El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




viernes, 23 de octubre de 2015

Aquí está la solución a tus problemas (2)

¿Cómo entrar en el interior de uno mismo? Es muy posible que esta sea la segunda pregunta del millón. Después del ¿Quién soy?, ¿De dónde vengo?, ¿Adónde voy?, esta creo que es la pregunta que le sigue en importancia a las preguntas de la identificación, a esas preguntas en las que la respuesta nos sitúan un poco bajo el foco de lo que somos los seres humanos. Porque una vez sabido quienes somos, hemos de contactar con nosotros mismos, y ese contacto se va a realizar dentro, mirando al corazón, escuchando al alma; y para establecer el contacto dentro, hay que entrar, y para entrar hay que saber cómo.

Ya son muchas las personas que saben que son hijos de Dios, y saben que hacen aquí, pero no terminan, o mejor no empiezan a actuar como tal, como abanderados de la Divinidad, podríamos decir, espero no cometer un sacrilegio, como los auténticos voceros de Dios, como los auténticos representantes legales de sus intereses en la Tierra, ¿Quién mejor que un hijo para representar al Padre?

Y ¿Por qué no lo hacen? Pues porque no saben muy bien cómo actuar, el conocimiento que tienen es meramente intelectual, falta la experiencia, a pesar de esas meditaciones en las que cuando finalizan dicen “que fuerte”. Ese “que fuerte”, es como una gota de agua recibida, en comparación con el océano que les está esperando. La realidad es que pasar del conocimiento intelectual a la voz de la experiencia por haber integrado el conocimiento es posiblemente el paso más difícil que hemos de dar como seres humanos. Y ese paso es precisamente entrar a nuestro interior.

Por eso tenemos que hablar de la relajación, de la meditación, del viaje a la India, de la charla que escuchamos al maestro, al gurú o al monje tibetano, por eso tenemos que hablar de una determinada técnica o de lo intenso que fue el último intensivo. Todo esto son pasos correctos y posiblemente necesarios, aunque no imprescindibles, para poder dar el paso hacia nuestro interior, paso que significa dejar de vivir en la cabeza para vivir en el corazón, paso que significa abandonar la periferia de la conciencia para sumergirnos totalmente en ella.


El viaje hacia el interior, se realiza suavemente, deslizándose con la respiración consciente, después de dominar los pensamientos, manteniendo una atención constante y aceptando todo lo que el fluir de la vida nos ofrece, que no es más que aquello que nos envía el Universo, fruto de la atracción que nuestros pensamientos han generado con anterioridad.

Las cinco líneas anteriores bien podrían ser el prologo de cientos de tratados que hablan de la respiración consciente, de la atención plena, de la meditación, del perdón y de la aceptación, de la fuerza de los pensamientos y de las Leyes del Universo.

Cuando me siento delante de la computadora para escribir lo que será un nuevo post, lo hago solamente con una idea inicial, una especie de titulo, y nunca sé, en ese momento hasta dónde puede llegar. Es tecleando que van apareciendo las ideas que se van plasmando prácticamente sin ser totalmente consciente. En este caso, al llegar a estas cinco líneas he sido consciente de que me he metido, o me han metido, en un berenjenal, y de que la salida no va a poder ser lo que pretendía, que era escribir un post de dos folios máximo, esto se va a tener que convertir en una especie de tratado. No, por supuesto que no lo voy a hacer, no estoy preparado para eso, ya hay maestros que han dictado esos tratados, pero si voy a intentar, resumir ese prólogo de tratados según mi humilde, corta y personal experiencia.  


Así que aquí termina esta segunda entrada. Seguiré, utilizando el mismo titulo en las siguientes

sábado, 17 de octubre de 2015

Aquí está la solución a tus problemas

        
El secreto de todo lo que estás buscando, sea lo que sea, está dentro de ti. Ya sé, ya estoy escuchando tus pensamientos, son demasiado fuertes: “Lo que yo busco es una pareja, ¿Cómo la voy a encontrar dentro de mí?”, o “¿Cómo voy a conseguir dentro de mí el dinero que necesito para la hipoteca de la nueva casa?”, o “¿Cómo voy a conseguir encontrar dentro de mí la solución que busco para solucionar el problema del calentamiento global de la Tierra?”, y tantos más pensamientos de todas y cada una de las personas que están buscando algo material. O de personas que no buscan nada material: “Solo quiero consuelo y entender el porqué de la perdida de mi hijo”.

            Aunque también estoy escuchando pensamientos de personas que no están buscando nada en concreto: “Pero ¿Cómo vamos a entrar dentro con todo lo que hay fuera, para ver, para oír, para probar, para tocar, para vivir, para sentir, para gozar?”. 
      
Sería bueno ir desgranando conceptos y saber que significa entrar dentro de uno mismo, sería bueno saber dónde se encuentra la puerta de entrada, y sería bueno saber cómo es posible conseguir dentro algo que se encuentra fuera.

            Entrar dentro de uno mismo significa vivir hacia en el interior, sin dejarse impresionar ni bien ni mal, ni mucho ni poco, por cualquier situación, por cualquier suceso o por cualquier circunstancia que ocurra en el discurrir de la vida. Y cuando decimos cualquier situación, cualquier suceso o cualquier circunstancia, es cualquiera, del tipo que sea, cualquiera de las que en la actualidad se puedan calificar como buena, (que toquen millones en la lotería), como mala, (quedarse sin empleo o que se incendie la vivienda), o dramático, (la muerte de un ser querido).     Puedes añadir esa circunstancia terrible que estás viviendo: “Embarazada del que será tu cuarto hijo, abandonada por tu esposo y sin ingresos fijos con los que hacerle frente a la vida”. Puedes añadir, también, tu circunstancia particular de vida, sin importar la que sea.

            Porque vivir hacia el interior trata de que sin variar ni un ápice tu vida, puedas vivirla sin sobresaltos, sin agobios, sin miedos, sin dolor, sin sufrimiento, sin ansiedad. Si, a pesar de esa circunstancia buena, mala, terrible o dramática que estás viviendo.

            ¿Cómo puede ser no sentirse afectado por tantas y tantas vicisitudes como acontecen en la vida solo con desviar la mirada, del exterior hacia el interior?



Es que no se trata de desviar la mirada, no se trata de ignorar tu realidad, no se trata de olvidar al instante cada hecho, no se trata de jugar a “aquí no pasa nada”, no se trata de cerrar los ojos, no, al contrario, se trata de vivir la vida con los ojos bien abiertos, se trata de mantener vivo el recuerdo, (que no el pensamiento), sin olvidar nada, se trata de saber exactamente qué está pasando en cada momento, se trata de hacerle frente a la vida, se trata, sencillamente, de vivir la Vida, se trata de vivir la Verdad.

Vuelvo a escuchar vuestros pensamientos: “Si estoy viviendo la vida, y me encuentro con un episodio desagradable, tengo que sufrir”. Si, tienes razón, tienes que sufrir, pero las preguntas siguientes serian: ¿Cuánto ha de durar ese sufrimiento?, ¿Cuánto de intenso ha de ser?

Es normal que afecten los sucesos que van ocurriendo en la vida, pero lo que no es normal es que esos sucesos afecten el resto de la vida o una larga temporada. Todo lo que ocurre sucede en un momento, El sufrimiento que eso genere no ha de alargarse en el tiempo, debe de ser asimilado, entendido e integrado en el menor tiempo posible.

La duración del tiempo para asimilar, entender e integrar los sucesos viene determinado por la madurez de la persona, por la madurez de su carácter, por la expansión de su conciencia o por el crecimiento adquirido. O lo que es lo mismo el tiempo de sufrimiento es inversamente proporcional al punto de su viaje al interior en el que se encuentra la persona. Es decir, una persona que viva en la periferia de su conciencia, lo cual significa que solo vive hacia el exterior, va a sufrir lo indecible y durante un largo periodo de tiempo, mientras que otra persona que ha conseguido expandir su conciencia y acercarse a su interior va a sufrir menos, tanto menos cuanto más adentro se encuentra.

¿Significa eso que entrar dentro de uno mismo endurece a la persona? La respuesta es no, al contrario, la dulcifica, la hace más amorosa, más comprensiva, más tierna, más tolerante, porque lo que se encuentra la persona cuando entra en sí, es a Dios, y Dios es Amor. 

Al entrar en su interior la persona conecta con su parte divina, y llega a la comprensión de la razón de su existencia, llega al entendimiento del por qué de todas las cosas, sabe que todo es producto de un plan, del Plan Divino, sabe que todo es perfecto, sabe que cualquier suceso que ocurra o cualquier situación que se presente ha sido planificado con minuciosidad para su propia experiencia y que lo que debe extraer de todo ello es el conocimiento que tal situación comporta. Por eso no tienen razón de ser los enfados por que los resultados no sean los esperados, no tienen razón de ser los sufrimientos por enfermedades o perdidas, no tienen razón de ser las decepciones ocasionadas por familiares o amigos, no tienen razón de ser los miedos ante el discurrir de la vida, y sobre todo no tiene razón de ser las vueltas y más vueltas que se le dan en la mente a esas situaciones buscando ¿Qué?, buscando nada.

Hay que vivir la experiencia totalmente despiertos, con total y absoluta conciencia de lo que está sucediendo para integrar en el alma el aprendizaje, sabiendo que no es más, sea lo que sea, que un peldaño más en el despertar del sueño de la vida.

Todo esto es lo que sucede por vivir en el interior de uno mismo. En la próxima entrada veremos cómo llegar a ese interior y como conseguir lo que buscamos.



miércoles, 14 de octubre de 2015

De guerrero a héroe

                En la vida física tenemos un sinfín de oportunidades de crecimiento. Casi me atrevería a decir que las tenemos todas. Es mucho más rápido el aprendizaje dentro de un cuerpo que el que se puede atesorar al otro lado de la vida, sin cuerpo.

                La razón es simple. Al otro lado de la vida nada interfiere en nuestro contacto con Dios, sabemos lo que somos y lo que tenemos que hacer, mientras que en este lado, dentro del cuerpo, no tenemos ninguna conciencia de lo que somos, no tenemos conciencia de Dios, no tenemos conciencia de nuestra divinidad, no tenemos conciencia de la tarea a realizar, nuestra conciencia no va más allá de nuestro cuerpo físico, al menos en un elevadísimo porcentaje de personas, en realidad nuestra conciencia mientras permanecemos dentro de un cuerpo está tan comprimida, y tan impregnada de materia que prácticamente solo tenemos conciencia de nuestra realidad física.

                En estas condiciones, podemos calificar de auténticos héroes a todos aquellos que, a pesar de la pesadez del cuerpo, a pesar de la contaminación de la materia, a pesar de la sociedad, maligna, corrompida y carente de valores, a pesar de la enseñanza recibida, a pesar de la desinformación, en un alarde de locura, como lo podrían calificar sus conocidos, o en un alarde de valentía como se contempla desde el otro lado de la vida, comienzan una lucha consigo mismos para expandir esa conciencia que permanece dormida en lo más recóndito de sus deseos.



                Por eso el crecimiento realizado desde el cuerpo, es de una rapidez y una eficacia extraordinaria, ya que contra viento y marea, en contra de lo aprendido, en contra de las iglesias, en definitiva en contra de la sociedad, el héroe, o el guerrero, como también se le denomina, comienza, al principio lentamente, tratando de buscar respuestas, a preguntas sencillas, como ¿Quién es?, o ¿Qué hace aquí, en esta vida que parece tan injusta?, y cuando descubre lo más importante, que las respuestas no le van a llegar desde el exterior, sino desde su grandeza interior, la rapidez en su crecimiento se convierte en exponencial. Desde entonces, a más expansión de su conciencia, menos recorrido en el camino de la vida tendrá que recorrer.

                Los guerreros se van convirtiendo en héroes a medida que avanzan en su despertar. Sus batallas las libran, en un principio, a golpe de tambor, que todo el mundo sepa, o al menos su mundo, que están involucrados en una guerra contra lo establecido, queriendo incluso arrastrar a los suyos en su propia lucha. Después comienzan a comprender que cada persona ha de librar su propia batalla y recorrer su propio camino de despertar, y dejan de tocar los tambores, para vivir el silencio tanto en su interior, como en su exterior.

                Pero después, cuando se comienza a abrir los ojos, hay que seguir atentos, porque la mente, con su inmenso poder, va a tratar de amarrar a esa conciencia que se despega de ella para expandirse más allá de la realidad física, como si de un globo se tratara, para que se quede en la periferia del cuerpo y no se aleje demasiado. Entonces el guerrero es como si se convirtiera en un soldadito de plomo, sin fuerzas para seguir en su despegue.

                Hemos de aprovechar la vida física. Una vida es cortísima, y hemos de permanecer atentos a esa mente que intenta que el globo no se eleve. No nos puede valer quedarnos en la periferia de la conciencia, hemos de seguir la pelea. Esta no se acaba hasta que seamos total y absolutamente conscientes de nuestra divinidad, y de nuestro Amor por toda la humanidad. Hasta que lleguemos ahí, aun nos quedan viajes de ida y vuelta. No dejes que te acune la mente haciéndote creer que como lees libros “raros”, o meditas a veces, ya estás por encima del bien y del mal. No te dejes engañar, el final sucede cuando Amas, no cuando hablas del amor.

                

sábado, 10 de octubre de 2015

Linga Mudra-Mudra de la cabeza y la energía

LINGA MUDRA – MUDRA DE LA CABEZA Y LA ENERGÍA


Cómo se hace:

Entrelazar los dedos de ambas manos. Mantener recto el dedo pulgar de la mano izquierda y rodearlo con el pulgar y el índice de la mano derecha.

Sirve para:

Genera calor en el cuerpo.

Para obtener más beneficios, además de la práctica de este mudra tomar leche, manteca, agua y jugos de frutas.

Duración:

Practicar el tiempo que se quiera.

No practicar con dolor de cabeza.

Puede causar sudoración si se practica un tiempo largo.

Beneficios:

Se detiene la producción de flema y da poder a los pulmones.

Calma el frío severo y la infección bronquial.


Vigoriza el cuerpo.

Alma libre, alma encarnada

            Es difícil de explicar, y por lo tanto difícil de entender, el cambio que se produce a nivel de percepción, del alma que vive libre en el seno del Padre y la que vive encarnada. Pero podemos intentarlo.

            En realidad, la percepción del alma es la misma, pero el alma encarnada envuelta en la materia y en la personalidad del ego, no parece tener gran influencia en el desarrollo de la vida física. No puede, se encuentra atada y amordazada, mientras que una vez libre de sus envolturas, con la desaparición del cuerpo recupera su libertad expresando de nuevo su divinidad.

            Comencemos por el principio. El alma organiza su próxima vida, acompañada de guías, de Maestros, y de las almas que van a compartir con ella la vida física. El alma es totalmente consciente de su recorrido en la materia recordando todas sus vidas anteriores.


            Quiero hacer un aparte antes de seguir, para aclarar que no es que el alma recuerde, no lo necesita. No existe el tiempo en la vida fuera de la materia, ya que el tiempo solo es una percepción del ego. Por lo tanto al no existir el tiempo puede ver, en tiempo presente todo lo ocurrido en cualquier tiempo y en cualquier espacio. Es al encontrarse maniatada en la materia cuando ha de recordar.

            La organización de una vida es una tarea muy compleja, ya que en esa organización tienen que acoplarse todas las tareas que han de realizar todas y cada una de las almas que van a compartir la vida física con ella. Y no solamente se ha de organizar una opción de vida, se han de organizar varias, para poder abarcar los distintos cambios, que son muchos, que puedan ocurrir generados por el libre albedrío de los egos que comparten la encarnación.

            El estado habitual del alma es permanecer fuera del cuerpo, ya que en el cuerpo solo se encuentra durante cortísimos espacios de su eternidad. Pues en ese estado fuera del cuerpo, el alma es total y absolutamente consciente de lo que ha vivido, de lo que le queda por vivir, de lo que ha aprendido, de lo que le falta por aprender, de lo que debe y de lo que le deben, y la planificación de su vida está ligada a todo ese bagaje, eligiendo padres, hermanos, parejas, hijos, nietos, amigos, países, situaciones, trabajos, etc., etc. El alma, si de ella dependiera, trataría de abarcar cuanto más mejor, para terminar en una vida física todo su trabajo, pero los seres que la acompañan en su programación, únicamente la dejan que planifique el aprendizaje y la liberación del Karma que podrá soportar. Intentar más sabiendo que el ego sería incapaz de llevarlo a buen puerto seria un sufrimiento inútil.

            Cuando llega el momento de encarnar, el alma carga con la mochila de los miedos y de las emociones que va paseando vida tras vida para liberarse de ellos, y es cuando el ego recibe esa mochila, que comienza el calvario del alma. Envuelta por la materia, amordazada y maniatada, no puede hacerse oír para que el ego entienda que el sufrimiento y el miedo que comienzan a atenazar su existencia, solo son herramientas para su propio crecimiento.

            La minuciosa programación realizada antes de la vida, se ve amenazada, truncada y parcelada, con lo que el alma comprueba que no solo no va a avanzar ni un milímetro, sino que puede cargarse con más Karma para liberar en vidas futuras.

            El alma intenta hacerse oír, enviando imputs al corazón para que el ego aprecie las intuiciones, que son el lenguaje del corazón, pero nada. Lo reintenta haciendo incluso enfermar físicamente al cuerpo, pero  tampoco tiene éxito.

            Es tan fuerte la forma de pensamiento de separación de Dios que la sociedad ha creado como un halo rodeando la Tierra, que son pocos los egos que intentan mantener en silencio su mente para escuchar a su corazón, e incluso estos, que tienen acceso a las intuiciones, las malogran en un ochenta por ciento al pasarlas por el arel de la mente.

            Para el alma la muerte del cuerpo es una liberación, y una vez de vuelta al seno del Padre comienza una nueva etapa, una nueva planificación.

            Esta es la diferencia entre el alma libre y el alma encarnada. Una sabe que es divina y disfruta su divinidad. La otra encerrada en la mazmorra del ego, sabe de su divinidad pero no puede disfrutarla si no consigue que la disfrute el ego, lo cual es muy difícil en casi todos los seres humanos.


            Si has llegado hasta aquí, intenta mantenerte en silencio el mayor tiempo posible. Haz que la meditación sea un hábito en tu quehacer diario, y date permiso para escuchar a tu corazón que sólo habla al dictado del alma. Y el alma solo expresa su Divinidad.

lunes, 5 de octubre de 2015

En el umbral del Paraiso-(La vida de Ramón)


            Esta es la historia de Ramón, un jubilado a punto de cumplir setenta años, ahora abuelo a tiempo completo, que como hobby ha dedicado media vida a la búsqueda de algo, que el mismo no sabe muy bien cómo definir, pero que casi a media voz, como si le diera vergüenza, dice “busco a Dios, pero me siento tan poquita cosa”.
Ramón es una excelente persona, el primero en ayudar en las distancias cortas, aunque alejado de los grandes compromisos, ya sean sociales, económicos, políticos o religiosos. Sus familiares con ese cariño infinito que sienten por él le dicen con frecuencia: “Ramón, o papá”, según de donde venga la perorata, “es que no puedes ayudar a todo el que se te acerca, no puedes perdonar lo que te deben, no puedes hacerte el tonto de esa manera porque te están tomando el pelo”.
“Mira”, contesta él, “si pueden devolvérmelo y no lo hacen, no es mi problema, es el suyo. Para mí no es imprescindible, y si creyendo que soy tonto y me engaña, él es feliz, pues ¡Bendito sea Dios!, allá él con su conciencia”.
Esta es su manera de ir por el mundo. No entiende de separatismos políticos o religiosos, no entiende la discriminación, no entiende, por ejemplo, cuando desde las altas jerarquías de la iglesia condenan sin paliativos a homosexuales, a divorciados o a madres solteras. “Ahora afortunadamente”, dice, “tenemos un Papa que sí parece que habla por boca de Dios, al menos más que otros”.
Ramón es un observador, no habla, solo escucha, y eso le ha hecho conocedor de la idiosincrasia humana. Como él dice: “Cuando abren la boca ya sé si hablan con verdad o me va a engañar” o, “dejarles que hablen, pobrecitos, es su única manera de tener protagonismo”.
 
No ha realizado ningún tipo de cursos o talleres tan de moda hoy día, no hace intensivos ni retiros, él sólo lee y medita. Me contaba que le tenía un miedo cerval a la muerte y que a través de la lectura empezó a pensar en la lógica que tenía la reencarnación y en que todo lo que venimos a hacer a la vida es aprender, “Aunque tengo que reconocer”, dice, “no sé muy bien cuál es el aprendizaje. Los autores no se ponen mucho de acuerdo, lo que me da a entender que no lo saben. Me gusta eso que tú dices de que sólo tenemos que aprender a amar, parece lógico”.
Lo que iba asimilando de los libros lo ha ido incorporando a su propio ser a través de la meditación. Me contaba de su experiencia meditativa: “La reencarnación me empezó a parecer lógica observando la tontería de mucha vidas, y sobre todo tantas y tantas vidas vacías, carentes de amor y de cariño, y sobre todo con tantos engaños. Tenía que haber algo más pensaba. Pero a medida que avanzaba en mi meditación, era como si en cada meditación recibiera información adicional, porque al finalizar la meditación parecía que había integrado en mi ser, en el lugar donde se acumula la sabiduría, que no se cual es, lo que había leído y aceptado como cierto. Esto hizo que desapareciera el miedo a la muerte y empezara a plantearme otros objetivos de vida”.
 “¿Cuáles son esos otros objetivos?”, pregunté yo, dando por sentado que los objetivos anteriores eran los que todo el mundo tiene, buscar la felicidad, aunque no lo sepan, pero tratando de encontrarla en los lugares equivocados. “Los objetivos que ahora busco”, contestaba Ramón, “es hacer felices a los demás. Eso me hace feliz. Lo leí una vez, y no lo entendía muy bien, pero ahora, al practicarlo, lo he entendido perfectamente. Mi felicidad pasa por la felicidad de los que me rodean”.
Si tenía alguna duda de la bondad de este hombre, ahora se había disipado. Pero la razón de esta entrada, no es por su bondad, ni sus anécdotas, es por lo que me siguió contando Ramón: “Últimamente me están pasando cosas muy raras, y cada vez con más frecuencia. A veces es como si me desconectara del mundo. Estoy con mi esposa, con mis hijos o con mis nietos, y la mente, que ya sabes lo caprichosa que es, da entrada a un pensamiento del tipo: ¿Qué será de Ana, mi nieta, el día de mañana?, y en ese momento surge la desconexión y me entra una serenidad especial, y esa serenidad lleva implícito no que sepa que será el día de mañana, sino que no debo preocuparme porque lo que va a ser ya lo ha pedido, lo ha pactado y lo ha programado, así que no va a ser lo que ella no quiera ser”. “Ya sé”, siguió Ramón, “que eso, ni ella, ni nadie de la familia lo saben, ni tan siquiera yo, pero la sensación que recibo, o la energía como tu dices, me serena hasta el extremo de dar las gracias a Dios”.
“Te ha sucedido en más ocasiones”, le pregunté.
“En muchas más”, me contestó, “prácticamente cada vez que tengo alguna duda, alguna pregunta, alguna inquietud, de alguna manera es como si me desconectara de la vida y me enchufaran a no sé donde, pero me llega tal serenidad que dan ganas de seguir teniendo dudas. A veces incluso después de eso, se la respuesta a la pregunta que me hacia en mi mente, y sin que nadie me diga nada, se que lo sé”.
“Ramón”, le interrumpía yo, “eso es como estar en el umbral del Paraíso. Es como si estuvieras aquí y Allá. Y ¿Qué haces?
“Nada”, contestó él, “doy las gracias”.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Enfados del alma (2)


Hasta prácticamente hoy, nunca, o en contadísimas ocasiones entraba en el blog para ver comentarios. Creo que lo he hecho una o dos veces, con lo que los comentarios ahí están, pero nada más.
Cuando hoy he entrado he visto alguno como el que trascribo a continuación: “Hola, me gustaría que profundizaras en el comentario del enfado del alma, porque no me queda nada claro que las enfermedades vengan de un enfado del alma”. Este comentario es del 8 de Abril y fue motivado por una mini entrada, (las entradas minis, que son casi pensamientos, las recojo en algo que denomino “Perlas para el alma”). No sé a quién pertenece el comentario porque aparece como anónimo. Espero que lea esta entrada para aclarar en lo posible sus dudas.
La entrada en cuestión decía: La verdadera y futura curación se efectuará cuando la vida del alma pueda fluir sin impedimento ni obstáculo a través de cada aspecto de la materia, pudiendo entonces vitalizarla con su potencia y eliminar así los bloqueos que son fuente de enfermedades.
Un sinfín de enfermedades tienen su origen en un enfado del alma. Solo hay que ser honestos con uno mismo, escuchar lo que dice el corazón y seguirlo al pie de la letra.
 
Para entender, en primer lugar, que el alma se enoje, y en segundo lugar, que sea origen de enfermedades, por supuesto no de todas, es imprescindible saber que el ser humano cando nace a una nueva vida tiene, normalmente, un bagaje de vidas importantes a sus espaldas.
Lo que nace a una nueva vida es un cuerpo, pero de ese cuerpo, toma posesión “algo” que permanece inmutable vida tras vida, “algo” eterno, “algo” divino, ese “algo” es el alma. El alma es un chakra que se encuentra situado a unos treinta centímetros por encima de la cabeza. El cuerpo físico se encuentra dentro del radio energético del alma, podemos decir, por lo tanto, que somos un alma que contiene un cuerpo, más que un cuerpo que contiene un alma.
Es el alma quien atesora los recuerdos de todas las experiencias vividas en los diferentes cuerpos que ha ido habitando en la materia. Es el alma quien recuerda muertes traumáticas, quien recuerda maltratos, quien recuerda engaños y traiciones, quien recuerda amores y desamores, quien recuerda felicidad y sufrimiento. Es el alma también quien firma, (por expresarlo de una manera que entendamos), el contrato de vida, por lo tanto sabe perfectamente la razón de su venida a un cuerpo, sabe el porqué de cada encuentro, sabe la razón de miedos y traumas, sabe cuál es el trabajo a realizar y cuando debe hacerse.
El problema es que cuando alcanzamos el uso de razón para la humanidad perdemos el contacto con el alma para la espiritualidad. Nos enseñan a creer en lo que vemos y tocamos, y claro el alma no se ve. Nos hablan del alma, como nos hablan de Dios, pero sin enseñarnos que es realmente el alma y quién es realmente Dios. Nadie nos habla de nuestra divinidad, nadie nos dice que somos eternos, nadie nos dice que vivimos desde siempre y que vamos a vivir para siempre.
Por lo tanto todo lo que conoce el alma no lo conoce la razón, pero no porque sea imposible, sino porque vivimos desconectados del alma.
Como no somos capaces de conectarnos con nuestra alma, de alguna manera tenemos que recibir los “imputs” para hacer aquello que hemos pactado hacer. Sólo el alma lo sabe. Es el alma la única que puede hacer algo para que reaccionemos y encaminemos nuestros pasos hacia el punto que teníamos previsto antes del nacimiento del cuerpo.
¿Cómo lo hace? El alma se encarga de enfermar al cuerpo con la enfermedad necesaria para pagar Karma con el sufrimiento por la enfermedad,  o para visitar a un terapeuta que le enseñe a la persona a meditar para sanarse, o para encontrarse con alguien que le hable del perdón, o para que haga aquello que necesita para la realización de su contrato.
Permitirme que haga un punto y aparte para recomendaros que leáis, si no lo habéis hecho la entrada que lleva por título “La mochila kármica de los bebés”. En ella relato cuatro casos en los que los recuerdos que el alma trae de otras vidas están afectando a la vida actual.
      A estas enfermedades que son un aviso del trabajo a realizar, es lo que yo llamo “enfados del alma”. No son tales enfados, el alma no se enfada nunca, solo hace su trabajo para que “nosotros” hagamos el nuestro.
      Nos ahorraríamos enfermedades y sufrimientos si realizáramos el trabajo más importante: Conectarnos con el alma, vivir desde el alma.
 

La información que aparece en “La mochila Kármica de los bebés” ha sido recibida a través de varias canalizaciones que han realizado los papas de los niños, que presentaban diferentes problemas a los que no parecía encontrársele explicación. Si alguien estuviera interesado en realizar alguna canalización podéis escribir a mi correo alvaga88@gmail.com
Ya he tomado las medidas oportunas para leer a partir de ahora cualquier comentario que se realice en cualquier entrada. Me llegará de inmediato.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

El arte de vivir..... feliz


Al principio de los tiempos, los dioses se reunieron para crear al hombre y a la mujer. Lo hicieron a su imagen y semejanza, pero uno de ellos dijo:
-Un momento, si vamos a crearlos a nuestra imagen y semejanza, van a tener un cuerpo igual al nuestro y una fuerza e inteligencia igual a la nuestra. Debemos pensar en algo que los diferencie de nosotros, de lo contrario estaremos creando nuevos dioses.
Después de mucho pensar, uno de ellos dijo:
- Ya sé, vamos a quitarles la felicidad.
- Pero… ¿dónde vamos a esconderla? – Respondió otro.
- Vamos a esconderla en la cima de la montaña más alta del mundo.
- No creo que sea una buena idea, con su fuerza acabarán por encontrarla.
- Entonces… podemos esconderla en el fondo del océano.
- No, recuerda que les daremos inteligencia, con la cual, tarde o temprano construirán una máquina que pueda descender a las profundidades del océano.
- ¿Por qué no la escondemos en otro planeta que no sea la tierra?
- Tampoco creo que sea buena idea, porque llegará un día que desarrollarán una tecnología que les permita viajar a otros planetas. Entonces conseguirán la felicidad y serán iguales a nosotros.
 
Uno de los dioses, que había permanecido en silencio todo el tiempo y había escuchado con interés las ideas propuestas por los demás dijo:
- Creo saber el lugar perfecto para esconder la felicidad, donde nunca la encuentren.
Todos le miraron asombrados y le preguntaron:
- ¿Dónde?
- La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán.
Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin darse cuenta que la lleva consigo.
La felicidad es un estado interior, de la misma manera que el miedo, la ansiedad, la culpa, la ira o la tristeza son estados interiores.
¿Por qué entonces nos fijamos, nos regodeamos y sentimos las emociones inferiores y no las superiores como la felicidad o la alegría, cuando todas están en el mismo lugar?
Por una razón muy sencilla: Nadie nos ha enseñado.
Sentimos lo que nos han enseñado a sentir, y lo que nos han enseñado es a tener miedo, a sentir envidia, a criticar, a ser ansiosos, a sentirnos culpables, a juzgar a los demás, porque ese es el ejemplo de nuestros mayores. Nos han enseñado que la felicidad se consigue con cosas del exterior.
Así nos va.

Apana Vayu Mudra - Mudra del corazón


APANA VAYU MUDRA – MUDRA DEL CORAZÓN
 
 
Cómo se hace:
Las puntas de los dedos corazón y anular tocan la punta del dedo pulgar, mientras que el dedo índice toca la base del pulgar, manteniendo recto el dedo meñique.
Sirve para:
Beneficia el corazón.
Funciona como una inyección en la reducción del infarto.
Es tan poderoso como una pastilla debajo de la lengua.
Reduce los gases del cuerpo.
Duración:
Practicar tantas veces como se pueda.
Pacientes con problemas cardiacos y pacientes BP practicar durante 15 minutos cada día. Dos veces al día para obtener mejores resultados.
Beneficios:
Fortalece el corazón y regulariza las palpitaciones.
Regula el sistema excretor.
Reduce los problemas gástricos.

sábado, 19 de septiembre de 2015

La mochila que cargan los bebés


El mero hecho de nacer no significa que el nuevo bebé que ha aparecido en el mundo esté completamente limpio de polvo y paja. No, a pesar de su bisoñez carga una mochila importante: Carga su mochila kármica, carga recuerdos de otras vidas, sobre todo de las últimas, que pueden afectarle de manera importante en la nueva andadura que inicia en la Tierra.
 Miedos, enfermedades, fobias, simpatías, afinidades y desencuentros son algunas de las actitudes, emociones o sentimientos, que sin razón aparente, pueden desarrollar o sentir los niños hasta su entrada en el mundo de la razón, y posiblemente hasta su madurez, o hasta su siguiente vida si no consiguen sanarlo en la actual.

Relato a continuación algunos de los últimos casos tratados:
Elisabeth, de seis años que con el paso del tiempo se le ha ido agudizando el miedo a la oscuridad que tenía desde bien pequeña, al que se le ha unido según ha ido creciendo miedo también a la cruz, sobre todo en las que se encuentra la imagen de Jesús, ensangrentado y coronado de espinas. Además para más inri escolarizada en un colegio de monjas. Los miedos son motivados por recuerdos de su última vida, en la que estuvo internada en un convento de clausura, en contra de su voluntad, y se pasó la vida en una celda oscura con la única compañía de una cruz con la imagen de Jesús. En la actualidad en su inconsciente piensa que la van a enclaustrar también en esta vida. Por supuesto, nada más lejos de la realidad.
Rakel, de siete años. Miedo a la soledad prácticamente desde su nacimiento, que con el paso del tiempo ha ido en aumento con la sensación añadida de que alguien la observa casi de manera permanente. El miedo es motivado también por el recuerdo de su última vida en la que no tenía familia y la fueron llevando de casa en casa, sin ningún tipo de amor ni de cariño. En la vida actual tiene miedo de que eso vuelva a ocurrir y la abandonen sus padres. Aunque no hace falta decirlo quiero comentar que los padres están locos de amor por su hija y preocupados por sus miedos.
Raul, tres años. Un niño cien por cien amoroso. Besa y abraza de manera permanente a sus padres, a sus amigos, a sus compañeros, a sus vecinos, a sus conocidos, en fin, a todo el mundo, excepto a su maestra en la guardería. Su maestra en la guardería le hizo daño, sin ella pretenderlo en una vida anterior, y al encontrarla en esta vida, se activó su recuerdo y su rechazo hacia ella.
Lorena, tres años. Con un salpullido alérgico en la nuca que no se va de ninguna manera. Lo que tiene es un enfado con su papa porque la ha hecho daño en otras vidas y en esta, la niña en su inconsciente cree que la sigue haciendo daño, cuando su papa ya la ha pedido perdón de alma a alma y es muy amoroso con ella.
Podría relatar varios casos más, pero no parece necesario.
No quiere decir que todos los niños que tengan problemas de miedos, alergias o rechazos sean motivados por problemas de otras vidas, pero si un porcentaje importante. También podría mencionar algunos de la propia vida generados en sus primeros meses de vida, porque hay para todos los gustos.
Lo importante es saber qué hacer, o al menos intentarlo, en cualquiera de los casos, y no quedarse con la cantarela de que mi niño tiene este o aquel miedo y no hacer demasiado caso. Siempre hay una razón.
En casi todos los casos se ha de realizar un doble trabajo, uno terapéutico en el que se vaya eliminando la energía del miedo o del rechazo, y el otro de amor enviado  por sus padres. El trabajo de los padres tiene una doble vertiente: Una consciente en la que han de tratar a su hijo con auténtico amor, sin ningunear sus miedos, y otra un trabajo de almas, en el que han de expresar ese amor con palabras para que su alma lo reciba cuando el niño se encuentra dormido o a punto de hacerlo.
Nuestra mochila, en la que se encuentran nuestros traumas, nuestros miedos de otras vidas y por supuesto el Karma que nos hemos regalado para deshacernos de él, es más importante de lo que podamos pensar.

viernes, 18 de septiembre de 2015

La muerte desde el lado de la vida


Quiero dedicar esta entrada a un amigo, a un amigo que me escribió y me dijo que había leído el post con el título “Acabo de morir” en el velatorio de su padre que acababa de morir. Y me comentaba que si algún día me llegaba la inspiración que escribiera para los que sufren, para los que sufrimos el dolor de la pérdida.          
 

¿Por qué le tienes miedo a la muerte?, ¿Por qué el sufrimiento ante la pérdida de un ser querido?, ¿Por qué te produce “repelús” solamente la mención de la palabra muerte?
Hace días colgué un post con el título “Acabo de morir”, en el que una persona que acababa de morir me permitió compartir su estado, con el único propósito de ir aliviando o dulcificando el miedo escénico que casi todos los seres humanos le tienen a la muerte.
            Quiero en esta entrada hacer una reflexión desde el otro lado, desde el lado del vivo que ve, siente y sufre como se marchita hasta morir alguien querido.
            Porque es muy fácil hablar de la muerte desde la segunda fila, desde el otro lado de la computadora, desde el lugar donde no te toca en primera persona. Es imprescindible estar en primera línea para comprobar cómo el sentimiento de pérdida supera a cualquier filosofía, supera a cualquier creencia.
Supongo que casi todos hemos estado en esa situación de dolor, en esa sensación de impotencia, en esa sensación de incredulidad, en esa sensación en la que incluso puedes llegar a dudar de la existencia y de la bondad de Dios.
            La pregunta de ¿Por qué a mí Señor? Se encuentra en muchísimas mentes de los que contraen una enfermedad que parece terminal, e incluso en la de sus seres más allegados. Casi es como pensar porque no enferma el vecino de la otra calle, (al que por supuesto no conozco y no me va a afectar).
            La entrada de “Acabo de morir” tenía ese propósito. El propósito de que los familiares del difunto tuvieran la plena seguridad de que la muerte del cuerpo es un alivio, ya que se pasa a vivir en otro plano con otras condiciones que son mucho más ventajosas que las que disfrutábamos o sufríamos estando en vida.
Ya parece estar bastante claro, para bastantes personas, que abandonar la vida física es un regalo, y para el que muere la muerte es eso, un regalo, pero no lo es para los que nos quedamos. La pregunta es ¿Por qué?
Si tenemos claro que la vida sigue en otro plano, en el que todo lo que se vive es paz, amor, alegría y felicidad, y que es eso precisamente lo que está viviendo nuestro ser amado, ¿Por qué nos entristece tanto la pérdida, si sabemos, o al menos creemos, que sigue con vida, con esa otra forma de vida, que es mucho más placentera que la vida física? La respuesta aunque pudiera parecer fácil, no lo es tanto.
 
Todo es cuestión de creencia, todo es cuestión de pensamiento. La frase de Buda “Somos lo que pensamos”, adquiere aquí un valor máximo. Y con independencia de que el propio pensamiento de la persona en relación a la muerte, sea que solo es un cambio de consciencia, o sea que la vida continua a pesar de la desaparición del cuerpo físico, existe una forma de pensamiento global que cubre la Tierra en su totalidad que contempla la muerte como el fin de la existencia. Y es claro, dejar de existir es aterrador.
El propio pensamiento de los que creen en la reencarnación, y que nada acaba con la muerte del cuerpo es más un deseo que una creencia arraigada e integrada en el ser humano, incluidos muchos de los que predican la teoría; ya que si viviéramos en esa convicción, y estuviera integrada en nosotros, traspasar el umbral de la vida no causaría ningún tipo de trauma. Sería como acostarse a dormir cada día, solo que en vez de decir “Hasta mañana”, seguramente habría que decir “Hasta siempre”.
Es muy curioso lo que sucede: Pensamos conscientemente que la muerte no es el fin, (o deseamos que así sea), que hay vida más allá de la muerte, incluso conscientemente pedimos a los santos por los que la persona siente devoción, lo cual da pie a creer que la persona cree en la vida al otro lado de la vida física, ya que si viven ellos que han estado aquí, igual que nosotros estamos ahora, ¿Por qué no íbamos a vivir nosotros también al otro lado?, pero el terror inconsciente, generado por esa forma de pensamiento global es superior al cualquier creencia o razonamiento consciente.
             Cambiar ese pensamiento global de terror a la muerte, no parece, de momento, tarea fácil, ya que sería necesario que millones y millones de personas empezaran a tener el pensamiento contrario, lo cual no parece muy factible. Ante esto, solo queda la fortaleza del pensamiento de cada persona de manera individualizada.
Hay una segunda razón para sufrir por la muerte de una persona allegada, a pesar de creer que va a seguir con otra forma diferente de vida mucho más placentera. Esta razón es la calidad del amor. Si a cualquiera de nosotros nos preguntan porque sufrimos ante la pérdida de un ser querido, la respuesta sería prácticamente la misma: “Porque le quiero y no le voy a ver más”.
En esa respuesta mezclamos dos conceptos completamente diferentes: Una, “le quiero”, y dos, “no le voy a ver más”. El primer concepto se cae por sí solo, ¿Cómo es posible amar a alguien y sufrir porque se va a un lugar muchísimo mejor? Nuestro amor no es auténtico amor, no es la energía que todo lo llena, es una mezcla de amor y deseo. A esta combinación de amor y deseo bien podríamos llamarla apego, y el apego se define como una vinculación afectiva intensa, duradera, de carácter singular, que se desarrolla y consolida entre dos personas, por medio de su interacción recíproca, y cuyo objetivo más inmediato es la búsqueda y mantenimiento de proximidad en momentos de amenaza ya que esto proporciona seguridad, consuelo y protección. El segundo concepto es una consecuencia del primero.
Podemos por lo tanto concluir en que lo que definimos como amor hacia nuestros seres queridos, es más apego que amor, con lo cual es lógico el sufrimiento por la pérdida de alguien que nos acompaña, que nos da seguridad, que nos brinda consuelo, que nos da protección, y un sinfín de cosas más.
Cuando sustituyamos el apego por amor, por auténtico amor, por amor verdadero, por amor incondicional, por el mismo amor con el que Dios nos ama a nosotros, se habrá terminado nuestro sufrimiento ante la muerte.
Hasta entonces es normal nuestro dolor, porque es justamente el aprendizaje de cómo se ama nuestra auténtica razón para venir a la vida.

           

jueves, 17 de septiembre de 2015

La hermandad de las almas


Continuación de “El Viaje del alma” (3) 
            Todo lo que existe en el Universo, procede de la misma Fuente, todos tenemos un origen común que fue la voluntad original del Creador de darnos la vida. Todos estamos impregnados de la Esencia Divina, y con las individualidades que hemos elegido en esta encarnación, formamos parte de la Unidad Cósmica y Universal.
            Todos somos una Chispa Divina, una chispa desgajada de la Energía Divina. Todos tenemos la misma composición, la misma esencia, y de la misma manera que un día nos desgajamos de la Energía, a Ella hemos de retornar.  
Por lo tanto, cada entidad con la que tenemos contacto, ya sea persona, animal, vegetal o mineral, es lo mismo que nosotros y por lo tanto merecedora de todo nuestro respeto, amabilidad, compasión y amor, porque somos lo mismo, porque tenemos el mismo origen.
            El mayor problema con el que nos encontramos los seres humanos en nuestra llegada a la vida, es la idea de la separación, la idea de que somos independientes. No es esta una idea que llegue a nosotros por generación espontánea, es sencillamente fruto del aprendizaje y del ejemplo que recibimos.  
 
Sentirse separados de la Fuente es despreciar el propio origen, es despreciar la propia esencia, es, en definitiva despreciarse a uno mismo. Y si una persona no se ama a sí misma, no se respeta y no se valora, está claro que tampoco va a respetar a nadie de su entorno, es imposible, no sabe, con lo cual los sentimientos que se proyecten a los demás van a ser negativos. Y teniendo en cuenta que se recibe lo que se da, la energía y los sentimientos que vamos a recibir de los demás es la misma negatividad.
 Con independencia de que creamos o no en la Unidad, si queremos cambiar la dinámica de nuestra vida algo se ha de cambiar, pues ese primer cambio es amarnos y respetarnos a nosotros mismos, ya que si constantemente nos estamos criticando, autodespreciando, y manteniendo una pobre opinión sobre nuestra persona, esto es lo que reflejaremos sobre los demás, y con ello nuestros cuerpos físico y energético irán acumulando energía negativa y toxinas para ajustarse a la opinión que tenemos de nosotros mismos.
            Es en alguna vida, fruto de nuestro crecimiento cuando nos empezamos a plantear la posibilidad de que todos seamos Uno. Es a partir de aquí cuando el crecimiento se acelera y cuando podemos decir, sin temor a equivocarnos que estamos casi rozando la liberación.
            Cuando empezamos a plantearnos la posibilidad de que todos somos lo mismo, las vibraciones que salen de nosotros hacia los demás cambian, y cambian por amor y energía positiva. Cuando proyectamos hacia nuestro entorno esos sentimientos, compuestos de vibraciones de amor y energía positiva, comenzamos a recibirlos nosotros también.
            Pero está claro que no todo el mundo va a entrar en la misma comprensión de Unidad, por lo que en muchos casos nos vamos a enfrentar a relaciones difíciles. Cuando eso suceda es momento de recordar que cada persona tiene en su interior un ser de luz y hemos de acercarnos con respeto y amor.
Continuará…………….
 

sábado, 12 de septiembre de 2015

Surya Mudra - Mudra del Sol


SURYA MUDRA – MUDRA DEL SOL

Cómo se hace:
Doblar el dedo anular y presionar con el pulgar. Mantener los otros tres dedos rectos.
Sirve para:
Agudiza el centro de la glándula tiroides.
Duración:
Practicar dos veces al día de 5 a 15 minutos.
Beneficios:
Reduce el colesterol del cuerpo y ayuda en la reducción de peso.
Reduce la ansiedad.
Corrige problemas de indigestión.

Meditación para aceptarte como eres (Kundalini-Yoga)