El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




jueves, 11 de febrero de 2016

Y tú ¿Qué quieres ser de mayor?

La vida solo es un momento de nuestra eternidad.

Es seguro que ninguno de nosotros en su paso por la infancia se ha librado de la pregunta: y tú ¿Qué quieres ser de mayor?, de la misma manera que ya de adultos hemos sido nosotros los que nos hemos encargado de hacer la pregunta a los niños.

         Muchas veces no es necesario que se les formule la pregunta a los niños, porque los adultos que les rodean se van encargando de decretar la ocupación de los pequeños, ¡Este niño será veterinario, le encantan los animales!, ¡Se pasa el día cantando, seguro que la niña será cantante!, ¡El niño nos va a sacar de pobres, será futbolista, le pega muy bien a la pelota!, ¡La niña será medico, como su padre!, y así un sinfín de pronósticos para los pequeños.


         Todavía no he escuchado la pregunta, y tengo que reconocer que yo tampoco se la he hecho a ningún niño, aunque si a muchos adultos, ¿Sabes que has venido a hacer?

         De pequeños queremos ser bombero, futbolista, policía o medico, por decir algunas de las respuestas que dan los niños. Y de mayores, la verdad es que nos gustaría ser el presidente del gobierno, el director de un banco, el consejero delegado de una gran multinacional, u ocupaciones parecidas.

         La ocupación que elegimos de niños va en función de la clase de juego que nos gusta, y es perfecto, si a la par de ese juego fuéramos enseñando a los pequeños de qué se trata realmente la vida. Pero nadie lo enseña, porque tampoco casi nadie lo sabe, y entonces de mayores la elección se sigue haciendo en función del juego que más nos gusta: amasar dinero.

         La vida es un momento de nuestra eternidad en el que por las favorabilísimas condiciones que se dan en la materia pueden las almas avanzar con paso de gigante en su encuentro con Dios, que es el objetivo final y único de todas ellas.

         Pero a los seres humanos se nos ha olvidado que solo estamos aquí un “ratito”, que venimos y vamos a Dios, y que esa es la única razón de ese “ratito”. Ese olvido supone creer que estamos aquí para siempre, sin objetivo definido, sin origen conocido, sin ningún tipo de filiación, salvo la que nos encontramos en el “ratito” que estamos en la vida física, con lo cual tenemos que asegurarnos nuestra estancia y nuestro futuro, y eso solo se hace con dinero.

         Cómo ya sabes que quieres ser de mayor: Rico. Ahora sería bueno que te preguntaras si realmente sabes que has venido a hacer. Te sorprendería la tranquilidad que causa saberlo. Sea lo que sea no tiene nada que ver con el dinero, pero para que puedas hacerlo con tranquilidad el dinero nunca te va a faltar.  

         La pregunta es ¿Qué he venido a hacer en este ratito de vida?

miércoles, 10 de febrero de 2016

Esos locos bajitos (y 2)

Si preguntamos a los papas que desean para ese bebé que está a punto de llegar a la vida, responderán que lo único que desean es que llegue sano. Ese es el primer deseo que tenemos todos los padres, y si se les pregunta cómo van a enseñar a vivir a ese bebé, se escucharán algunas respuestas distintas, pero las más coincidentes serán que quieren que su hijo sea feliz. Este también es el deseo de todos, la diferencia entre padres estriba en que es lo que conocen como felicidad.

Hasta aquí todo es correcto tanto para la sociedad como para el alma. Pero ahora que hablamos de alma tenemos que recordar que el bebé es un alma, que fuera de ese cuerpo de bebé no tiene edad y no existe ninguna diferencia con el alma de sus papas ni de ningún otro ser, esté encarnado o no.


Cuando en la noche la familia duerme y se encuentran las almas al otro lado de la vida repasando su vida en la materia, comprueban como va todo, donde están fallando, el porqué de cada reacción, cómo va el seguimiento de sus planes respectivos, y de su análisis vuelven con el propósito del alma de enmendar los errores o los fallos para volver al Plan original, pero al abrir los ojos el cuerpo tiene que cerrarlos el alma porque vuelve a su confinamiento, y encerrada entre las rejas del “yo” al alma no le queda más remedio que oír, ver y callar.

El alma del bebé ha organizado su Plan de Vida, como el resto de almas, y cuando llega a la vida se encuentra con sus papás, tal como los tres habían planificado, pero se encuentra con un problema, que no por conocido al otro lado de la vida, sea lo deseable, y es que la enseñanza para la realización de su principal trabajo, que es encontrar el camino para volver a Dios que es el Padre Eterno, no solo no se la van a impartir, sino que todas las enseñanzas van a estar dirigidas a alejarle aun más de ese camino, todas las enseñanzas van a estar dirigidas a enseñarle que su Padre Eterno es un Dios vengativo y castigador que le va a enviar a los infiernos si desobedece de pequeño, o si se masturba de mayor, todas las enseñanzas van a estar dirigidas a separarle del resto de almas, a separarle de Dios.

Si el alma del bebé y de los papas pudieran expresarse en la vida física con la misma libertad que lo hacen en la vida astral, cambiarían de un plumazo su concepto de felicidad, y dejarían de buscarla en la materialización de sus deseos para encontrarla en su interior, en su conexión con el alma, en acallar al “yo” para que hable el alma, en liberar al alma de su encierro para que sea la que dirija la vida ya que es ella quien sabe lo que se necesita para conseguir la felicidad.

Para esto hay que dar un ligero giro a las enseñanzas que va a recibir ese bebé, sin olvidar que somos dos en uno: “SER y HUMANO”. Por lo que no podemos, ni debemos olvidar que somos humanos, pero si es imprescindible empezar a recordar que somos espíritus con el ansia de volver a Dios.

La enseñanza para desenvolverse en la Tierra ha de mantenerse, con los matices que la educación comporta según el país o según la creencia. Entre los matices sí que habría que sustituir la competencia por la colaboración, habría que añadir el respeto, habría que adecuar la enseñanza a la edad del niño, y recordar que el trabajo de un niño es jugar y que aprende jugando, respetando siempre su proceso de desarrollo. Metodologías tipo colegios Waldorf o Montessori, parecen las más idóneas para esto. Desde luego pagar miles de dólares para escolarizar a un niño en un colegio en que le enseñan miles de cosas no parece que sea el mejor camino para llegar a Dios, aunque el colegio sea dirigido por religiosos, ya que ellos son precisamente los que van a condenar a ese niño a la frustración en la vida y al infierno en la muerte, si no sigue sus normas.

Pero a la vez que se realiza la enseñanza para desenvolverse en la materia ha de existir una nueva enseñanza: la búsqueda interior, la búsqueda de Dios, escuchar al corazón y vivir desde el alma, a través de la mejor herramienta conocida hasta la fecha: la meditación, porque enseñar a meditar a un niño con cinco, seis o siete años, es garantizar un adulto mentalmente sano, es inculcar un hábito que será tan normal como lavarse, almorzar o ver la tele, es inculcar las creencias de Dios, desde la perspectiva de que Dios es Amor, es enseñarles desde pequeños que todos somos hermanos, y no enseñarles a competir, es ayudarles a madurar el carácter, es enseñarles a crecer y no sólo a envejecer, es enseñarles a amar, es enseñarles realmente a vivir, es enseñarles a vivir en Dios.

Con muy pocas generaciones el mundo sería mucho mejor. Conseguiríamos hacer un mundo más equitativo, un mundo en el que no importe ni el lugar de nacimiento, ni la raza, ni las creencias, ni el sexo. Un mundo en el que todos sus habitantes tengan las mismas oportunidades de acceso a las riquezas del planeta, a la educación, a la sanidad. Un mundo en el que todos sintamos alegría por ver la felicidad de otro ser humano, un mundo en el que sintamos a nuestro prójimo como nuestro hermano. Un mundo lleno de Amor.

martes, 9 de febrero de 2016

Pensamientos a través del tiempo

         Con mucha, o mejor, con demasiada frecuencia nos encontramos atados al tiempo: “Se me hace tarde”, “Mañana vamos a realizar el…”, “Las Navidades pasadas”, “Las próximas vacaciones….”, “Nos vemos en una hora”.

          Pero ¿Qué es el tiempo? Los estudiosos lo definen como una magnitud de carácter físico que se emplea para realizar la medición de lo que dura algo que es susceptible de cambio, o también como una dimensión física que representa la sucesión de estados por los que pasa la materia.

         Parece claro. Sin embargo, basándome en la propia experiencia, la sensación de duración del paso del tiempo, de “mi tiempo”,  parece fluctuar en función de mi propio estado emocional, y es claro que hace variar mi conciencia  de apreciación del tiempo. Cuando me encuentro bien, a gusto, enfrascado en la realización de una actividad que me apasiona, el tiempo se encoge, se reduce, pasa rápido; mientras que si la actividad es un tedio, el tiempo se alarga indefinidamente y no termina de pasar.



         Y por la noche, cuando no está de vigilia la conciencia, la apreciación personal es de no tiempo, porque tampoco está el “yo” para apreciar nada, está descansando. Todo lo cual nos lleva a pensar que el tiempo es una apreciación del “yo”, por lo tanto si el “yo” no está presente, no hay tiempo. Si ya sé que el reloj sigue corriendo, pero a mí que más me da si “yo” no estoy presente.

         Toda nuestra vida es una apreciación personal, es la propia conciencia, es el propio “yo”. Cuando viajo al pasado hay nada, todo está en mi recuerdo, recuerdo un día, recuerdo una hora, recuerdo una situación, todo convenientemente filtrado por el arel de mis propias creencias; pero curiosamente para dos personas que han vivido el mismo pasado los recuerdos son diferentes, porque es la conciencia de cada uno. Cuando viajo al futuro me encuentro lo mismo: nada.

         Solo existe lo que llamamos tiempo cuando se da la conjunción del “yo” y del ahora. Aunque más que tiempo es el continuo de la materia. Pero si siempre estuviéramos en el ahora, (que es donde deberíamos estar), ¿Para qué el tiempo?, aparte de para fichar en el trabajo a la hora y cosas similares.

         Al otro lado de la vida, ni tan siquiera existe ese continuo de la materia, porque no hay materia. Para los que están al otro lado de la vida todo es ahora, pero no solo aquello que es ahora para los que estamos en la materia, sino lo que nosotros consideramos como pasado o como futuro. Para ellos todo es ahora, no existe ni el tiempo ni el continuo de la materia. (Tampoco lo necesitan, no tienen que fichar).

         Está claro que mientras estemos aquí, en la vida, no vamos a poder desligarnos completamente del tiempo o de ese continuo de la materia, pero sí que parece clara la relación “tiempo, materia”, lo cual nos lleva a la conclusión de que mientras más esclavos seamos del tiempo parece que permanecemos más atados a la materia. Lo cual no quiere decir que un impuntual sea un ser más elevado, no, solo es un ser más irrespetuoso, porque todavía estamos en la materia y para desligarnos de ella necesitamos cultivar todas las virtudes Divinas, y una de ellas es el respeto.

         Cuando consigamos avanzar en esas virtudes y podamos ir descontando, en lugar de sumar, el numero de encarnaciones, posiblemente necesitemos un secretario que nos vaya recordando los eventos a realizar, ya que entonces sí que estaremos realmente con “los pies en la Tierra y la cabeza en el Cielo”, y no existirá el tiempo cuando lleguemos a ese estado.

          

lunes, 8 de febrero de 2016

Camino del corazón

PERLAS PARA EL ALMA


Para transitar por el camino que nos va a llevar a Dios, tenemos que hacer un ligero reciclaje en nosotros mismos. Tenemos que transitar el camino nos va a llevar al interior, a nuestro interior, tenemos que transitar el camino que nos va a llevar de la cabeza al corazón, el camino que nos va a llevar desde los pensamientos al Amor y ese viaje hacia el interior, se realiza suavemente, deslizándose con la respiración consciente, tratando de dominar los pensamientos, manteniendo una atención constante y aceptando todo lo que el fluir de la vida nos ofrece, que no es más que aquello que nos envía el Universo, fruto de la atracción que nuestros pensamientos han generado con anterioridad.




domingo, 7 de febrero de 2016

Esos locos bajitos (1)

Un bebé no es un diamante en bruto,
es un diamante parcialmente pulido
por el cincel de sus vidas anteriores.

Como voy a hablar de los hijos he aprovechado el titulo de la canción de Joan Manuel Serrat: Esos locos bajitos.

Ahora que sabemos que la pareja es la conjunción de dos almas que van al encuentro de Dios, nos falta saber qué pasa con los hijos. Aunque no es difícil de saber, antes al contrario, es muy fácil y no hace falta haber realizado másteres espirituales para saber que los bebés vienen a la vida para hacer lo mismo que hemos venido a hacer todos los demás, todos hemos sido bebés: Para aprender a amar, para volver a Dios, y como tienen también muchas vidas a sus espaldas para pagar su Karma pendiente o para recibir lo que les deben a ellos.


       
         Si los bebés fueran diamantes en bruto y sus padres ya supieran lo que están haciendo en la materia y fueran además conscientes de lo que supone traer un nuevo ser a la vida, sería magnífico para el bebé, ya que sería instruido desde la cuna en las cuestiones esenciales de las que trata la vida. Le dirían quien es, le hablarían de lo que ha dejado atrás, le aclararían que su cuerpo tiene fecha de caducidad y que esa caducidad es justamente la que le va a permitir volver a casa con una mochila más vacía de lo que estaba en su llegada a la vida, le enseñarían a ver a Dios en todo, en las plantas, en los animales, y sobre todo en las personas que le rodean, le amarían sin juzgarle, sin reprocharle, sin compararle, sin criticarle, sin coaccionarle, sin engañarle, sin chantajearle, le amarían con paciencia, con tolerancia, con comprensión, en definitiva le amarían, porque a fin de cuentas, el amor es eso, ya que si existe el juicio, si existen los reproches, si existen las comparaciones, si existe la crítica, sin existen las coacciones, si existe el engaño, si existe el chantaje, no se ama al hijo, se quiere otra cosa, se quiere esa otra cosa con la que se le compara.

         Pero ni el bebé es un diamante en bruto, ni sus papas tienen idea de lo que están haciendo en la vida, y mucho menos son conscientes de lo que supone traer un nuevo ser a la vida.

         Si la atracción espiritual es lo que unió a la pareja para cumplimentar el contrato de sus almas, para los hijos ya no existe atracción, es el designio de los tres, ya que en un tiempo antes de la vida acordaron el encuentro en la materia, para facilitar el crecimiento de los tres y acortar los tiempos de unión con Dios.

         Continuará……..


sábado, 6 de febrero de 2016

La pareja: Atracción espiritual (y 3)

Una pareja es la conjunción de dos almas
 que van al encuentro de Dios.

Terminaba la entrada anterior de “Almas gemelas” diciendo que La razón de tanta felicidad solo es una mezcla de deseo, de apego y de pensamiento. A partir de ese momento inicial es cuando los enamorados realmente han de aprender a amar, porque no saben, porque lo que sienten no es amor, y si se han encontrado no ha sido por casualidad, ni ha sido porque Dios ha permitido que se encuentren para vivir una locura, ni ha sido tampoco porque sean almas gemelas. Ha sido porque así estaba planificado.

La atracción que sienten el uno por el otro, ya sea física, emocional o intelectual, solo es el instrumento de acercamiento para cumplir una misión. La auténtica atracción es la atracción espiritual. Ambas almas sabían de antemano que se iban a conocer de una determinada manera, en un determinado tiempo para realizar un determinado trabajo. Es mucho menos idílico de lo que nos gusta creer y mucho más “Grande” de lo que podamos pensar.


Antes de llegar a la vida organizaron, pactaron y aceptaron lo que sería su Plan de Vida. En ese Plan de Vida aparecen reflejados los encuentros de todo tipo, y entre ellos el encuentro de su pareja, o de sus parejas, ya que cuando el trabajo establecido con una pareja ha finalizado, aparecen nuevos encuentros para nuevos trabajos, para nuevos aprendizajes. Y ese cambio de pareja debería poder realizarse sin miedo, sin dolor, sin traumas, sin culpabilidad, sin utilizar a los hijos como arma arrojadiza, sin embargo esto no es posible porque falta lo más esencial, falta el amor, falta el respeto, falta la generosidad.

De la misma manera que no sabemos lo que somos, ni de dónde venimos, ni lo que hemos venido a hacer, no sabemos nada, absolutamente nada, de lo que trata la vida. Por lo tanto no sabemos de qué trata la pareja.

Una pareja es un contrato establecido de antemano ante Dios, por lo tanto todo lo que formalicemos en la vida en la materia, sirve para las leyes de la materia, ya sean legales o eclesiásticas, pero a Dios le va a dar igual. No existe por lo tanto ningún impedimento espiritual, es decir ante Dios, (espiritual nada tiene que ver con eclesiástico), para que dos personas ya sean del mismo o de distinto sexo formalicen su relación como pareja, ya que el autentico contrato lo firmaron antes de llegar a la vida.

La razón de ese contrato, la razón del encuentro puede tener varios objetivos: Ambas almas están convencidas que durante un determinado tiempo juntas en la materia pueden aprender lo suficiente para crecer y acercarse así un poco más a Dios, o puede ser que hayan coincido en vidas anteriores y tengan temas pendientes, (tratándose de parejas es lo más normal), y hayan decidido encontrarse en la nueva vida para zanjar las diferencias existentes.
La pareja es un campo magnífico de aprendizaje y crecimiento para los seres humanos, ya que es un gran instrumento para aprender un sinfín de cualidades como lo son el amor, el respeto, la comprensión, la tolerancia, la ayuda, el sacrificio, la aceptación, la paciencia y el servicio, entre otros que ahora se me escapan.

Sin embargo, aunque no se firme un contrato en un juzgado o en una iglesia, existe el contrato del alma que es mucho más importante que cualquier otro contrato que se pueda firmar en nuestra vida en la materia, y la falta de las cualidades reflejadas en el párrafo anterior y la sobra de vicios como el orgullo, el engaño, los celos, la intolerancia, tienen unas consecuencias mucho más graves que la excomunión, la encarcelación física, o el pago de una pensión de manutención. Es la Ley del Karma: ¡Quien a hierro mata, a hierro muere!


 Vivimos un sueño y en ese sueño organizamos una vida de pareja que nada tiene que ver con la realidad. Hasta que no despertemos y vivamos nuestra vida despiertos, y por ende nuestra relación de pareja, no seremos conscientes de que la pareja es la conjunción de dos almas que van al encuentro de Dios.

Atracción espiritual


PERLAS PARA EL ALMA





EL enamoramiento inicial en una pareja es mucho menos idílico de lo que nos gusta creer y mucho más “Grande” de lo que podamos pensar. 

viernes, 5 de febrero de 2016

Almas gemelas

Esta es la parte 2 de la entrada “La pareja: (Atracción espiritual)

Está claro que cuando dos personas se enamoran sienten algún tipo de atracción, sino no existiría el enamoramiento, bien puede ser una atracción física, o una atracción emocional, o una atracción intelectual, o una combinación de todas ellas, pero seguro que ninguno de los dos miembros de la pareja achacan su enamoramiento a una atracción espiritual.

Si acaso en su “locura inicial” pueden definir a la otra parte de la pareja como su alma gemela, eso es todo lo más que pueden acercar su enamoramiento a la espiritualidad. Bueno también pueden pensar que Dios ha decidido premiarles juntándoles y bendiciéndoles con ese amor. Todo está bien, hay que tener en cuenta que en las primeras etapas del enamoramiento se dicen muchas, permitirme la palabra “tonterías”.

Con respecto a que Dios ha decidido que se encuentren y disfruten de esa locura de amor, por supuesto que no, tal como ellos lo puedan pensar. Dios no hace de Celestina, en ningún caso, aunque para ellos es tan grande su amor, que podrían pensar que con ellos Dios ha hecho una excepción, no es así, Dios no hace excepciones.



Permitirme una pregunta, ¿Cuántas parejas rotas han pensado esto mismo en el inicio de su relación?, ¿Cuántas parejas que se soportan y se mantienen por la quietud pensaron eso mismo en el inicio de su relación?, ¿Cuántas han mantenido esa locura de amor más allá de seis u ocho meses?

Lo que suele ser más normal es que un noventa y cinco por ciento de las parejas que recién se enamoran piensen que se han encontrado con su alma gemela. Lo lamento, las almas gemelas tal como lo entienden los recién enamorados tampoco existen.

Los enamorados pueden pensar que las almas gemelas son dos almas que vibran en la misma sintonía y que su único anhelo es encontrarse para fundirse en una sola. No existe así, pero si hay almas, o mejor grupos de almas que vibran en la misma o parecida sintonía, pero no anhelan para nada encontrarse en la materia con otra igual para unirse en una vida física. El anhelo de todas las almas, vibren en la sintonía que vibren, es unirse a Dios, y todo lo que hacen en la vida, o mejor todo lo que programan para hacer en la vida física es avanzar en ese camino que les va a acercar a Dios.

También podrían pensar que son dos partes de una misma alma que también anhelan reagruparse para sentirse completas. Tampoco es así, pero si que existen almas que pueden dividirse en dos o en más cuerpos físicos diferentes, pero lo que menos quieren en juntarse, ya que si el alma ha decidido dividirse es para aprovechar varias opciones de crecimiento a la vez, o para pagar un excesivo Karma, para disminuir el tiempo de unión con Dios.

También pueden creer que se trata de dos almas tan afines que encarnan a la vez para encontrase también en la materia. Tampoco es así. Pero si que existen muchas almas que son afines por haber compartido muchas vidas juntas sin tener conflictos pendientes. Estas almas pueden volver a encontrarse en un ochenta por ciento de reencarnaciones, pero no lo hacen normalmente como pareja, aunque si como miembros de la misma familia. No lo hacen como pareja porque la pareja es una situación esplendida para crecer y ellos no crecerían mucho precisamente por su afinidad, pero si lo hacen en la familia o próximos a ella para ayudarse en su crecimiento.

Les iría mejor a todos los que se inician en la senda del amor pensar en vivir el presente para mantener ese amor que comienza cuanto más tiempo mejor, en cuidarle, en seguir mimando a su pareja, en comprenderse, en tolerarse, en conocerse para perdonar los defectos, (que con el tiempo van apareciendo), en alabar las virtudes de cada uno, y dejar de buscar en el pasado la razón de tanta “felicidad”.

La razón de tanta felicidad solo es una mezcla de deseo, de apego y de pensamiento. A partir de ese momento inicial es cuando realmente han de aprender a amar.


Continuará………… 


La pareja: Atracción espiritual (1)

         Dos personas se conocen, por cualquiera de los millones de motivos por los que se pueden conocer dos personas: Un encuentro casual, realizar el mismo curso, tropezar en la calle, ser presentados por amigos comunes, subir al mismo autobús, trabajar juntos, coincidir en el mismo banco en la iglesia, pedir el mismo combinado en la barra de la discoteca, esperar en la cola para pagar en el súper, asistir al mismo gimnasio en el mismo horario, etc., etc.

Y en ese encuentro sucede algo especial que hace que cada uno de ellos se quede prendado por algo del otro: por su mirada, o por su sonrisa, o por el timbre de la voz, o por su gracia, o por su belleza, o por……, otro millón de razones diferentes por las que dos personas pueden quedar prendados uno del otro. Es como si se hubiera detenido el mundo para ellos, o como si una legión de ángeles tocarán sus trompetas solo para ellos.



Antes de continuar hemos de tener presente que “todo es energía”, y que “la energía siempre va detrás del pensamiento”, es decir, que donde se pone el pensamiento allá va la energía, y lo hace de inmediato, no tarda más o menos tiempo en llegar la energía desde la persona que piensa hasta el objeto del pensamiento en función de la distancia, no, es inmediato, ya se esté a un metro o a veinte mil kilómetros de distancia.

¿Qué sucede a partir de ese momento? Las dos personas han quedado impactadas y lo normal es que piensen uno en el otro. Cuando uno piensa en el otro, la energía de ese pensamiento de desplaza de uno a otro. Si cuando llega la energía, (recordar que es inmediato), la otra persona está en su proceso de pensamiento normal, es decir, que su mente es un “tío vivo”, la energía que llega se queda en el aura de la persona, pero en el momento en que tenga un espacio va a entrar a la persona. En ese momento la persona a la que le llega la energía del pensamiento del otro, va a pensar en ella, su energía va a viajar hasta el otro y así van a estar pensando uno en el otro, e incrementándose la energía, hasta el extremo de que lo que comienza como un pensamiento normal se convierte en una entidad de pensamiento, es decir el pensamiento se vuelve permanente, podríamos decir, sin llegar a equivocarnos, que se vuelve casi obsesivo. Y así van a estar hasta que vuelvan a encontrarse.

Por supuesto que en ese nuevo encuentro van a hablar de lo mucho que han pensado uno en el otro, de la gran cantidad de puntos afines que existen entre ellos, (ya que en estos primeros encuentros no existen diferencias, todo es perfecto), el tiempo se va a detener para ellos, van a sentir que hay mucho más que una simple atracción física, los dos van a entrar en un estado de euforia desbordante en el que para ellos todo está bien, porque ¡Oh!, se han enamorado.

Sobre el enamoramiento hay cientos de estudios científicos, todos excepciones, en el que cuentan con todo lujo de detalles las causas de tal acontecimiento, pero no es esta entrada para tratar de manera científica porque nos enamoramos y cuáles son sus consecuencias. La razón de esta entrada es analizar el enamoramiento no desde la parte física, ni tan siquiera desde la parte emocional, sino desde la parte espiritual.

Continuará……………. 


Yo Soy el origen

El origen de todas las situaciones que se van presentando a lo largo y ancho de nuestra vida es algo pactado de antemano, aparece recogido en nuestro Plan de Vida, y es algo que tiene que pasar si o si. Lo que estas situaciones generan, es decir, nuestras reacciones, es nuestro aprendizaje, eso no está pactado, es el fruto de nuestro libre albedrío.
         En ocasiones, hemos escuchado, y posiblemente nos ha ocurrido a nosotros mismos, arrepentirnos de situaciones en las que nos hemos involucrado y decir “Si no hubiera hecho tal cosa, me habría ahorrado este sufrimiento, o esta pérdida o este desengaño”.


Siempre el origen de “ese sufrimiento” es algo que teníamos que vivir, y no nos habríamos librado de él de ninguna de las maneras. De lo que si nos podríamos haber librado era del sufrimiento, porque ahí estaba la lección, vivir sin el dolor, vivir aceptando, vivir desligándonos de la materia, vivir como seres espirituales, vivir como hijos de Dios.
Sin embargo, si el origen de alguna situación es algo que nos produce placer, paz o alegría, es seguro que nunca nos vamos a arrepentir de haber elegido ese camino. Pues hemos de saber y aceptar que tanto el origen de lo que produce dolor como el origen de lo que produce placer tienen la misma fuente: Nosotros mismos.
Cuanto antes entendamos y aceptemos que únicamente nosotros somos responsables de todo lo que nos ocurre mejor será, ya que eso nos permitirá dar un salto cualitativo y cuantitativo importante para la finalización de nuestro deambular por la materia.
Las situaciones generadas por el origen inicial van a devenir en otros orígenes para nuevas situaciones que serán distintos según sean nuestras propias reacciones. Estos nuevos orígenes también se encuentran en nuestro Plan de Vida, porque el origen de una primera situación puede resolverse de diferentes maneras y al final de cada manera hay un nuevo principio, hay un nuevo origen.

Si el camino elegido para vivir la situación presentada no es el correcto, es decir que solo sufrimos sin asumir el aprendizaje, esa situación se va a repetir una y otra vez hasta que se haya aprobado la asignatura, hasta que se haya asumido e integrado el aprendizaje.


lunes, 1 de febrero de 2016

Entregar el sufrimiento a Dios

No existen fórmulas magistrales para entregar a Dios ni el sufrimiento ni nada. Sólo hay que pensar: “Dios mío, te entrego este sufrimiento, hágase Tu voluntad”. No hay que olvidar que Dios sabe todo de cada uno de nosotros, y todo es todo: emociones, pensamientos, palabras, sentimientos y acciones.

Cabria pensar que como Dios lo sabe todo porque permite el sufrimiento, y no un sufrimiento auto-inducido como el de la madre de la entrada anterior, sino cualquier tipo de sufrimiento. Dios ni permite ni deja de permitir. Dios está ahí observando como el ser humano va ganándole metros a su mente, y Él Sabe que cualquier sufrimiento, cualquiera, sea del tipo que sea, solo es una herramienta que el ser humano se ha dado para ganar justamente esos metros para acercarse a Él.



Cuando el ser humano le ofrece a Dios el sufrimiento, no es que Dios se haga cargo del sufrimiento y ya está, se acabó el sufrimiento en ese ser humano, no, no funciona así. Cuando la persona le entrega a Dios su sufrimiento, o se pone en Sus Manos, ocurren varias cosas:
-      Se cambia el pensamiento de miedo, o de ira, o de dolor, o del tipo que sea, por el pensamiento de alta frecuencia. De inmediato cambia esa energía negativa que generaba el pensamiento negativo y que estaba ensuciando el cuerpo energético de la persona, por una energía positiva y poderosa que no solo no ensucia, sino que comienza a limpiar el cuerpo energético.
o   Esa energía negativa además atrae hacia la persona más energía de lo mismo. Recodar: “Energías iguales se atraen”. Al cambiar la energía se cambia lo que se atrae.

-      Está bien cambiar un pensamiento negativo por otro positivo, pero si además ese pensamiento positivo es hacia Dios, se abre de inmediato la puerta de comunicación con Dios, y la Energía Divina comienza a descender sobre la persona a través de su chakra corona. La persona se inunda de Amor, se inunda de Dios. Es posible que no lo note, al principio somos un poco insensibles, pero está ahí, o es posible que note una emoción momentánea o un escalofrío, que son algunas de las manifestaciones de la Energía Divina.


-      Al ponerse en manos de Dios la persona se pone de inmediato en contacto con su Plan de Vida, solo por el mero hecho de dejar de ofrecer resistencia a la Energía Divina. Eso no significa que deje de sufrir o que comience una nueva vida en concordancia con los deseos de la persona. Normalmente los deseos de la persona no tienen nada en común con el Plan de Vida, pero a pesar de que no se cumplen los deseos de la persona, esta, en su sufrimiento o en su decepción se siente tranquila, se siente en paz. 

      Recuerda, solo tienes que decir "Hágase Tu Voluntad", mantener en tu mente la idea de que todo lo que pase a partir de ese momento procede de Dios, y lo que tenga que llegar llegará por añadidura. No le puedes poner puertas al monte, no le puedes poner puertas a la vida.

domingo, 31 de enero de 2016

Emoción y pensamiento

       Puedes visualizar a una madre esperando a su hijo con el que ha quedado a una determinada hora para realizar unas compras. Como el hijo es muy puntual, la madre llega unos minutos antes de la hora de la cita al lugar del encuentro.

-      Llega la hora de la cita y el hijo no llega, y piensa: “¡Qué raro, con lo puntual que es!
-      Pasan cuatro minutos y el hijo sigue sin llegar, y sigues pensando: ¡¿No le habrá pasado nada?, es raro, es muy puntual! El miedo y la ansiedad comienzan a hacer mella.
-      Un minuto más tarde decide llamarle a su teléfono. Lo hace pero su hijo no contesta. Su cabeza está a punto de estallar pensando lo peor, ya que ahora se han unido dos circunstancias que no ocurrirían en condiciones normales: Una: llega tarde, y dos: no contesta la llamada, cuando él es muy puntual y además siempre contesta las llamadas.


-      Si la cabeza está a punto de estallar, el corazón parece que va a salirse del pecho por la velocidad con la que late, y el estómago arde por el miedo y la ansiedad acumulada. ¡Le ha pasado algo!, ¡Le ha tenido que pasar algo malo, seguro!, ¡¿Qué hago?, ¿A quién aviso?, voy a llamar a su padre y a la policía!
-      Y en ese instante siete minutos después de la hora de la cita aparece su hijo. Suerte que la madre tiene el corazón en la garganta y no puede hablar para recriminarle todo lo que está sintiendo y escucha como le dice: Como veía que iba a llegar cinco minutos tarde te iba a llamar por el celular para avisarte, pero cuando lo he sacado del bolsillo se me ha caído y se ha roto, así que no pude llamarte, lo siento.

No nos interesa mucho lo que sigue a continuación. Solo nos interesa lo que ha ocurrido en esos siete minutos, en los que la madre podría haber sufrido un ataque cardíaco, y todo producto de un pensamiento.

Un porcentaje muy importante de nuestras emociones tienen su origen en la mente. Si queremos evitarlas, solo tenemos que evitar ese tipo de pensamiento.


En este caso la madre solo ha sufrido siete minutos, pero cuantos pensamientos de este estilo tenemos a lo largo del día, y cuantos se han instalado de manera definitiva y están de manera permanente dando vueltas y vueltas en nuestro cerebro.