El viaje del alma
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS
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martes, 30 de diciembre de 2025
La vigilancia del alma
Presta atención
a tus impresiones, vigílalas día y noche, pues no es poca cosa lo que
custodias: el respeto y la fidelidad a ti mismo, la ecuanimidad, la mesura; una
mente que no es esclava de las emociones, del dolor, del miedo, de los
contratiempos; en una palabra, la libertad.
EPICTETO
Te necesito
“Amarte es
recordar quien soy”
Querido Dios:
Recuerdo mi primer
enamoramiento. Ese que te llena el estómago de mariposas. Ese en el que me
sentía unido a mi amada por algo que ninguna distancia podía borrar. Había como
un hilo invisible entre nosotros, una vibración secreta que nos mantenía
atentos el uno al otro, incluso cuando el silencio se extendía entre nuestros
días. Cada mensaje, cada mirada robada, cada palabra dicha a destiempo encendía
esa necesidad que crecía dentro de nosotros: vernos, tocarnos, volver a
encontrarnos en el mismo aire.
Yo pensaba en la suavidad de su
voz, en cómo sus ojos parecían esperarme aun cuando el mundo entero se movía.
Ella, en cambio, recordaba el calor de mis manos, el modo en que todo se
calmaba cuando yo estaba cerca. No bastaban las llamadas, ni los recuerdos, ni
las promesas; era el cuerpo reclamando presencia, la piel pidiendo volver a
reconocerse en la del otro.
En algún punto, comprendimos que
el amor no era solo emoción o ternura, sino una urgencia compartida de
existencia: ser con el otro, no aparte. Cuando cada día nos encontrábamos, el
tiempo se detenía, no por magia, sino porque la espera había cesado. Estábamos
donde debíamos estar: juntos, completos, respirando el mismo instante.
Esto es lo que quiero Señor.
¿Por qué podía mantener en mi mente la imagen de mi amada durante todo el día?,
¿por qué podía desear, de manera permanente, su contacto?, ¿por qué su palabra
era para mí como música celestial?, ¿por qué el contacto de su piel me llevaba
al éxtasis?, ¿por qué no puedo mantener esa energía Contigo durante un largo
tiempo?, ¿por qué?
La serenidad que siento cuando
estoy Contigo no se puede comparar a ninguna emoción conocida y, sin embargo, no
consigo mantenerla más allá de unos minutos y es entonces cuando me siento mal
conmigo mismo por permitir que mi mente se distraiga.
El amor que me inunda en esos
minutos de unión Contigo no es comparable a ningún amor humano.
No sé cómo explicarte este
anhelo sin caer en el lenguaje de los sentidos, pero solo puedo usar las
palabras de lo que soy: Un ser humano. Pero Tú sabes lo que hay debajo de cada
una. No busco milagros ni consuelos inmediatos; busco presencia. No quiero solo
pensarte, sino sentirte, como quien se mira en un espejo y se reconoce de
pronto en aquello que ve.
Cuando Te siento, Señor, todo se
aquieta. El ruido de mis pensamientos cede, el aire parece volverse más claro
y, por un instante, todo encaja. Es como si el mundo entero respira conmigo y
el tiempo se reconoce en un solo punto de luz. Pero esos momentos son fugaces,
se disuelven como el perfume de una flor cuando el viento cambia de dirección.
Entonces regreso al ruido, a la distracción, y me invade la frustración de no
poder quedarme Contigo más tiempo.
Te confieso que muchas veces
temo no saber amar como tú amas. Quizás por eso, cada vez que me distraigo,
siento que Te pierdo. Pero ¿Cómo podrías perderte si Tú habitas en mí y en todo
lo que me rodea? Quizás el error está en pensar que debo retenerte, cuando en
realidad eres Tú quien me sostiene a mí.
A veces me pregunto si este
deseo de estar Contigo, (tan intenso, tan devorador), no es ya en sí una forma
de amor. Tal vez me llamas a buscarte precisamente a través de este vacío, de
esta falta, de esta necesidad que arde y me purifica. Tal vez el amor no
consiste en verte todo el tiempo, sino en aprender a reconocerte en lo
invisible: en el sonido del viento, en el temblor del instante, en la mirada de
los otros.
Sé que cuando amo verdaderamente,
aunque sea a otra persona, algo de Ti se filtra entre nosotros. El amor humano
es como un reflejo imperfecto de Tu luz. En él Te vislumbro, aunque sea por
fragmentos. Por eso no desprecio ni mis pasiones ni mis debilidades, porque a
través de ellas también Te busco. Tú me hiciste con hambre de infinito, pero me
diste un cuerpo finito, y entre esas dos orillas se extiende mi alma,
aprendiendo a navegar.
Me gustaría poder amarte con la
constancia con la que respiro, sin esfuerzo, sin interrupciones. Pero quizás la
respiración también tiene su ritmo: inhala Tu presencia, exhalo mis
distracciones. Tal vez esa alternancia sea parte de la lección: que incluso
cuando no Te siento, sigues ahí, esperando pacientemente como una llama que
nunca se apaga.
En esos momentos en que la mente
se aleja y el corazón se enfría, recuérdame, Señor, que no hay distancia real
entre nosotros. Enséñame a regresar sin culpa, con ternura hacia mi propia
fragilidad. Que cada olvido se convertirá en un nuevo motivo para recordarte, y
cada caída, en una manera distinta de levantarme hacia Ti.
Quisiera vivir con la
simplicidad de una gota que no duda de pertenecer al mar, porque sabe que, aún
separados, sigue teniendo su misma esencia. Dame esa certeza, Señor: la de
saber que incluso en mi dispersión, estoy Contigo.
Te necesito, sí, pero no como
quien desea poseer, sino como quien desea Amar con mayúscula: Quiero que mi
vida entera sea una sola conversación Contigo, donde no haya palabras sino
presencia, no súplica sino comunión, no búsqueda sino hallazgo perpetuo.
Y aunque mi mente se canse,
aunque mis sentidos me traicionen, aunque la rutina me nuble, mantén vivo en mí
el fuego de esta necesidad. No permitas que se extinga. Que cada día, con sus
distracciones, penas y pequeños gozos, sea una oportunidad para recordar que
estoy hecho de Ti, para Ti, y hacia Ti.
Porque amarte, Señor, es
recordar quién soy.
Gracias, Señor.
viernes, 26 de diciembre de 2025
Capacidad de elegir
A
mi capacidad de elección le resulta igualmente indiferente la capacidad de
elección de otro hombre, al igual que sucede con su aliento vital y su carne.
Aunque hemos nacido unos a causa de otro, cada uno tiene su propia soberanía.
A
la divinidad no le pareció bien que la maldad de otro hombre sea un mal para
mí, de tal modo que mi infortunio no quedará en manos de otro.
MARCO AURELIO
Enseñanza universal
Todo el
mundo anda buscando la felicidad, a veces llamada dicha, y, sin embargo, muchos
de los que la buscan con tanto ahínco continúan pasando de largo ante la llave
de esa felicidad.
La llave
simple de la dicha perfecta y el poder inherente que la mantiene constante es
el “autocontrol” y la “autocorrección”. Pero esto es facilísimo de lograr una
vez que se aprende la verdad de uno mismo es la presencia YO SOY y la
inteligencia que controla y ordena todas las cosas.
Alrededor
de cada individuo hay todo un mundo de pensamientos creados por él mismo.
Dentro de este mundo mental está la semilla, la Presencia Divina, el «YO SOY»,
que es la única Presencia que actúa en el Universo y la cual dirige toda
energía. Esta energía puede ser intensificada más allá de todos los límites por
medio de la actividad consciente del individuo.
La
Presencia Divina Interior puede ser comparada con la semilla de un durazno. El
mundo de pensamientos que la envuelve semeja la pulpa. La pulpa representa no
sólo el mundo mental creado por el individuo, sino la sustancia electrónica
universal, siempre en espera de ser activada por la determinación consciente
del individuo, para ser precipitada a su uso visible en la forma que a él le
convenga o desee.
El
camino seguro hacia la comprensión y uso de este poder consciente nos viene
por medio del autocontrol. ¿Qué quiero yo decir con esa palabra “autocontrol”?:
1)
El reconocimiento de la Inteligencia «YO SOY» como
única Presencia activa.
2)
Que sabiendo esto, sabemos también que no existen
límites o limitaciones para el poder de su uso.
3)
Que los humanos, habiendo recibido libre
albedrío, libre selección y libre actuación lo que crean en su mundo circundante
es todo aquello en que fijan su atención.
SAINT GERMAIN
martes, 23 de diciembre de 2025
Un Hijo de Dios entre muchos
“¿Cree
usted en la divinidad de Cristo?”, preguntó un visitante. El Maestro respondió:
“Ciertamente.
Me agrada hablar de Él, porque fue un hombre de perfecta realización
espiritual. Sin embargo, no fue el único hijo de Dios, ni lo sostuvo Él así. En
lugar de ello, Cristo enseñó claramente que aquellos que cumplen la voluntad de
Dios, lleguen a ser uno con el Señor, tal como si fuera Él mismo. ¿No fue acaso
la misión de Jesús en la tierra el recordar a los hombres que el Señor es su
Padre Celestial, y el mostrarles el camino de regreso hacia Dios?”
PARAMAHANSA
YOGANANDA
lunes, 22 de diciembre de 2025
Lástima
¿Qué es
la lástima? Es ponerse de acuerdo con lo imperfecto.
No te
dejes jamás invadir por la lástima, pues es como si te dejaras arrastrar a las
arenas movedizas teniendo alas con que elevarte a las alturas, por encima de
toda cosa destructiva, elevando al mismo tiempo aquello que estás atestiguando
y que quiere producirte esa lástima.
No
juzgues; mantente firme en la presencia YO SOY y todo manifestará la perfección.
SAINT
GERMAIN
viernes, 19 de diciembre de 2025
Todo está bien
“Todo está bien”. Aceptar es un signo
se sabiduría, de crecimiento, de unión con Dios.
Juzgar, criticar, buscar el conflicto
e, incluso buscar la perfección en los demás es una prueba de identificación
con lo terrenal, que es lo mismo que decir que se vive de espaldas a Dios.
Quien vive la unión con Dios entienden
que los que comparten con él su encarnación no tienen porque estar a su mismo
nivel de evolución y aceptan, bendicen y perdonan.
Del
libro “Rasgar el velo de la soledad” de Alfonso Vallejo
jueves, 18 de diciembre de 2025
miércoles, 17 de diciembre de 2025
Vivir con Amor
Pongámonos
en manos de Dios y detengamos la locura de nuestra mente. Escuchemos la voz del
corazón: aunque no comprendamos con claridad cuál es nuestra misión en la vida,
siempre podemos intuirla. Y si ni siquiera logramos intuirla, vivamos
sencillamente con Amor.
Esa
forma de vivir transformará nuestra existencia en un paseo ligero, sin cargas
innecesarias, por un amplio camino adornado con pétalos de rosa.
Del
libro “Alma peregrina” de Alfonso Vallejo
La dureza de lo fácil
Todo lo
que en general es superior a nuestras fuerzas nos parece duro e insufrible.
Olvidamos que hay muchos para quienes el mayor suplicio sería no beber vino o levantarse
temprano. Las cosas no son difíciles por su naturaleza, sino que nosotros somos
perezosos y delicados.
LUCIO
ANNEO SÉNECA
martes, 16 de diciembre de 2025
Cartas a Dios (Sinopsis)
Cartas a
Dios es un diálogo íntimo entre el alma humana y lo divino.
El autor
se dirige a Dios con cartas escritas desde la vulnerabilidad, la esperanza y la
búsqueda, con preguntas que todos nos hemos hecho: sobre el amor, el miedo, el
karma, la fe, el pecado, la espiritualidad y el sentido de la vida.
Cada
carta recibe una respuesta profunda, amorosa y reveladora, como si el propio
Creador susurrara verdades al corazón.
Este
libro no pretende dar respuestas absolutas. Es un espacio de encuentro entre lo
humano y lo divino, entre la duda y la certeza, entre el dolor y la esperanza.
Una obra
para quienes buscan luz en medio de la incertidumbre, consuelo en el dolor y
una voz que les recuerde que nunca están solos.
Una
lectura que no impone creencias, sino que invita al dialogo interior, a la
apertura del corazón y al descubrimiento de que Dios también responde....
cuando se le escribe desde el alma.
sábado, 13 de diciembre de 2025
Mudra de hacer limpieza
MUDRA
DE HACER LIMPIEZA
MUDRA
PARA LA RESOLUCIÓN DE TRAUMAS
Cómo
se hace:
Dobla los dedos de las dos manos
y apoya las puntas lo más cerca posible de las bases de los dedos.
Los pulgares extendidos y
tocándose las yemas.
También se tocan los nudillos
medios de los dedos corazón.
Coloca el mudra delante del
abdomen.
Sirve
para:
Limpiar el subconsciente de
traumas antiguos no resueltos.
Traer a la parte consciente
traumas escondidos en el inconsciente.
Incrementa la actividad onírica.
Respiración:
Respira suave, lenta y profundamente.
Realiza pausas tras tanto en la
inspiración como en la exhalación.
Duración:
Practicar 7 minutos diarios
durante 7 días.
El misterio de estar vivo
“Hay días en los que el alma no pide
respuestas,
solo compañía”
Este aburrimiento no es el de una tarde
sin planes ni el de una espera en la sala de un médico. Es un aburrimiento que
se instala en el alma, que se mezcla con mi tristeza innata, (esa que me
acompaña desde que tengo memoria), y que, si uno se dejara llevar por los
diagnósticos modernos, podría confundirse fácilmente con una depresión. Pero no
creo estar deprimido, Señor. Al menos no en el sentido clínico del término.
Aunque, por curiosidad, (y quizás por necesidad de entenderme mejor), me he
atrevido a consultar los síntomas de la depresión. La inteligencia artificial,
esa nueva voz que también responde preguntas, me ha ofrecido una lista
detallada, casi quirúrgica, de lo que se considera una depresión según fuentes
médicas como Mayo Clinic y Sanitas.
Los síntomas emocionales y cognitivos
incluyen tristeza persistente, pérdida de interés en actividades,
irritabilidad, sentimientos de inutilidad, dificultad para concentrarse y
pensamientos recurrentes sobre la muerte o el suicidio. Al leerlos, me he
sentido aliviado. No porque no tenga nada en común con ellos, sino porque la
mayoría no me describen. Sí, tengo una tristeza persistente, pero no es nueva.
Es como un color de fondo en mi alma, como un gris suave que no me impide ver
los colores, pero que siempre está ahí. Y sí, a veces me siento vacío, pero no
desesperanzado. Nunca he sentido que todo esté perdido. Nunca he sentido que no
haya sentido.
En cuanto a los pensamientos sobre la
muerte, debo confesar que sí, los tengo. Pero no son oscuros ni autodestructivos.
No hay en mí deseo de acabar con la vida, sino una curiosidad profunda por lo
que hay más allá. No pienso en la muerte como un escape, sino como una puerta.
Una puerta que, aunque no tengo prisa por cruzar, me intriga. Fantaseo con lo
que podría haber al otro lado, como quien imagina un país lejano que aún no ha
visitado pero que siente que, de alguna manera, ya conoce. ¿Será que en algún
rincón de mi alma hay un recuerdo de ese “otro lado”? ¿Será que mi nostalgia no
es por algo que perdí aquí, sino por algo que viví allá?
La IA también me habló de los síntomas
físicos y de comportamiento: alteraciones del sueño, fatiga, cambios en el
apetito, lentitud en el pensamiento, dolores inexplicables y aislamiento
social. Tampoco me identifico con ellos, salvo quizás con el aislamiento. Pero
ese, Señor, Tú lo sabes bien, no es nuevo. Siempre he sido tímido, retraído,
más observador que protagonista. No soy la alegría de la fiesta, ni lo
pretendo. Mi mundo interior siempre ha sido más vasto que el exterior, y aunque
con los años he aprendido a abrirme un poco más, sigo siendo ese niño que se
escondía detrás de las cortinas para no saludar a los invitados.
Entonces, si no estoy deprimido, ¿qué
me pasa? ¿Por qué este aburrimiento que se instala como una niebla en mis días?
¿Por qué esta sensación de que todo es repetido, de que nada me sorprende, de
que incluso lo bello parece lejano?
No te escribo buscando una solución
mágica. Sé que la vida no funciona así. Sé que estamos aquí para aprender, para
crecer, para amar. Y sé que este aburrimiento, esta incomodidad, esta falta de
entusiasmo, puede ser una señal. Una señal de que algo dentro de mí está
cambiando, de que algo necesita ser atendido, comprendido, transformado.
Quizás este aburrimiento sea una
invitación. Una invitación a mirar más profundo, a dejar de buscar fuera lo que
solo puedo encontrar dentro. Porque cuando todo parece aburrido, quizás es
porque he dejado de mirar con ojos nuevos. Quizás es porque he olvidado que
cada instante, por más cotidiano que sea, encierra un misterio. El misterio de
estar vivo. El misterio de poder sentir, pensar, amar.
Y, sin embargo, Señor, me cuesta. Me
cuesta encontrar sentido en lo pequeño. Me cuesta entusiasmarme. Me cuesta
incluso rezar. No porque no crea en Ti, sino porque a veces siento que las
palabras se quedan cortas, que no alcanzan, que no llegan. Pero escribirte, eso
sí me ayuda. Me ayuda a ordenar mis pensamientos, a escucharme, a sentir que
hay alguien, Tú, que me lee, que me entiende, que me acompaña.
Gracias por eso. Gracias por ser. Por
estar. Por escucharme incluso cuando no tengo nada concreto que decir. Porque
esta carta no tiene una petición, ni una queja, ni una revelación. Es
simplemente un desahogo. Una manera de decirte: “Aquí estoy, Señor. No estoy bien,
pero tampoco estoy mal. Estoy en medio. Estoy buscando.”
Y en esa búsqueda, me doy cuenta de
algo: quizás el aburrimiento no sea el enemigo. Quizás sea un maestro. Un
maestro silencioso que me obliga a detenerme, a mirar lo que no quiero mirar, a
sentir lo que he estado evitando. Porque cuando todo se detiene, cuando no hay
distracciones, cuando el alma se queda sola consigo misma, es cuando puede
empezar el verdadero diálogo. El diálogo Contigo. El diálogo con lo eterno.
A veces pienso que el aburrimiento es
como el invierno del alma. No hay flores, no hay sol, no hay canto. Pero bajo
la tierra, algo se está gestando. Algo se está preparando. Y cuando llegue la
primavera, cuando vuelva el entusiasmo, cuando la vida vuelva a florecer, sabré
que este tiempo no fue en vano. Que fue necesario. Que fue fértil, aunque no lo
pareciera.
Mientras tanto, seguiré escribiéndote.
Porque en estas cartas encuentro consuelo. Encuentro compañía. Encuentro
sentido. Y aunque no espero respuestas inmediatas, sé que cada palabra que Te
dirijo es una semilla. Una semilla que algún día germinará. En mí. En Ti. En el
misterio que nos une.
Gracias, Señor.
viernes, 12 de diciembre de 2025
Todo contiene inteligencia
Cada uno de nosotros tiene color y sonido. Cada
actividad nuestra es, pues, de un color y de un arpegio con una frase musical.
Si es distorsionada, sale un sonido feo, disonante y de color sucio. A cada
persona que lanza una afirmación afeante se le devuelve la responsabilidad de
aquello. Todo contiene inteligencia.
SAINT
GERMAIN
Dios en lo cotidiano
“Dios me parece una entidad vaga y remota”,
comentó cierto estudiante.
“El
Señor te parece distante solamente porque tu atención está dirigida hacia el
exterior, hacia la creación, y no hacia el interior, hacia Él”, dijo el
Maestro. “Cuando quiera que tu mente se eche a vagar en medio de la confusión
de miríadas de pensamientos mundanos, condúcela pacientemente de regreso al
interior, enfocándola sobre recuerdo del Señor que allí mora. Y así, llegará el
día en que le llevarás siempre contigo; un Dios que te habla en tu propio
lenguaje, un Dios cuyo rostro te atisba desde cada flor, desde cada arbusto,
desde cada brizna de hierba. Entonces dirás: “¡Estoy libre! La gloriosa túnica
del Espíritu me viste; vuelo desde la tierra al cielo sobre las alas de la luz”.
¡Y cómo se consumirá tu ser de gozo!”.
PARAMAHANSA YOGANANDA
martes, 9 de diciembre de 2025
¿Por qué la ira?
Cuando
los placeres han corrompido igual el cuerpo y la mente, todo nos parece
insoportable; no por su dureza, sino por nuestra flojedad. Si no. ¿cómo se
entiende que reaccionemos con ira porque alguien tose o estornuda, por una
mosca que no conseguimos espantar, por un perro que se cruza en nuestro camino,
o porque al sirviente descuidado se le resbala de la mano una llave?
LUCIO
ANNEO SÉNECA
El propósito de la vida
La idea de que la vida tiene un
propósito y que cada segundo está cargado de sentido es, sin duda, una de las
concepciones más profundas y desafiantes que podemos abrazar. Si aceptamos que
nada ocurre por azar, entonces incluso los momentos que parecen triviales,
dolorosos o aburridos se convierten en piezas de un engranaje mayor, en
fragmentos de un mosaico que solo se revela en su totalidad cuando miramos
hacia atrás con perspectiva.
Cada experiencia, por
insignificante que parezca, es como una semilla que germina en el tiempo. A
menudo no somos conscientes de su valor en el instante en que ocurre, porque
nuestra mirada está limitada por la inmediatez. Sin embargo, cuando el tiempo
pasa y los sucesos se entrelazan, descubrimos que aquel encuentro casual,
aquella palabra escuchada al azar, o incluso aquel fracaso que nos hizo dudar
de nosotros mismos, estaban preparando el terreno para algo más grande. La
vida, en este sentido, se asemeja a una red invisible de conexiones que solo se
hace evidente cuando nos detenemos a contemplar el conjunto.
El sufrimiento, por ejemplo,
rara vez se percibe como portador de propósito en el momento en que lo
atravesamos. Nos resulta difícil aceptar que el dolor pueda tener un sentido
más allá de la mera incomodidad o la pérdida. Sin embargo, muchas veces es
precisamente en el sufrimiento donde germinan las mayores transformaciones. El
dolor nos obliga a detenernos, a replantearnos nuestras prioridades, a
descubrir fuerzas internas que desconocíamos. Lo que parecía un vacío se
convierte en un espacio fértil para el crecimiento.
De igual manera, el
aburrimiento, esa sensación de vacío que solemos despreciar, puede ser el
preludio de una revelación. En los momentos de aparente inactividad, la mente
se abre a nuevas ideas, se conecta con dimensiones más profundas de la
creatividad y la introspección. El aburrimiento, lejos de ser un tiempo
perdido, puede ser el terreno donde se gestan las intuiciones más
valiosas.
La dificultad radica en que no
siempre tenemos la capacidad de recordar o reconocer cómo cada suceso se enlaza
con otros. La memoria humana es frágil y selectiva, y muchas veces olvidamos
los detalles que, vistos en conjunto, revelarían la trama oculta de nuestra
existencia. Si pudiéramos recordar cada instante con claridad, probablemente
descubriríamos que nada fue irrelevante, que todo estaba conectado en una danza
de causas y efectos que nos conducen hacia nuestro propósito.
Aceptar esta visión de la vida
implica también una actitud de confianza. Confiar en que incluso aquello que no
comprendemos ahora tiene un sentido que se revelará más adelante. Confiar en
que los caminos que parecen desviarnos nos están llevando, en realidad, hacia
donde necesitamos estar. Confiar en que cada segundo, incluso los más oscuros,
están impregnados de propósito.
En última instancia, vivir con
esta conciencia transforma nuestra manera de relacionarnos con el mundo. Nos
invita a valorar cada instante, a prestar atención a los detalles, a reconocer
que lo que hoy parece insignificante puede ser la llave de un futuro
inesperado. Nos recuerda que la vida no es una sucesión de hechos aislados,
sino una sinfonía en la que cada nota, por pequeña que sea, contribuye a la
armonía del conjunto.
Así, la verdadera tarea no es
tanto descifrar el propósito de cada momento, sino aprender a vivir con la
certeza de que ese propósito existe, aunque no lo comprendamos todavía. Y en
esa confianza, la vida se convierte en un viaje lleno de significado, donde
cada segundo cuenta y cada experiencia nos acerca, de manera silenciosa pero
firme, al destino que nos espera.
sábado, 6 de diciembre de 2025
Opiniones
¿Qué es
el llorar y el gemir? Una opinión. ¿Qué es la desdicha? Una opinión. ¿Qué son
el antagonismo, la censura, la acusación, la impiedad, la palabrería? Opiniones
y nada más.
No son
las cosas las que atormentan a los hombres, sino las opiniones que se tienen de
ellas.
Cuando
nos hallamos turbados o impedidos, no debemos echar la culpa a otros, sino a
nosotros mismos y a nuestras opiniones.
EPICTETO
Mudra de la vejiga
MUDRA
DE LA VEJIGA
MUDRA
PARA EL DESAPEGO
Cómo
se hace:
Con las manos abiertas, separa
los dedos.
Coloca las manos de manera que
los dedos corazón queden en posición vertical. Une las puntas de los dedos
corazón.
La palma de la mano derecha mira
al cuerpo y los dedos apuntan hacia abajo. Coloca la mano un poco por encima
del ombligo.
La palma de la mano izquierda
mira hacia afuera y los dedos apuntan al techo.
Sirve
para:
Fortalece la energía de la
vejiga.
Es depurativo y regenerador.
En el plano emocional, la
energía de la vejiga está relacionada con el desapego, la capacidad de
adaptación.
Duración:
Practicar tantas veces como se
pueda en tu meditación o en tus ejercicios de respiración.
Respira suave y lentamente
haciendo una pausa después de la inhalación y de la exhalación.
Concentración en el chakra base.
Tu eres parte del despertar
"Cada acto de conciencia es una
chispa
que ilumina el universo"
Querido hijo:
No estás lejos de Mí, aunque a veces lo
sientas así. No estás perdido, aunque el mundo parezca desmoronarse a tu
alrededor. No estás fallando, aunque creas que no has alcanzado el nivel
espiritual que esperabas. No eres ningún impostor. Lo que tú llamas
contradicción, Yo lo llamo humanidad. Lo que tú llamas debilidad, Yo lo llamo
sensibilidad. Lo que tú llamas incoherencia, Yo lo llamo sinceridad. Porque
solo un alma despierta puede sentir como tú sientes. Solo un corazón abierto
puede dolerse por el sufrimiento ajeno como tú lo haces.
No te juzgues por no ser perfecto. No
te castigues por no estar siempre en paz. La evolución espiritual no es una
línea recta, ni una meta que se alcanza y se conserva. Es un camino sinuoso,
lleno de curvas, de retrocesos, de momentos de luz y de sombra. Y tú, hijo mío,
estás caminando con valentía. Estás mirando de frente lo que muchos prefieren
ignorar. Estás sintiendo lo que muchos han anestesiado. Estás preguntando lo
que muchos han dejado de cuestionar. Eso, en sí mismo, es un acto de amor.
Comprendo tu dolor al mirar el mundo.
Yo también lo veo. Yo también lo siento. Pero no lo veo desde la desesperanza,
sino desde la totalidad. Tú ves fragmentos, momentos congelados en el tiempo,
escenas que parecen absurdas y crueles. Yo veo el tejido completo, el
entrelazado de millones de almas que están aprendiendo, creciendo, despertando.
Incluso en medio del horror, hay semillas de compasión que germinan. Incluso en
medio de la guerra, hay gestos de ternura que desafían la lógica del odio.
El sufrimiento humano no es castigo, ni
prueba, ni error. Es parte del proceso de recordar quiénes sois. Cada alma que
encarna en este mundo lo hace con un propósito, aunque a veces ese propósito se
pierda entre el ruido del ego, del miedo, del poder. Pero nada se pierde
realmente. Todo se transforma. Todo vuelve a Mí. Incluso los actos más oscuros,
incluso las decisiones más dolorosas, son parte de un aprendizaje que, tarde o
temprano, conduce a la Luz.
Tú Me hablas de Palestina, de Ucrania,
de España. Y Yo te digo: sí, hay dolor. Sí, hay injusticia. Sí, hay confusión.
Pero también hay almas que están despertando. Hay corazones que están eligiendo
amar en medio del caos. Hay seres que están recordando que todos son uno, que
no hay fronteras en el espíritu, que no hay razas en el alma, que no hay
religiones en el amor. Tú eres uno de ellos. Tú eres parte de esa red
silenciosa que sostiene al mundo desde la compasión.
No te pido que salves el mundo. No te
pido que cargues con el dolor de todos. No te pido que seas un héroe. Solo te
pido que seas tú. Que sigas sintiendo. Que sigas preguntando. Que sigas
enseñando, aunque a veces te sientas incoherente. Que sigas meditando, aunque a
veces tu mente esté agitada. Que sigas amando, aunque a veces tu corazón esté
cansado. Porque cada acto de conciencia, por pequeño que sea, tiene un impacto
que tú no puedes medir. Cada pensamiento de paz que emites, cada palabra de
consuelo que ofreces, cada gesto de bondad que realizas, es una chispa que
ilumina el tejido del universo.
No estás solo frente a la pantalla de
la televisión. Yo estoy contigo. Y también están contigo millones de almas que,
como tú, sienten, sufren, se preguntan, se duelen. No estás solo en tu
indignación. No estás solo en tu tristeza. No estás solo en tu deseo de un
mundo más justo. Esa soledad que a veces te invade es solo una ilusión. En
realidad, estás profundamente conectado. Estás entretejido con todos los que
buscan la verdad, la paz, la justicia. Aunque no los veas, aunque no los
conozcas, están contigo.
¿Debes convertirte en activista? ¿Debes
quedarte en silencio? ¿Debes actuar o contemplar? No hay una única respuesta.
Cada alma tiene su llamado. Algunos luchan desde la acción directa. Otros desde
la oración. Otros desde el arte. Otros desde el servicio silencioso. Lo
importante no es el cómo, sino el desde dónde. Si actúas desde el amor, estarás
cumpliendo tu propósito. Si contemplas desde la compasión, estarás sembrando
luz. Si sufres desde la empatía, estarás sanando heridas que no ves.
No te exijas ser más de lo que ya eres.
No te compares con ideales que solo generan culpa. Tú eres Mi Hijo amado, tal
como eres. Con tus dudas, con tus contradicciones, con tu sensibilidad. No
necesitas demostrar nada. No necesitas alcanzar ningún nivel. Solo necesitas recordar
que estás aquí para amar. Y eso ya lo estás haciendo.
Sigue escribiéndome. Sigue hablándome.
Sigue buscándome. Porque Yo siempre te escucho. Siempre te acompaño. Siempre te
sostengo. Incluso cuando no lo sientes. Incluso cuando crees que estás solo. Yo
Estoy en ti. En tu mirada. En tu voz. En tu silencio. En tu dolor. En tu
esperanza.
Y recuerda, hijo mío: el mundo no está
perdido. Está en proceso. Está en tránsito. Está despertando. Y tú eres parte
de ese despertar.
Con amor eterno.
CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejoi
viernes, 5 de diciembre de 2025
Obediencia serena ante la naturaleza
A la
naturaleza, que da y recibe todo, el hombre que ha recibido instrucción y es
humilde le dice: “Dame lo que quieras, recibe lo que quieras”. Y no dice esto
por estar henchido de valor, sino por obediencia y benevolencia hacia ella.
MARCO
AURELIO
YO SOY el Corazón de Dios
Lo que declaras en fe, se
manifiesta en verdad
Para lograr hacer cosas poco
comunes, aquellos estudiantes que lo deseen, deben tomar la decisión siguiente:
“YO
SOY el Corazón de Dios y ahora produzco ideas y cometidos que jamás han sido
producidos anteriormente”.
Considera
que somos aquello que deseamos ver producido. La presencia “YO SOY” es pues el Corazón de Dios. Se entra inmediatamente
en el Gran Silencio en el mismo momento en que se pronuncia “YO SOY”. Si tu
reconoces que tu eres “YO SOY”, entonces lo que sea que tu declares queda instantáneamente
manifestado.
Creer
es tener fe en lo que tu crees que es la Verdad. Hay pues, un entretejido entre
la carencia y la fe. Al principio se hace la creencia; si se mantiene se
convierte en fe. Si tu no crees que algo es verdad, no lo puedes traer a la
manifestación. Si tu no puedes creer en tus propias palabras cuando pronuncias “YO
SOY tal o cual cosa”, ¿Cómo puede establecerse y manifestarse el dicho de
Shakespeare: “No hay nada bueno ni malo, ¿el pensar lo hace así”? Es absoluta
verdad.
SAINT GERMAIN
miércoles, 3 de diciembre de 2025
Generosidad
“Aquello que tú quieres recibir, dalo a manos llenas,
sin ocuparte de más”
Cuando damos aquello que deseamos
recibir, nos convertimos en agentes de cambio. Si buscamos respeto, debemos
practicarlo con quienes nos rodean; si queremos comprensión, hemos de escuchar
con empatía; si anhelamos afecto, debemos ofrecerlo sin reservas. Este acto de
dar no es una transacción ni una estrategia para obtener algo a cambio, sino
una forma de vivir desde la abundancia interior. La frase subraya que el gesto
debe ser desinteresado: “sin ocuparte de más”. Es decir, sin obsesionarnos con
el resultado, sin esperar una devolución inmediata, sin calcular
beneficios.
La paradoja es que, al dar sin
esperar, la vida suele devolvernos multiplicado aquello que ofrecemos. La
generosidad genuina crea un círculo virtuoso: inspira confianza, abre puertas,
fortalece vínculos y nos conecta con los demás en un nivel más humano. Incluso
si no recibimos exactamente lo que damos, el simple hecho de actuar desde la
entrega nos transforma. Nos libera de la ansiedad de la carencia y nos coloca
en un estado de plenitud, porque el dar auténtico es en sí mismo una forma de
recibir.
Además, esta enseñanza nos
recuerda que la abundancia no depende de lo material, sino de la actitud. Una
sonrisa, una palabra de aliento, un gesto de solidaridad, pueden ser más
valiosos que cualquier posesión. Dar “a manos llenas” significa hacerlo con
generosidad, sin miedo a quedarnos vacíos, porque la riqueza del corazón se
multiplica cuando se comparte.
En la práctica cotidiana, esta
filosofía puede aplicarse en múltiples ámbitos: en la familia, ofreciendo
paciencia y cariño; en el trabajo, brindando cooperación y respeto; en la
sociedad, aportando tiempo y compromiso. Cada acción, por pequeña que parezca,
contribuye a construir el mundo que deseamos habitar.
La frase también nos invita a
soltar el control. “Sin ocuparte de más” implica confiar en que la vida tiene
su propio ritmo y que no todo depende de nuestras expectativas. Dar con
libertad es aceptar que no podemos manejar las respuestas de los demás, pero sí
podemos decidir cómo queremos actuar. Esa libertad nos otorga paz interior y
nos permite vivir con coherencia.
En definitiva, la enseñanza es
clara: si quieres recibir amor, da amor; si quieres recibir respeto, da
respeto; si quieres recibir alegría, comparte alegría. No se trata de esperar,
sino de ser. Al convertirnos en la fuente de aquello que buscamos, dejamos de
depender de lo externo y descubrimos que la verdadera abundancia nace dentro de
nosotros.






























