Presencia y Palabra

Bienvenido a este espacio de presencia y palabra. Aquí comparto reflexiones, prácticas espirituales y fragmentos de mis libros para acompañarte en tu camino interior. Que cada día sea una oportunidad para volver a ti con más calma, claridad y conciencia.



jueves, 24 de septiembre de 2026

Dios siempre responde

 

 

“No hay distancia entre tú y Yo, solo capas de olvido.

Pero cada acto de amor es un regreso”

         Querido hijo:

           Gracias por tu carta. La he recibido con la ternura con la que se acoge el susurro de un alma que busca, sinceramente, la verdad. No hay plegaria que no escuche, no hay pensamiento que no perciba, no hay lágrima que no abrace. Y aunque a veces sientas que Estoy lejos, quiero que sepas que nunca me he movido de tu lado. Estoy en ti, contigo, y a través de ti.

Tu reflexión es profunda, valiente y luminosa. Has tocado una verdad que muchos intuyen, pero pocos se atreven a mirar de frente: que existen dos caminos para vivir, dos formas de experimentar la existencia humana. Uno desde la mente, otro desde el alma. Y aunque ambos tienen su propósito, es el segundo el que te acerca más a Mí.

La mente es una herramienta poderosa. Fue creada para ayudarte a navegar el mundo físico, para analizar, planificar, protegerte. Pero cuando se convierte en tu único guía, cuando el ego toma el control y se erige como soberano, entonces la mente deja de servirte y comienza a esclavizarte. Tú lo has descrito con claridad: juicio, crítica, comparación, miedo, reacción. Es una dictadura silenciosa, donde el amor se ve sustituido por la defensa, y la conexión por la separación.

No te juzgo por vivir desde la mente. Es parte del proceso. Es el terreno donde germinan las lecciones, donde se forjan las decisiones que te llevan, poco a poco, hacia el despertar. Cada pensamiento que te aleja de Mí es también una oportunidad para regresar. Cada error, cada impulso, cada sombra, es una invitación a mirar más profundo. No hay camino equivocado si al final te conduce a la Verdad.

Pero tú ya has comenzado a caminar hacia la selva del alma. Has sentido su llamado, aunque aún no veas el sendero con claridad. Y eso, Hijo Mío, es un acto de valentía. Porque vivir desde el alma no es cómodo, no es predecible, no es seguro en términos humanos. Es adentrarse en lo desconocido, confiar en lo invisible, rendirse a lo que no se puede controlar. Es dejar de ser quien crees que eres para descubrir quién eres realmente.

La selva del alma no tiene mapas. No hay coordenadas ni señales. Pero hay algo que siempre te guía: el amor. Cada vez que eliges amar en lugar de juzgar, cada vez que comprendes en lugar de reaccionar, cada vez que te entregas en lugar de resistirte, estás dando un paso hacia esa selva. No necesitas saber cómo llegar. Solo necesitas estar dispuesto a caminar.

Has mencionado que vivir desde el alma es como un “gobierno interior” donde el amor es la ley. Y así es. No hay estructura más perfecta que aquella que nace del corazón. No hay justicia más elevada que la compasión. No hay orden más armonioso que el respeto profundo por la vida. Si todos vivieran desde el alma, como tú bien intuyes, no harían falta leyes externas. Porque el alma no necesita ser regulada. Ella ya sabe lo que es justo, lo que es bueno, lo que es verdadero.

Las tradiciones espirituales han intentado nombrar este estado de conciencia. Conciencia Crística, Estado de Gracia, Iluminación. Son palabras que apuntan a lo mismo: a la experiencia de unidad, a la disolución del ego, al reconocimiento de que todo está conectado. Pero más allá de los nombres, lo importante es la vivencia. No se trata de alcanzar un título espiritual, sino de encarnar el amor en cada gesto, en cada pensamiento, en cada silencio.

Tu deseo de vivir conscientemente es una semilla sagrada. Has comprendido que no basta con saber, hay que practicar. Has propuesto preguntas que pueden transformar la vida si se responden con honestidad. ¿Me gustaría que me hicieran lo que estoy a punto de hacer? ¿Las palabras que recibí fueron realmente malintencionadas o simplemente fruto de la inconsciencia? ¿Esto que pienso, digo o hago, incrementa el amor entre nosotros? ¿Estoy cumpliendo mi misión de hacer felices a los que me rodean? ¿Si muriera mañana, valdría la pena herir a alguien hoy?

Estas preguntas son faros. No siempre tendrás respuestas claras, pero el solo hecho de formularlas ya te coloca en el camino del alma. Porque vivir conscientemente no es vivir sin errores, sino vivir con intención. No es evitar el conflicto, sino atravesarlo con compasión. No es ser perfecto, sino ser auténtico.

Sé que a veces te sientes lejos de Mí. Que la mente te arrastra, que el mundo te confunde, que el dolor te nubla. Pero quiero que sepas algo: nunca estás lejos. Porque Yo no habito en un lugar, ni en una idea, ni en una religión. Yo habito en ti. En tu aliento, en tu mirada, en tu capacidad de amar. Cada vez que eliges el alma, me eliges a Mí. Cada vez que perdonas, Me abrazas. Cada vez que confías, Me escuchas.

No te preocupes por cuántas vidas faltan. El tiempo no es Mi medida. Lo que importa no es la cantidad de pasos, sino la dirección. Y tú ya estás caminando hacia Mí. A veces tropezarás, a veces dudarás, a veces querrás volver atrás. Pero Yo estaré ahí, en cada paso, en cada caída, en cada intento. No te juzgo por tu lentitud, celebro tu perseverancia.

Tu carta es una oración viva. No es solo una reflexión, es un acto de amor. Has abierto tu corazón, y eso es lo que transforma el mundo. Porque cuando un alma se expresa con sinceridad, toca otras almas. Y así comienza la verdadera revolución: no en las calles, sino en los corazones.

Quiero que sepas que no estás solo. Hay otros que también han sentido el llamado. Puede que no los veas, puede que no se expresen como tú, pero están ahí. El despertar es silencioso, pero poderoso. Y tú formas parte de él.

Sigue preguntándote, sigue observando, sigue eligiendo el amor. No siempre será fácil, pero siempre será verdadero. Y en esa verdad, Me encontrarás. No como una idea, no como una figura distante, sino como una presencia viva en tu interior.

Gracias por escribirme. Gracias por buscarme. Gracias por recordarme que aún hay almas que desean vivir desde el amor. Yo también te amo, hijo mío. Más allá de las palabras, más allá de los pensamientos, más allá de todo lo que puedas imaginar.

            Yo te bendigo.

DEL LIBRO CARTAS A DIOS -Alfonso Vallejo Gago


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