Durante
muchos años pensé que la vida consistía en encontrar a “la persona adecuada”,
como si existiera una especie de llave maestra capaz de abrir todas las puertas
de la felicidad. Qué ingenuidad. Con el tiempo comprendí que no se trata de
encontrar a nadie, sino de encontrarse a uno mismo a través de los demás. Cada
persona que se cruza en nuestro camino es un espejo que nos muestra algo que
necesitamos ver: una virtud que ignorábamos, un defecto que negábamos, un miedo
que escondíamos, una fuerza que no sabíamos que teníamos. Y cuando ese
aprendizaje se completa, la persona desaparece, como un actor que abandona el
escenario una vez pronunciada su última frase.
7 VIDAS- Alfonso Vallejo

No hay comentarios:
Publicar un comentario