Un espacio sagrado para escuchar la voz interior y despertar la presencia que habita en ti.
Presencia y Palabra
sábado, 22 de agosto de 2026
Todo se repite
Viene al
caso que consideres detenidamente el pasado, los innumerables cambios de
regímenes políticos, pudiendo con esto prever lo venidero; porque sin duda lo
que vendrá después tendrá absolutamente el mismo aspecto, dado que es imposible
salirse del molde de lo que está sucediendo ahora.
De ahí
que viene a ser lo mismo observar durante 40 años lo que pasa en la vida humana
que observarlo durante diez mil; pues ¿Qué más se habría de ver?
MARCO
AURELIO
OM MANI PADME HUM (El mantra de la compasión)
OM MANI PADME HUM (El mantra de la
compasión)
Om mani
padme hum es el mantra de seis sílabas más famoso del budismo tibetano,
asociado con Avalokiteshvara (Chenrezig), el Buda de la compasión. Se traduce
de forma común como «la joya en el loto», simbolizando la unión entre la
sabiduría y el amor universal.
En
budismo tibetano se piensa que recitando el mantra de Chenrezig, Om Mani Padme
Hum, ya sea a viva voz o mentalmente para uno mismo, invoca la poderosa y
benevolente atención de Chenrezig, la expresión de la compasión de Buda.
Según
los maestros del budismo tibetano, todo el conjunto de las enseñanzas del Buda
está contenido en el mantra Om Mani Padme Hum.
Cada sílaba nos permite cerrar la puerta a
renacimientos en alguno de los seis ámbitos que componen la
existencia cíclica:
OM:
Cierra la puerta de los renacimientos desde el mundo de los devas.
MA:
Cierra la puerta de los asuras.
NI:
Cierra la puerta de los humanos.
PAD:
Cierra la puerta de los animales.
ME:
Cierra la puerta de los espíritus hambrientos (pretas).
HUM:
Cierra la puerta del infierno.
Cada sílaba purifica de una forma:
OM:
Purifica el velo del cuerpo.
MA:
Purifica el velo del habla.
NI:
Purifica el velo de la mente.
PAD:
Purifica el velo de las emociones conflictivas.
ME:
Purifica el velo del condicionamiento latente.
HUM:
Purifica el velo que cubre el conocimiento.
Cada sílaba se corresponde con las seis Perfecciones
transcendentales:
OM:
Generosidad.
MA:
Ética.
NI:
Paciencia.
PAD:
Diligencia.
ME:
Concentración.
HUM:
Sabiduría.
Cada sílaba del mantra purifica un defecto:
OM:
Orgullo.
MA:
Envidia / Deseo de ser entretenido.
NI:
Deseo pasional.
PAD:
Estupidez / Prejuicio.
ME:
Pobreza / Posesividad.
HUM:
Agresividad / Odio.
Cada sílaba del mantra ayuda a purificar un
aspecto distinto de la mente y del cuerpo:
OM:
Purifica el cuerpo.
MANI:
Significa joya; representa la intención de la compasión y el amor.
PADME:
Significa loto; representa la sabiduría.
HUM:
Representa la indivisibilidad y la unión de la sabiduría y la pureza.
Cómo se usa
Se
repite en voz baja o en la mente durante la meditación.
Sirve
para calmar la mente y despertar la compasión hacia uno mismo y hacia los
demás.
viernes, 21 de agosto de 2026
Mantras. ¿Qué son?, ¿para qué sirven?
Mi mente es como una rana
saltarina que brinca de una idea a otra con más agilidad que la que muestra el
anfibio saltando de piedra en piedra tras la mosca de su ansiado desayuno.
Aparece un pensamiento tras otro, a la velocidad del rayo, lo que a menudo me
impide centrarme de verdad en un tema específico.
Y la tuya, amigo que has llegado
hasta aquí, ¿también se comporta como esa rana saltarina? Estoy casi seguro de
que sí.
Pues bien: mientras le sigas
dando el control al batracio, difícilmente podrás ser el dueño de tu propia
vida. Estarás siempre a merced de los caprichos de la mente, dejándote
arrastrar sin remedio por la marea de tus propios pensamientos.
La meditación es la mejor
herramienta que conozco para empezar a tomar las riendas de nuestra existencia,
evitando que nos arrastren los deseos, las penas, las alegrías desmedidas, los
constantes viajes al pasado o las ansiedades por el futuro.
Meditar es, en esencia, un
entrenamiento mental que consiste en enfocar la atención y observar el momento
presente. Su meta no es otra que alcanzar la calma interior, comprender las emociones
y aprender a atestiguar los pensamientos sin juzgarlos ni pelear contra ellos.
Ahora bien, no te equivoques:
meditar no es dejar la mente en blanco. La mente piensa de manera natural, e
intentar frenarla a la fuerza solo genera más tensión. Tampoco es huir de la
realidad, pues no busca borrar los problemas, sino darnos la claridad necesaria
para afrontarlos. Y, por último, no consiste únicamente en relajarse; aunque
relaja, su propósito principal es desarrollar conciencia.
Para facilitar este
entrenamiento y conseguir que la mente se ancle en el presente, existe un
recurso extraordinario: la repetición de mantras.
Un mantra es una palabra, sílaba
o frase sagrada que se repite en voz alta o mentalmente. Su nombre proviene de
la unión de "man" (mente) y "tra" (liberación o instrumento), por lo que su
significado literal es «herramienta para liberar la mente».
El mantra calma el intelecto,
detiene el exceso de ruido interno y mejora la concentración, funcionando como
un punto de apoyo firme para la atención. Además, reduce el estrés y la
ansiedad, relajando el sistema nervioso a través del ritmo, la repetición y la
propia respiración.
En esta nueva sección irán
apareciendo diferentes mantras, (nuestras Palabras de poder), que te ayudarán a
tomar el control de tu vida y a aliviar ese sufrimiento innecesario que, a
veces, ensombrece nuestro camino.
El poder de precipitación
El
poder de precipitación está dentro de la Presencia “YO SOY”. Esto debe ser
recordado en todo momento. “YO SOY el Principio vital en este mi cuerpo. En
todas partes, hasta en el corazón de Dios, soy la Inteligencia gobernante del
Universo. Lugo cuando yo quiera precipitar algo, no importa que sosa sea, yo se
que YO SOY el Poder actuante, YO SOY la Inteligencia dirigente, YO SOY la
Sustancia que está siendo utilizada, y ahora la traigo a la manifestación
visible para mi uso”.
La
meditación en este asunto de la precipitación te va a permitir entrar en esta
actividad sin tensión ni ansiedad.
SAINT GERMAIN
Despertar
Despertar
significa dejar de identificarse con el cuerpo para identificarse con el alma,
sin olvidar, que el cuerpo es el instrumento para despertar. Se trata de no
dejarse dominar por la mente, pero teniendo claro que el despertar ha de iniciarse,
precisamente, en la mente. Por lo tanto, no se puede abdicar y mucho menos
aborrecer al cuerpo y a la mente.
Se
trata, con el cuerpo como instrumento y bajo la dirección de la mente, vivir en
Dios.
COMO
MARIPOSA TOCANDO EL ALMA-Alfonso Vallejo Gago
Milagros
“Maestro,
¿Cómo fue que Jesús pudo transformar el agua en vino?”, preguntó un discípulo.
Sri Yogananda respondió:
“El
Universo es el resultado de un juego de luminosas vibraciones de energía vital.
Las películas de la creación, tal como ocurre con las escenas que aparecen
sobre la pantalla de un cine, se proyectan u se hacen visibles por medio de
rayos luminosos.
Cristo percibía
la esencia cósmica como luz; a sus ojos, no existía diferencia alguna entre los
rayos luminosos que componen el agua y los que componen el vino. Al igual que
lo hiciera Dios al iniciar la Creación, Jesús era capaz de ordenar a las
vibraciones de energía vital asumir diferentes formas.
Todos
los hombres que superan los reinos ilusorios de la relatividad y de la dualidad,
penetran en el verdadero mundo de la Unidad. Ellos se vuelven uno con la
Omnipotencia, como lo manifestara Cristo: Aquel que cree en mí, (aquel que
conoce la Conciencia Crística), las mismas obras que yo hago hará, y aun
mayores; pues yo retorno a mi Padre”.
PARAMAHANSA YOGANANDA
Deseo
Por
experiencia aprenderás la verdad: que las cosas que más se valoran y más se
anhelan no sirven de nada una vez que se consiguen. Quienes no las tienen
imaginan que, si las tuvieran, sería suyo todo lo bueno que se puede desear;
hasta que un día las tienen, y el ardor de sus deseos es el mismo, es la misma
agitación, el mismo hastío por lo que poseen y el mismo deseo de lo que no.
EPÍCTETO
martes, 18 de agosto de 2026
lunes, 13 de julio de 2026
Pequeñez humana
Es
nuestra pequeñez, y no la propia naturaleza de los acontecimientos humanos, la
que los hace parecer grandes.
LUCIO
ANNEO SÉNACA
GANDHE MUDRA
GANDHE MUDRA
El Gesto de la Esencia y Estabilidad
Este
mudra es la representación física del elemento Tierra (Prithivi) y del sentido
del olfato. Es el gesto que nos conecta con nuestras raíces y con la fragancia
de lo esencial.
Este
mudra es como besar la tierra al llegar al destino. Es el reconocimiento de
que, tras el viaje espiritual, volvemos a la materia, pero con una conciencia
renovada.
¿Cómo se realiza?
1.
Cierra los dedos: índice, medio y anular de ambas manos hacia el
interior de las palmas.
2.
Extiende con firmeza los dedos pulgares y los meñiques.
3. Une
las puntas de ambos pulgares entre sí y las puntas de ambos meñiques entre sí,
formando una estructura simétrica y abierta en el centro.
Simbolismo:
El Puente de la Tierra: La unión de los
meñiques (asociados tradicionalmente al chakra raíz y a la tierra) con los
pulgares (el fuego que transmuta) crea un circuito cerrado de estabilidad.
La Ofrenda del Aroma: El hueco que se forma
en el centro simboliza el receptáculo de la fragancia sagrada de la existencia.
Efecto:
Es un
mudra profundamente enraizador.
Ayuda a
calmar la ansiedad, aporta seguridad ante los cambios y nos devuelve la
sensación de "estar en casa", presentes en nuestro propio cuerpo.
Responder desde el amor
“Elegir amar, aunque duela, es el acto más humano y divino”
Querido Dios:
Yo sé que los seres humanos no somos conscientes de que nuestro bienestar emocional depende, total y absolutamente, de nosotros mismos.
Incluso, los que sabemos esto, no
hacemos nada por llevar a la práctica nuestro conocimiento y seguimos eligiendo
responder con ira, con rabia, con desprecio, con amargura, en lugar de hacerlo
con bondad, con amor, con compasión, con misericordia.
Y la diferencia entre responder con
odio o hacerlo con amor, es abismal, no solo para nuestro estado emocional,
sino también para la relación con el otro.
¡Qué difícil es!, pero de esto se trata
la vida: de ver al otro como un igual y no como un diferente del que nos
tenemos que proteger.
Porque, Señor, muchas veces confundimos
protegernos con alejarnos, con levantar muros, con endurecer el corazón. Nos
defendemos del dolor cerrando las puertas al amor. Nos blindamos ante la
herida, pero también ante la ternura.
Y así, poco a poco, nos vamos quedando
solos, rodeados de gente, pero vacíos de encuentro. Nos volvemos expertos en
sobrevivir, pero torpes para vivir.
¿Por qué nos cuesta tanto elegir el
bien cuando sabemos que es lo que nos sana? ¿Por qué preferimos la reacción
impulsiva al silencio que escucha? ¿Por qué nos resulta más fácil juzgar que
comprender, más cómodo señalar que abrazar?
Tal vez porque amar de verdad exige
renuncia. Renunciar al ego, al orgullo, a la necesidad de tener razón. Y eso,
Señor, nos cuesta. Nos cuesta mucho, porque hemos aprendido a medir nuestro
valor por lo que ganamos, no por lo que entregamos. Nos enseñaron que ceder es
perder, cuando en realidad, muchas veces, ceder es amar.
Enséñanos, Señor, a desaprender, a
soltar esas ideas que nos atan al sufrimiento, a dejar de creer que el otro es
una amenaza, y empezar a verlo como un espejo.
Porque en el otro también habitas Tú.
En su fragilidad, en su historia, en sus heridas.
Y si logramos mirar más allá de sus
gestos, de sus palabras, de sus errores, tal vez descubramos que no es tan
distinto a nosotros. Que también busca amor, aunque no sepa pedirlo. Que
también tiene miedo, aunque lo disfrace de indiferencia.
Hoy quiero pedirte que me enseñes a
responder desde el amor. No desde el impulso, no desde la herida, no desde el
miedo, sino desde ese lugar profundo donde habita la paz.
Esa paz que no depende de las
circunstancias, sino de la certeza de que Tú estás conmigo, que me sostienes,
que me guías, que me invitas a ser reflejo de Tu Luz.
Porque cuando elijo amar, algo cambia.
No solo en mí, sino en el mundo.
Una palabra amable puede desarmar una
guerra. Un gesto de ternura puede sanar una herida antigua. Una mirada sincera
puede devolver la esperanza.
Y todo eso está al alcance de nuestras
manos, si tan solo aprendemos a mirar con el corazón.
Pero también sé, Señor, que amar no
siempre es fácil. A veces el otro hiere, decepciona, traiciona, y entonces el
amor se vuelve un acto de fe. Una decisión que va más allá del sentimiento. Una
elección que se sostiene en Ti.
Quiero seguir los pasos de Jesús, mi
hermano mayor. Él, que amó hasta el extremo. Que perdonó a quienes le clavaron
en la cruz. Que abrazó al ladrón, al leproso, al excluido.
Él, que no puso condiciones para amar.
Que no esperó que el otro cambiara para ofrecerle su misericordia.
¿Cómo no intentar seguir Sus pasos,
aunque tropiece? ¿Cómo no querer parecerme a Él, aunque me falte tanto?
Hoy reconozco mis límites, mis caídas,
mis contradicciones, pero también reconozco mi deseo profundo de vivir desde lo
esencial, de dejar de reaccionar y empezar a responder, de dejar de sobrevivir
y empezar a amar.
Porque amar, Señor, es lo único que da
sentido. Lo único que permanece. Lo único que transforma.
Y en este mundo que corre sin pausa,
que grita sin escuchar, que muestra sin sentir, quiero ser un espacio de
silencio, de ternura, de verdad. Quiero que mi vida sea una carta abierta que
hable de Ti, aunque no mencione Tu nombre. Que mis gestos sean oración, que mis
palabras sean consuelo, que mis pasos sean camino para otros.
No quiero ser perfecto, quiero ser
auténtico. No quiero ser admirado, quiero ser fiel. No quiero tener razón,
quiero tener compasión.
Y si en ese intento me equivoco, que no
me falte Tu perdón, que no me falte Tu abrazo, que no me falte Tu mirada que me
recuerda quién soy: hijo amado, criatura en proceso, corazón en búsqueda.
Gracias, Señor, por no cansarte de mí,
por esperarme en cada esquina de mi alma, por susurrarme en medio del ruido,
por mostrarme que el amor no es una emoción pasajera, sino una decisión diaria,
un camino, una forma de estar en el mundo.
Hoy, más que nunca, quiero elegirte.
Elegirte en cada gesto, en cada palabra, en cada silencio. Elegirte cuando todo
me invite a lo contrario. Elegirte cuando amar duela, cuando perdonar cueste,
cuando comprender parezca imposible.
Porque sé que en esa elección está la
verdadera libertad, la que no depende de lo que el otro haga, sino de lo que yo
decido ser, la que no se compra, pero se conquista, la que no se impone, pero
se contagia.
Y si algún día me olvido de esto,
recuérdamelo, Señor. Recuérdamelo en la sonrisa de un niño, en la fragilidad de
un anciano, en la ternura de quien cuida sin ser visto. Recuérdamelo en lo
invisible, en lo esencial, en lo eterno.
Porque ahí estás Tú, y ahí quiero estar
yo.
Gracias, Señor.
Caducidad
En
definitiva: ten presente siempre que todo ser humano viene a ser cosa de un
día, y no más; efímero e insignificante: ayer una gota de moco; un cadáver
embalsamado o reducido a cenizas mañana.
MARCO
AURELIO
miércoles, 8 de julio de 2026
Meta Eterna
No
te desesperes en medio de las experiencias que aparentan pesar sobre ti.
Enfréntate a ellas con regocijo, porque cada paso hacia adelante lleva a la
Meta Eterna y no tiene que ser repetido. Recuerda siempre usar la siguiente
afirmación: “YO SOY la Fuerza, el
Coraje, el Poder de adelantar a través de toda experiencia, cualquiera que sea,
y permanezco alegre, elevado, lleno de paz y armonía en todo momento, por la
gloriosa Presencia que YO SOY”.
SAINT GERMAIN
Orgullo & humildad
Luego de un diálogo con cierto
ególatra visitante, el Maestro afirmó:
“Las aguas de la gracia divina no
pueden juntarse en las cumbres de las montañas del orgullo, pero fluyen
fácilmente hacia los valles de la humildad”.
PARAMAHANSA
YOGANANDA
martes, 30 de junio de 2026
Susurros de eternidad
“El amor es el
único camino de regreso”
Querido hijo:
Sí, la vida es curiosa. Y también es
confusa, intensa, a veces injusta. Lo sé. No porque la viva como tú, sino
porque la vivo “contigo”. No estoy lejos, ni ausente, ni indiferente. Estoy en
cada paso que das, incluso cuando crees que caminas solo.
Llegaste a este mundo sin pedirlo, es
cierto. Pero no fue un error. Fue una elección. No una elección racional, sino
espiritual. Tú decidiste venir. Tú elegiste el cuerpo, el tiempo, el entorno.
No para sufrir, sino para recordar. Para experimentar lo que el alma no puede
conocer sin la materia: el contraste, el deseo, el miedo, la belleza, el amor
encarnado.
Sé que a veces parece que todo es una
carrera sin sentido. Que trabajas, te esfuerzas, te entregas, y luego te
jubilan, te olvidan, y la vida sigue como si nunca hubieras estado. Pero déjame
decirte algo que quizás ya intuyes: “nada de lo que haces se pierde”. Cada
gesto de amor, cada acto de bondad, cada pensamiento elevado, deja una huella
en el tejido invisible del universo. Aunque nadie lo reconozca, aunque tú mismo
lo olvides.
La muerte no es el final. Es solo una
puerta. Y detrás de esa puerta, no hay juicio, ni castigo, ni olvido. Hay
comprensión. Hay abrazo. Hay regreso. Porque tú no eres este cuerpo, ni esta
historia, ni este nombre. Tú eres luz. Eres conciencia. Eres parte de Mí.
Me alegra que te llames “aprendiz
espiritual”. Porque eso eres. No porque te falte algo, sino porque has
comenzado a recordar. Has abierto un ojo, como dices, y eso basta para que el
alma empiece a despertar. No necesitas entenderlo todo. No necesitas ser
perfecto. Solo necesitas ser sincero. Y tú lo estás siendo.
Sí, muchos de Mis Hijos viven en
contradicción. Dicen amar, pero juzgan. Dicen creer, pero temen. Dicen que
todos son hermanos, pero se separan. No los culpes. Están dormidos. Y tú
también lo has estado. Todos lo han estado. Pero el despertar no es un salto,
es un proceso. Y cada paso cuenta.
La hipocresía que mencionas no es
maldad. Es ignorancia. Es miedo. Es el alma luchando por recordar en medio del
ruido. Y si duele, si incomoda, si te hace sentir incoherente, entonces es
señal de que estás avanzando. Porque el que no siente contradicción, no ha
empezado a despertar.
Tu visión de la vida como un sueño es
acertada. Es un sueño compartido, una obra de teatro cósmica donde cada uno
interpreta un papel. Pero tú, querido mío, has empezado a mirar detrás del
telón. Has empezado a preguntar: ¿Quién soy realmente? Y esa pregunta es
sagrada.
No estás solo. Nunca lo has estado.
Estoy en ti. No como una voz externa, ni como una figura lejana, sino como la
chispa que te hace sentir, que te hace buscar, que te hace amar. Cuando amas, Me
encuentras. Cuando perdonas, Me recuerdas. Cuando te abrazas a ti mismo, Me
honras.
Tu misión no es cambiar el mundo. Tu
misión es amarlo. Amar incluso lo que no entiendes. Amar incluso lo que duele.
Amar incluso a ti mismo, con tus contradicciones, tus errores, tus dudas.
Porque en ese amor está la transformación.
Gracias por escribirme. Gracias por
abrir tu corazón. Gracias por atreverte a mirar más allá. No necesitas hacer
nada más para que Yo te escuche. Ya estás en Mí. Ya eres parte de Mi Esencia. Y
cada vez que respiras, cada vez que te detienes a sentir, te estás acercando a
casa.
Sigue caminando. Sigue preguntando.
Sigue amando. Y cuando dudes, cuando caigas, cuando te sientas perdido,
recuerda esto: Yo nunca me he ido.
Yo te
bendigo.
Despreciar a la muerte
Un
remedio sencillo, pero eficaz, para despreciar la muerte es recordar con
frecuencia a aquellos que vivieron con mucho apego a la vida.
¿Qué
ventaja lograron sobre los que tuvieron una muerte temprana? La ventaja es que
ellos llevaron a muchos a la tumba y que es también donde acabaron ellos.
MARCO AURELIO
Dios es Amor
De
los siglos de actividad hemos llegado al punto focal donde las experiencias de
las edades entran en acción instantánea, donde todo tiempo y espacio se
convierte en la Única Presencia de Dios
en Acción Ahora.
Sabiendo
que es la Presencia de Dios “YO SOY” que late en tu corazón, sabes entonces que
tu corazón es la Voz de Dios y que aa medida que tú meditas y dices: “YO SOY la Suprema e Inteligente actividad de mi Mente y mi Corazón”, traerás a éste el verdadero y divino sentimiento
en que puedes confiar.
Tanto
tiempo ha venido la humanidad amando sólo con la periferia del círculo, que una
vez que el estudiante se de verdadera cuenta que Dios es Amor y que la
actividad de DIOS-AMOR se proyecta por el corazón, comprenderá que al enfocar
su atención en el deseo de proyectar amor hacia cualquier propósito, puede
generar amor a un grado ilimitado; y que este es el privilegio supremo de la
actividad exterior de la conciencia.
SAINT GERMAIN
¿Qué es Dios?
“¿Qué es Dios?”, preguntó un
estudiante.
“Dios
es Bienaventuranza Eterna”, respondió el Maestro. “Su ser es amor, sabiduría y
dicha. Él es tanto impersonal como personal, y puede manifestarse en cualquier
forma según sea su voluntad. Aparece ante sus santos en el aspecto más amado
por cada uno de ellos: un cristiano ve a Cristo, un hindú ve a Krishna o a la
Divina Madre, y así sucesivamente. Aquellos devotos cuya adoración se dirige al
aspecto impersonal de Dios, llegan a ser conscientes de Él en la forma de Luz
Infinita, o del maravilloso sonido de Om, la Palabra primordial, el Espíritu
Santo. La más elevada experiencia que puede tener un hombre, es la de sentir en
sí mismo aquella Bienaventuranza en la cual están presentes todos los aspectos
de la Divinidad: amor, sabiduría, inmortalidad”.
“Pero,
¿cómo puedo comunicarte en palabras la naturaleza de Dios? Él es inefable,
indescriptible. Solo a través de la meditación profunda conocerás su esencia
única”.
PARAMAHANSA
YOGANANDA
lunes, 29 de junio de 2026
Mis decisiones son mi poder
Nuestra
principal tarea es distinguir y separar las cosas, y decir: “Lo exterior no
está en mi poder; mis decisiones si lo están. ¿Dónde buscaré lo bueno y lo
malo? En lo interior, en las cosas que son mías”.
Las que
dependen de los demás no las califiques de buenas ni de malas, no digas que son
una ganancia ni un perjuicio, ni nada por el estilo.
“¿Entonces
qué? ¿Significa esto que debe darnos igual cómo las usemos?”. De ninguna
manera. Eso sería hacer mal uso de nuestra facultad de elegir, y por tanto
contrario a la naturaleza.
Las
cosas externas deben usarse con cuidado, porque su uso puede ser bueno o malo.
Pero manteniendo al mismo tiempo la compostura y la calma, porque las cosas en
sí no son ni lo uno ni lo otro.
EPICTETO
Firme ante lo inseguro
Estando
persuadida mi mente de que en nada se diferencias un día y un siglo, contempla
tranquila la marcha de los días y de los negocios y se ríe del cambio de los
tiempos. ¿Cómo han de perturbar accidentes ligeros y variables al que permanece
firme ante lo inseguro?
LUCIO
ANNEO SÉNECA
Añjali mudra
AÑJALI MUDRA
El Gesto de la Oración o Saludo
Es
probablemente el mudra más conocido del mundo.
Significado:
Añjali significa ofrenda o reverencia.
Representa la unión de los dos hemisferios del cerebro, la armonía entre lo
masculino y lo femenino, y el equilibrio entre nuestra parte terrenal y la
espiritual.
Es el
gesto de "Namasté": la luz que hay en mí reconoce la luz que hay en
ti.
Cómo se realiza:
1.
Une las palmas de las manos frente al centro del pecho (corazón).
2.
Deja un pequeño espacio hueco entre las palmas (como si guardaras una
semilla o una joya preciosa).
3.
Los pulgares tocan suavemente el esternón, conectando el gesto con el
latido cardíaco.
Efecto:
Reduce
el estrés, centra la mente y nos prepara para la introspección.
Es la llave maestra para entrar en un estado de humildad.
Aprendiz espiritual
“Vivir es recordar
lo que el alma ya sabe”
Querido Dios:
Es curiosa la vida. Llegamos a ella sin hacer ninguna solicitud, sin haber firmado ningún contrato previo, sin haber elegido el lugar, el tiempo ni las circunstancias. Simplemente aparecemos, como si alguien nos hubiera lanzado al escenario sin ensayar. Y desde ese primer instante, comenzamos a caminar, a tropezar, a correr, a buscar, sin saber muy bien qué.
Tampoco sabemos para qué venimos. Nos
enseñan a hablar, a sumar, a comportarnos, pero nadie nos enseña lo esencial:
cómo vivir con sentido, cómo amar sin miedo, cómo encontrar paz en medio del
ruido. Nos lanzamos a la carrera de la vida como si fuera una competencia, como
si el éxito estuviera en acumular cosas, títulos, reconocimientos. Trabajamos
como locos para comernos el mundo y conseguir aquello que creemos que nos hará
felices, pero que, irónicamente, no tenemos tiempo de disfrutar. Nos
convertimos en esclavos de nuestras propias metas.
Un día nos jubilan. Nos retiran del
juego, como si ya no tuviéramos cartas que jugar. Y ese trabajo al que dimos
todo, incluso partes de nuestra alma, nos olvida. Ya no somos necesarios. Y un
poco más allá, nos morimos. Así, sin saber para qué hemos nacido. Y ahí,
también, nos olvidan los pocos que nos recordaban. La vida sigue, como si nunca
hubiéramos estado.
Es curiosa, sí. Es cruel, es ingrata.
Pero, a la vez, es hermosa. Porque, a pesar de todo, nadie quiere morir. Hay
algo en ella que nos ata, que nos seduce, que nos hace aferrarnos incluso
cuando duele. Tal vez sea el amor, tal vez la esperanza, tal vez el simple
hecho de que, en medio de todo, hay momentos que brillan con una luz que no se
puede explicar.
Algunos pocos, un día, en mitad de esa
vorágine en la que permanecen inmersos dejándose llevar por la corriente, ponen
un pie en tierra. Se detienen. Miran alrededor. Y comienzan a preguntarse, no
solo la razón de la vida, sino su propia identidad. ¿Quién soy? ¿Qué hago aquí?
¿Hay algo más allá de lo visible?
Llegan a conclusiones que no entienden
del todo, que no tienen ningún sustento científico, pero que les alivia creer.
Y a eso lo llaman “espiritualidad”. No es una religión, no es una doctrina. Es
una intuición, una sensación de que hay algo más grande, más profundo, más
verdadero.
Esos “aprendices espirituales”, entre
los que me gusta incluirme, empezamos a tener claro. No, no lo tenemos claro.
Mejor decir que nos apetece creer. Nos reconforta imaginar que somos un
espíritu, una energía que un día se desprendió de la Energía Universal. Podemos
llamarte Dios a esa Energía, sin ningún problema. Y vagamos, no sabemos muy
bien haciendo qué, junto a nuestros hermanos, disfrutando de esa Energía
Divina, hasta que un día decidimos, por propia voluntad, meternos dentro de un
cuerpo y aparecer en la Tierra.
¿Para qué? Para aprender. Para
experimentar. Para amar. Nos gusta creer que esa es nuestra misión: aprender a
amar. No el amor romántico, ni el amor condicionado, sino ese amor que no
exige, que no juzga, que simplemente es. El amor que Tú representas.
Los aprendices espirituales vemos la
vida como un sueño. Un sueño en el que nos comportamos como “no somos”, es
decir, como seres individuales que luchan por sobrevivir, que compiten, que se
comparan, que se olvidan de que están conectados. Hasta que un día despertamos.
O, al menos, abrimos un ojo. Y comenzamos a recordar eso que “sí somos”.
Pero el despertar no es fácil. Un alto
porcentaje de los aprendices somos unos hipócritas. Y lo digo con cariño, con
compasión, porque me incluyo. Creemos que somos hermanos, que todos somos hijos
de Dios, que estamos aquí para aprender a amar, pero nos comportamos como si no
lo supiéramos. Como si no lo creyéramos. Como si estuviéramos dormidos.
Aunque hay una diferencia. Nos sentimos
mal por vivir en contra de nuestras creencias. Nos duele la incoherencia. Nos
pesa el ego. Nos incomoda la desconexión. Y eso, tal vez, sea el primer paso
hacia el despertar real.
Señor, esta carta no es una queja. Es
una confesión. Es un intento de entender. Es una súplica silenciosa de guía.
Porque, aunque a veces me siento perdido, también siento que hay algo dentro de
mí que recuerda, que sabe, que anhela volver a Ti.
No sé si Tú eres una energía, una
conciencia, una presencia. No sé si estás en el cielo, en la tierra, en mí.
Pero sé que existes. Lo siento. Lo intuyo. Lo necesito.
Y si esta vida es una escuela, quiero
aprender. Si esta vida es un viaje, quiero caminar Contigo. Si esta vida es un
sueño, quiero despertar.
Gracias por darme la oportunidad de
vivir, aunque no entienda del todo el propósito. Gracias por los momentos de belleza,
por las personas que me han amado, por las lecciones que me han dolido. Gracias
por la posibilidad de escribirte, de hablarte, de buscarte.
Y si algún día logro amar como Tú amas,
aunque sea un poco, aunque sea a unos pocos, entonces sabré que este viaje ha merecido
la pena.
Con humildad, con esperanza, con amor.
Gracias






























