Las almas comunes se ven obligadas a
reencarnar a causa de sus deseos terrenales y del efecto de sus acciones
pasadas.
Las
grandes almas, (aventajadas en sabiduría como resultado de las lecciones
aprendidas a lo largo de numerosas vidas), vienen a la tierra, en parte, con el
objeto de agotar su karma, pero sobre todo para obrar como hijos magnánimos de
Dios cuyo ejemplo sirva de inspiración a los hijos perdidos y los guie por el
camino hacia el hogar del Padre Celestial, pleno de bienaventuranza.
Los
maestros y los profetas, que ya se han graduado en la escuela de la vida
mortal, y han ingresado en la inmortalidad de la Conciencia Cósmica, se
encarnan voluntariamente con el fin de servir, por orden de Dios, como agentes
plenipotenciarios de su milenario plan para guiar a todas las almas de regreso
a su eterna morada en el Espíritu.
PARAMAHANSA YOGANANDA

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