Todo nuestro mundo, toda nuestra
vida, todo lo que experimentamos está hecho de pensamientos.
Tenemos pensamientos buenos y
pensamientos malos. Nuestra mente mantiene un diálogo permanente: unas veces lo
cuestiona todo, lo juzga todo, te culpa a ti y a tu entorno, te atemoriza; y
otras veces te alaba, ve la bondad en los demás, expresa compasión y ternura.
Por lo tanto, nuestra mente —y, en consecuencia, nuestra vida— está llena de
claroscuros. Nada es completamente luminoso ni totalmente oscuro.
Si aceptamos que somos lo que
pensamos y que vivimos la vida que pensamos, está claro que poseemos una
herramienta poderosísima para ser felices, para sentir alegría, para mostrar
ternura y para ser compasivos. Solo hay que permitir que los pensamientos
buenos tengan espacio.
Si aceptamos también que cada
uno es responsable de sus propios pensamientos, y que ninguna otra persona
puede obligarte a pensar de una manera determinada, entonces, si uno no elige
los pensamientos que lo conducen a la felicidad, no puede culpar al vecino: su
dolor o su desdicha son únicamente su responsabilidad.
PERLAS PARA EL ALMA –
Alfonso Vallejo

No hay comentarios:
Publicar un comentario