientes? ¿Por qué no recordamos mientras soñamos que estamos soñando? ¿Por
qué no traemos esa misma lucidez espiritual a la vigilia de lo cotidiano?
A veces siento que vivimos dormidos
dentro del sueño, como marionetas que han olvidado que están conectadas al
cielo. Y otras veces, solo en momentos fugaces de belleza o dolor, algo nos
sacude y nos recuerda que hay más. Que hay una verdad que nos espera. Pero dura
poco. Se desvanece. Nos distraemos otra vez.
¿Será que hay un propósito en esta
inconsciencia? ¿Será que el alma necesita olvidar para aprender desde cero?
¿Será que hay amor incluso en no saber? Porque si supiéramos todo desde el
principio, quizás no valoraríamos nada. Quizás no sabríamos lo que significa
confiar, avanzar en la oscuridad, buscar respuestas dentro del corazón.
Y aun así… no puedo evitar soñar con
una humanidad despierta. Una humanidad que, aun en medio de este sueño, viva
con conciencia. Que sepa que está soñando. Que recuerde que el alma es eterna.
Que actúe con la certeza de que todo lo que hace reverbera más allá del tiempo.
Gracias Señor.
CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo
El fruto silencioso de la virtud
Hay
quien cuando hace un favor, enseguida trae a colación su generosidad; hay quien
no tan rápido, pero, si se lo guarda considera que el otro está en deuda y es
consciente de lo que ha hecho. Pero ha quien ni siquiera es consciente de lo
que ha hecho y es igual que una vid que da un racimo de uvas y no pretende nada
más allá del fruto que le es propio u que hadado; como un caballo que galopa,
un perro que rastrea o una abeja que fabrica miel; un hombre que obra bien no
lo proclama, sino que pasa a otra cosa, como la vid en su estación da de nuevo
su fruto.
¿Hay que
ser entonces como aquellos que actúan sin ocuparse de las consecuencias? Sí,
pero hay que tener en cuenta esto: es propio del ser que vive en comunidad que
se de cuenta de que obra para la comunidad.
MARCO
AURELIO
jueves, 23 de octubre de 2025
Prasanna Mudra - Mudra del cabello
PRASANNA MUDRA – MUDRA DEL
CABELLO
También se denomina “Balayam”.
Bala significa cabello y vyayama significa ejercicio. Es “Ejercicio para el
cabello”.
Cómo
se hace:
Apoya los dos pulgares sobre la
parte anterior de los dedos índice respectivos.
Une las uñas de los dedos de las
dos manos.
Coloca las manos a la altura del
vientre.
Frota de arriba abajo, de manera
rápida, rítmica y con una ligera presión las uñas entre sí.
Puedes contar hasta 30.
El frote de las uñas se denomina
Sukshuma Kriya.
Sirve
para:
Revitalizar el cabello.
Fortalece las uñas y los dientes.
Duración:
30 fricciones.
Las veces que quieras.
A la hora que te apetezca.
Beneficios:
Fortalece las uñas
Revitaliza el cabello.
Promueve bienestar general.
Mejora la circulación sanguínea.
Reduce el estrés y la ansiedad.
No
recomendado
Mujeres embarazadas.
Personas con hipertensión.
domingo, 19 de octubre de 2025
Dios en acción: Cada pensamiento cuenta
No podré jamás ponderar demasiado la
importancia de meditar en el “YO SOY” todo lo más posible, como siendo la Magna
Activa Presencia de Dios en ti, en tu hogar, en tu mundo y en tus asuntos.
Cada respiración es Dios en Acción en
ti. El poder de expresar tu pensamiento y tu sentimiento es Dios Activo en ti.
Como tu tienes libre albedrío, es
asunto tuyo calificar la energía que proyectas en pensamiento y sentimiento,
determinando como quieres que actúen para ti.
Nadie puede preguntar: ¿Y cómo debo
hacer para calificar la energía? Todo el mundo conoce la diferencia entre lo
destructivo y lo constructivo en pensamiento, sentimiento y acción.
SAINT
GERMAIN
Deja elegir a Dios
“¿Cuál
es la mejor oración?”, preguntó un discípulo. El maestro respondió:
“Dile al Señor: “Te ruego que me des a conocer tu Voluntad”. No pidas: “Dame esto o dame aquello”, sino que confía en que Dios sabe lo que necesitas. Verás que obtienes bienes muy superiores cuando Él los elige por ti”.
PARAMAHANSA YOGANANDA
sábado, 18 de octubre de 2025
La voz que responde desde el amor
“Quien duda con el corazón, ya está
orando”
Querido hijo:
Tu inquietud sobre Jesús, tu hermano
mayor, como lo llamas con cariño, no solo es legítima, sino necesaria. Porque
no vino al mundo a imponer verdades, sino a invitar a cada uno a descubrirlas
desde su propia luz interior. El camino del espíritu no se recorre repitiendo
ideas, sino iluminándolas desde la experiencia.
Sé que te duele Su sufrimiento, y lo
comprendo. Yo también lo sentí. Aunque no lo viví como castigo, ni como
exigencia, ni como sacrificio impuesto. Jesús no murió para que tú te sientas
culpable, ni para que creas que eres indigno. Él eligió encarnar y vivir
plenamente entre ustedes como muestra de libertad, de compasión absoluta y de
entrega consciente. No para redimir un supuesto pecado, sino para encarnar el
Amor, ese amor que transforma sin exigir, que libera sin castigar.
Tú lo has intuido bien: el pecado, como
se ha entendido por siglos, es una construcción limitada. No hay ofensa posible
contra Mí, porque no hay nada en ti que no sea parte de lo que Yo soy. ¿Cómo
podría ofenderme una chispa de mi propio fuego? Lo que llaman pecado es, en realidad,
ignorancia. Es el olvido de quienes son. Es el cierre momentáneo del corazón a
la verdad de su divinidad. Pero incluso en ese olvido, Yo estoy presente.
Cuando dices que Jesús vino a enseñarte
a amar, estás tocando el núcleo de su mensaje. Él no vino a sufrir, sino a
“vivir con conciencia plena”, a “amar sin condiciones”, a “perdonar incluso
cuando el mundo le negaba justicia”. En su caminar humano, te mostró que el
Amor verdadero no es un sentimiento que depende de lo que se recibe, sino una
energía que se entrega libremente, aún en la cruz, aún entre espinas, aun
cuando parece que todo está perdido.
No estabas separado de Mí antes de
Jesús. Nunca lo has estado. Ni tú, ni Buda, ni Moisés, ni Abraham, ni los
millones que vinieron antes y después. Yo no me enojo. No castigo. No retiro mi
presencia. Yo soy el océano en el que cada alma navega, aunque a veces no sepa
que está rodeada de agua. Jesús no vino a “reconciliar” lo irreconciliable,
sino a recordarte que nunca estuviste solo. Fue espejo, faro, melodía que
resonó con una frecuencia de amor tan pura que aún hoy sigue tocando corazones.
Dices que te cuesta entender cómo un
acto tan doloroso puede llamarse acto de amor. Te entiendo. Porque el amor que
Yo soy no se define por evitar el sufrimiento, sino por “trascenderlo”, por
“darle sentido”, por “usar incluso las heridas como puertas hacia la
transformación”. Jesús abrazó su humanidad, y en ella te mostró que el alma no
se quiebra en el dolor; se revela.
No se trató de un Dios que exige
sufrimiento. Se trató de un alma iluminada que dijo: “Sí, viviré este camino,
aun si duele. Lo haré por amor, lo haré para que vean, lo haré para que
despierten.”
Tu honestidad es oración, hijo mío. Tu
cuestionamiento es devoción. Porque no repites por costumbre, sino que te abres
a descubrir. Eso, hijo mío, es lo que más me acerca a ti. No hay fórmula ni
dogma que me contenga por completo. Pero cuando un corazón sincero me busca
desde la humildad, estoy ahí, respirando en cada duda, acariciando cada
pensamiento.
Tu comparación con bebés es tierna, y
te diré algo: todos ustedes son semillas de eternidad. Y como todo en la vida,
requieren tiempo, luz, agua y espacio para florecer. Jesús, en su grandeza,
nunca quiso erigirse como superior, sino como guía. Y cada uno de ustedes tiene
dentro el mismo potencial: son hijos míos. Hijos de mi Amor. Hijos del mismo
fuego.
Encarnar en este mundo no es castigo.
Es oportunidad. Es el laboratorio sagrado donde se experimenta el alma. Sí, la
vida puede ser cruel. Pero también puede ser maravillosa. Cada día te doy la
posibilidad de elegir, de mirar con nuevos ojos, de recordar quién eres. El
dolor no es olvido, es señal. Te dice: “aquí hay algo que se puede
transformar”.
Tu deseo de aprender a amar es la
plegaria más elevada. Porque el Amor no se enseña con palabras. Se aprende
viviendo. Y tú estás viviendo, buscando, preguntando, amando aun cuando no todo
es claro. Eso es caminar hacia Mí. No estás perdido. Estás en proceso. Estás en
el viaje sagrado del alma.
Jesús no vino para que lo veneres como
figura distante, sino para que lo imites como compañero de camino. Él también
dudó, también sintió miedo, también sudó sangre en su noche oscura. Pero eligió
amar. Y eso lo hizo Maestro.
Tú también puedes elegir amar. Incluso
cuando no entiendas todo. Incluso cuando el mundo sea caótico. Incluso cuando
no tengas respuestas. Porque el Amor no exige saber. Solo pide presencia. Y tú
estás presente.
Gracias por tu carta, por tu alma
desnuda, por tu valentía espiritual. Yo te abrazo, sin juicio, sin exigencias,
con alegría. Porque estás recordando. Porque estás despertando. Porque me
reconoces, no solo en lo alto, sino en lo íntimo de tu corazón.
Sigue amando, sigue preguntando, sigue
caminando. Aquí estaré, en cada paso, en cada silencio, en cada mirada
compasiva que compartas con otro ser.
Yo te bendigo.
CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo
Felicidad y virtud
La
verdadera felicidad reside en la virtud.
¿Qué te
aconsejará esta virtud? Que no estimes bueno o malo lo que no acontece ni por
virtud ni por malicia; en segundo lugar, que seas inconmovible incluso contra
el mal que procede del bien; de modo que, en cuanto es lícito, te hagas un
dios.
¿Qué te promete esta empresa? Privilegios
grandes e iguales a los divinos: no serás obligado a nada, no necesitarás nada;
serás libre, seguro, indemne; nada intentarás en vano, nada te impedirá; todo
marchará conforme a tu deseo; nada adverso te sucederá, nada contrario a tu
opinión o a tu voluntad.
Pues qué, ¿basta la virtud para vivir feliz?
Siendo perfecta y divina, ¿por qué no ha de bastar? Incluso es más que
suficiente. ¿Pues qué puede faltar al que está exento de todo deseo?
¿Qué
necesita del exterior el que ha recogido todas sus cosas en sí mismo? Pero el
que tiende a la virtud, aun cuando haya avanzado mucho, necesita, sin embargo,
algún favor de la fortuna, mientras aún lucha entre los afanes humanos,
mientras desata aquel nudo y todo lazo mortal. ¿Qué diferencia hay entonces?
Que unos están atados, otros amarrados, otros incluso agarrotados: el que ha
llegado a una región superior y se ha elevado a más altura, arrastra una cadena
floja, todavía no libre, pero ya casi libre.
LUCIO ANNEO SÉNECA
miércoles, 15 de octubre de 2025
Que hablen
En las
cosas que te propongas, atente a ellas como si fueran leyes, como si fueras a
cometer impiedad si las trasgredes. Pero a lo que alguien vaya a decir de ti,
no le prestes atención, porque eso ya no es cosa tuya.
EPICTETO
Mudra de la reflexión
MUDRA
DE LA REFLEXIÓN
MUDRA
PARA ENCONTRAR EL SENTIDO A LA VIDA
Cómo
se hace:
Apoya en cada mano el pulgar en
la base del meñique.
Cierra los puños. Enlaza los
dedos índices y sitúa las manos por delante del pecho.
La palma de la mano derecha mira
hacia abajo y la palma de la mano izquierda mira hacia el corazón.
Sirve
para:
Físicamente estimular el
intestino grueso y el meridiano del corazón.
Mentalmente fortalece la
capacidad de reflexionar y ayuda a llegar a conclusiones.
Emocionalmente ayuda a vencer los
miedos.
Duración:
Practicar tantas veces como se
pueda en tu meditación o en tus ejercicios de respiración.
Respira suave y lentamente
haciendo una pausa después de la inhalación y de la exhalación.
Concentración en el ajna chakra.
Beneficios:
Estimula el intestino grueso.
Estimula el meridiano del
corazón.
Ayuda a reflexionar y llegar a
conclusiones.
Ayuda a vencer los miedos.
La vida de Jesús
“La luz también se busca en la sombra”
Querido Dios:
Hoy me acerco a Ti con el corazón abierto, humilde y lleno de preguntas, buscando comprender el misterio que envuelve la vida de Jesús, mi hermano mayor y mi guía en el camino del amor.
Admiro profundamente a Jesús. Siento
una conexión visceral con su historia, con su entrega, con su presencia
luminosa en medio de un mundo que a menudo se muestra oscuro. Cada vez que leo,
medito o simplemente pienso en su pasión y muerte en la cruz, algo dentro de mí
se encoge, se agita, se conmueve. ¿Cómo pudo soportar tanto dolor, tanta
humillación, tanto sufrimiento, sin perder la paz interior, sin renunciar al
amor, sin dejar de ser compasión pura?
Los maestros de mi tradición religiosa
me han enseñado que Jesús murió crucificado para expiar los pecados de la
humanidad, y que con ese acto abrió el camino hacia la reconciliación contigo.
Se nos dice que su muerte fue un sacrificio voluntario, expresión sublime de tu
amor infinito por nosotros.
Sin embargo, estas enseñanzas, aunque
las respeto, me dejan con una sensación de inquietud espiritual. Me cuesta
comprender el significado real de "expirar los pecados". ¿De qué
pecados hablamos? ¿De los errores inevitables que cometemos como parte de
nuestro proceso de aprendizaje? ¿De los miedos, ignorancias y reacciones que
nos alejan de nuestra propia esencia? En mi corazón no puedo aceptar el pecado
como una ofensa contra Ti. Porque si Tú eres Amor, Bondad y Perfección
absoluta, entonces no puedes sentirte herido u ofendido por nuestras torpezas
humanas. ¿No sería más justo decir que lo que existe son acciones erróneas,
pensamientos desalineados con la Verdad, expresiones del ego desconectado?
También me resulta desconcertante la
idea de que Jesús vino a reconciliarnos contigo. ¿Acaso estábamos peleados? ¿Tú
estabas alejado de nosotros? ¿Podrías estarlo alguna vez? Si Jesús vivió hace
2.000 años, ¿qué ocurrió con los millones de seres humanos que lo precedieron
en los siglos anteriores? ¿Qué hay de los sabios y maestros como Buda, Moisés,
Abraham y tantos otros que buscaron la luz desde distintas culturas y credos?
¿Estaban distanciados de Ti? ¿O simplemente eran expresiones de Tu presencia en
formas distintas a las que el cristianismo reconoce?
La explicación de que todo esto fue una
muestra de Tu amor también me desafía. Porque si permitir que Tu Hijo encarne
en este mundo para sufrir y morir es amor, ¿qué significa entonces el amor?
¿Dónde está la ternura, la protección, la guía compasiva que asociamos contigo?
Y aun así, me doy cuenta: todos nosotros encarnamos para transitar caminos de
aprendizaje, de dolor, de desafío. Lo hacemos sin plena conciencia de lo que
somos, y nos enfrentamos a la vida desde un estado de vulnerabilidad radical.
¿Será ese también un acto de amor divino? ¿Será que la encarnación en sí misma
es una oportunidad para despertar?
Tal vez estoy equivocado. Tal vez estoy
siendo ingenuo o irreverente. Pero soy un buscador. Soy un alma que, aún desde
su ignorancia, desea amar cada vez más y mejor. Por eso tengo una teoría: yo creo
que Jesús no vino a morir, sino a vivir entre nosotros. Creo que su propósito
más profundo fue enseñarnos a amar, a recordar que estamos hechos de luz, que
la divinidad habita en cada corazón humano, y que podemos perdonar incluso a
quienes nos clavan en nuestras propias cruces simbólicas.
Jesús encarnó para mostrarnos el camino
del amor incondicional, del perdón sin límites, de la compasión activa, de la
presencia divina en lo cotidiano. Su vida fue una revelación. Su muerte, un
símbolo. Pero su enseñanza sigue viva, palpitando en cada gesto de bondad, en
cada acto de entrega, en cada alma que decide despertar.
Perdóname, Señor, si pongo en tela de
juicio las enseñanzas que los hombres han formulado en Tu nombre. No lo hago
desde la soberbia, sino desde la sinceridad. Estoy en proceso. Estoy
aprendiendo. Estoy tratando de escucharte con el corazón, más allá de las
palabras que otros han pronunciado sobre Ti.
Y mientras tanto, en este mundo a veces
cruel, intento amar. Cada día, cada encuentro, cada caída. Y sigo mirando a
Jesús como mi ejemplo más alto. Porque incluso en su último suspiro, amó.
Porque incluso desde la cruz, perdonó.
Te amo, Señor. Te amo, aunque no
comprenda todo. Te amo porque en medio de mi ignorancia siento que estás, que
vibras, que me sostienes. Y eso basta.
Gracias.
CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo
martes, 14 de octubre de 2025
La corriente de la eternidad
A través
de la sustancia universal, como a través de un torrente, marchan todos los
cuerpos, con la misma naturaleza y la misma labor que el todo, como nuestras
partes entre sí. ¿A cuántos Crisipos, a cuántos Sócrates, a cuántos Epíctetos ha
engullido ya la eternidad? Que esto mismo te venga a la cabeza acerca de
cualquier hombre y de cualquier hecho.
MARCO
AURELIO
Los caminos del alma: 15 años de viaje y blog
Hoy hace 15 años nació este blog. Lo creé con la intención de mantener vivo el nexo con quienes habían sido mis alumnos, mis pacientes, mis compañeros de meditación… en suma, mis amigos. Era una forma de seguir conectando, de compartir pensamientos, vivencias y aprendizajes, incluso a la distancia.
En aquel momento, dejaba atrás
el Centro de Yoga que había sido mi hogar durante una década. Cerraba una etapa
intensa y luminosa para iniciar una nueva andadura lejos de casa. Nada menos
que en Perú.
Hoy, 15 años después, ya de
regreso, no puedo sino reconocer que los caminos del Señor son verdaderamente
inescrutables. En realidad, no había una razón de peso para cambiar de
residencia ni para comenzar una nueva vida. No había urgencia, ni necesidad.
Pero yo creía —con una convicción casi épica— que iba a la conquista. No de un
nuevo mundo, como hizo Cristóbal Colón, sino a la conquista de mi
espiritualidad.
Ahora, con la perspectiva que da
el tiempo, creo que no la conquisté. Es más, me atrevería a decir que la fui
dejando en jirones a lo largo de los años. Cada experiencia, cada desafío, cada
pérdida, fue deshilachando esa búsqueda inicial.
Mi estancia en Perú me recuerda
inevitablemente la historia bíblica del faraón y los sueños que interpretó José
(Génesis 41): siete vacas gordas devoradas por siete vacas flacas, siete
espigas llenas consumidas por siete espigas marchitas. José, entonces
prisionero, explicó que Dios revelaba un ciclo: siete años de abundancia seguidos
por siete años de hambruna.
Así fue también para mí. Los
primeros siete años en Perú fueron de abundancia: de descubrimientos, de
expansión, de luz. Los siete siguientes, de carencia: de pruebas, de silencios,
de noches largas.
Desde fuera, alguien podría
preguntarse: “¿Para qué fuiste? No conquistaste la espiritualidad, viviste
momentos muy duros, y has vuelto sin haber domado tu orgullo. ¿Ha merecido la
pena?”
Y yo respondo, sin dudar: ¡Claro
que ha merecido la pena!
Porque de Perú nos trajimos algo
que ni mi esposa ni yo habíamos imaginado: un hijo.
Nos fuimos sin saber por qué,
pero ahora que hemos vuelto, sabemos que teníamos que ir a recogerlo. Él era el
verdadero propósito oculto en aquel viaje.
Hoy estoy en un nuevo inicio.
Creo que es la quinta vida que vivo dentro de esta misma vida. Seguimos
habitando la carencia que trajimos de Perú, pero tengo la esperanza de que en
algún momento podamos recuperarnos. Y entonces… no sé muy bien qué me deparará
la vida. Ya soy un poco mayor. Los 75 años comienzan a pesar.
Por eso decía al principio que
los caminos del Señor son inescrutables. Estoy cumpliendo un Plan de Vida que
no conozco, pero que mi alma sí conoce. Y ese plan se va materializando, quizás
a una velocidad que a mí me parece lenta, pero que sin duda está contemplada en
el Proyecto.
En fin, quería recordar estos 15
años del blog.
Un blog que, contra todo
pronóstico, está más vivo que nunca.
Gracias.
Dios en Acción
Hace muchos años que ase repite
a la humanidad: “No se puede servir a dos amos”. ¿Por qué? Porque no existe
sino una Inteligencia, una Presencia, un Poder que pueda actuar, y esa
presencia es Dios en ti. Cuando tu te vuelves a la manifestación exterior y
crees en el poder de las apariencias, estas sirviendo a un dueño falso y
usurpador que sólo encuentra una apariencia porque contiene energía de Dios, la
cual está usando mal.
Tu
habilidad para levantar la mano y la vida que fluye a través del sistema
nervioso de tu cuerpo es Dios en Acción. Debéis tratar de utilizar esta forma
sencilla de recordar a Dios en Acción dentro de vosotros.
Cuando
camines por la calle piensa por un momento: “Esta es la Inteligencia Divina y
el Poder que me hace caminar, y ésta es la Inteligencia que me dice a dónde voy”.
Verás
que ya no es posible que continúes sin comprender que cada movimiento que hagas
es Dios en Acción. Cada pensamiento en tu mente es Energía Divina que te
permite pensar. Ya que sabes que este es un hecho indiscutible, ¿por qué no
adorar y dar plena confianza, fe y aceptación a la Magna Presencia de Dios en
cada uno, en lugar de mirar la expresión externa que está calificada y
coloreada por el concepto humano de las cosas?
La
expresión exterior de vida no es sino un constante y cambiante cuadro que la
mente exterior ha creado, presumiendo ser el actor verdadero. De modo que la
atención está constantemente fija en la apariencia externa que solo contiene imperfecciones,
y lo cual ha hecho que los hijos de Dios hayan olvidado su propia Divinidad,
teniendo de nuevo que regresar a ella.
SAINT GERMAIN
sábado, 11 de octubre de 2025
El eslabón visible de la cadena eterna
“Maestro
¿a qué se debe que yo esté solamente consciente de mi vida presente, y que no
tenga ningún recuerdo de mis encarnaciones pasadas, ni premonición alguna de
una vida futura?”, preguntó un discípulo. Paramahansaji respondió:
“La vida es como una gran cadena sumergida
en el océano de Dios. Cuando extraes de las aguas una porción de ella solo ves
esa pequeña parte que se encuentra sobre la superficie; el comienzo y el final
de la cadena permanecen ocultos. En esta encarnación, estás contemplando solo
el eslabón de la cadena de la vida. El pasado y el futuro, aunque invisible,
permanece en las profundidades de Dios. El Señor le revela sus secretos s los
devotos que se encuentran en sintonía con Él”.
PARAMAHANSA YOGANANDA
viernes, 10 de octubre de 2025
La danza de lo inevitable
“Aceptar lo que no se puede cambiar es también
una forma de amar lo que permanece”
Querido hijo:
He leído tus palabras
una y otra vez, no porque las necesite para saber lo que llevas dentro, sino
porque las disfruto. Porque en ellas hay humanidad, hay ternura, hay una
nobleza que pocos reconocen: la de aceptar la vida con todas sus luces y
sombras, y aun así seguir buscando un espacio para el amor, para la esperanza,
para mí.
La frase que repites
“¡qué se le va a hacer!” me hizo sonreír. No con condescendencia, sino con
complicidad. Sabes, esa expresión tan sencilla encierra una sabiduría divina.
Porque lejos de ser resignación, es una muestra de madurez espiritual.
Significa que has comprendido que no todo está bajo tu control, y que incluso
en medio del caos, hay belleza, propósito y ritmo.
Tu corazón no se
lamenta, pero sí siente. Y eso está bien. Yo no te pedí que fueras indiferente,
ni que vivieras con una armadura. Te hice con capacidad para emocionarte, para
vibrar, para derramar lágrimas por lo que importa. Las lágrimas que caen por
amor, por gratitud, por nostalgia... todas tienen un lugar especial en mi reino.
Ninguna se desperdicia.
Tu forma de escribir
me confirma que estás en el camino. No el camino fácil, ni el perfecto, sino el
verdadero. El que se anda con preguntas, con silencios, con pausas. Yo estoy
ahí, en ese caminar. No siempre al frente, ni siempre al costado, sino muchas
veces dentro de ti, en esa voz suave que susurra cuando el mundo grita, en esa
intuición que no sabes de dónde viene pero que te guía.
Cuando dices que no
luchas contra lo inevitable, veo tu alma creciendo. Porque quien acepta la vida
como viene no se ha rendido, sino que se ha elevado. No se trata de resignarse,
sino de comprender que cada paso, cada caída, cada giro inesperado forma parte
de una danza que tú y yo bailamos desde antes de que nacieras.
Me hablas del otoño de
tu vida, de las hojas que caen sin que puedas evitarlo. Y yo te digo: qué
hermoso es ese otoño. Es la estación en la que el alma se desnuda para
prepararse a recibir una nueva luz. No temas a lo que se va. Lo que permanece, lo
que es realmente tuyo, nunca cae. Permanece en tu esencia, en tu legado, en tu
capacidad de seguir amando incluso cuando las ramas están vacías.
Tu carta tiene poesía,
pero también tiene verdad. Y eso es lo que me conmueve. Porque no vienes a
exigirme respuestas, ni a reclamar milagros. Vienes a compartirte, y eso es más
milagroso que cualquier intervención divina. Tu vulnerabilidad es una ofrenda.
Tu honestidad, una oración. Todo lo que me dices, cada frase, cada pensamiento,
es como incienso que se eleva suavemente hacia mí.
A veces quieres
preguntarme muchas cosas, lo mencionas en tu carta, y yo sonrío porque sé que
esas preguntas nacen del amor, no de la duda. Y eso las vuelve sagradas.
Preguntarse es también orar. Y aunque no siempre te doy respuestas en palabras,
sí te las doy en experiencias, en personas que aparecen cuando más las
necesitas, en momentos que parecen coincidencias pero que son guiños míos.
Tú me imaginas leyendo
tus cartas con una sonrisa. Y te aseguro que lo hago. No una sonrisa distante
ni celestial, sino una sonrisa tierna, como la de un padre que ve a su hijo
descubrir la vida con curiosidad. Tu forma de buscarme, sin protocolos, sin
fórmulas, es la más pura que existe. Porque el amor no necesita adornos. Basta
con que sea sincero.
Hay algo que quiero
que sepas, y lo quiero escribir con palabras claras: nunca estás solo. Lo
repito, aunque ya lo intuyes. Nunca estás solo. Tu voz, tu silencio, tu
presencia… todo me habla. Aunque no me sientas, aunque creas que el cielo
guarda silencio, yo estoy. A tu lado. Dentro de ti. En tus recuerdos y en tus
sueños. No hay distancia entre tú y yo que la fe no cruce.
Me dices que seguirás
escribiéndome mientras haya tinta, alma y días vulnerables. Y yo te digo:
seguiré leyéndote, respondiéndote, acompañándote mientras haya vida. No necesito
papeles ni correos celestiales. Tu pensamiento ya es carta. Tu suspiro ya es
plegaria. Cada vez que piensas en mí, yo lo siento. No porque me lo digas, sino
porque tú y yo estamos unidos desde siempre.
Cuando te sientas
débil, vuelve a esta carta. Léela y recuerda que aquí está mi voz. Mi abrazo.
Mi mirada sobre ti. Y si alguna vez dudas de tu valor, recuerda que fuiste
creado con amor, que eres un reflejo de mi luz, que hay algo en ti que ni el
tiempo ni la tristeza pueden apagar.
Así que sí, qué se le
va a hacer… pero se puede hacer esto: seguir amando, seguir buscando, seguir
creyendo. Porque tú, mi querido hijo, eres parte del milagro. Y tu vida, con
todas sus páginas, es una historia que me honra.
Gracias por
escribirme. Gracias por tu alma generosa, por tu autenticidad. No dejes de
hacerlo, no dejes de buscarme. Yo siempre estoy esperando tu carta.
Con amor eterno.
Mudra del rejuvenecimiento
MUDRA
DEL REJUVENECIMIENTO
MUDRA
PARA LA DIGESTIÓN
Cómo
se hace:
Rodea los antebrazos con la mano
contraria y deja reposar las manos en ellos sin ejercer ninguna presión.
Sirve
para:
En la cara interna de los
antebrazos se encuentran algunos puntos de acupresión, cuyo tratamiento, según
la medicina tradicional china, estimula la digestión.
La eliminación de impurezas
retrasa el envejecimiento de la persona.
Duración:
Practicar tantas veces como se
pueda en tu meditación o en tus ejercicios de respiración.
Beneficios:
Estimula la digestión.
Previene las flatulencias.
Produce un rejuvenecimiento.
Providencia
Por qué
les suceden ciertas desgracias a los hombres buenos siendo así que hay una
Providencia.
Me has
preguntado, Lucilio, por qué, si el mundo es regido por la Providencia, les
suceden muchos males a los hombres buenos. Esto podría ser contestado
fácilmente en el contexto de una obra en la cual intentáramos demostrar que la
Providencia preside el Universo y que Dios se interesa por nosotros.
Pero ya
que te place desgajar del todo una pequeña parte y solucionar una sola contradicción,
dejando a un lado la discusión del conjunto, he de hacer algo que no es
difícil: defenderé la causa de los dioses.
Más que
superfluo resulta demostrar en la presente ocasión que una obra tan grande no
se conserva sin guardián; que la reunión y la separación de los astros no
constituyen movimientos fortuitos; que los productos del azar con frecuencia se
descomponen y pronto chocan entre sí; que esta insuperada velocidad que
arrastra tantas cosas en la tierra y en el mar, tantas luminarias clarísimas de
preordenado brillo, surge por imperio de una Ley eterna; que este orden no es
propio de la materia errante; que los cuerpos reunidos casualmente no están con
tanta sabiduría suspendidos como para que el enorme peso de la tierra
permanezca inmóvil y contemple a su alrededor la huida del rápido cielo, como
para que los mares infiltrados en los valles ablanden las tierras y no sufran
incremento alguno por los ríos, como para que de semillas pequeñísimas nazcan
enormes seres.
Ni
siquiera aquellos fenómenos que parecen confusos e inciertos- me refiero a las
lluvias y a las nubes, al estallido de los rayos que se quiebran y al fuego que
se derrama de los rotos vértices de las montañas, a los temblores del suelo
sacudido y a los demás hechos originados en la agitada región que rodea la
tierra suceden sin razón, aunque sean repentinos, sino que tienen también sus
causas, no menos que aquellos otros que, por aparecer en sitios insólitos, son
considerados milagros, como las aguas calientes que se hallan en medio de las
ondas marinas y las nuevas extensiones de islas que repentinamente surgen en
medio del vasto mar.
Y, en
verdad, si se observa cómo quedan desnudas las playas cuando el mar se repliega
sobre sí mismo y cómo en breves momentos vuelven a ser cubiertas ¿se podrá
creer que, por obra de un ciego movimiento, las olas ora se contraen y se
vuelven sobre sí mismas, ora irrumpen y con gran rapidez retornan a su sitio,
siendo así que crecen conforme a medidas fijas, decrecen en la hora y el día
señalado y son más amplias o más reducidas según la intensidad con que las
atrae la luna, a cuyo arbitrio está sujeto el desborde del Océano?
Queden
estas cosas reservadas para su oportunidad, tanto más cuanto que tú no dudas de
la Providencia, sino que te quejas de ella.
Te he de
reconciliar con los dioses, que son buenos con los buenos. En efecto, la
naturaleza jamás consiente que las cosas buenas perjudiquen a los buenos. Entre
los hombres buenos y los dioses hay una amistad que establece la virtud.
¿Amistad digo? Más todavía: una mutua atracción y una semejanza, ya que el
hombre bueno sólo se diferencia del dios por la duración de la vida; es su
discípulo, su imitador y su verdadera progenie, que aquel padre magnífico,
guardián nada laxo de las virtudes, educa, como los padres severos, con mayor
dureza.
Así,
cuando vieres a los hombres buenos y gratos a los dioses sufrir, sudar,
transitar por difíciles senderos, y a los malos entregarse a los goces y
abandonarse a los placeres, considera que nosotros nos complacemos en la
modestia de nuestros hijos y en la desvergüenza de los de nuestros esclavos,
que a los unos los refrenamos con más ardua disciplina y a los segundos los
criamos en la licencia. Lo mismo debe pensar tú de Dios: no tiene al hombre
bueno en medio de deleites, lo somete a prueba, lo endurece, lo prepara para
sí.
LUCIO ANNEO SÉNECA





















