Presencia y Palabra

Bienvenido a este espacio de presencia y palabra. Aquí comparto reflexiones, prácticas espirituales y fragmentos de mis libros para acompañarte en tu camino interior. Que cada día sea una oportunidad para volver a ti con más calma, claridad y conciencia.



sábado, 9 de agosto de 2025

Despertar en silencio

 


Hijo mío:

         He escuchado cada palabra que brotó de tu corazón. No solo las que escribiste, sino también aquellas que quedaron suspendidas en el silencio, las que se expresan en tus lágrimas, en tus suspiros, en tus noches de insomnio. Yo las conozco todas, porque habito en ti, en cada rincón de tu alma, en cada pensamiento que te atraviesa, en cada emoción que te conmueve.

No estás lejos de mí, aunque a veces lo sientas así. No estás perdido, aunque el mundo parezca desmoronarse a tu alrededor. No estás fallando, aunque creas que no has alcanzado el nivel espiritual que esperabas. Lo que tú llamas contradicción, yo lo llamo humanidad. Lo que tú llamas debilidad, yo lo llamo sensibilidad. Lo que tú llamas incoherencia, yo lo llamo sinceridad. Porque solo un alma despierta puede sentir como tú sientes. Solo un corazón abierto puede dolerse por el sufrimiento ajeno como tú lo haces.

No te juzgues por no ser perfecto. No te castigues por no estar siempre en paz. La evolución espiritual no es una línea recta, ni una meta que se alcanza y se conserva. Es un camino sinuoso, lleno de curvas, de retrocesos, de momentos de luz y de sombra. Y tú, hijo mío, estás caminando con valentía. Estás mirando de frente lo que muchos prefieren ignorar. Estás sintiendo lo que muchos han anestesiado. Estás preguntando lo que muchos han dejado de cuestionar. Eso, en sí mismo, es un acto de amor.

Comprendo tu dolor al mirar el mundo. Yo también lo veo. Yo también lo siento. Pero no lo veo desde la desesperanza, sino desde la totalidad. Tú ves fragmentos, momentos congelados en el tiempo, escenas que parecen absurdas y crueles. Yo veo el tejido completo, el entrelazado de millones de almas que están aprendiendo, creciendo, despertando. Incluso en medio del horror, hay semillas de compasión que germinan. Incluso en medio de la guerra, hay gestos de ternura que desafían la lógica del odio.

El sufrimiento humano no es castigo, ni prueba, ni error. Es parte del proceso de recordar quiénes somos. Cada alma que encarna en este mundo lo hace con un propósito, aunque a veces ese propósito se pierda entre el ruido del ego, del miedo, del poder. Pero nada se pierde realmente. Todo se transforma. Todo vuelve a mí. Incluso los actos más oscuros, incluso las decisiones más dolorosas, son parte de un aprendizaje que, tarde o temprano, conduce a la luz.

Tú me hablas de Palestina, de Ucrania, de España. Y yo te digo: sí, hay dolor. Sí, hay injusticia. Sí, hay confusión. Pero también hay almas que están despertando. Hay corazones que están eligiendo amar en medio del caos. Hay seres que están recordando que todos son uno, que no hay fronteras en el espíritu, que no hay razas en el alma, que no hay religiones en el amor. Tú eres uno de ellos. Tú eres parte de esa red silenciosa que sostiene al mundo desde la compasión.

No te pido que salves el mundo. No te pido que cargues con el dolor de todos. No te pido que seas un héroe. Solo te pido que seas tú. Que sigas sintiendo. Que sigas preguntando. Que sigas enseñando, aunque a veces te sientas incoherente. Que sigas meditando, aunque a veces tu mente esté agitada. Que sigas amando, aunque a veces tu corazón esté cansado. Porque cada acto de conciencia, por pequeño que sea, tiene un impacto que tú no puedes medir. Cada pensamiento de paz que emites, cada palabra de consuelo que ofreces, cada gesto de bondad que realizas, es una chispa que ilumina el tejido del universo.

No estás solo frente a la pantalla de la televisión. Yo estoy contigo. Y también están contigo millones de almas que, como tú, sienten, sufren, se preguntan, se duelen. No estás solo en tu indignación. No estás solo en tu tristeza. No estás solo en tu deseo de un mundo más justo. Esa soledad que a veces te invade es solo una ilusión. En realidad, estás profundamente conectado. Estás entretejido con todos los que buscan la verdad, la paz, la justicia. Aunque no los veas, aunque no los conozcas, están contigo.

¿Debes convertirte en activista? ¿Debes quedarte en silencio? ¿Debes actuar o contemplar? No hay una única respuesta. Cada alma tiene su llamado. Algunos luchan desde la acción directa. Otros desde la oración. Otros desde el arte. Otros desde el servicio silencioso. Lo importante no es el cómo, sino el desde dónde. Si actúas desde el amor, estarás cumpliendo tu propósito. Si contemplas desde la compasión, estarás sembrando luz. Si sufres desde la empatía, estarás sanando heridas que no ves.

No te exijas ser más de lo que ya eres. No te compares con ideales que solo generan culpa. Tú eres mi hijo amado, tal como eres. Con tus dudas, con tus contradicciones, con tu sensibilidad. No necesitas demostrar nada. No necesitas alcanzar ningún nivel. Solo necesitas recordar que estás aquí para amar. Y eso ya lo estás haciendo.

Sigue escribiéndome. Sigue hablándome. Sigue buscándome. Porque yo siempre te escucho. Siempre te acompaño. Siempre te sostengo. Incluso cuando no lo sientes. Incluso cuando crees que estás solo. Yo estoy en ti. En tu mirada. En tu voz. En tu silencio. En tu dolor. En tu esperanza.

Y recuerda, hijo mío: el mundo no está perdido. Está en proceso. Está en tránsito. Está despertando. Y tú eres parte de ese despertar.

Con amor eterno.

CARTAS A DIOS – Alfonso Vallejo


viernes, 8 de agosto de 2025

Aceptación

 



DECRETO: Para recibir ideas notables

 



El grito del hombre

 


          Querido Dios:

           Hoy me siento impulsado a escribirte desde lo más profundo de mi alma. No sé si es una súplica, una confesión o simplemente el desahogo de un corazón que se siente desbordado por la contradicción entre lo que cree y lo que vive. Me entristece comprobar que, a pesar de los años dedicados a la espiritualidad, a la meditación, al estudio interior y a enseñar a otros el camino hacia la luz, sigo sintiéndome lejos del nivel de conciencia que se supone debería haber alcanzado. Es como si, a pesar de haber recorrido tanto, aún me faltara comprender lo esencial.

¡Qué paradoja tan dolorosa! Enseñar a otros a aceptar lo que la vida les presenta, a fluir con los acontecimientos, a encontrar paz en medio del caos… y yo, sin embargo, me siento como una hoja arrastrada por el viento, golpeada por los vaivenes de la existencia, sin rumbo claro ante los acontecimientos que se desarrollan en el mundo. Me doy cuenta de que no siempre practico lo que predico, y eso me duele. Me duele porque no es hipocresía lo que hay en mí, sino una profunda vulnerabilidad que no sé cómo gestionar.

Asomarme a la ventana del mundo, para mí, es comenzar a sufrir. No es una metáfora, es una experiencia real. Cada vez que enciendo la televisión, cada vez que leo las noticias, cada vez que escucho los relatos de quienes viven en carne propia el horror, siento que algo dentro de mí se rompe. Me invade una tristeza que no sé cómo transformar. Me siento impotente, pequeño, incapaz de comprender cómo puede existir tanto dolor, tanta injusticia, tanta crueldad.

Me pasa cuando veo la masacre que se está llevando a cabo contra el pueblo palestino. Me duele el alma al ver cómo se extermina a una población civil, cómo se utiliza el hambre como arma de guerra, cómo se asesina a miles de niños inocentes que no han hecho más que nacer en el lugar equivocado, (si, ya sé que todos nacemos donde decidimos nacer). Y lo más paradójico, lo más desconcertante, es que este horror lo perpetra el pueblo judío, que no hace tantas décadas fue víctima de uno de los genocidios más atroces de la historia. ¿Cómo puede repetirse el ciclo del odio? ¿Cómo puede alguien que ha sufrido tanto convertirse en verdugo?

Me pasa también cuando contemplo las consecuencias de otra guerra injusta, (aunque, en realidad, todas las guerras lo son), como la que se libra en Ucrania. ¿Cuánto daño puede causar la ambición, el ego desmedido, la locura de un solo hombre? ¿Cuánto dolor puede generar una decisión tomada desde el poder, sin tener en cuenta las vidas que se destruyen, los hogares que se pierden, los sueños que se desvanecen? Me cuesta entenderlo, Señor. Me cuesta aceptar que el sufrimiento humano pueda ser tan fácilmente ignorado por quienes ostentan el control.

Y me pasa cuando observo lo que ocurre en mi propio país, España. Me duele ver cómo un grupo político, que se presenta como defensor de ciertos valores, promueve la discriminación por raza, por religión, por origen. Me duele aún más saber que millones de personas les votan, que millones de almas consideran legítimo ese discurso de odio, de intolerancia, de exclusión. ¿Qué nos está pasando como sociedad? ¿Dónde quedó la empatía, la compasión, el respeto por la diversidad?

Sé, en lo más profundo de mí, que todo es parte de un proceso. Sé que cada alma está transitando el camino que ha elegido, que cada experiencia tiene un propósito, que incluso el dolor puede ser maestro. Pero eso no quita que duela. Eso no elimina la sensación de desgarro que siento cuando contemplo el sufrimiento ajeno. Me cuesta mantener la paz interior cuando el mundo parece arder en llamas. Me cuesta sostener la fe cuando la injusticia se convierte en rutina.

Y entonces me pregunto, Señor: ¿Qué debo hacer? ¿Cuál es mi papel en medio de este caos? ¿Debo limitarme a lamentarme, a sufrir en silencio frente a la pantalla de la televisión? ¿Debo convertirme en activista, en defensor de los derechos humanos, en voz que denuncia y exige justicia? ¿O simplemente debo seguir observando, sintiendo, sin saber muy bien cómo actuar?

No busco respuestas ahora. Sé que vendrán en su momento. Solo quería compartir contigo este torbellino que me habita. Esta mezcla de tristeza, impotencia, indignación y amor profundo por la humanidad. Porque, a pesar de todo, sigo creyendo en el ser humano. Sigo creyendo que hay luz en medio de la oscuridad. Sigo creyendo que, en algún rincón del alma colectiva, aún late la esperanza.

Gracias por escucharme, por sostenerme, por permitirme expresar lo que muchas veces callo. Gracias por estar, incluso cuando no entiendo tus caminos.

Con amor, tu hijo que aún busca comprender.

CARTAS A DIOS – Alfonso Vallejo


Maledicencia

 


Refiriéndose al vicio de la maledicencia, el Maestro le dijo a un grupo de discípulos: “Mi gurú, Sri Yukteswar, solía decir: “Si lo que vas a decirme es algo que no podré comunicar a todos, no deseo escucharlo”.

          PARAMAHANSA YOGANANDA


Si hablan de ti

 


Si te comentan que alguien ha hablado mal de ti, no te tomes el trabajo de negar lo que ha dicho. Responde simplemente: «Es que no conoce mis otros defectos. De conocerlos, hubiera hablado mucho más y peor».

EPICTETO


jueves, 7 de agosto de 2025

Amate a ti mismo

 


Querido hijo:

          Estás buscando amar al mundo entero, un mundo vasto, lejano y desconocido. Y aunque esa aspiración es noble, permíteme recordarte algo crucial: el verdadero amor universal comienza más cerca de lo que imaginas. Comienza contigo. Sí, hijo mío, contigo mismo. Antes de intentar abrazar al mundo entero con tu amor, debes aprender a abrazarte a ti mismo. No me refiero a un acto egoísta, sino a un gesto de aceptación, compasión y perdón hacia tus propias imperfecciones.

Empieza por amarte a ti mismo con intensidad, sin límites ni reservas. Comprende que nunca haces nada mal a sabiendas, que nunca dañas intencionalmente. Y cuando te das cuenta de que tus acciones, aunque no malintencionadas, han causado dolor a alguien más, tu corazón lo siente profundamente. Cargas con el peso de la culpa, y a veces sufres tanto como aquellos a quienes, sin querer, has lastimado. Ese sufrimiento, hijo mío, es prueba de tu humanidad y de la nobleza de tu espíritu.

Reflexiona, hijo mío. ¿Por qué eres tan severo contigo mismo? ¿Por qué te cuesta tanto perdonarte tus errores, cuando ser indulgente contigo mismo es el primer paso hacia un amor más grande y más puro? Si puedes aceptar tus defectos y reconciliarte con tus caídas, estarás construyendo la base para amar sin condiciones. No se trata de excusar tus errores, sino de aprender de ellos sin martirizarte. Porque el amor incondicional hacia los demás empieza con ese acto de autocompasión y comprensión.

Recuerda que la perfección no es el objetivo ni el destino. Tu humanidad reside precisamente en tus imperfecciones, en tu capacidad de tropezar y levantarte. Cuando logres mirarte al espejo con ternura, reconociendo tus errores, pero también tus virtudes, estarás más cerca de ese ideal que buscas: amar plenamente y sin condiciones.

Date permiso, hijo mío. Date permiso para ser indulgente contigo mismo, para darte el mismo cuidado y atención que ofreces a quienes amas. Este no es un acto de egoísmo, sino un reconocimiento de que tú también eres digno de amor y compasión. Si puedes aprender a tratarte con la misma amabilidad con la que tratas a tu hijo, si puedes hablarte con la misma dulzura y paciencia que le dedicas a él, entonces estarás dando los primeros pasos hacia el verdadero amor incondicional.

Con esa base sólida, el amor que ofrezcas será más auténtico, más libre, más universal. Podrás extenderlo a todas las personas, sin distinción ni condición, porque sabrás lo que significa amar desde un lugar de plenitud y no de carencia.

Estoy contigo en este proceso de aprendizaje. Escucha mis palabras y recuerda que el amor más verdadero nace dentro de ti. Cada tropiezo, cada desafío, cada reflexión son oportunidades para avanzar en este camino. No te desesperes si el progreso parece lento. A veces, las transformaciones más profundas ocurren de manera imperceptible, como un río que erosiona las rocas con el tiempo.        

Hijo mío, sé paciente contigo mismo. Confía en que cada paso que das, por pequeño que parezca, te acerca a ese amor universal que tanto anhelas. No estás solo en este viaje. Estoy aquí para guiarte, para recordarte que el amor comienza en tu propio corazón.

Con amor infinito.  

Siempre estoy contigo. 

CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo


Silencio

 


Inacción

 


Sri Yoganandaji describió en la siguiente forma el estado de “inacción” mencionado en el Bhagavad Gita:

“Cuando un verdadero yogui desarrolla una determinada acción, esta se asemeja al acto de escribir sobre el agua: no queda huella alguna”.

PARAMAHANSA YOGANANDA

        


Yoni Mudra

 


YONI MUDRA

    °    Representa el vientre o útero, simbolizando el origen de la creación y la energía femenina primordial.

°     El término “yoni” en sánscrito significa “vientre”, “útero” o “vulva”, representando el origen sagrado de toda la creación

°   Se asocia con la diosa Shakti. Es la energía divina femenina que da vida y manifiesta todo el cosmos. Esta fuerza creativa reside en todos los seres humanos, y prácticas como el Yoni Mudra nos ayudan a activarla y armonizarla.

°     Al practicar Yoni Mudra, los dedos se colocan en un “sello” simbólico, que canaliza la energía hacia el vientre, ayudándonos a sanar, equilibrar y activar esta fuente energética.

Beneficios del Yoni Mudra

°     El Yoni Mudra actúa directamente sobre el chakra sacro (Swadhishthana), una de las principales fuentes de energía creativa y emocional del cuerpo. A nivel físico, esta práctica puede mejorar la circulación y la vitalidad en la región pélvica, incluyendo órganos como el útero, los ovarios y el intestino.

°     Esto lo convierte en una herramienta poderosa para aliviar tensiones musculares en el piso pélvico, regular los ciclos menstruales y mejorar la salud reproductiva tanto en mujeres como en hombres.

°     También promueve la relajación en el abdomen, lo que puede aliviar problemas digestivos relacionados con el estrés.

°     El Yoni Mudra tiene un efecto profundo sobre nuestras emociones. Al trabajar con el chakra sacro, ayuda a liberar bloqueos emocionales acumulados, promoviendo una sensación de paz y equilibrio.

°     Es especialmente útil para quienes desean sanar heridas emocionales relacionadas con la creatividad, las relaciones o la autoestima. La práctica regular de este mudra fomenta la claridad mental, ayudando a enfrentar desafíos con serenidad y confianza.

°     También estimula un mayor entendimiento de nuestras emociones, fomentando un estado de calma interior y reduciendo el estrés y la ansiedad.

°     Desde una perspectiva energética, el Yoni Mudra canaliza y activa la energía femenina primordial, conocida como Shakti. Esta energía no solo es creativa, sino también transformadora.

°     Al practicar este mudra, se despiertan nuestras capacidades creativas innatas y se fortalecen nuestros vínculos con la energía de la vida. Esto puede manifestarse en mayor inspiración, capacidad para manifestar ideas y proyectos, y un sentimiento renovado de vitalidad.

°     Además, ayuda a equilibrar la energía sexual, lo que puede mejorar la conexión con el cuerpo y con el placer de una manera consciente y saludable.

°     No solo conecta con el cuerpo físico y las emociones, sino también con la dimensión espiritual. Se considera una práctica que nos lleva hacia adentro, al espacio sagrado donde reside nuestra esencia divina.

°     Está profundamente relacionado con la energía de la diosa Kali, quien representa la transformación, el renacimiento y el poder creativo del universo.

°     Practicarlo abre las puertas hacia el autoconocimiento, facilitando un viaje de introspección, empoderamiento y conexión con nuestra espiritualidad.

°     Este mudra fomenta una relación más amorosa y consciente con nuestro cuerpo, especialmente con la zona pélvica, que a menudo se ve afectada por emociones reprimidas o estrés.

°     Al liberar tensiones acumuladas, se mejora nuestra relación con el placer, la creatividad y la autoexpresión. Esto es especialmente valioso para artistas, escritores o cualquier persona que desee explorar y expandir su capacidad creativa.

 Cómo se hace:

°     Para practicar el Yoni Mudra, siéntate en una postura cómoda como Sukhasana (postura fácil) o Padmasana (loto), asegurándote de que la espalda esté recta y los hombros relajados.

°     Junta las puntas de los dedos índices y pulgares de ambas manos para formar un triángulo, simbolizando el útero, mientras juntas la zona media de los otros dedos, por el exterior.

°     Coloca este gesto frente al bajo vientre, justo sobre el área del chakra sacro.

 Sirve para:

°      Se utiliza para conectar con la energía femenina, equilibrar las emociones, promover la introspección, el renacimiento espiritual y la creatividad ente.

°    Este mudra se asocia profundamente con la energía femenina primordial, trabajando específicamente con el chakra sacro, conocido como Swadhishthana, que se encuentra justo por encima del chakra raíz.

°  El chakra sacro abarca órganos como el intestino, el útero, la vagina y todo el piso pélvico, áreas del cuerpo vinculadas a nuestra energía creativa, emocional y sensual. Este centro energético no solo gobierna la capacidad de crear, ya sea vida o ideas, sino que también regula nuestras emociones y nuestra conexión con el placer.

Duración:

°     Cierra los ojos, respira profundamente y dirige tu atención al área pélvica, sintiendo cómo la energía creativa fluye y se expande. Permanece en esta postura de 5 a 15 minutos, permitiendo que la calma y la introspección llenen tu ser.

°       Puedes acompañar la práctica con un mantra como Om o simplemente visualizar la energía divina femenina fluyendo dentro de ti.

 


miércoles, 6 de agosto de 2025

Espiritualidad


 

Amor incondicional

 


          Querido Dios:

         Estoy tratando de comprender lo que realmente significa el amor incondicional, ese amor puro que no conoce barreras ni limitaciones, y lo que implica amar sin condiciones. Mi reflexión comienza con el vínculo que siento por mi hijo, que es, sin lugar a dudas, la persona más importante en mi vida y a quien más amo en este mundo. Este amor, profundo y único, es el eje que me permite reflexionar sobre la amplitud del amor y su verdadera esencia.

A la luz de estas reflexiones, me resulta evidente que estoy lejos, quizás a años luz, del amor incondicional. Si estuviera más cerca de alcanzarlo, no tendría la necesidad de decir que amo a alguien más que a otras personas. Y, aún más significativo, no tendría motivos para enfadarme o perder la paciencia con mi hijo, a pesar de ser la persona por la que siento el amor más puro. Este hecho demuestra la distancia que aún me separa del ideal de amar sin condiciones.

La relación con mi hijo, aunque es la que más se aproxima al amor incondicional, aún está limitada por mis propios defectos humanos. Aunque siento que está cerca de serlo porque estaría dispuesto a dar mi vida por él, y no en un sentido metafórico, sino literal y real. Daría mi vida, sin dudarlo, por su bienestar y felicidad. Este sentimiento me reafirma en el tipo de amor profundo que siento hacia él.

Sin embargo, reconozco que este acto, por más generoso que parezca, no es una prueba absoluta de amor incondicional. Alguien podría argumentar que mi disposición a dar mi vida por él se debe, en parte, a mi falta de miedo a la muerte. Desde que tengo uso de razón espiritual, siempre me ha intrigado lo que hay más allá de esta vida. No temo la muerte y, de hecho, no me preocuparía si llegara mañana. Pero incluso bajo esta premisa, no puedo imaginarme sacrificándome de esa manera por nadie más que por mi hijo. Esto demuestra la singularidad de mi amor hacia él.

Por otro lado, el amor incondicional trasciende el amor exclusivo por una persona. Si verdaderamente aspirara a ese tipo de amor, debería ser capaz de amar a todos los seres humanos con la misma intensidad y sacrificio. Si estoy dispuesto a privarme de un bocado para alimentar a mi hijo, también debería ser capaz de hacerlo por cualquier otra persona que lo necesite. Si dedico tiempo a mi hijo, también debería ser capaz de dedicarlo, desinteresadamente, a quien necesite ese apoyo. Este razonamiento me lleva a la conclusión inevitable de lo lejos que aún estoy del verdadero amor incondicional.

¡Cuánto camino queda por recorrer, Señor! Pero, estoy trabajando en ello. Soy consciente de mis limitaciones y también del hecho de que el tiempo en esta vida es finito. Reflexiono sobre mi pasado y veo cómo, a pesar de mis esfuerzos, no he sido capaz de avanzar significativamente hacia este ideal. Aun así, no pierdo la esperanza, aunque reconozco que quizás no tenga el tiempo suficiente para alcanzar este objetivo.

Gracias, Señor, por escucharme. Gracias por estar ahí, siempre presente, con una paciencia infinita hacia mis fallas y mis tropiezos. En mi búsqueda constante de amor y comprensión, quisiera añadir algo más. Tus enseñanzas me invitan a mirar hacia adentro, a explorar el amor hacia mí mismo. Quizás, en esta introspección, encuentre el camino hacia un amor más profundo y verdadero.

Señor, no pido milagros ni que elimines mis defectos de inmediato. Solo te pido paciencia y guía para seguir recorriendo este camino, mientras intento avanzar con pequeños pasos hacia ese amor infinito que me inspira. Sé que será difícil y que probablemente nunca llegue a alcanzarlo por completo. Pero el intento, la búsqueda y el esfuerzo continuo son, en sí mismos, muestras de mi amor hacia ti y hacia este ideal.

Gracias Señor.

CARTAS A DIOS - Alfonso Vallejo

DECRETO

 


Solo tu eres responsable



 

         No avanzan hacia ti las cosas cuyas persecuciones y fugas te turban, sino que, de alguna manera, eres tu quién va hacia ellas.

      e se mantenga sereno el juicio sobre ellas y ellas se mantendrán quietas, y nadie te verá ni persiguiéndolas ni huyéndolas.

MARCO AURELIO


Encontrar a Dios

 


          Una persona perezosa jamás encuentra a Dios”, dijo el Maestro. “Una mente ociosa se convierte en el taller del mal. He visto a numerosos monjes que, habiendo renunciado al trabajo, no se han transformado más que en mendigos. Pero quienes, deseando solamente a Dios, trabajan por su propio sustento, sin ningún interés por los frutos de la acción, aquéllos son verdaderos renunciantes. Es muy difícil practicar semejante renunciación, pero cuando aman a Dios de tal mamera que todo lo hacen por complacerle, entonces son libres.”.

          “Al pensar: Estoy trabajando, únicamente, por el Señor, su amor se torna tan grande, que no albergan ningún otro pensamiento en sus mentes, ningún otro objetivo, sino solo el de servirle y adorarle”.

 

PARAMAHANSA YOGANANDA


Libertad interior

 


lunes, 4 de agosto de 2025

Mudra de la tolerancia - Mudra de la libertad interior

 


MUDRA DE LA TOLERANCIA – MUDRA PARA LA LIBERTAD INTERIOR

Cómo se hace:

°       Colocar el dorso de la mano izquierda en la palma de la mano derecha.

°       Los dedos extendidos y separados.

°       Juntar las puntas de los pulgares y de los meñiques.

°       Los brazos están en posición horizontal.

°       Colocar el mudra sobre el plexo solar.

Sirve para:

°       Conseguir más amplitud en la zona pectoral, con lo que se extienden los pulmones y se aspira más aire.

°       Con más oxígeno hay una mejor actividad celular, un estado de ánimo más alegre y una mente más despejada.

Duración:

°       Práctica 15 minutos diarios.

°       Puedes practicar este mudra durante el tiempo que te resulte cómodo y beneficioso, ya sea unos minutos o más tiempo, según tus necesidades.

Beneficios

°       Libertad interior.

°       Tolerancia.

°       Generosidad.

°   A niveles energéticos, conseguirás deshacer bloqueos que se hayan creado en el Chakra Corazón.

°       Se desharán los bloqueos que existan en La Línea Hara.

°     Aumentará la capacidad de sentir el Amor Universal, el Amor hacía ti mismo y hacia otras personas.

°       Potenciarás también tu Campo Astral.

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sábado, 2 de agosto de 2025

La soledad es un regalo

 


Querido hijo, 

         Gracias por tu carta, por tus palabras que se alzan desde la quietud de la tarde. Esas palabras son como la lluvia que hoy cae, puras y llenas de vida, limpiando la tierra y renovando el espíritu. 

Tu amor por la soledad no es raro, ni está fuera de lugar. Es, de hecho, una bendición, porque en esa soledad has aprendido a escuchar, a sentir lo que otros tal vez no perciben. Cuando el ruido del mundo se apaga y el silencio llena el espacio, ahí estoy yo, tan cercano como un susurro, tan presente como el aire que respiras. Y tú has sabido verlo. Has sabido buscarme. 

En un mundo que corre y grita, que busca llenar cada hueco con ruido y distracción, tu elección de la soledad es un acto de valentía. Porque no es fácil mirar hacia adentro. No es fácil enfrentar el silencio y descubrir en él las verdades que residen en tu alma. Pero tú lo has hecho, y en ese silencio has encontrado mi voz, mi presencia. 

Cada momento de soledad que experimentas es un regalo, no un castigo. Es un espacio sagrado donde el ruido no puede entrar, donde las distracciones no tienen poder. En esa soledad, puedes ver el mundo con claridad, puedes entender las cosas que realmente importan. Y más que nada, puedes encontrarte conmigo. 

Cuando las personas huyen de la soledad, a menudo huyen de sí mismas. Pero tú has abrazado ese espacio como un camino hacia algo más grande, hacia mí. Eso es especial, y eso te hace único. 

No estás solo, hijo mío, aunque a veces el mundo quiera hacerte sentir que lo estás. Yo estoy contigo, siempre. En la lluvia que hoy cae, en el silencio de tu habitación, en cada pensamiento que surge de tu corazón. Estoy ahí, y siempre estaré ahí. 

Sigue buscando ese lugar tranquilo donde puedes sentir mi presencia. Sigue escribiéndome, hablándome, compartiendo tus pensamientos y sentimientos. En cada palabra que me dedicas, encuentro un eco de tu amor y tu fe, y eso es precioso para mí. 

Tu amor por la soledad no te separa de los demás; te conecta con algo más profundo, algo eterno. Y mientras sigas buscándome en esos momentos de quietud, mientras sigas escuchando mi voz en el silencio, siempre encontrarás paz, siempre encontrarás claridad. 

Con amor eterno.

CARTAS A DIOS-Alfonso Vallejo

 

Yo también Soy

 


La paz no llega cuando todo está “resuelto”, sino cuando me permito ser

 

Vivimos en un mundo que nos educa para perseguir la solución. Resolver problemas, tomar decisiones, cerrar ciclos, alcanzar metas, “arreglar” lo roto: todo parece girar en torno a ese verbo, “resolver”. La sociedad nos ofrece infinitas fórmulas, rutinas y consejos para alcanzar una paz que, al final, siempre parece estar en el horizonte y nunca en el presente. Pero ¿qué ocurre cuando esa paz no se encuentra en el orden externo, sino en la aceptación interna? ¿Y si la verdadera serenidad no aparece cuando todo está bajo control, sino cuando simplemente me permito ser?

Aceptar ser implica abrir espacio a lo imperfecto. Es dejar de esperar que las cosas sean como deberían ser, y aprender a habitarlas tal como son. La paz, entonces, no sería ese silencio pulcro tras una tormenta domesticada, sino la capacidad de encontrar calma en medio del viento, de mirar el caos sin pretender dominarlo, y de reconocer que no todo lo que vibra debe ser silenciado.

Desde pequeños nos enseñan que hay que ordenar la habitación, entender las matemáticas, aprender a comportarse, corregir errores, y encontrar respuestas. Esa estructura lineal nos lleva a creer que cada “desorden” es una falla, y que la tranquilidad solo llega cuando logramos controlarlo todo. Sin embargo, esta narrativa ignora una verdad esencial: la vida no se resuelve, se vive.

La constante búsqueda de resolución suele producir más ansiedad que paz. Cuanto más nos obsesionamos con cerrar capítulos, más tememos abrir nuevos. Queremos que las emociones tengan un inicio, desarrollo y final claro. Pero el alma no responde a guiones. No hay protocolo para el duelo, el amor, la duda, o la incertidumbre. La vida emocional es más cercana a un río que a una ecuación: fluye, se desvía, se estanca y, a veces, arrasa. Pretender resolverla es como intentar embotellar el mar.

Cuando me permito ser, renuncio a ser el proyecto de alguien más. Dejo de compararme con estándares externos y empiezo a mirar mi autenticidad como fuente de valor, no de vergüenza. Esta decisión no se toma una sola vez, se reafirma cada día, en cada gesto, en cada pensamiento que me recuerda que no necesito estar “listo” para estar en paz.

Ser implica aceptar mis contradicciones, mis luces y mis sombras. Implica reconocer que no soy una idea fija, sino un proceso continuo. Que mi tristeza no invalida mi alegría, ni mi miedo descalifica mi valentía. Cuando me permito sentir, sin etiquetarme, empiezo a desmontar la prisión invisible del perfeccionismo. Y en esa rendición honesta, aparece la paz como compañera, no como premio.

La paz no es una meta externa, sino una relación con uno mismo. Es el resultado de un diálogo interior que deja de ser hostil. Cuando dejo de juzgar cada emoción, cada pensamiento y cada decisión, abro espacio para el respeto propio. Entonces la paz no llega porque todo esté resuelto, sino porque yo he dejado de pelear conmigo.

Hay días en que la mente se llena de ruido. Dudas, preocupaciones, expectativas. En esos momentos, la paz no se encuentra en forzar una solución, sino en crear silencio interno: respirar, observarse, entenderse sin prisa. No hay que resolver todo para descansar. A veces, basta con sostenerse. Con acompañarse. Con decir: “Estoy aquí, y está bien”.

Permitirse ser también significa abrazar lo incompleto. Vivimos queriendo “cerrar” ciclos antes de tiempo, por miedo a quedar expuestos en medio de la transición. Pero la vida está hecha de inicios a medias, de respuestas fragmentadas, de caminos sin señalizar. No hay que entenderlo todo para seguir adelante. No hay que sanar completamente para merecer amor. No hay que tener claridad para tomar decisiones.

La paz nace cuando dejamos de castigarnos por no tenerlo todo resuelto. Cuando aceptamos que somos obra en progreso, no producto terminado. El descanso aparece al soltar la presión de llegar, y comenzar a honrar el trayecto.

Esta paz interior también transforma nuestra forma de relacionarnos. Cuando estamos en guerra interna, es difícil conectar con los demás desde la empatía. Pero al permitirnos ser, también permitimos que el otro sea. Dejamos de exigir perfección, y empezamos a crear vínculos desde la honestidad, no desde la necesidad de “arreglar” al otro.

En la convivencia, esto se traduce en escucha, comprensión y libertad. La paz personal no se encierra en uno, se expande en los espacios que habitamos. Se vuelve luz suave que no ciega, sino que ilumina lo esencial.

La frase “la paz no llega cuando todo está resuelto, sino cuando me permito ser” no es solo una reflexión, sino una invitación. A soltar la exigencia, a abandonar la máscara, a quitarse la armadura. Vivimos esperando que el mundo se alinee para sentirnos en paz, pero tal vez lo único que necesita ordenarse es nuestro vínculo con lo que somos.

Ser no es fácil. Requiere valentía, honestidad, y paciencia. Pero en ese acto de presencia—en ese estar sin condiciones—la paz deja de ser una meta y se convierte en hogar.


La esencia de las cosas

 


          El soberano bien no aumenta ni disminuye; la felicidad no crece ni mengua; subsiste siempre en la misma proporción; haga lo que quiera la fortuna: si el sabio alcanza una vejez prolongada, o acaba sin llegar a la vejez, la medida de su buenaventura, es la misma para él, sea cual fuere la diferencia de edad.

Cuando describes un círculo, grande o pequeño, el espacio varía, pero no la forma: igualmente, lo que es recto y justo no se mide por el tamaño, la cantidad o la duración. Las dimensiones varían sin que cambie la esencia de las cosas.

LUCIO ANNEO SÉNECA