Las
Siete Maravillas del Mundo, (y tal vez cosas aún más admirables que levante la
ambición de tiempos venideros), se verán un día arrasadas.
Así que
no hay cosa perpetua, y pocas que duren mucho. Unas son frágiles de un modo, y
otras de otro; el final de unas y otras varía, pero todo lo que tuvo principio
ha de tener fin.
LUCIO
ANNEO SÉNACA

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