El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




lunes, 2 de noviembre de 2015

sábado, 31 de octubre de 2015

Amor

Perlas para el alma




El Amor es una Energía, mientras que el amor que sentimos los seres humanos es un sentimiento, es una emoción, es un conglomerado de apego y deseo que mueve una energía que afecta al chakra solar y hace que parezca que hay maripositas aleteando en el estómago. Pero las maripositas más pronto que tarde dejan de aletear, la energía de deseo se va evaporando y solo queda el apego que nos hace creer que seguimos con las personas porque las queremos, aunque a veces, decimos, sin ningún rubor que se ha acabado el amor pero queda el cariño. No, el Amor nunca se acaba, lo que pasa es que no ha existido nunca, lo que queda es apego, algo que hay que aprender a eliminar porque es la antítesis del Amor: Donde hay apego no puede existir Amor, porque el Amor es libertad, el Amor es confianza, el Amor es respeto, el Amor es comprensión, el Amor es tolerancia.


viernes, 30 de octubre de 2015

Aquí está la solución a tus problemas (4)

Decíamos en una de las entradas anteriores que el viaje hacia el interior, se realiza suavemente, deslizándose con la respiración consciente, después de dominar los pensamientos, manteniendo una atención constante y aceptando todo lo que el fluir de la vida nos ofrece, que no es más que aquello que nos envía el Universo, fruto de la atracción que nuestros pensamientos han generado con anterioridad.

Podemos resumir todo el párrafo anterior en una sola palabra “Atención”. Mantener la atención permanente en el fluir de la vida es el tobogán que nos permite deslizarnos hacia nuestro interior. Es paradójico, vivir la vida con total atención, que no es más que ser total y absolutamente conscientes de los sucesos de la vida en el exterior, hace que podamos llegar al interior y vivir esos sucesos desde dentro.

Y eso es así porque la atención está desprovista de pensamiento, que es el principal, y casi me atrevería a decir único, enemigo del ser humano, mucho más que cualquiera de lo que podamos calificar como peligro extremo, como podría ser encontrarnos de frente con un ladrón asesino, o estar flotando en el mar sentados en una barca de juguete en mitad de un tornado. Porque el asesino y el tornado todo lo más que pueden hacer es acabar con nuestro cuerpo y, sin embargo, los pensamientos ennegrecen la conciencia y destrozan la vida en el cuerpo.



Recordar, somos seres espirituales viviendo una experiencia humana. Cuando se acaba el cuerpo se interrumpe la experiencia en la materia, pero seguimos vivos con toda nuestra luz y nuestra conciencia al otro lado de la vida. Si se ennegrece la conciencia se va a necesitar más tiempo, más vidas, más experiencias humanas para volver a dejarla limpia y clara. Se retrasa, en definitiva, la unión con Dios.

Ya sabemos que para los que viven en la periferia de la conciencia asomados al exterior en el balcón de la vida, la vida física es lo más grande y solo pensar en perderla les aterra, pero llegará el día que piensen en la muerte como una liberación. Una liberación de la vida, que aunque sea una experiencia hermosa, no deja de ser un tanto monótona y pesada.

Sigamos con la atención: El secreto para mantener la atención, es dominar el pensamiento, y se domina el pensamiento con atención. Es una especie de círculo vicioso. Desde luego no se puede decir que nos lo pusimos fácil al otro lado de la vida. Es posible que con una mente menos poderosa hubiéramos terminado antes, aunque bien es cierto que el mérito no sería el mismo que con nuestra mente actual.

Como no podemos cambiar nuestra mente, ¡es la que tenemos!, no nos va a quedar más remedio que dominarla, y para eso podemos, y me atrevería a decir que debemos utilizar algunas herramientas que sirvan de apoyo para facilitar el trabajo: respiración y meditación.

Vamos a repetir algo súper conocido: “Todo es energía”. El pensamiento también lo es. Y tengamos en cuenta otra máxima: “La energía siempre sigue al pensamiento”. Esto quiere decir que donde va el pensamiento se va la energía. Por lo tanto, si cuando se tiene un pensamiento se piensa: “No quiero tener este pensamiento”, lo que se está haciendo es alimentar con energía extra al pensamiento. Es como decir: “No pienses en un elefante blanco”, ¿Qué es lo primero que viene a la mente?, pues un elefante blanco. Para eliminar un pensamiento se le ha de retirar la energía. Para eso lo mejor es llevar la atención a otro lugar que no sea el pensamiento, y el mejor lugar para desviar la atención, entre otras razones porque siempre está ahí, es la respiración. Si cuando se tiene un pensamiento, la persona es consciente de ese pensamiento, y quiere que desaparezca de su mente, solo tiene que llevar la atención a la respiración y mantenerla, y de inmediato el pensamiento se esfuma, como el humo.

¿Qué significa llevar la atención a la respiración y mantenerla? Significa meditar. La definición de la meditación lo dice: Meditar es mantener la mente limpia de pensamiento.

Por lo tanto, meditar para mantener la mente sin pensamientos, va a hacer que se viva la vida con total atención, y va a ser esa atención el lubricante que va a permitir el deslizamiento suave hacia el interior.


¡Bien, ya estoy dentro!, y ahora ¿Qué? ¿Cómo encuentro eso que estoy buscando?


miércoles, 28 de octubre de 2015

Beneficios de la meditación

Beneficios de la meditación

Disminuye la tensión.
 
Reduce la ansiedad.

Regula la presión sanguínea.

Mejor concentración.

Fortalece el sistema inmunológico.

Recuperación rápida de los efectos del estrés.

Retrasa el proceso de envejecimiento.


Mejor estabilidad emocional y mental.

Calma, sosiega, energiza, aparta las preocupaciones.

Más confianza en uno mismo, más tolerancia, más sensibilidad.

Mayor intuición y percepción.

Desarrollo de la inteligencia y mayor capacidad de aprendizaje.

Las hormonas calmantes, melatonina y serotonina, se incrementan con la meditación, mientras que la hormona del estrés, el cortisol, se reduce.

La meditación tiene un efecto profundo en los tres indicadores clave de la edad: la capacidad auditiva, la tensión arterial y la visión de objetos cercanos.

La gente que lleva tiempo meditando padece un 80% menos de enfermedades del corazón y un 50% menos de cáncer que los que no meditan.

Los meditadores segregan más hormona relacionada con la juventud, la dhea que los no meditadores. Los hombres de 45 años que meditan tienen una media de 23% más de dhea que los que no meditan, y en las mujeres la diferencia es de un 47%. Esto ayuda a disminuir el estrés, a incrementar la memoria, a preservar la función sexual y a controlar el peso.

El 75% de los que padecen insomnio consiguen dormir si practican la meditación.

El 34% de la gente que sufre dolores crónicos puede reducir significativamente el dolor.

La meditación crea un estado hipometabólico único en el que el metabolismo se encuentra en un estado mucho más profundo que durante el sueño. Mientras se duerme, el consumo de oxígeno baja un 8%, mientras que en la meditación baja entre un 10% y un 20%.

            La meditación es la única actividad que reduce el lactato de la sangre, que es un marcador del estrés y la ansiedad.

            Las hormonas calmantes, melatonina y serotonina, se incrementan con la meditación, mientras que la hormona del estrés, el cortisol se reduce.


            La meditación tiene un efecto profundo en los tres indicadores clave de la edad: la capacidad auditiva, la tensión arterial y la visión de objetos cercanos.

¿A qué estás esperando?


martes, 27 de octubre de 2015

Aquí está la solución a tus problemas (3)

Con independencia de lo que cada uno está buscando, (casi todo en el mundo de la materia), existe una búsqueda inconsciente, que se encuentra incluida de manera subliminal en todo aquello que realiza el ser humano y que no es otra cosa que el encuentro con Dios. Esta búsqueda se está realizando desde la primera experiencia humana en su primera vida como ser individualizado en la materia hasta la última, volviéndose consciente de esa búsqueda en las últimas vidas que el ser humano disfruta en la materia.

¿Por qué se es consciente en las últimas vidas de esa búsqueda de Dios, y no en los cientos o miles de vidas anteriores?, sencillamente por el crecimiento que ha ido realizando la persona, por su evolución, por la expansión de su conciencia, por vivir justamente desde el interior. El crecimiento, la evolución de los seres humanos, debido a su singularidad es lento, muy lento, aunque afortunadamente crecimiento a fin de cuentas.


La singularidad solo vine dada por el pensamiento social, por todo lo que nos encontramos al llegar a la vida. La sociedad nos enseña desde la cuna lo que es prioritario para desenvolverse en esa sociedad en la que aparece el recién nacido y lo que hay que aprender para alcanzarlo. No es habitual que en la enseñanza que se imparte a un niño se incluya la búsqueda de Dios, o se incluya la divinidad del ser humano, o se incluya la compasión, la misericordia, el perdón y el Amor. Todos estos aspectos son desconocidos para la sociedad. La sociedad cree que estas son emociones que el ser humano ha de desarrollar de manera individualizada y que lo que hay que aprender con respecto a esas emociones es a controlarlas y a reprimirlas.

Todas las enseñanzas van dirigidas a conseguir cosas que se encuentran en el exterior, con el resultado de todos conocidos: guerras, hambre, discriminación, inseguridad, falta de respeto y miedo, mucho miedo a casi todo lo que se mueve y que no se mueve, motivado por todos los educandos: Se enseña amenazando, se enseña manejando el miedo, se enseña a temer en lugar de enseñar a amar. Enseñan amedrentando los padres, “Si no vienes inmediatamente te quedas sin juguetes”, lo hacen los profesores, “Si no estudias no apruebas, tendrás que repetir curso. Nunca serás un hombre de provecho”, por las autoridades religiosas, “Eso es pecado te vas a condenar al fuego eterno”. Todo es atemorizar: “O haces lo que yo digo o….., atente a las consecuencias”. Esta es la singularidad del ser humano: Venimos a la vida a aprender a Amar y nos enseñan lo contrario, nos enseñan a temer.

Esta es la razón de la lentitud en nuestro crecimiento. Y así seguimos vida tras vida hasta que un buen día, mil vidas después uno empieza a hacerse preguntas: ¿Por qué es tan importante que gane mi equipo de fútbol?, ¿Qué gano yo con eso?, ¿Cómo puede ser que solo mi religión sea la auténtica y verdadera?, ¿Estarán equivocados los millones y millones de personas que siguen a las cinco mil religiones restantes?, ¿No estaremos todos equivocados?, ¿Cómo puede ser que yo tenga que trabajar para malvivir y los políticos que mal gobiernan los países, (en teoría para servir a sus conciudadanos), vivan en la opulencia, solo haciendo declaraciones en contra de los otros políticos en la prensa, en lugar de trabajar todos unidos por un bien común?, ¿Realmente existe alguna diferencia entre el partido azul y el partido rojo?, ¿Cómo puede ser que el banquero que solo es el depositario de “MI” dinero viva un millón de veces mejor que yo?, ¿Cómo puede ser que se mate en nombre de Dios?, ¿Cómo puede ser que se coloque alambre de espino en una línea imaginaria para impedir el paso de seres humanos, en nombre de no sabemos muy bien qué?, ¿Cómo podemos ser los seres humanos tan ridículos, perdiendo tiempo y energía en cuestiones inútiles, en fútiles discusiones, en criticas despiadadas, en mentiras clamorosas, o en deslealtades?

Cuando el ser humano comienza a cuestionar todo lo que le rodea está preparado para acelerar el paso en el camino que comenzó a transitar hace mil vidas. A partir de ese momento el camino se torna solitario porque es la única manera de encontrar las respuestas, ya que estas se encuentran en su propio interior y para ese trayecto del viaje a su interior no necesita compañía. Es SU búsqueda, es SU trabajo, es SU crecimiento, es SU encuentro con Dios.
  

Y ahora sí, aunque el camino se transite en solitario podemos mostrar cuales son las etapas.


viernes, 23 de octubre de 2015

Aquí está la solución a tus problemas (2)

¿Cómo entrar en el interior de uno mismo? Es muy posible que esta sea la segunda pregunta del millón. Después del ¿Quién soy?, ¿De dónde vengo?, ¿Adónde voy?, esta creo que es la pregunta que le sigue en importancia a las preguntas de la identificación, a esas preguntas en las que la respuesta nos sitúan un poco bajo el foco de lo que somos los seres humanos. Porque una vez sabido quienes somos, hemos de contactar con nosotros mismos, y ese contacto se va a realizar dentro, mirando al corazón, escuchando al alma; y para establecer el contacto dentro, hay que entrar, y para entrar hay que saber cómo.

Ya son muchas las personas que saben que son hijos de Dios, y saben que hacen aquí, pero no terminan, o mejor no empiezan a actuar como tal, como abanderados de la Divinidad, podríamos decir, espero no cometer un sacrilegio, como los auténticos voceros de Dios, como los auténticos representantes legales de sus intereses en la Tierra, ¿Quién mejor que un hijo para representar al Padre?

Y ¿Por qué no lo hacen? Pues porque no saben muy bien cómo actuar, el conocimiento que tienen es meramente intelectual, falta la experiencia, a pesar de esas meditaciones en las que cuando finalizan dicen “que fuerte”. Ese “que fuerte”, es como una gota de agua recibida, en comparación con el océano que les está esperando. La realidad es que pasar del conocimiento intelectual a la voz de la experiencia por haber integrado el conocimiento es posiblemente el paso más difícil que hemos de dar como seres humanos. Y ese paso es precisamente entrar a nuestro interior.

Por eso tenemos que hablar de la relajación, de la meditación, del viaje a la India, de la charla que escuchamos al maestro, al gurú o al monje tibetano, por eso tenemos que hablar de una determinada técnica o de lo intenso que fue el último intensivo. Todo esto son pasos correctos y posiblemente necesarios, aunque no imprescindibles, para poder dar el paso hacia nuestro interior, paso que significa dejar de vivir en la cabeza para vivir en el corazón, paso que significa abandonar la periferia de la conciencia para sumergirnos totalmente en ella.


El viaje hacia el interior, se realiza suavemente, deslizándose con la respiración consciente, después de dominar los pensamientos, manteniendo una atención constante y aceptando todo lo que el fluir de la vida nos ofrece, que no es más que aquello que nos envía el Universo, fruto de la atracción que nuestros pensamientos han generado con anterioridad.

Las cinco líneas anteriores bien podrían ser el prologo de cientos de tratados que hablan de la respiración consciente, de la atención plena, de la meditación, del perdón y de la aceptación, de la fuerza de los pensamientos y de las Leyes del Universo.

Cuando me siento delante de la computadora para escribir lo que será un nuevo post, lo hago solamente con una idea inicial, una especie de titulo, y nunca sé, en ese momento hasta dónde puede llegar. Es tecleando que van apareciendo las ideas que se van plasmando prácticamente sin ser totalmente consciente. En este caso, al llegar a estas cinco líneas he sido consciente de que me he metido, o me han metido, en un berenjenal, y de que la salida no va a poder ser lo que pretendía, que era escribir un post de dos folios máximo, esto se va a tener que convertir en una especie de tratado. No, por supuesto que no lo voy a hacer, no estoy preparado para eso, ya hay maestros que han dictado esos tratados, pero si voy a intentar, resumir ese prólogo de tratados según mi humilde, corta y personal experiencia.  


Así que aquí termina esta segunda entrada. Seguiré, utilizando el mismo titulo en las siguientes

sábado, 17 de octubre de 2015

Aquí está la solución a tus problemas

        
El secreto de todo lo que estás buscando, sea lo que sea, está dentro de ti. Ya sé, ya estoy escuchando tus pensamientos, son demasiado fuertes: “Lo que yo busco es una pareja, ¿Cómo la voy a encontrar dentro de mí?”, o “¿Cómo voy a conseguir dentro de mí el dinero que necesito para la hipoteca de la nueva casa?”, o “¿Cómo voy a conseguir encontrar dentro de mí la solución que busco para solucionar el problema del calentamiento global de la Tierra?”, y tantos más pensamientos de todas y cada una de las personas que están buscando algo material. O de personas que no buscan nada material: “Solo quiero consuelo y entender el porqué de la perdida de mi hijo”.

            Aunque también estoy escuchando pensamientos de personas que no están buscando nada en concreto: “Pero ¿Cómo vamos a entrar dentro con todo lo que hay fuera, para ver, para oír, para probar, para tocar, para vivir, para sentir, para gozar?”. 
      
Sería bueno ir desgranando conceptos y saber que significa entrar dentro de uno mismo, sería bueno saber dónde se encuentra la puerta de entrada, y sería bueno saber cómo es posible conseguir dentro algo que se encuentra fuera.

            Entrar dentro de uno mismo significa vivir hacia en el interior, sin dejarse impresionar ni bien ni mal, ni mucho ni poco, por cualquier situación, por cualquier suceso o por cualquier circunstancia que ocurra en el discurrir de la vida. Y cuando decimos cualquier situación, cualquier suceso o cualquier circunstancia, es cualquiera, del tipo que sea, cualquiera de las que en la actualidad se puedan calificar como buena, (que toquen millones en la lotería), como mala, (quedarse sin empleo o que se incendie la vivienda), o dramático, (la muerte de un ser querido).     Puedes añadir esa circunstancia terrible que estás viviendo: “Embarazada del que será tu cuarto hijo, abandonada por tu esposo y sin ingresos fijos con los que hacerle frente a la vida”. Puedes añadir, también, tu circunstancia particular de vida, sin importar la que sea.

            Porque vivir hacia el interior trata de que sin variar ni un ápice tu vida, puedas vivirla sin sobresaltos, sin agobios, sin miedos, sin dolor, sin sufrimiento, sin ansiedad. Si, a pesar de esa circunstancia buena, mala, terrible o dramática que estás viviendo.

            ¿Cómo puede ser no sentirse afectado por tantas y tantas vicisitudes como acontecen en la vida solo con desviar la mirada, del exterior hacia el interior?



Es que no se trata de desviar la mirada, no se trata de ignorar tu realidad, no se trata de olvidar al instante cada hecho, no se trata de jugar a “aquí no pasa nada”, no se trata de cerrar los ojos, no, al contrario, se trata de vivir la vida con los ojos bien abiertos, se trata de mantener vivo el recuerdo, (que no el pensamiento), sin olvidar nada, se trata de saber exactamente qué está pasando en cada momento, se trata de hacerle frente a la vida, se trata, sencillamente, de vivir la Vida, se trata de vivir la Verdad.

Vuelvo a escuchar vuestros pensamientos: “Si estoy viviendo la vida, y me encuentro con un episodio desagradable, tengo que sufrir”. Si, tienes razón, tienes que sufrir, pero las preguntas siguientes serian: ¿Cuánto ha de durar ese sufrimiento?, ¿Cuánto de intenso ha de ser?

Es normal que afecten los sucesos que van ocurriendo en la vida, pero lo que no es normal es que esos sucesos afecten el resto de la vida o una larga temporada. Todo lo que ocurre sucede en un momento, El sufrimiento que eso genere no ha de alargarse en el tiempo, debe de ser asimilado, entendido e integrado en el menor tiempo posible.

La duración del tiempo para asimilar, entender e integrar los sucesos viene determinado por la madurez de la persona, por la madurez de su carácter, por la expansión de su conciencia o por el crecimiento adquirido. O lo que es lo mismo el tiempo de sufrimiento es inversamente proporcional al punto de su viaje al interior en el que se encuentra la persona. Es decir, una persona que viva en la periferia de su conciencia, lo cual significa que solo vive hacia el exterior, va a sufrir lo indecible y durante un largo periodo de tiempo, mientras que otra persona que ha conseguido expandir su conciencia y acercarse a su interior va a sufrir menos, tanto menos cuanto más adentro se encuentra.

¿Significa eso que entrar dentro de uno mismo endurece a la persona? La respuesta es no, al contrario, la dulcifica, la hace más amorosa, más comprensiva, más tierna, más tolerante, porque lo que se encuentra la persona cuando entra en sí, es a Dios, y Dios es Amor. 

Al entrar en su interior la persona conecta con su parte divina, y llega a la comprensión de la razón de su existencia, llega al entendimiento del por qué de todas las cosas, sabe que todo es producto de un plan, del Plan Divino, sabe que todo es perfecto, sabe que cualquier suceso que ocurra o cualquier situación que se presente ha sido planificado con minuciosidad para su propia experiencia y que lo que debe extraer de todo ello es el conocimiento que tal situación comporta. Por eso no tienen razón de ser los enfados por que los resultados no sean los esperados, no tienen razón de ser los sufrimientos por enfermedades o perdidas, no tienen razón de ser las decepciones ocasionadas por familiares o amigos, no tienen razón de ser los miedos ante el discurrir de la vida, y sobre todo no tiene razón de ser las vueltas y más vueltas que se le dan en la mente a esas situaciones buscando ¿Qué?, buscando nada.

Hay que vivir la experiencia totalmente despiertos, con total y absoluta conciencia de lo que está sucediendo para integrar en el alma el aprendizaje, sabiendo que no es más, sea lo que sea, que un peldaño más en el despertar del sueño de la vida.

Todo esto es lo que sucede por vivir en el interior de uno mismo. En la próxima entrada veremos cómo llegar a ese interior y como conseguir lo que buscamos.



miércoles, 14 de octubre de 2015

De guerrero a héroe

                En la vida física tenemos un sinfín de oportunidades de crecimiento. Casi me atrevería a decir que las tenemos todas. Es mucho más rápido el aprendizaje dentro de un cuerpo que el que se puede atesorar al otro lado de la vida, sin cuerpo.

                La razón es simple. Al otro lado de la vida nada interfiere en nuestro contacto con Dios, sabemos lo que somos y lo que tenemos que hacer, mientras que en este lado, dentro del cuerpo, no tenemos ninguna conciencia de lo que somos, no tenemos conciencia de Dios, no tenemos conciencia de nuestra divinidad, no tenemos conciencia de la tarea a realizar, nuestra conciencia no va más allá de nuestro cuerpo físico, al menos en un elevadísimo porcentaje de personas, en realidad nuestra conciencia mientras permanecemos dentro de un cuerpo está tan comprimida, y tan impregnada de materia que prácticamente solo tenemos conciencia de nuestra realidad física.

                En estas condiciones, podemos calificar de auténticos héroes a todos aquellos que, a pesar de la pesadez del cuerpo, a pesar de la contaminación de la materia, a pesar de la sociedad, maligna, corrompida y carente de valores, a pesar de la enseñanza recibida, a pesar de la desinformación, en un alarde de locura, como lo podrían calificar sus conocidos, o en un alarde de valentía como se contempla desde el otro lado de la vida, comienzan una lucha consigo mismos para expandir esa conciencia que permanece dormida en lo más recóndito de sus deseos.



                Por eso el crecimiento realizado desde el cuerpo, es de una rapidez y una eficacia extraordinaria, ya que contra viento y marea, en contra de lo aprendido, en contra de las iglesias, en definitiva en contra de la sociedad, el héroe, o el guerrero, como también se le denomina, comienza, al principio lentamente, tratando de buscar respuestas, a preguntas sencillas, como ¿Quién es?, o ¿Qué hace aquí, en esta vida que parece tan injusta?, y cuando descubre lo más importante, que las respuestas no le van a llegar desde el exterior, sino desde su grandeza interior, la rapidez en su crecimiento se convierte en exponencial. Desde entonces, a más expansión de su conciencia, menos recorrido en el camino de la vida tendrá que recorrer.

                Los guerreros se van convirtiendo en héroes a medida que avanzan en su despertar. Sus batallas las libran, en un principio, a golpe de tambor, que todo el mundo sepa, o al menos su mundo, que están involucrados en una guerra contra lo establecido, queriendo incluso arrastrar a los suyos en su propia lucha. Después comienzan a comprender que cada persona ha de librar su propia batalla y recorrer su propio camino de despertar, y dejan de tocar los tambores, para vivir el silencio tanto en su interior, como en su exterior.

                Pero después, cuando se comienza a abrir los ojos, hay que seguir atentos, porque la mente, con su inmenso poder, va a tratar de amarrar a esa conciencia que se despega de ella para expandirse más allá de la realidad física, como si de un globo se tratara, para que se quede en la periferia del cuerpo y no se aleje demasiado. Entonces el guerrero es como si se convirtiera en un soldadito de plomo, sin fuerzas para seguir en su despegue.

                Hemos de aprovechar la vida física. Una vida es cortísima, y hemos de permanecer atentos a esa mente que intenta que el globo no se eleve. No nos puede valer quedarnos en la periferia de la conciencia, hemos de seguir la pelea. Esta no se acaba hasta que seamos total y absolutamente conscientes de nuestra divinidad, y de nuestro Amor por toda la humanidad. Hasta que lleguemos ahí, aun nos quedan viajes de ida y vuelta. No dejes que te acune la mente haciéndote creer que como lees libros “raros”, o meditas a veces, ya estás por encima del bien y del mal. No te dejes engañar, el final sucede cuando Amas, no cuando hablas del amor.

                

sábado, 10 de octubre de 2015

Linga Mudra-Mudra de la cabeza y la energía

LINGA MUDRA – MUDRA DE LA CABEZA Y LA ENERGÍA


Cómo se hace:

Entrelazar los dedos de ambas manos. Mantener recto el dedo pulgar de la mano izquierda y rodearlo con el pulgar y el índice de la mano derecha.

Sirve para:

Genera calor en el cuerpo.

Para obtener más beneficios, además de la práctica de este mudra tomar leche, manteca, agua y jugos de frutas.

Duración:

Practicar el tiempo que se quiera.

No practicar con dolor de cabeza.

Puede causar sudoración si se practica un tiempo largo.

Beneficios:

Se detiene la producción de flema y da poder a los pulmones.

Calma el frío severo y la infección bronquial.


Vigoriza el cuerpo.

Alma libre, alma encarnada

            Es difícil de explicar, y por lo tanto difícil de entender, el cambio que se produce a nivel de percepción, del alma que vive libre en el seno del Padre y la que vive encarnada. Pero podemos intentarlo.

            En realidad, la percepción del alma es la misma, pero el alma encarnada envuelta en la materia y en la personalidad del ego, no parece tener gran influencia en el desarrollo de la vida física. No puede, se encuentra atada y amordazada, mientras que una vez libre de sus envolturas, con la desaparición del cuerpo recupera su libertad expresando de nuevo su divinidad.

            Comencemos por el principio. El alma organiza su próxima vida, acompañada de guías, de Maestros, y de las almas que van a compartir con ella la vida física. El alma es totalmente consciente de su recorrido en la materia recordando todas sus vidas anteriores.


            Quiero hacer un aparte antes de seguir, para aclarar que no es que el alma recuerde, no lo necesita. No existe el tiempo en la vida fuera de la materia, ya que el tiempo solo es una percepción del ego. Por lo tanto al no existir el tiempo puede ver, en tiempo presente todo lo ocurrido en cualquier tiempo y en cualquier espacio. Es al encontrarse maniatada en la materia cuando ha de recordar.

            La organización de una vida es una tarea muy compleja, ya que en esa organización tienen que acoplarse todas las tareas que han de realizar todas y cada una de las almas que van a compartir la vida física con ella. Y no solamente se ha de organizar una opción de vida, se han de organizar varias, para poder abarcar los distintos cambios, que son muchos, que puedan ocurrir generados por el libre albedrío de los egos que comparten la encarnación.

            El estado habitual del alma es permanecer fuera del cuerpo, ya que en el cuerpo solo se encuentra durante cortísimos espacios de su eternidad. Pues en ese estado fuera del cuerpo, el alma es total y absolutamente consciente de lo que ha vivido, de lo que le queda por vivir, de lo que ha aprendido, de lo que le falta por aprender, de lo que debe y de lo que le deben, y la planificación de su vida está ligada a todo ese bagaje, eligiendo padres, hermanos, parejas, hijos, nietos, amigos, países, situaciones, trabajos, etc., etc. El alma, si de ella dependiera, trataría de abarcar cuanto más mejor, para terminar en una vida física todo su trabajo, pero los seres que la acompañan en su programación, únicamente la dejan que planifique el aprendizaje y la liberación del Karma que podrá soportar. Intentar más sabiendo que el ego sería incapaz de llevarlo a buen puerto seria un sufrimiento inútil.

            Cuando llega el momento de encarnar, el alma carga con la mochila de los miedos y de las emociones que va paseando vida tras vida para liberarse de ellos, y es cuando el ego recibe esa mochila, que comienza el calvario del alma. Envuelta por la materia, amordazada y maniatada, no puede hacerse oír para que el ego entienda que el sufrimiento y el miedo que comienzan a atenazar su existencia, solo son herramientas para su propio crecimiento.

            La minuciosa programación realizada antes de la vida, se ve amenazada, truncada y parcelada, con lo que el alma comprueba que no solo no va a avanzar ni un milímetro, sino que puede cargarse con más Karma para liberar en vidas futuras.

            El alma intenta hacerse oír, enviando imputs al corazón para que el ego aprecie las intuiciones, que son el lenguaje del corazón, pero nada. Lo reintenta haciendo incluso enfermar físicamente al cuerpo, pero  tampoco tiene éxito.

            Es tan fuerte la forma de pensamiento de separación de Dios que la sociedad ha creado como un halo rodeando la Tierra, que son pocos los egos que intentan mantener en silencio su mente para escuchar a su corazón, e incluso estos, que tienen acceso a las intuiciones, las malogran en un ochenta por ciento al pasarlas por el arel de la mente.

            Para el alma la muerte del cuerpo es una liberación, y una vez de vuelta al seno del Padre comienza una nueva etapa, una nueva planificación.

            Esta es la diferencia entre el alma libre y el alma encarnada. Una sabe que es divina y disfruta su divinidad. La otra encerrada en la mazmorra del ego, sabe de su divinidad pero no puede disfrutarla si no consigue que la disfrute el ego, lo cual es muy difícil en casi todos los seres humanos.


            Si has llegado hasta aquí, intenta mantenerte en silencio el mayor tiempo posible. Haz que la meditación sea un hábito en tu quehacer diario, y date permiso para escuchar a tu corazón que sólo habla al dictado del alma. Y el alma solo expresa su Divinidad.

lunes, 5 de octubre de 2015

En el umbral del Paraiso-(La vida de Ramón)


            Esta es la historia de Ramón, un jubilado a punto de cumplir setenta años, ahora abuelo a tiempo completo, que como hobby ha dedicado media vida a la búsqueda de algo, que el mismo no sabe muy bien cómo definir, pero que casi a media voz, como si le diera vergüenza, dice “busco a Dios, pero me siento tan poquita cosa”.
Ramón es una excelente persona, el primero en ayudar en las distancias cortas, aunque alejado de los grandes compromisos, ya sean sociales, económicos, políticos o religiosos. Sus familiares con ese cariño infinito que sienten por él le dicen con frecuencia: “Ramón, o papá”, según de donde venga la perorata, “es que no puedes ayudar a todo el que se te acerca, no puedes perdonar lo que te deben, no puedes hacerte el tonto de esa manera porque te están tomando el pelo”.
“Mira”, contesta él, “si pueden devolvérmelo y no lo hacen, no es mi problema, es el suyo. Para mí no es imprescindible, y si creyendo que soy tonto y me engaña, él es feliz, pues ¡Bendito sea Dios!, allá él con su conciencia”.
Esta es su manera de ir por el mundo. No entiende de separatismos políticos o religiosos, no entiende la discriminación, no entiende, por ejemplo, cuando desde las altas jerarquías de la iglesia condenan sin paliativos a homosexuales, a divorciados o a madres solteras. “Ahora afortunadamente”, dice, “tenemos un Papa que sí parece que habla por boca de Dios, al menos más que otros”.
Ramón es un observador, no habla, solo escucha, y eso le ha hecho conocedor de la idiosincrasia humana. Como él dice: “Cuando abren la boca ya sé si hablan con verdad o me va a engañar” o, “dejarles que hablen, pobrecitos, es su única manera de tener protagonismo”.
 
No ha realizado ningún tipo de cursos o talleres tan de moda hoy día, no hace intensivos ni retiros, él sólo lee y medita. Me contaba que le tenía un miedo cerval a la muerte y que a través de la lectura empezó a pensar en la lógica que tenía la reencarnación y en que todo lo que venimos a hacer a la vida es aprender, “Aunque tengo que reconocer”, dice, “no sé muy bien cuál es el aprendizaje. Los autores no se ponen mucho de acuerdo, lo que me da a entender que no lo saben. Me gusta eso que tú dices de que sólo tenemos que aprender a amar, parece lógico”.
Lo que iba asimilando de los libros lo ha ido incorporando a su propio ser a través de la meditación. Me contaba de su experiencia meditativa: “La reencarnación me empezó a parecer lógica observando la tontería de mucha vidas, y sobre todo tantas y tantas vidas vacías, carentes de amor y de cariño, y sobre todo con tantos engaños. Tenía que haber algo más pensaba. Pero a medida que avanzaba en mi meditación, era como si en cada meditación recibiera información adicional, porque al finalizar la meditación parecía que había integrado en mi ser, en el lugar donde se acumula la sabiduría, que no se cual es, lo que había leído y aceptado como cierto. Esto hizo que desapareciera el miedo a la muerte y empezara a plantearme otros objetivos de vida”.
 “¿Cuáles son esos otros objetivos?”, pregunté yo, dando por sentado que los objetivos anteriores eran los que todo el mundo tiene, buscar la felicidad, aunque no lo sepan, pero tratando de encontrarla en los lugares equivocados. “Los objetivos que ahora busco”, contestaba Ramón, “es hacer felices a los demás. Eso me hace feliz. Lo leí una vez, y no lo entendía muy bien, pero ahora, al practicarlo, lo he entendido perfectamente. Mi felicidad pasa por la felicidad de los que me rodean”.
Si tenía alguna duda de la bondad de este hombre, ahora se había disipado. Pero la razón de esta entrada, no es por su bondad, ni sus anécdotas, es por lo que me siguió contando Ramón: “Últimamente me están pasando cosas muy raras, y cada vez con más frecuencia. A veces es como si me desconectara del mundo. Estoy con mi esposa, con mis hijos o con mis nietos, y la mente, que ya sabes lo caprichosa que es, da entrada a un pensamiento del tipo: ¿Qué será de Ana, mi nieta, el día de mañana?, y en ese momento surge la desconexión y me entra una serenidad especial, y esa serenidad lleva implícito no que sepa que será el día de mañana, sino que no debo preocuparme porque lo que va a ser ya lo ha pedido, lo ha pactado y lo ha programado, así que no va a ser lo que ella no quiera ser”. “Ya sé”, siguió Ramón, “que eso, ni ella, ni nadie de la familia lo saben, ni tan siquiera yo, pero la sensación que recibo, o la energía como tu dices, me serena hasta el extremo de dar las gracias a Dios”.
“Te ha sucedido en más ocasiones”, le pregunté.
“En muchas más”, me contestó, “prácticamente cada vez que tengo alguna duda, alguna pregunta, alguna inquietud, de alguna manera es como si me desconectara de la vida y me enchufaran a no sé donde, pero me llega tal serenidad que dan ganas de seguir teniendo dudas. A veces incluso después de eso, se la respuesta a la pregunta que me hacia en mi mente, y sin que nadie me diga nada, se que lo sé”.
“Ramón”, le interrumpía yo, “eso es como estar en el umbral del Paraíso. Es como si estuvieras aquí y Allá. Y ¿Qué haces?
“Nada”, contestó él, “doy las gracias”.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Enfados del alma (2)


Hasta prácticamente hoy, nunca, o en contadísimas ocasiones entraba en el blog para ver comentarios. Creo que lo he hecho una o dos veces, con lo que los comentarios ahí están, pero nada más.
Cuando hoy he entrado he visto alguno como el que trascribo a continuación: “Hola, me gustaría que profundizaras en el comentario del enfado del alma, porque no me queda nada claro que las enfermedades vengan de un enfado del alma”. Este comentario es del 8 de Abril y fue motivado por una mini entrada, (las entradas minis, que son casi pensamientos, las recojo en algo que denomino “Perlas para el alma”). No sé a quién pertenece el comentario porque aparece como anónimo. Espero que lea esta entrada para aclarar en lo posible sus dudas.
La entrada en cuestión decía: La verdadera y futura curación se efectuará cuando la vida del alma pueda fluir sin impedimento ni obstáculo a través de cada aspecto de la materia, pudiendo entonces vitalizarla con su potencia y eliminar así los bloqueos que son fuente de enfermedades.
Un sinfín de enfermedades tienen su origen en un enfado del alma. Solo hay que ser honestos con uno mismo, escuchar lo que dice el corazón y seguirlo al pie de la letra.
 
Para entender, en primer lugar, que el alma se enoje, y en segundo lugar, que sea origen de enfermedades, por supuesto no de todas, es imprescindible saber que el ser humano cando nace a una nueva vida tiene, normalmente, un bagaje de vidas importantes a sus espaldas.
Lo que nace a una nueva vida es un cuerpo, pero de ese cuerpo, toma posesión “algo” que permanece inmutable vida tras vida, “algo” eterno, “algo” divino, ese “algo” es el alma. El alma es un chakra que se encuentra situado a unos treinta centímetros por encima de la cabeza. El cuerpo físico se encuentra dentro del radio energético del alma, podemos decir, por lo tanto, que somos un alma que contiene un cuerpo, más que un cuerpo que contiene un alma.
Es el alma quien atesora los recuerdos de todas las experiencias vividas en los diferentes cuerpos que ha ido habitando en la materia. Es el alma quien recuerda muertes traumáticas, quien recuerda maltratos, quien recuerda engaños y traiciones, quien recuerda amores y desamores, quien recuerda felicidad y sufrimiento. Es el alma también quien firma, (por expresarlo de una manera que entendamos), el contrato de vida, por lo tanto sabe perfectamente la razón de su venida a un cuerpo, sabe el porqué de cada encuentro, sabe la razón de miedos y traumas, sabe cuál es el trabajo a realizar y cuando debe hacerse.
El problema es que cuando alcanzamos el uso de razón para la humanidad perdemos el contacto con el alma para la espiritualidad. Nos enseñan a creer en lo que vemos y tocamos, y claro el alma no se ve. Nos hablan del alma, como nos hablan de Dios, pero sin enseñarnos que es realmente el alma y quién es realmente Dios. Nadie nos habla de nuestra divinidad, nadie nos dice que somos eternos, nadie nos dice que vivimos desde siempre y que vamos a vivir para siempre.
Por lo tanto todo lo que conoce el alma no lo conoce la razón, pero no porque sea imposible, sino porque vivimos desconectados del alma.
Como no somos capaces de conectarnos con nuestra alma, de alguna manera tenemos que recibir los “imputs” para hacer aquello que hemos pactado hacer. Sólo el alma lo sabe. Es el alma la única que puede hacer algo para que reaccionemos y encaminemos nuestros pasos hacia el punto que teníamos previsto antes del nacimiento del cuerpo.
¿Cómo lo hace? El alma se encarga de enfermar al cuerpo con la enfermedad necesaria para pagar Karma con el sufrimiento por la enfermedad,  o para visitar a un terapeuta que le enseñe a la persona a meditar para sanarse, o para encontrarse con alguien que le hable del perdón, o para que haga aquello que necesita para la realización de su contrato.
Permitirme que haga un punto y aparte para recomendaros que leáis, si no lo habéis hecho la entrada que lleva por título “La mochila kármica de los bebés”. En ella relato cuatro casos en los que los recuerdos que el alma trae de otras vidas están afectando a la vida actual.
      A estas enfermedades que son un aviso del trabajo a realizar, es lo que yo llamo “enfados del alma”. No son tales enfados, el alma no se enfada nunca, solo hace su trabajo para que “nosotros” hagamos el nuestro.
      Nos ahorraríamos enfermedades y sufrimientos si realizáramos el trabajo más importante: Conectarnos con el alma, vivir desde el alma.
 

La información que aparece en “La mochila Kármica de los bebés” ha sido recibida a través de varias canalizaciones que han realizado los papas de los niños, que presentaban diferentes problemas a los que no parecía encontrársele explicación. Si alguien estuviera interesado en realizar alguna canalización podéis escribir a mi correo alvaga88@gmail.com
Ya he tomado las medidas oportunas para leer a partir de ahora cualquier comentario que se realice en cualquier entrada. Me llegará de inmediato.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

El arte de vivir..... feliz


Al principio de los tiempos, los dioses se reunieron para crear al hombre y a la mujer. Lo hicieron a su imagen y semejanza, pero uno de ellos dijo:
-Un momento, si vamos a crearlos a nuestra imagen y semejanza, van a tener un cuerpo igual al nuestro y una fuerza e inteligencia igual a la nuestra. Debemos pensar en algo que los diferencie de nosotros, de lo contrario estaremos creando nuevos dioses.
Después de mucho pensar, uno de ellos dijo:
- Ya sé, vamos a quitarles la felicidad.
- Pero… ¿dónde vamos a esconderla? – Respondió otro.
- Vamos a esconderla en la cima de la montaña más alta del mundo.
- No creo que sea una buena idea, con su fuerza acabarán por encontrarla.
- Entonces… podemos esconderla en el fondo del océano.
- No, recuerda que les daremos inteligencia, con la cual, tarde o temprano construirán una máquina que pueda descender a las profundidades del océano.
- ¿Por qué no la escondemos en otro planeta que no sea la tierra?
- Tampoco creo que sea buena idea, porque llegará un día que desarrollarán una tecnología que les permita viajar a otros planetas. Entonces conseguirán la felicidad y serán iguales a nosotros.
 
Uno de los dioses, que había permanecido en silencio todo el tiempo y había escuchado con interés las ideas propuestas por los demás dijo:
- Creo saber el lugar perfecto para esconder la felicidad, donde nunca la encuentren.
Todos le miraron asombrados y le preguntaron:
- ¿Dónde?
- La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán.
Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin darse cuenta que la lleva consigo.
La felicidad es un estado interior, de la misma manera que el miedo, la ansiedad, la culpa, la ira o la tristeza son estados interiores.
¿Por qué entonces nos fijamos, nos regodeamos y sentimos las emociones inferiores y no las superiores como la felicidad o la alegría, cuando todas están en el mismo lugar?
Por una razón muy sencilla: Nadie nos ha enseñado.
Sentimos lo que nos han enseñado a sentir, y lo que nos han enseñado es a tener miedo, a sentir envidia, a criticar, a ser ansiosos, a sentirnos culpables, a juzgar a los demás, porque ese es el ejemplo de nuestros mayores. Nos han enseñado que la felicidad se consigue con cosas del exterior.
Así nos va.