El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




lunes, 18 de abril de 2016

El ser humano: Un espécimen raro

PERLAS PARA EL ALMA




Los seres humanos tenemos un punto de masoquismo importante, nos gusta sufrir, ya que a pesar de que digamos que no, los hechos demuestran lo contrario: Nuestra felicidad es el sufrimiento, ya que permanecemos anclados en él un día tras otro, sin hacer absolutamente nada; nuestra felicidad es contar a diestro y siniestro lo mal que nos encontramos, en lugar de trabajar para salir de ese dolor; nuestra felicidad es encontrar los fallos de los demás en lugar de trabajar para eliminar los nuestros. Somos realmente un espécimen raro.


Qué diferente sería la vida....

PERLAS PARA EL ALMA



Qué diferente sería la vida si nos enseñaran desde la cuna que somos hijos de Dios, que venimos de Él y a Él hemos de retornar. 

Qué diferente sería la vida si nos enseñaran desde la cuna que todos somos hermanos. 

Qué diferente sería la vida si nos enseñaran a amar, a compartir, a aceptar y a respetar. 

Es muy posible que no habría guerras, que no habría hambre, que no habría discriminación, y todos nos ahorraríamos un buen número de encarnaciones que en la actualidad resultan inútiles o con un ínfimo crecimiento. 


La vida es un instante




Ser espiritual




sábado, 16 de abril de 2016

Ámate




Libres de equipaje

La vida física solo es un medio para la manifestación del espíritu, nada más. Todo lo que el ser humano viene a hacer a la materia no es más que el trabajo elegido por el propio espíritu. No es casualidad lo que el ser humano se encuentra en la Tierra, ni el hijo del potentado ni el hijo del pobre lo son por caprichos del destino, lo son, sin error, por su propia voluntad, lo son porque es justamente esa situación la elegida por ellos, por ser la más idónea para la realización de su trabajo.

No viene el ser humano a la vida para tener una cuenta corriente que haga palidecer de envidia a sus congéneres, no viene para tener una profesión de éxito, ni para ganar ningún concurso, viene con un objetivo concreto: Desarrollar lo antes que pueda y lo mejor que sepa su trabajo y su aprendizaje, para no volver, y quedarse así definitivamente en su casa, en  “la casa del espíritu”, donde morará eternamente.

Ya son muchos los seres humanos que saben eso, y muchos más son los que lo intuyen, pero muy pocos son los que actúan en consecuencia con ese saber en su vida física.



Es por la falta de integración de esa sabiduría en su conciencia, o por ignorancia de lo que son y de lo que han venido a hacer aquí, que su actuación a lo largo y ancho de la vida no es más que una pobre, no, más que pobre, mísera competición con todos los espíritus afines, sus hermanos, que coinciden con ellos en la vida, no por casualidad, sino por propia elección.

Como consecuencia de esta ceguera, la vida no es más que una triste caricatura de lo que realmente ellos mismos esperaban realizar, y lo que estaba minuciosamente planificado se derrumba de manera estrepitosa socavado en sus cimientos por unos males que el espíritu no conoce: miedo, tristeza, odio, envidia, celos, y un sinfín de emociones más, generadas por una mente que no sabe actuar según el papel asignado de servidora del alma.

Y entre todas esas emociones negativas, hay una que destaca por ocupar un lugar prioritario entre todas ellas: el miedo a la muerte. La angustia que produce a los seres humanos el pensar que un día, que además no sabe cuál va a ser, se va a terminar todo con la muerte, les afecta de manera dramática sacando a la luz miedos paralelos, como pueden ser el miedo a la enfermedad, al dolor, o a la soledad, que pueden afectarle durante toda la vida.

De poco vale el tener conocimiento de la manifestación de seres que están al otro lado de la vida, Maestros, Ángeles, Guías, o familiares que han partido con anterioridad, de poco vale tener información de lo placida que es la estancia en ese plano, de poco vale creer que en la vida en la Luz no existe dolor, ni enfermedad, ni necesidades físicas, que son las que preocupan a la humanidad, de poco vale saber todo eso, el miedo a la muerte está ahí, perenne, inamovible.

Pero tenemos suerte los seres humanos. Conscientes de nuestro miedo, los seres que están al otro lado de la vida, cuando llega el mágico momento de traspasar el umbral de la vida, todos se vuelcan en nuestra ayuda, haciendo que el transito normalmente sea placido y sereno.

Podemos hacer, en nuestras manos está, que toda la vida sea plácida y serena, desterrando los miedos que son como una losa que los seres humanos tenemos que ir arrastrando por el camino de nuestra vida, y que además de nada vale ese pesado equipaje.


Pongámonos en manos de Dios. Detengamos la locura de nuestra mente. Dejemos hablar al corazón, y si no entendemos con claridad cuál es nuestra misión en la vida, podremos intuirlo, y si ni tan siquiera lo intuimos, vivamos con amor, esa manera de vivir va a hacer que nuestra vida sea un paseo, libre de equipaje, por un ancho camino sembrado de pétalos de rosa.

viernes, 15 de abril de 2016

¡Somos libres!

PERLAS PARA EL ALMA



¡Somos libres!, tenemos capacidad de elección, pero son muy pocos los que eligen lo bueno. Casi todos eligen sufrir, eligen el miedo, eligen enfadarse con su hermano, eligen la ansiedad, eligen la tristeza, eligen la enfermedad, eligen el dolor, eligen la soledad. Con lo fácil que es cambiar el punto de mira, recorrer el camino que nos separa de nuestro corazón y elegir la felicidad, elegir la alegría, elegir el Amor, elegir a Dios.

Voluntad de Dios y discernimiento.




martes, 12 de abril de 2016

Meditación

PERLAS PARA EL ALMA


Decía Krishnamurti: “El intento deliberado de meditar no es meditación. La meditación debe ocurrir, no puede ser invitada. Todo intento de meditación es la negación misma de la meditación. Toda forma de meditación conduce inevitablemente al engaño, a la ilusión, porque el deseo ofusca, ciega. Solo hay que estar atentos a lo que se piensa y se hace, y nada más. Eso es meditación”.

La verdadera meditación no necesita de instructores ni de técnicas. La auténtica meditación es vivir la vida con total atención. Vivir cada acontecimiento como novedoso, porque así es realmente, nada es igual, todo siempre es nuevo. Y además de vivir cada instante como algo nuevo y maravilloso, se ha de mantener esa novedad en la mente, es decir, no valen comparaciones con situaciones anteriores, ni calificar el acontecimiento como bueno, malo, hermoso o desagradable. El acontecimiento es, y punto. No se puede comparar, por ejemplo, una puesta de sol con otra, o darle ningún calificativo, ya que entonces se pierde la esencia de la puesta del sol, ya que la mente está pendiente de la calidad de la belleza, en lugar de sencillamente contemplarla. Meditar sólo es contemplar, contemplar cómo te impregna la vida, contemplar su fluir. Un solo pensamiento del tipo que sea, hace que se difumine la meditación, hace que se pierda el sentido de la vida, hace que se pierda ese instante de vida en el que la mente está ocupada con el pensamiento.



lunes, 11 de abril de 2016

Instrucciones para aprender a Amar (2 de 2)

         Todo lo que tenemos a nuestro alcance para iniciar la aventura de aprender a Amar como Dios nos Ama, es ese simulacro de amor que sentimos por los nuestros, y no necesitamos mucho más.

         Necesitamos  compromiso, porque para la realización de cualquier actividad en la vida es imprescindible asumir la obligación personal de implicarse para llevar esa actividad a buen término.

En este trabajo no hay nadie que te haga seguimiento, ni que te vaya examinando y poniendo nota para ver cómo y cuanto adelantas o para ver si necesitas refuerzo. Tú eres tu propio maestro, tu propio jefe, tu propio examinador y tu propio evaluador, y podrás engañar a cualquiera, pero no te puedes engañar a ti mismo y mucho menos a Dios.

         Necesitas observarte, necesitas paciencia, necesitas conocerte, necesitas enfrentarte a tus miedos, necesitas trabajar en silencio, sin alardear de nada porque el trabajo que vas a realizar es un trabajo entre tú y Dios.



         No te van a valer medias tintas porque te harán caer en el desánimo, ya que a diferencia de cualquier objetivo que se busca en la sociedad este no tiene premio material, ni el reconocimiento público que tanto nos agrada a los humanos.

         Necesitamos mantener la atención que es la que nos va a permitir ser conscientes de donde estamos, de hacia dónde queremos ir y de cuáles son los obstáculos con los que nos podemos encontrar en el camino.

         La atención es ese aspecto en el que tomamos conciencia de nuestra experiencia en el momento presente. Observar nuestros pensamientos, observar nuestras emociones, observar las distintas reacciones de nuestro cuerpo, y todo eso sin juzgar nada, sin calificarlo, sin ponerle nombre. Solo atención, solo presencia, solo estar, porque esto ya es Amor.

         Y sobre todo necesitamos practicar el amor que sentimos por los nuestros, para que un día, incluso sin ser conscientes de ello pase de ser un sentimiento, que es lo que nosotros sentimos, a ser una energía, que es lo que queremos dar.

         Practicar el amor es ponerte en los zapatos de quien tienes delante: de tus hijos, de tu pareja, de tus padres y de tus amigos. Deja a un lado tu propia creencia de cómo tienen que ser las cosas y como tienen que reaccionar ellos para ser dignos de tu amor y sencillamente amales, COMO A TI TE GUSTARÍA QUE TE AMARAN. Deja a un lado tus expectativas de que es lo que tienen que hacer, y de como tienen que reaccionar una vez que tú les has honrado con tu amor, y sencillamente cumple tus propias expectativas dándoles a ellos lo que tú esperas recibir, sin más. Se paciente como te gustaría que lo fueran contigo. Si tus hijos son pequeños, recuérdate cada segundo que no son adultos, que solo tienen cuatro, cinco, seis o equis años y posiblemente ni entiendan porque no tienen que tocar eso que tanto te enoja, explícaselo con paciencia, para que lo entienda un niño. A los adultos, colócate en su lugar, con la dificultad añadida de que no sabes cuál es el momento emocional por el que están pasando.

Acuérdate que eres tú quien está haciendo el trabajo para aprender a Amar, y lo estás haciendo por propia decisión, ellos no lo están haciendo, y posiblemente tarden en darse cuenta de que actúas con más caridad, con más respeto, con más comprensión, con más tolerancia, con más amabilidad, con más ternura, con más humildad y con más paciencia de lo habitual. Pero cuando sean conscientes de eso, o incluso antes, de manera inconsciente, van a reaccionar a lo que están recibiendo. Y lo que tú les estás dando es Amor. Energías iguales se atraen.

         Vas a caer muchas veces por un millón de razones que podrías justificar, no importa, no vas a justificar nada, levántate y sigue. Que cada caída sea un acicate, porque no se cae quien no camina, no se cae quien no arriesga.


Ya estás haciendo mucho, eres un valiente, te has puesto en camino. 


Instrucciones para aprender a Amar (1 de 2)


         Nos ahorraríamos mucha infelicidad en esta vida, muchos sinsabores, mucho sufrimiento y podríamos reducir de manera notoria el número de vidas en la materia, si realmente fuéramos directos al gramo, si dejáramos de dar vueltas y vueltas que aunque pueden conducirnos a la meta lo hacen a cámara lenta, y fuéramos directos a lo realmente importante, que no es otra cosa que aprender a Amar, porque es ese aprendizaje lo único que nos trae de vuelta a la materia una y otra vez, y otra, y otra, y así llevamos cientos de vidas….., y las que nos quedan.

         El Amor al que hago referencia no es más que el calificado de incondicional, de universal, o de divino, aunque de hecho, no es para nada importante el calificativo que le demos, ni tan siquiera lo es el nombre, lo único y verdaderamente importante es su práctica.

         Este Amor, por si tienes alguna duda, es ese que se da a cambio de nada, es el que se da libremente, es el que se siente por todos, es ese en el que lo único importante es la persona amada, es el Amor que no juzga, el Amor que no critica, el Amor que respeta, el Amor que comprende, el Amor que no necesita perdonar porque nada le ofende, el Amor que nunca acaba, es el Amor de Dios.



         Aunque en muchos textos nos explican que la verdadera causa de la reencarnación es el Karma, si aprendiéramos a Amar como Dios nos ama, automáticamente quedaríamos libres de todo de Karma.

         ¡Podemos hacerlo!, somos sus hijos y estamos aquí para eso. Aunque a los seres humanos nos cueste trabajo llegar a integrar, y en muchos casos a entender cómo es eso del Amor sin condiciones y del Amor para todos, esta es nuestra auténtica misión, aprender a Amar.

         Las cientos de técnicas que aprendemos para ser feliz, para perdonar, para ser exitoso, para eliminar el estrés, para acabar con el miedo a la muerte, para liberarnos de la enfermedad, para evitar que enferme el cuerpo comiendo sano, para detener los pensamientos, para crecer espiritualmente, para vivir desde el corazón, para sintonizar con el alma, para comprender las emociones, etc., etc., etc., no son más que etapas, necesarias para llegar a la meta, meta que aunque muchas filosofías digan que no existe, es indiscutible que existe una última vida en la materia y que bien podíamos denominar esa última vida como nuestra meta, y que esa última vida es la que todos anhelamos y eso será cuando seamos capaces de Amar, con ese Amor que estamos calificando como incondicional, no antes.
         ¿Cómo es la calidad de nuestro amor, o de lo que los seres humanos calificamos como amor? Analiza el tuyo, pero no vayamos muy lejos en nuestro análisis, no hace falta que analices el amor que sientes por el vecino del quinto, ya sabemos que es nulo, analiza el amor de andar por casa, el de cada día, el que le dedicas a los tuyos. Si, ya sé que les amas mucho, tú dirías que les amas sin medida, pero aun así, analiza algunos parámetros, y contéstate a algunas de estas preguntas relacionadas con todos los miembros de tu familia y tu círculo de amigos: ¿Pierdes la paciencia?, ¿Gritas a veces?, ¿Les criticas?, ¿Les juzgas?, ¿Dejas de dirigir a alguno la palabra durante un espacio de tiempo, aunque sea corto?, ¿Te sientes ofendido alguna vez?, ¿A veces te preguntas como puede haber hecho eso con todo lo que has hecho por el, o por ella?

         ¿Alguna respuesta es positiva?, ¿Crees que quien realmente Ama puede perder la paciencia, o juzgar o criticar, o…..?, ¡Dios no lo hace! Es seguro que puedes dar mil y una razones para tal comportamiento, pero seguro que tu también le das motivos a Dios y Él sigue Amándote impertérrito, a pesar de tu comportamiento. El problema estriba en que el amor que practicamos los seres humanos no nos va a llevar a conseguir la meta de una última vida porque ni es incondicional, ni es universal, ni es divino.

         Tenemos que aprender a Amar, y tenemos que hacerlo desde el lugar en el que nos encontramos y con el conocimiento que atesoramos. No es necesario ser licenciado en nada para aprender a Amar, no es necesario nada más que la misma vida y eso lo tenemos, así que empecemos ya, para terminar cuanto antes.

Continuará…………..

Fuego en el alma




domingo, 10 de abril de 2016

Fe

PERLAS PARA EL ALMA


La perfección de Dios se encuentra en cada una de las circunstancias que nos toca vivir, en cada uno de los procesos que nos toca atravesar. No somos nosotros quienes para juzgar Sus acciones, Sus maneras, porque cada cosa está planificada como debe ser.

            Dios sabe el motivo o los motivos por los que las cosas suceden.

            La fe no solamente consiste en aferrarse a Dios en tiempos difíciles, sino también es tener la certeza de que sin importar cuán duro o cuán oscuro sea el camino, siempre, siempre habrá una manera de salir y encontrar Luz.

viernes, 8 de abril de 2016

¿Miedo yo?




Jesús y yo, Jesús y tú (Reflexión 2)

REFLEXIONES CON DIOS
O
REFLEXIONES AL BORDE DE LA LOCURA

        
Reflexión 2: Jesús y yo, Jesús y tú.

En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores que éstas hará, porque yo voy al Padre. 
Juan 14:12

Y todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
Juan 14:13

Tengo un hijo de cuatro años que es fuerte y duro como un toro, con el umbral del dolor muy alto, nunca le duele nada, ni llora, aunque haya roto el suelo con la cabeza, con lo que nuestros juegos físicos, a veces, son un poco bruscos, ya que eso es lo que le gusta, y yo que soy un papá-abuelo le consiento casi todo, pero mi cuerpo ya no está para muchas brusquedades, y reacciona ante los encontronazos o ante su peso, con contracturas y dolores musculares de todo tipo. Eso hace que cada día tenga que dedicarme a mí un tiempo en mis meditaciones y terapias, y hacerme autoterapia, para tratar de reparar aquello, que con total seguridad se va a malograr en nuestra primera carrera, en nuestro primer baile, en nuestro beso de buenos días, (aprieta su cara contra la mía hasta que mi nariz grita ¡socorro!, mientras la suya sigue tan feliz), o en nuestro primer encontronazo, como si de dos alces en época de celo se tratara.



         Y es entonces, inmerso en mi terapia, cuando aparecen pensamientos que mas entorpecen la terapia que otra cosa, pero que rondan inmisericordes un día sí y otro también: “¿Por qué tengo que pasar un rato cada día haciéndome terapia, si podría sanarme sólo con un pensamiento?......, y no solo a mí mismo, también podría, solo con el pensamiento y la orden, incidir en la sanación de cualquiera, de inmediato…..,  Yo puedo hacerlo……, estoy convencido que puedo hacerlo….., Si Jesús lo hacia, yo también puedo……

         Al llegar a este punto el pensamiento por sí mismo se detiene asustado de su propia osadía, asustada mi conciencia, asustada mi alma, casi gritando ¡anatema!

         Alguien tiene que poner cordura en ese pensamiento, que seguro alguno de los cultos calificaría de pecaminoso, y ese alguien es la conciencia que hace su reflexión, pero que más que traer cordura parece que ahonda en la tesis del pensamiento: “Si Jesús es el hijo de Dios hecho hombre, y yo ya soy hombre y también hijo de Dios, eso quiere decir que Jesús y yo somos hermanos, de la misma manera que tú que estás leyendo esto eres también mi hermano y a la vez hermano de Jesús”, “Por lo tanto no hay ninguna diferencia, ¿o sí?, entre Jesús y nosotros, y si Jesús podía sanar con su pensamiento, tocando o sin tocar a la persona, nosotros también podemos”, “No parece una locura de pensamiento, y por supuesto nada irreverente”, porque el mismo Jesús lo dijo, tal como lo refleja el Evangelio de San Juan 14:12: “En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores que éstas hará, porque yo voy al Padre”.

         Al final la conciencia sí que encuentra la diferencia: La diferencia es el Amor. ¿Qué es lo que caracterizaba a Jesús y que no tenemos ninguno de sus hermanos mortales?, pues el Amor, que es precisamente nuestra mayor carencia y nuestra asignatura o quizás única de nuestro aprendizaje en la materia. Estamos en el cuerpo para aprender a Amar. Cuando lo consigamos ya no existirá diferencia entre Jesús y nosotros, entonces sanaremos con el pensamiento, porque creer en Él no ha de ser sólo una creencia intelectual, creer en Él es amarle, es poner a Dios por delante de todo y de todos como Él hacia, hasta el punto de entregar su vida por Amor a Dios y por Amor a todos nosotros. ¿Que somos capaces de dar al otro por Amor?, ¿La vida?, ¡Si no somos capaces de dar ni una sonrisa en el ascensor!

         Mientras tanto, supongo que con un punto de añoranza por la distancia que aun me separa de Dios seguiré pensando en cada terapia, “Yo puedo hacerlo”.  

miércoles, 6 de abril de 2016

Reflexiones con Dios

REFLEXIONES CON DIOS

O

REFLEXIONES AL BORDE DE LA LOCURA


         Cada mañana, al tomar nuevamente contacto con mi conciencia, antes de abrir los ojos y todavía embriagado por el néctar del alma, mantengo desde mi cuerpo mi primera conversación del día con Dios. Aunque no sé muy bien si definirla como conversación, porque está claro que una conversación es una interacción entre al menos dos, y en este caso Dios no parece colaborar mucho y permanece muy callado, creo que mejor tendría que llamarlo monólogo, ya que a esa hora del amanecer, (suelen ser entre las cuatro y media y las cinco de la mañana), no soy muy consciente de las contestaciones de Dios, porque yo creo que contestar contesta siempre, esa es al menos otra de mis reflexiones.



Reflexión 1: Saludar a Dios.   
  
Si, ya sé que la palabra de Dios no se escucha habitualmente, o al menos no se escucha el sonido, pero se puede sentir una energía especial, o puede aparecer como un pensamiento, que en mi caso, de sobra sé que no es mío, pero no, a esa hora hablo solo, no hay ni energía ni pensamiento, aunque también puede existir otra posibilidad: el que esté aun tan adormilado que no sea consciente de las contestaciones de Dios.

         Sea lo que sea, conversación o monologo, en ese momento mágico de la noche, cuando aún casi todos duermen, me apetece darle los buenos días a Dios. A veces me siento ridículo o loco saludando a Dios: “Buenos días Señor, pues ya estoy aquí otra vez. Un nuevo día..., aunque para los que estáis a ese otro lado os debe dar igual que amanezca o no. Ya sabes cuanto me gustaría saber como se percibirá el “no tiempo” al otro lado de la vida. Claro como no dormís no tenéis días ni noches, o ¿Será que no anochece porque todo es Luz?, algún día me lo contarás.....,  ¡Realmente tengo muchas ganas de ver cómo se vive a ese otro lado Señor!, aunque sé que cuando llegue el momento lo veré como algo normal y conocido, algo así como cuando vuelves de un viaje y tienes muchas ganas de llegar a casa, y cuando llegas todo es conocido y dejándote caer en el sofá te dices en tu interior: ¡al fin en casa!......, Vamos a ver que nos hemos preparado para este día……, He dormido bien, muy bien, como siempre, y no soy consciente de lo que he soñado, así que ¡gracias!, ¡gracias por la noche!, ¡gracias por tener una cama!, ¡gracias por la casa!, ¡gracias porque todos en casa hemos pasado una noche tranquila!....., ¡te ofrezco este nuevo día!, aunque ya sé que es cosa mía, me quedo más tranquilo si lo pongo en Tus manos, así que ayúdame para estar consciente, para saber salir de los pensamientos circulares, para tener paciencia, para dejar la soberbia en la cama, y dejar también los miedos y las dudas, para disfrutar cada minuto, para vivir, para vivir en Ti…., ¡Que Tú también tengas un buen día, yo te bendigo con amor!

         Cuando lo digo cada día me siento un poco loco, pero ahora que además lo comparto y te lo cuento me estoy sintiendo más loco todavía. Pero en realidad...., ¡a mi que más me da lo que tú pienses!, a mi no me va a cambiar tu pensamiento ni para mejor ni para peor.  

         Me apetece contarte cual es mi objetivo de vida: Solo es uno, sentir a Dios cada segundo. Así que si hablo con Él es seguro que lo voy a sentir en mí. A lo largo del día como ya te contaré en las próximas reflexiones, cuando me uno a Él con mis monólogos, no me da tiempo a pensar nada malo, y mucho menos hacer nada malo, todo Es Dios.

         Al final cuando bendigo a Dios y le deseo buen día, a veces, le sigue el pensamiento “seré loco, bendecir y desear buen día a Dios”. Pero enseguida reacciono. ¿No es señal de buena educación y de respeto saludar?, ¿Que pasa, que Dios no se merece nuestro respeto?, porque aunque trate de mostrar ese respeto a lo largo del día, como recién el día se inicia, la mejor manera de demostrar mi respeto a Dios es saludando. Otros pueden pensar que sería mejor orar, o cantar un mantra, o leer un pasaje de tu libro sagrado favorito. Lo que pasa es que nunca me han gustado los intermediarios y prefiero tratar con el Jefe en persona, y oraciones, mantras o libros no dejan de ser símbolos de credos y religiones de los que tengo serias dudas de si le trasladan a Dios mis respetos.

       Y en cuanto a la bendición, ¿No decimos “Bendito sea Dios”?, pues que mejor que ahondar en esa bendición enviándole la nuestra.

       En fin, sólo son mis reflexiones. ¡Bendito seas!, ¡Que tengas un buen día, o una buena noche!



       

Cámbialo

PERLAS PARA EL ALMA



         Las cosas son como son. La vida es como es, y sólo te queda aceptarla.

        Pero si hay algo que no te gusta y no puedes aceptar, entonces trabaja para cambiarlo, pero no le des vueltas en tu mente.


      Lo que tu calificas como problemas dando vueltas y vueltas en tu mente, ensucia y marchita tu cuerpo energético, envilece y adormece a tu mente, embrutece y enferma al cuerpo físico, entristece al alma, te aísla de la vida y te separa de Dios.    

    

sábado, 2 de abril de 2016

Parejas




Ser o no Ser

         La incertidumbre es una margarita
cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar.
Mario Vargas Llosa
        
Es demasiado el tiempo que muchas personas, en vez de vivir, le dedican a la duda. Dudan de si se ha de subir o se ha de bajar, dudan de si se ha de comprar o se ha de vender, dudan de lo que dicen, dudan de lo que hacen, dudan de lo que piensan, dudan de lo que sienten, dudan…… dudan……. dudan……..

         Dudar es como retorcer la vida por todos los lados, en lugar de vivirla y disfrutarla, en lugar de tomar un camino y seguirlo, para lo cual es mucho más fácil dejar el plano de la vida liso, sin arrugarlo, sin entrujarlo. Sobre un plano liso es mucho más cómodo el camino.

Dudar es volver incesantemente sobre todos los entresijos conocidos, ¿Para qué?, ¿Para qué vuelves siempre a los mismos escondites de tu mente si ya los conoces todos? Tu mente no quiere que resuelvas la duda, porque si lo haces es una partida ganada a la mente, y la mente no te va a dejar que ganes ninguna partida, por eso te va a mantener de un sitio a otro, dudando, negándote la vida, porque la mente no quiere que encuentres la solución.


Dudar es recorrer de arriba abajo todos los senderos una y otra vez. ¡No!, ¡Párate! Y busca el norte, tú norte y síguelo sin dudar. Es posible que no sepas cual es el norte, pero de lo que si estás seguro es de que no quieres ir al sur, es decir, que lo que tienes no te causa felicidad, ni te da amor, ni te da serenidad, solo te genera dudas. Si no tienes claro cuál es el norte, toma cualquier otro camino que no sea el sur, el sur ya es conocido, ya es vivido, ya es experimentado, ya es caduco, ya se acabó.

Dudas y no sabes que camino elegir porque crees que en una de las bifurcaciones está tu felicidad, está tu amor, está tu alegría, y no sabes cuál es. Pero puede no ser cierto. Lo que sí vas a encontrar en cada bifurcación son las experiencias que necesitas vivir para tu crecimiento, para tu evolución, para tu aprendizaje. Y nunca hay bifurcación equivocada, porque en la otra hay otra experiencia distinta que también tienes que vivir.

Dudar es mirar una y mil veces el mismo aspecto, como si quisieras que alguien decidiera por ti. Pero no puede ser, tu trabajo es decidir la experiencia que vas a aprender, tu trabajo es decidir la experiencia que vas a vivir, tu trabajo es decidir si sigues viviendo en el sur con sufrimiento y aburrimiento, o no.

En la casa de la duda, el mayordomo es la ignorancia, porque no se sabe, porque no se decide, porque no se tiene la certeza, en definitiva, porque no se vive, porque no se Es. La verdadera tragedia de la duda es “no Ser”.


Y  “no Ser” supone que toda tu vida queda condicionada a los demás, que todo tú poder se lo entregas a la sociedad, a esta sociedad capitalista, caduca y perversa, porque tú eres incapaz de dirigir tu vida, por “el qué dirán”, por “qué pasará si…”, por “si yo supiera”. El “no Ser”, es la negación de tu divinidad, negación que te lleva a una falta de amor y de respeto hacia ti mismo tan grande que pones tu vida, tu crecimiento, tu amor y tu felicidad en manos de cualquiera. ¡Eres tu quien tiene que decidir tu vida!  Porque ¡TU ERES!



jueves, 31 de marzo de 2016

Ignorancia




La evolución del hombre (y III)

         La evolución en cada alma no se rige por parámetros fijos ya que cada persona trabaja los aspectos que considera oportunos. No hemos de olvidar que somos total y absolutamente libres para realizar nuestro camino de vuelta a Dios de la forma que más nos apetezca.

         Esto supone que nos encontramos con todo tipo de caracteres en la vida, desde los que parecen más evolucionados, hasta los que no lo parecen nada.

Pero no hay que fiarse de las apariencias, engañan mucho, y en cuanto a evolución espiritual se refiere mucho más, porque quien se encuentra más evolucionado, es decir, más cerca de Dios, cuenta poco y habla menos, y esto es por dos razones: Una, que al encontrarse algo más cerca de Dios, aun quiere acercarse más y dedica todo su tiempo a proyectarse hacia Él, y dos, que se encuentra tan bien consigo mismo que no encuentra mejor compañía que la suya propia.



Recordar, una vez más, que la evolución es limpiar las energías negativas y sustituirlas por energías positivas, pero al trabajar cada ser los aspectos que más le interesa, irá limpiando, activando y energizando diferentes chakras en su cuerpo energético, y diferentes a su vez de otros muchos seres. Cada persona es única, y aunque dos se parezcan, no son iguales.

En nuestro deambular por la materia nos vamos encontrando con seres variopintos que van siendo nuestro termómetro para medir nuestra propia evolución. Todos son un espejo en el que vemos reflejada nuestra propia imagen, nuestras propias carencias, nuestros miedos, nuestras miserias, nuestra ignorancia, nuestro sufrimiento, nuestro dolor, nuestras soledades.

Cuanto menor es nuestro nivel de evolución, más dolor, más sufrimiento, más división, más separación, más religiones, más opciones políticas, más estados o mini estados, más banderas, más discriminación, más guerras, más hambre, más pobreza, más ignorancia.

Si todos nos encontráramos en el mismo nivel la evolución, a medida que este fuera creciendo nos iríamos uniendo cada vez más, para llegar al final de nuestro tiempo a un solo estado: la Tierra, a una sola religión: el Amor, a un único objetivo: caminar juntos hacia Dios, a un solo sentimiento: la felicidad, a un solo parentesco: la humanidad, una sola enseñanza: vivir desde el corazón.