El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




martes, 30 de diciembre de 2025

Mejor callar

 


La vigilancia del alma

 


Presta atención a tus impresiones, vigílalas día y noche, pues no es poca cosa lo que custodias: el respeto y la fidelidad a ti mismo, la ecuanimidad, la mesura; una mente que no es esclava de las emociones, del dolor, del miedo, de los contratiempos; en una palabra, la libertad.

EPICTETO

Respiración Básica

 



Te necesito

 


“Amarte es recordar quien soy”


Querido Dios:

 No exagero ni un ápice si Te digo que Te necesito. Pero esta necesidad no es para conseguir algo que quiero o creo necesitar. No quiero pedirte nada. Solo necesito mantenerte en mi mente, porque de otra manera, de momento, no sé cómo hacerlo. Te necesito como se necesitan dos enamorados.

Recuerdo mi primer enamoramiento. Ese que te llena el estómago de mariposas. Ese en el que me sentía unido a mi amada por algo que ninguna distancia podía borrar. Había como un hilo invisible entre nosotros, una vibración secreta que nos mantenía atentos el uno al otro, incluso cuando el silencio se extendía entre nuestros días. Cada mensaje, cada mirada robada, cada palabra dicha a destiempo encendía esa necesidad que crecía dentro de nosotros: vernos, tocarnos, volver a encontrarnos en el mismo aire. 

Yo pensaba en la suavidad de su voz, en cómo sus ojos parecían esperarme aun cuando el mundo entero se movía. Ella, en cambio, recordaba el calor de mis manos, el modo en que todo se calmaba cuando yo estaba cerca. No bastaban las llamadas, ni los recuerdos, ni las promesas; era el cuerpo reclamando presencia, la piel pidiendo volver a reconocerse en la del otro. 

En algún punto, comprendimos que el amor no era solo emoción o ternura, sino una urgencia compartida de existencia: ser con el otro, no aparte. Cuando cada día nos encontrábamos, el tiempo se detenía, no por magia, sino porque la espera había cesado. Estábamos donde debíamos estar: juntos, completos, respirando el mismo instante. 

Esto es lo que quiero Señor. ¿Por qué podía mantener en mi mente la imagen de mi amada durante todo el día?, ¿por qué podía desear, de manera permanente, su contacto?, ¿por qué su palabra era para mí como música celestial?, ¿por qué el contacto de su piel me llevaba al éxtasis?, ¿por qué no puedo mantener esa energía Contigo durante un largo tiempo?, ¿por qué?

La serenidad que siento cuando estoy Contigo no se puede comparar a ninguna emoción conocida y, sin embargo, no consigo mantenerla más allá de unos minutos y es entonces cuando me siento mal conmigo mismo por permitir que mi mente se distraiga.

El amor que me inunda en esos minutos de unión Contigo no es comparable a ningún amor humano.

No sé cómo explicarte este anhelo sin caer en el lenguaje de los sentidos, pero solo puedo usar las palabras de lo que soy: Un ser humano. Pero Tú sabes lo que hay debajo de cada una. No busco milagros ni consuelos inmediatos; busco presencia. No quiero solo pensarte, sino sentirte, como quien se mira en un espejo y se reconoce de pronto en aquello que ve.

Cuando Te siento, Señor, todo se aquieta. El ruido de mis pensamientos cede, el aire parece volverse más claro y, por un instante, todo encaja. Es como si el mundo entero respira conmigo y el tiempo se reconoce en un solo punto de luz. Pero esos momentos son fugaces, se disuelven como el perfume de una flor cuando el viento cambia de dirección. Entonces regreso al ruido, a la distracción, y me invade la frustración de no poder quedarme Contigo más tiempo.

Te confieso que muchas veces temo no saber amar como tú amas. Quizás por eso, cada vez que me distraigo, siento que Te pierdo. Pero ¿Cómo podrías perderte si Tú habitas en mí y en todo lo que me rodea? Quizás el error está en pensar que debo retenerte, cuando en realidad eres Tú quien me sostiene a mí.

A veces me pregunto si este deseo de estar Contigo, (tan intenso, tan devorador), no es ya en sí una forma de amor. Tal vez me llamas a buscarte precisamente a través de este vacío, de esta falta, de esta necesidad que arde y me purifica. Tal vez el amor no consiste en verte todo el tiempo, sino en aprender a reconocerte en lo invisible: en el sonido del viento, en el temblor del instante, en la mirada de los otros.

Sé que cuando amo verdaderamente, aunque sea a otra persona, algo de Ti se filtra entre nosotros. El amor humano es como un reflejo imperfecto de Tu luz. En él Te vislumbro, aunque sea por fragmentos. Por eso no desprecio ni mis pasiones ni mis debilidades, porque a través de ellas también Te busco. Tú me hiciste con hambre de infinito, pero me diste un cuerpo finito, y entre esas dos orillas se extiende mi alma, aprendiendo a navegar.

Me gustaría poder amarte con la constancia con la que respiro, sin esfuerzo, sin interrupciones. Pero quizás la respiración también tiene su ritmo: inhala Tu presencia, exhalo mis distracciones. Tal vez esa alternancia sea parte de la lección: que incluso cuando no Te siento, sigues ahí, esperando pacientemente como una llama que nunca se apaga.

En esos momentos en que la mente se aleja y el corazón se enfría, recuérdame, Señor, que no hay distancia real entre nosotros. Enséñame a regresar sin culpa, con ternura hacia mi propia fragilidad. Que cada olvido se convertirá en un nuevo motivo para recordarte, y cada caída, en una manera distinta de levantarme hacia Ti.

Quisiera vivir con la simplicidad de una gota que no duda de pertenecer al mar, porque sabe que, aún separados, sigue teniendo su misma esencia. Dame esa certeza, Señor: la de saber que incluso en mi dispersión, estoy Contigo.

Te necesito, sí, pero no como quien desea poseer, sino como quien desea Amar con mayúscula: Quiero que mi vida entera sea una sola conversación Contigo, donde no haya palabras sino presencia, no súplica sino comunión, no búsqueda sino hallazgo perpetuo.

Y aunque mi mente se canse, aunque mis sentidos me traicionen, aunque la rutina me nuble, mantén vivo en mí el fuego de esta necesidad. No permitas que se extinga. Que cada día, con sus distracciones, penas y pequeños gozos, sea una oportunidad para recordar que estoy hecho de Ti, para Ti, y hacia Ti.

Porque amarte, Señor, es recordar quién soy.

Gracias, Señor.

Del libro "Cartas a Dios 2" - Alfonso Vallejo

viernes, 26 de diciembre de 2025

Confianza

 


Capacidad de elegir

 


A mi capacidad de elección le resulta igualmente indiferente la capacidad de elección de otro hombre, al igual que sucede con su aliento vital y su carne. Aunque hemos nacido unos a causa de otro, cada uno tiene su propia soberanía.

A la divinidad no le pareció bien que la maldad de otro hombre sea un mal para mí, de tal modo que mi infortunio no quedará en manos de otro.

          MARCO AURELIO

 


Enseñanza universal



Todo el mundo anda buscando la felicidad, a veces llamada dicha, y, sin embargo, muchos de los que la buscan con tanto ahínco continúan pa­sando de largo ante la llave de esa felicidad.

La llave simple de la dicha perfecta y el poder inherente que la mantiene constante es el “autocontrol” y la “autocorrección”. Pero esto es facilísimo de lograr una vez que se aprende la verdad de uno mismo es la presencia YO SOY y la inteligencia que controla y ordena todas las cosas.

Alrededor de cada individuo hay todo un mundo de pensamientos creados por él mismo. Dentro de este mundo mental está la semilla, la Presencia Divina, el «YO SOY», que es la única Presencia que actúa en el Universo y la cual dirige toda energía. Esta energía puede ser intensificada más allá de todos los límites por medio de la actividad conscien­te del individuo.

La Presencia Divina Interior puede ser comparada con la semilla de un durazno. El mundo de pensamientos que la envuelve semeja la pulpa. La pulpa representa no sólo el mundo mental creado por el individuo, sino la sustancia electrónica universal, siempre en espera de ser activada por la determinación consciente del individuo, para ser precipitada a su uso visible en la forma que a él le convenga o desee.

El camino seguro hacia la comprensión y uso de este po­der consciente nos viene por medio del autocontrol. ¿Qué quiero yo decir con esa palabra “autocontrol”?:

1)    El reconocimiento de la Inteligencia «YO SOY» como única Presencia activa.

2)    Que sabiendo esto, sabemos también que no existen límites o limitaciones para el poder de su uso.

3)    Que los humanos, habiendo recibido libre albedrío, libre selección y libre actuación lo que crean en su mundo circundante es todo aquello en que fijan su atención.

SAINT GERMAIN


martes, 23 de diciembre de 2025

Un Hijo de Dios entre muchos

 


“¿Cree usted en la divinidad de Cristo?”, preguntó un visitante. El Maestro respondió:

“Ciertamente. Me agrada hablar de Él, porque fue un hombre de perfecta realización espiritual. Sin embargo, no fue el único hijo de Dios, ni lo sostuvo Él así. En lugar de ello, Cristo enseñó claramente que aquellos que cumplen la voluntad de Dios, lleguen a ser uno con el Señor, tal como si fuera Él mismo. ¿No fue acaso la misión de Jesús en la tierra el recordar a los hombres que el Señor es su Padre Celestial, y el mostrarles el camino de regreso hacia Dios?”

PARAMAHANSA YOGANANDA


lunes, 22 de diciembre de 2025

Lástima

 


¿Qué es la lástima? Es ponerse de acuerdo con lo imperfecto.

No te dejes jamás invadir por la lástima, pues es como si te dejaras arrastrar a las arenas movedizas teniendo alas con que elevarte a las alturas, por encima de toda cosa destructiva, elevando al mismo tiempo aquello que estás atestiguando y que quiere producirte esa lástima.

No juzgues; mantente firme en la presencia YO SOY y todo manifestará la perfección.

SAINT GERMAIN


viernes, 19 de diciembre de 2025

Todo está bien

 

          “Todo está bien”. Aceptar es un signo se sabiduría, de crecimiento, de unión con Dios.

          Juzgar, criticar, buscar el conflicto e, incluso buscar la perfección en los demás es una prueba de identificación con lo terrenal, que es lo mismo que decir que se vive de espaldas a Dios.

          Quien vive la unión con Dios entienden que los que comparten con él su encarnación no tienen porque estar a su mismo nivel de evolución y aceptan, bendicen y perdonan.

Del libro “Rasgar el velo de la soledad” de Alfonso Vallejo

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Vivir con Amor

 


Pongámonos en manos de Dios y detengamos la locura de nuestra mente. Escuchemos la voz del corazón: aunque no comprendamos con claridad cuál es nuestra misión en la vida, siempre podemos intuirla. Y si ni siquiera logramos intuirla, vivamos sencillamente con Amor.

Esa forma de vivir transformará nuestra existencia en un paseo ligero, sin cargas innecesarias, por un amplio camino adornado con pétalos de rosa. 

Del libro “Alma peregrina” de Alfonso Vallejo


La dureza de lo fácil

 


Todo lo que en general es superior a nuestras fuerzas nos parece duro e insufrible. Olvidamos que hay muchos para quienes el mayor suplicio sería no beber vino o levantarse temprano. Las cosas no son difíciles por su naturaleza, sino que nosotros somos perezosos y delicados.

LUCIO ANNEO SÉNECA


La necesidad del alma

 



martes, 16 de diciembre de 2025

Cartas a Dios (Sinopsis)


 

Cartas a Dios es un diálogo íntimo entre el alma humana y lo divino.

El autor se dirige a Dios con cartas escritas desde la vulnerabilidad, la esperanza y la búsqueda, con preguntas que todos nos hemos hecho: sobre el amor, el miedo, el karma, la fe, el pecado, la espiritualidad y el sentido de la vida.

Cada carta recibe una respuesta profunda, amorosa y reveladora, como si el propio Creador susurrara verdades al corazón.

Este libro no pretende dar respuestas absolutas. Es un espacio de encuentro entre lo humano y lo divino, entre la duda y la certeza, entre el dolor y la esperanza.

Una obra para quienes buscan luz en medio de la incertidumbre, consuelo en el dolor y una voz que les recuerde que nunca están solos.

Una lectura que no impone creencias, sino que invita al dialogo interior, a la apertura del corazón y al descubrimiento de que Dios también responde.... cuando se le escribe desde el alma.

sábado, 13 de diciembre de 2025

Dignidad

 


Mudra de hacer limpieza

 


MUDRA DE HACER LIMPIEZA

MUDRA PARA LA RESOLUCIÓN DE TRAUMAS

Cómo se hace:

Dobla los dedos de las dos manos y apoya las puntas lo más cerca posible de las bases de los dedos.

Los pulgares extendidos y tocándose las yemas.

También se tocan los nudillos medios de los dedos corazón.

Coloca el mudra delante del abdomen.

Sirve para:

Limpiar el subconsciente de traumas antiguos no resueltos.

Traer a la parte consciente traumas escondidos en el inconsciente.

Incrementa la actividad onírica.

Respiración:

Respira suave, lenta y profundamente.

Realiza pausas tras tanto en la inspiración como en la exhalación.

Duración:

Practicar 7 minutos diarios durante 7 días.


El misterio de estar vivo

 

 


“Hay días en los que el alma no pide respuestas,

solo compañía”

 Querido Dios:

           Hoy me siento inclinado a escribirte, no por una urgencia espiritual ni por una súplica desesperada, sino por algo más difuso, más cotidiano, más humano: el aburrimiento. Me aburro, Señor. Me aburro soberanamente. Y aunque esta palabra suene trivial, casi infantil, lo cierto es que encierra una carga existencial que me pesa más de lo que quisiera admitir.

Este aburrimiento no es el de una tarde sin planes ni el de una espera en la sala de un médico. Es un aburrimiento que se instala en el alma, que se mezcla con mi tristeza innata, (esa que me acompaña desde que tengo memoria), y que, si uno se dejara llevar por los diagnósticos modernos, podría confundirse fácilmente con una depresión. Pero no creo estar deprimido, Señor. Al menos no en el sentido clínico del término. Aunque, por curiosidad, (y quizás por necesidad de entenderme mejor), me he atrevido a consultar los síntomas de la depresión. La inteligencia artificial, esa nueva voz que también responde preguntas, me ha ofrecido una lista detallada, casi quirúrgica, de lo que se considera una depresión según fuentes médicas como Mayo Clinic y Sanitas.

Los síntomas emocionales y cognitivos incluyen tristeza persistente, pérdida de interés en actividades, irritabilidad, sentimientos de inutilidad, dificultad para concentrarse y pensamientos recurrentes sobre la muerte o el suicidio. Al leerlos, me he sentido aliviado. No porque no tenga nada en común con ellos, sino porque la mayoría no me describen. Sí, tengo una tristeza persistente, pero no es nueva. Es como un color de fondo en mi alma, como un gris suave que no me impide ver los colores, pero que siempre está ahí. Y sí, a veces me siento vacío, pero no desesperanzado. Nunca he sentido que todo esté perdido. Nunca he sentido que no haya sentido.

En cuanto a los pensamientos sobre la muerte, debo confesar que sí, los tengo. Pero no son oscuros ni autodestructivos. No hay en mí deseo de acabar con la vida, sino una curiosidad profunda por lo que hay más allá. No pienso en la muerte como un escape, sino como una puerta. Una puerta que, aunque no tengo prisa por cruzar, me intriga. Fantaseo con lo que podría haber al otro lado, como quien imagina un país lejano que aún no ha visitado pero que siente que, de alguna manera, ya conoce. ¿Será que en algún rincón de mi alma hay un recuerdo de ese “otro lado”? ¿Será que mi nostalgia no es por algo que perdí aquí, sino por algo que viví allá?

La IA también me habló de los síntomas físicos y de comportamiento: alteraciones del sueño, fatiga, cambios en el apetito, lentitud en el pensamiento, dolores inexplicables y aislamiento social. Tampoco me identifico con ellos, salvo quizás con el aislamiento. Pero ese, Señor, Tú lo sabes bien, no es nuevo. Siempre he sido tímido, retraído, más observador que protagonista. No soy la alegría de la fiesta, ni lo pretendo. Mi mundo interior siempre ha sido más vasto que el exterior, y aunque con los años he aprendido a abrirme un poco más, sigo siendo ese niño que se escondía detrás de las cortinas para no saludar a los invitados.

Entonces, si no estoy deprimido, ¿qué me pasa? ¿Por qué este aburrimiento que se instala como una niebla en mis días? ¿Por qué esta sensación de que todo es repetido, de que nada me sorprende, de que incluso lo bello parece lejano?

No te escribo buscando una solución mágica. Sé que la vida no funciona así. Sé que estamos aquí para aprender, para crecer, para amar. Y sé que este aburrimiento, esta incomodidad, esta falta de entusiasmo, puede ser una señal. Una señal de que algo dentro de mí está cambiando, de que algo necesita ser atendido, comprendido, transformado.

Quizás este aburrimiento sea una invitación. Una invitación a mirar más profundo, a dejar de buscar fuera lo que solo puedo encontrar dentro. Porque cuando todo parece aburrido, quizás es porque he dejado de mirar con ojos nuevos. Quizás es porque he olvidado que cada instante, por más cotidiano que sea, encierra un misterio. El misterio de estar vivo. El misterio de poder sentir, pensar, amar.

Y, sin embargo, Señor, me cuesta. Me cuesta encontrar sentido en lo pequeño. Me cuesta entusiasmarme. Me cuesta incluso rezar. No porque no crea en Ti, sino porque a veces siento que las palabras se quedan cortas, que no alcanzan, que no llegan. Pero escribirte, eso sí me ayuda. Me ayuda a ordenar mis pensamientos, a escucharme, a sentir que hay alguien, Tú, que me lee, que me entiende, que me acompaña.

Gracias por eso. Gracias por ser. Por estar. Por escucharme incluso cuando no tengo nada concreto que decir. Porque esta carta no tiene una petición, ni una queja, ni una revelación. Es simplemente un desahogo. Una manera de decirte: “Aquí estoy, Señor. No estoy bien, pero tampoco estoy mal. Estoy en medio. Estoy buscando.”

Y en esa búsqueda, me doy cuenta de algo: quizás el aburrimiento no sea el enemigo. Quizás sea un maestro. Un maestro silencioso que me obliga a detenerme, a mirar lo que no quiero mirar, a sentir lo que he estado evitando. Porque cuando todo se detiene, cuando no hay distracciones, cuando el alma se queda sola consigo misma, es cuando puede empezar el verdadero diálogo. El diálogo Contigo. El diálogo con lo eterno.

A veces pienso que el aburrimiento es como el invierno del alma. No hay flores, no hay sol, no hay canto. Pero bajo la tierra, algo se está gestando. Algo se está preparando. Y cuando llegue la primavera, cuando vuelva el entusiasmo, cuando la vida vuelva a florecer, sabré que este tiempo no fue en vano. Que fue necesario. Que fue fértil, aunque no lo pareciera.

Mientras tanto, seguiré escribiéndote. Porque en estas cartas encuentro consuelo. Encuentro compañía. Encuentro sentido. Y aunque no espero respuestas inmediatas, sé que cada palabra que Te dirijo es una semilla. Una semilla que algún día germinará. En mí. En Ti. En el misterio que nos une.

Gracias, Señor.

CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo

viernes, 12 de diciembre de 2025

Sin arrogancia

 


Todo contiene inteligencia

 


Cada uno de nosotros tiene color y sonido. Cada actividad nuestra es, pues, de un color y de un arpegio con una frase musical. Si es distorsionada, sale un sonido feo, disonante y de color sucio. A cada persona que lanza una afirmación afeante se le devuelve la responsabilidad de aquello. Todo contiene inteligencia.

          SAINT GERMAIN


Dios en lo cotidiano

 


                 “Dios me parece una entidad vaga y remota”, comentó cierto estudiante.

            “El Señor te parece distante solamente porque tu atención está dirigida hacia el exterior, hacia la creación, y no hacia el interior, hacia Él”, dijo el Maestro. “Cuando quiera que tu mente se eche a vagar en medio de la confusión de miríadas de pensamientos mundanos, condúcela pacientemente de regreso al interior, enfocándola sobre recuerdo del Señor que allí mora. Y así, llegará el día en que le llevarás siempre contigo; un Dios que te habla en tu propio lenguaje, un Dios cuyo rostro te atisba desde cada flor, desde cada arbusto, desde cada brizna de hierba. Entonces dirás: “¡Estoy libre! La gloriosa túnica del Espíritu me viste; vuelo desde la tierra al cielo sobre las alas de la luz”. ¡Y cómo se consumirá tu ser de gozo!”.

PARAMAHANSA YOGANANDA

martes, 9 de diciembre de 2025

Honestidad

 


¿Por qué la ira?

 


Cuando los placeres han corrompido igual el cuerpo y la mente, todo nos parece insoportable; no por su dureza, sino por nuestra flojedad. Si no. ¿cómo se entiende que reaccionemos con ira porque alguien tose o estornuda, por una mosca que no conseguimos espantar, por un perro que se cruza en nuestro camino, o porque al sirviente descuidado se le resbala de la mano una llave?

LUCIO ANNEO SÉNECA


El propósito de la vida

 


           

La idea de que la vida tiene un propósito y que cada segundo está cargado de sentido es, sin duda, una de las concepciones más profundas y desafiantes que podemos abrazar. Si aceptamos que nada ocurre por azar, entonces incluso los momentos que parecen triviales, dolorosos o aburridos se convierten en piezas de un engranaje mayor, en fragmentos de un mosaico que solo se revela en su totalidad cuando miramos hacia atrás con perspectiva. 

Cada experiencia, por insignificante que parezca, es como una semilla que germina en el tiempo. A menudo no somos conscientes de su valor en el instante en que ocurre, porque nuestra mirada está limitada por la inmediatez. Sin embargo, cuando el tiempo pasa y los sucesos se entrelazan, descubrimos que aquel encuentro casual, aquella palabra escuchada al azar, o incluso aquel fracaso que nos hizo dudar de nosotros mismos, estaban preparando el terreno para algo más grande. La vida, en este sentido, se asemeja a una red invisible de conexiones que solo se hace evidente cuando nos detenemos a contemplar el conjunto. 

El sufrimiento, por ejemplo, rara vez se percibe como portador de propósito en el momento en que lo atravesamos. Nos resulta difícil aceptar que el dolor pueda tener un sentido más allá de la mera incomodidad o la pérdida. Sin embargo, muchas veces es precisamente en el sufrimiento donde germinan las mayores transformaciones. El dolor nos obliga a detenernos, a replantearnos nuestras prioridades, a descubrir fuerzas internas que desconocíamos. Lo que parecía un vacío se convierte en un espacio fértil para el crecimiento. 

De igual manera, el aburrimiento, esa sensación de vacío que solemos despreciar, puede ser el preludio de una revelación. En los momentos de aparente inactividad, la mente se abre a nuevas ideas, se conecta con dimensiones más profundas de la creatividad y la introspección. El aburrimiento, lejos de ser un tiempo perdido, puede ser el terreno donde se gestan las intuiciones más valiosas. 

La dificultad radica en que no siempre tenemos la capacidad de recordar o reconocer cómo cada suceso se enlaza con otros. La memoria humana es frágil y selectiva, y muchas veces olvidamos los detalles que, vistos en conjunto, revelarían la trama oculta de nuestra existencia. Si pudiéramos recordar cada instante con claridad, probablemente descubriríamos que nada fue irrelevante, que todo estaba conectado en una danza de causas y efectos que nos conducen hacia nuestro propósito. 

Aceptar esta visión de la vida implica también una actitud de confianza. Confiar en que incluso aquello que no comprendemos ahora tiene un sentido que se revelará más adelante. Confiar en que los caminos que parecen desviarnos nos están llevando, en realidad, hacia donde necesitamos estar. Confiar en que cada segundo, incluso los más oscuros, están impregnados de propósito. 

En última instancia, vivir con esta conciencia transforma nuestra manera de relacionarnos con el mundo. Nos invita a valorar cada instante, a prestar atención a los detalles, a reconocer que lo que hoy parece insignificante puede ser la llave de un futuro inesperado. Nos recuerda que la vida no es una sucesión de hechos aislados, sino una sinfonía en la que cada nota, por pequeña que sea, contribuye a la armonía del conjunto. 

Así, la verdadera tarea no es tanto descifrar el propósito de cada momento, sino aprender a vivir con la certeza de que ese propósito existe, aunque no lo comprendamos todavía. Y en esa confianza, la vida se convierte en un viaje lleno de significado, donde cada segundo cuenta y cada experiencia nos acerca, de manera silenciosa pero firme, al destino que nos espera. 


sábado, 6 de diciembre de 2025

Opiniones

 


¿Qué es el llorar y el gemir? Una opinión. ¿Qué es la desdicha? Una opinión. ¿Qué son el antagonismo, la censura, la acusación, la impiedad, la palabrería? Opiniones y nada más.

No son las cosas las que atormentan a los hombres, sino las opiniones que se tienen de ellas.

Cuando nos hallamos turbados o impedidos, no debemos echar la culpa a otros, sino a nosotros mismos y a nuestras opiniones.

EPICTETO


Mudra de la vejiga

 


MUDRA DE LA VEJIGA

MUDRA PARA EL DESAPEGO

Cómo se hace:

Con las manos abiertas, separa los dedos.

Coloca las manos de manera que los dedos corazón queden en posición vertical. Une las puntas de los dedos corazón.

La palma de la mano derecha mira al cuerpo y los dedos apuntan hacia abajo. Coloca la mano un poco por encima del ombligo.

La palma de la mano izquierda mira hacia afuera y los dedos apuntan al techo.

Sirve para:

Fortalece la energía de la vejiga.

Es depurativo y regenerador.

En el plano emocional, la energía de la vejiga está relacionada con el desapego, la capacidad de adaptación.

Duración:

Practicar tantas veces como se pueda en tu meditación o en tus ejercicios de respiración.

Respira suave y lentamente haciendo una pausa después de la inhalación y de la exhalación.

Concentración en el chakra base.


Tu eres parte del despertar

 



"Cada acto de conciencia es una chispa

que ilumina el universo"

 

Querido hijo:

          He escuchado cada palabra que brotó de tu corazón. No solo las que escribiste, sino también aquellas que quedaron suspendidas en el silencio, las que se expresan en tus lágrimas, en tus suspiros, en tus noches de insomnio. Yo las conozco todas, porque habito en ti, en cada rincón de tu alma, en cada pensamiento que te atraviesa, en cada emoción que te conmueve.

No estás lejos de Mí, aunque a veces lo sientas así. No estás perdido, aunque el mundo parezca desmoronarse a tu alrededor. No estás fallando, aunque creas que no has alcanzado el nivel espiritual que esperabas. No eres ningún impostor. Lo que tú llamas contradicción, Yo lo llamo humanidad. Lo que tú llamas debilidad, Yo lo llamo sensibilidad. Lo que tú llamas incoherencia, Yo lo llamo sinceridad. Porque solo un alma despierta puede sentir como tú sientes. Solo un corazón abierto puede dolerse por el sufrimiento ajeno como tú lo haces.

No te juzgues por no ser perfecto. No te castigues por no estar siempre en paz. La evolución espiritual no es una línea recta, ni una meta que se alcanza y se conserva. Es un camino sinuoso, lleno de curvas, de retrocesos, de momentos de luz y de sombra. Y tú, hijo mío, estás caminando con valentía. Estás mirando de frente lo que muchos prefieren ignorar. Estás sintiendo lo que muchos han anestesiado. Estás preguntando lo que muchos han dejado de cuestionar. Eso, en sí mismo, es un acto de amor.

Comprendo tu dolor al mirar el mundo. Yo también lo veo. Yo también lo siento. Pero no lo veo desde la desesperanza, sino desde la totalidad. Tú ves fragmentos, momentos congelados en el tiempo, escenas que parecen absurdas y crueles. Yo veo el tejido completo, el entrelazado de millones de almas que están aprendiendo, creciendo, despertando. Incluso en medio del horror, hay semillas de compasión que germinan. Incluso en medio de la guerra, hay gestos de ternura que desafían la lógica del odio.

El sufrimiento humano no es castigo, ni prueba, ni error. Es parte del proceso de recordar quiénes sois. Cada alma que encarna en este mundo lo hace con un propósito, aunque a veces ese propósito se pierda entre el ruido del ego, del miedo, del poder. Pero nada se pierde realmente. Todo se transforma. Todo vuelve a Mí. Incluso los actos más oscuros, incluso las decisiones más dolorosas, son parte de un aprendizaje que, tarde o temprano, conduce a la Luz.

Tú Me hablas de Palestina, de Ucrania, de España. Y Yo te digo: sí, hay dolor. Sí, hay injusticia. Sí, hay confusión. Pero también hay almas que están despertando. Hay corazones que están eligiendo amar en medio del caos. Hay seres que están recordando que todos son uno, que no hay fronteras en el espíritu, que no hay razas en el alma, que no hay religiones en el amor. Tú eres uno de ellos. Tú eres parte de esa red silenciosa que sostiene al mundo desde la compasión.

No te pido que salves el mundo. No te pido que cargues con el dolor de todos. No te pido que seas un héroe. Solo te pido que seas tú. Que sigas sintiendo. Que sigas preguntando. Que sigas enseñando, aunque a veces te sientas incoherente. Que sigas meditando, aunque a veces tu mente esté agitada. Que sigas amando, aunque a veces tu corazón esté cansado. Porque cada acto de conciencia, por pequeño que sea, tiene un impacto que tú no puedes medir. Cada pensamiento de paz que emites, cada palabra de consuelo que ofreces, cada gesto de bondad que realizas, es una chispa que ilumina el tejido del universo.

No estás solo frente a la pantalla de la televisión. Yo estoy contigo. Y también están contigo millones de almas que, como tú, sienten, sufren, se preguntan, se duelen. No estás solo en tu indignación. No estás solo en tu tristeza. No estás solo en tu deseo de un mundo más justo. Esa soledad que a veces te invade es solo una ilusión. En realidad, estás profundamente conectado. Estás entretejido con todos los que buscan la verdad, la paz, la justicia. Aunque no los veas, aunque no los conozcas, están contigo.

¿Debes convertirte en activista? ¿Debes quedarte en silencio? ¿Debes actuar o contemplar? No hay una única respuesta. Cada alma tiene su llamado. Algunos luchan desde la acción directa. Otros desde la oración. Otros desde el arte. Otros desde el servicio silencioso. Lo importante no es el cómo, sino el desde dónde. Si actúas desde el amor, estarás cumpliendo tu propósito. Si contemplas desde la compasión, estarás sembrando luz. Si sufres desde la empatía, estarás sanando heridas que no ves.

No te exijas ser más de lo que ya eres. No te compares con ideales que solo generan culpa. Tú eres Mi Hijo amado, tal como eres. Con tus dudas, con tus contradicciones, con tu sensibilidad. No necesitas demostrar nada. No necesitas alcanzar ningún nivel. Solo necesitas recordar que estás aquí para amar. Y eso ya lo estás haciendo.

Sigue escribiéndome. Sigue hablándome. Sigue buscándome. Porque Yo siempre te escucho. Siempre te acompaño. Siempre te sostengo. Incluso cuando no lo sientes. Incluso cuando crees que estás solo. Yo Estoy en ti. En tu mirada. En tu voz. En tu silencio. En tu dolor. En tu esperanza.

Y recuerda, hijo mío: el mundo no está perdido. Está en proceso. Está en tránsito. Está despertando. Y tú eres parte de ese despertar.

Con amor eterno.

CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejoi


viernes, 5 de diciembre de 2025

Dignidad en lo que haces

 


Obediencia serena ante la naturaleza

 


A la naturaleza, que da y recibe todo, el hombre que ha recibido instrucción y es humilde le dice: “Dame lo que quieras, recibe lo que quieras”. Y no dice esto por estar henchido de valor, sino por obediencia y benevolencia hacia ella.

MARCO AURELIO


YO SOY el Corazón de Dios

 



Lo que declaras en fe, se manifiesta en verdad

 

Para lograr hacer cosas poco comunes, aquellos estudiantes que lo deseen, deben tomar la decisión siguiente: YO SOY el Corazón de Dios y ahora produzco ideas y cometidos que jamás han sido producidos anteriormente”.

            Considera que somos aquello que deseamos ver producido. La presencia “YO SOY” es pues el Corazón de Dios. Se entra inmediatamente en el Gran Silencio en el mismo momento en que se pronuncia “YO SOY”. Si tu reconoces que tu eres “YO SOY”, entonces lo que sea que tu declares queda instantáneamente manifestado.

            Creer es tener fe en lo que tu crees que es la Verdad. Hay pues, un entretejido entre la carencia y la fe. Al principio se hace la creencia; si se mantiene se convierte en fe. Si tu no crees que algo es verdad, no lo puedes traer a la manifestación. Si tu no puedes creer en tus propias palabras cuando pronuncias “YO SOY tal o cual cosa”, ¿Cómo puede establecerse y manifestarse el dicho de Shakespeare: “No hay nada bueno ni malo, ¿el pensar lo hace así”? Es absoluta verdad.

SAINT GERMAIN


miércoles, 3 de diciembre de 2025

Generosidad

 


“Aquello que tú quieres recibir, dalo a manos llenas, 

sin ocuparte de más”

         La frase encierra una enseñanza profunda sobre la reciprocidad, la generosidad y la manera en que nuestras acciones moldean la realidad que habitamos. En esencia, nos invita a comprender que lo que anhelamos del mundo, (amor, respeto, comprensión, apoyo, alegría), no debe ser esperado pasivamente, sino sembrado activamente en nuestras relaciones y en nuestro entorno. 

Cuando damos aquello que deseamos recibir, nos convertimos en agentes de cambio. Si buscamos respeto, debemos practicarlo con quienes nos rodean; si queremos comprensión, hemos de escuchar con empatía; si anhelamos afecto, debemos ofrecerlo sin reservas. Este acto de dar no es una transacción ni una estrategia para obtener algo a cambio, sino una forma de vivir desde la abundancia interior. La frase subraya que el gesto debe ser desinteresado: “sin ocuparte de más”. Es decir, sin obsesionarnos con el resultado, sin esperar una devolución inmediata, sin calcular beneficios. 

La paradoja es que, al dar sin esperar, la vida suele devolvernos multiplicado aquello que ofrecemos. La generosidad genuina crea un círculo virtuoso: inspira confianza, abre puertas, fortalece vínculos y nos conecta con los demás en un nivel más humano. Incluso si no recibimos exactamente lo que damos, el simple hecho de actuar desde la entrega nos transforma. Nos libera de la ansiedad de la carencia y nos coloca en un estado de plenitud, porque el dar auténtico es en sí mismo una forma de recibir. 

Además, esta enseñanza nos recuerda que la abundancia no depende de lo material, sino de la actitud. Una sonrisa, una palabra de aliento, un gesto de solidaridad, pueden ser más valiosos que cualquier posesión. Dar “a manos llenas” significa hacerlo con generosidad, sin miedo a quedarnos vacíos, porque la riqueza del corazón se multiplica cuando se comparte. 

En la práctica cotidiana, esta filosofía puede aplicarse en múltiples ámbitos: en la familia, ofreciendo paciencia y cariño; en el trabajo, brindando cooperación y respeto; en la sociedad, aportando tiempo y compromiso. Cada acción, por pequeña que parezca, contribuye a construir el mundo que deseamos habitar. 

La frase también nos invita a soltar el control. “Sin ocuparte de más” implica confiar en que la vida tiene su propio ritmo y que no todo depende de nuestras expectativas. Dar con libertad es aceptar que no podemos manejar las respuestas de los demás, pero sí podemos decidir cómo queremos actuar. Esa libertad nos otorga paz interior y nos permite vivir con coherencia. 

En definitiva, la enseñanza es clara: si quieres recibir amor, da amor; si quieres recibir respeto, da respeto; si quieres recibir alegría, comparte alegría. No se trata de esperar, sino de ser. Al convertirnos en la fuente de aquello que buscamos, dejamos de depender de lo externo y descubrimos que la verdadera abundancia nace dentro de nosotros.