El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




sábado, 27 de enero de 2018

Pasado

El pasado ya no es y el futuro no es todavía.

San Agustín

Es un deporte mundial vivir anclados en el pasado. Lamentándose por lo que se hizo, por cómo se hizo, o por no haber hecho. Tenga presente que todo lo que se hace se hace de la mejor manera que la persona puede. Nadie hace nada mal a conciencia, sobre todo, si es algo de lo que luego puede arrepentirse.


No se juzguen, no se critiquen. Todo lo que hacen, por lo menos, para ustedes mismos, lo hacen con la mejor intención, con la intención de conseguir alcanzar alguna meta. Si no lo consiguen varíen algún aspecto del camino para conseguir resultados diferentes, pero no lo conseguirán, seguro, menospreciándose a sí mismos. Recuerden: energías iguales se atraen. Si piensan que son unos burros, al final rebuznarán.


            Hay un refrán que dice: “A lo hecho pecho”, que significa que, si lo hecho es irremediable, y malo, hay que tener fortaleza y valor para aceptarlo.

            Que sirva de lección para rectificar en el futuro, para que no vuelva a suceder. Pero lamentarse y flagelarse eternamente no cambia el hecho. ¡Para que sufrir!

            De la misma manera, aunque estemos tratando de cuestiones hacia uno mismo, podemos desviarnos unas décimas, para entender que los otros, también han hecho las cosas lo mejor que sabían, por lo tanto, eviten cualquier tipo de crítica.

            Cada vez que se rememora un hecho del pasado, la mente siempre lo interpreta como presente, ya que para ella no existe pasado, siempre existe en presente lo que la ocupa en cada momento. Por lo tanto, cada vez que rememora un suceso es como si lo estuviera viviendo en ese momento, generando la misma energía que se generó entonces, el mismo dolor, el mismo sufrimiento. ¿Merece la pena sufrir permanentemente por un mismo suceso?

            Lo mejor es aceptarlo.

Si fue por algo que hicieron y se arrepienten por los resultados, ya no pueden hacer nada más que extraer la enseñanza, y procurar que no se vuelva a repetir para evitar el sufrimiento.

Si fue por la pérdida de un ser querido, tampoco le van a traer de vuelta con su dolor permanente. Así que acepten el hecho, y si les apetece recordar algo, recuerden los buenos momentos vividos con esa persona.

Si fue por algo que les hicieron, pongan los medios para que no vuelva a suceder, como puede ser, no frecuentar a esa persona.

Sea cual sea la razón de su viaje al pasado, no consigue más que avivar la llama del dolor. En sus manos está vivir el dolor o alejarlo de usted.




jueves, 25 de enero de 2018

Aceptar el cuerpo

Señor,
concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, 
valor para cambiar aquellas que puedo,
y sabiduría para reconocer la diferencia.

San Francisco de Asís


Teniendo en cuenta que el cuerpo ha sido elegido por cada alma como la mejor opción para el trabajo a realizar, rechazar el propio cuerpo, o alguna de sus partes, significa renunciar a aquello que el alma ha preparado con esmero.

Por lo tanto, si cree que ha venido para realizar una misión, y que para ello el instrumento que se ha dado es el cuerpo, tiene que aceptar, valorar, respetar, cuidar y amar su cuerpo.




Si no cree que ha de realizar un trabajo determinado, es igual, tiene que pasar la vida con su cuerpo, con cualquiera que sea su creencia. Por lo tanto, acéptelo también, ya que sufrirá inútilmente si no lo hace.

Así que, tanto si cree que ha elegido su cuerpo, como si cree que usted es el resultado del azar, tiene el cuerpo que tiene. Acéptelo, no lo puede cambiar, salvo los pequeños, o grandes matices de la cirugía.

Aliméntelo de manera sana, ejercítelo, que no se atrofie antes de tiempo, dele el descanso que le corresponde. Potencie sus fortalezas y trabaje para mejorar sus debilidades.

Escuchen su cuerpo. El cuerpo es sabio y sabe realmente que necesitan, cuando lo necesitan y como lo necesitan. No maltraten a su cuerpo. Si maltratan a su cuerpo, no se sorprenda si otros les maltratan, porque es la energía que desprenden.

Recuerde que energías iguales se atraen, por lo tanto, si usted no está satisfecho de su cuerpo, esa energía le rodeará como un anuncio de neón, y todos aquellos que se crucen en su camino, serán atraídos por su “luz de neón”, y opinarán, (deporte mundial el de opinar de cuestiones ajenas), que no les gusta el cuerpo que usted tiene, con lo cual añaden sufrimiento al suyo propio.

Tenga en cuenta, además, que usted es un ser único. No existe otro igual en todo el Universo. Y las piezas únicas siempre han sido muy bien valoradas.

No se lamente de su cuerpo, no le critique. Con los lamentos y con la crítica no va a conseguir cambiarlo.





sábado, 18 de noviembre de 2017

Sanar el alma

           

             Cuando aparece la enfermedad, los seres humanos suelen preguntar, llevando la mirada al cielo: “¿Por qué a mí Señor?”, pero casi ninguno lleva la mirada a su interior y se pregunta: ¿Por qué y para qué esta enfermedad?

            Casi nadie duda, a estas alturas de nuestra evolución, de la conexión entre los problemas emocionales y las enfermedades físicas, es normal que, si le comentas a alguien que te duele la rodilla, te diga que busques la razón por la que no quieres avanzar, o que a las contracturas en los hombros se las asocien con un exceso de carga emocional. Pero todavía nadie, o muy pocas personas, asocian la enfermedad física y el problema emocional con el alma, o con la programación de esa alma para la vida, o con la misión de vida, o con el aprendizaje espiritual pendiente.


            Y es, justamente el alma la que programa la vida, incluidas las enfermedades del cuerpo que ocupa, que para el alma solo es un instrumento.




La resurrección del alma. La muerte del ego


            Es muy difícil la vida del ser humano cuando deja de vivir en la periferia de la conciencia y comienza a darse cuenta de que la vida no es lo que está viviendo, ni él, ni sus contemporáneos. Ese espacio y ese tiempo, en el que los hombres creen que están para satisfacer los caprichos del ego, para sufrir por sus preocupaciones, para luchar por sus falsas creencias, para llorar por la desaparición de sus seres queridos, para batallar con las enfermedades, para alargar, lo más posible, la vida.



            Y así, hasta que un día, toma conciencia de que la vida, es más, porque vislumbra, de alguna manera, que las opciones para satisfacer los sentidos, que antes llenaban su vida, no le garantizan la felicidad esperada; que sus luchas para cumplir lo que cree que son sus prioridades no le satisfacen, aunque tengan un éxito efímero; que con sus enfrentamientos en materias terrenales, como pueden ser las cuestiones políticas, religiosas, deportivas, no consigue más que añadir dolor, ansiedad, incomodidad o miedo.

            ¡Tiene que haber algo más! Y es en ese momento de duda y de reflexión cuando, realmente, se ve abocado a un sufrimiento mayor, originado por la impotencia ante la imposibilidad, aparente, para cambiar la vida que conoce, la vida que vive, la vida que le exigen y que esperan los demás.

            Es entonces cuando sabe que tiene que vivir la vida del alma, pero no sabe cómo.

          En algún momento, después de ser consciente el ser humano, de que la vida es algo más, tiene que atravesar una línea de separación, tiene que existir un punto de inflexión, en el que el hombre se desprenda del ego, y viva, sin ambages desde el alma.

            La historia narra estos puntos de inflexión que existieron en la vida de grandes Maestros y grandes hombres y mujeres: Jesús se dirigió al desierto, estando cuarenta días y cuarenta noches, antes de iniciar su vida espiritual. Mikao Usui (monje zen japonés) afirmó haber redescubierto la técnica de sanación de imposición de manos, (Reiki), tras alcanzar satori, (estado máximo de iluminación y plenitud), durante un retiro espiritual en el monte Kurama de Kioto. Sakhiamuni Gautama se sentó debajo de una higuera durante semanas, hasta alcanzar la iluminación. Santa Rosa de Lima se recogía con fruición a orar y a hacer penitencia, en un espacio de poco más de dos metros cuadrados, (que todavía hoy es posible apreciar), practicando un severísimo ascetismo, con corona de espinas bajo el velo, cabellos clavados a la pared para no quedarse dormida, hiel como bebida, ayunos rigurosos y disciplinas constantes.

            Pero nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, no necesitamos tanto sacrifico. O ¿sí? Posiblemente lo necesite alguno, pero serán contados. ¡Bastante tenemos con nuestro dolor! Lo que sí que tiene que existir s ese punto de inflexión, o esa línea de separación, en la que el ego se retire de sus lindes, sin ruido, sin lucha, para dejar el camino expedito a los dictados del alma. Ese punto, ese momento de la vida, en el que el hombre entregue sus miedos, sus dudas, su dolor y su sufrimiento a Dios.

             Ese momento puede ser una enfermedad, la partida de un ser querido, o cualquier otro acontecimiento que le permita al ser humano descubrir, en algún resquicio de su dolor, que él no es lo que creía ser, sino algo mucho más grande. Descubrir e integrar ese conocimiento, hace que se acaben las preocupaciones, los malentendidos, los sufrimientos.


Esa es la muerte del ego. Ese es el final del sufrimiento. Esa es la resurrección del alma.  


martes, 7 de noviembre de 2017

Saber y creer




Para llevar y recoger a mi hijo del colegio tengo que pasar, (bueno, hay otros caminos, pero no son tan agradables), por un parque que hay en San Isidro, que es un distrito de Lima, que se denomina “El bosque del Olivar”, que cuenta con 1.600 olivos, algunos con 400 años de antigüedad.

Cada vez que paso por “El Olivar”, que pueden ser cuatro veces al día, sobre todo cuando voy solo, me da la sensación de que bajo algún olivo centenario me voy a encontrar con Jesús, apoyado en el retorcido tronco del árbol, hablando a sus discípulos.

Y, a veces, es tal la sensación, que trato de agudizar el oído para escuchar sus palabras. Incluso, algunos días, creo sentir Su palabra. Hoy ha sido uno de esos días.

Hoy el niño, (tiene cinco años), que no calle ni debajo de agua, tenía un día sorprendentemente callado, con lo que los dos caminábamos de la mano en silencio, enfrascados cada uno en sus propios pensamientos. Supongo que los suyos girarían en torno a “Scrat”, la ardilla de la película “La era de hielo”, porque desde el fin de semana anterior, que vio una de las películas de la saga, y desde que tiene una “Scrat” de peluche, es su tema favorito.

Mis pensamientos eran otros. Estaba dándole vueltas a mis propias miserias, pensando: “no estoy preparado”, “no tengo suficiente información” para enseñar a nadie. La verdad es que últimamente es un pensamiento recurrente.

Supongo que los Maestros, al otro lado de la vida, deben estar un poco aburridos de mis monotemáticos lamentos y decidieron darme la respuesta en forma de regalo, permitiendo que escuchara la plática con la que en ese momento el Maestro instruía a sus discípulos bajo el olivo más antiguo del parque.

Y esto fue lo que me permitieron escuchar:

“Ya lo sabéis todo”, pero más importante que saber es creer. Tenéis que creer en vosotros, porque si no creéis en vosotros mismos, no podréis ayudar a otros. Por más que estudiéis, por más que escuchéis, si no creéis en vosotros, no desarrollareis nada.

Ni siquiera es importante si os equivocaos o no. Lo importante es que creáis en vosotros. ¿Has oído Pedro?, tienes que creer en ti, porque vas a ayudar a personas mientras creas en ti mismo.

Las personas a quienes la gente cree, son las que hablan con seguridad de sí mismas. Y hablan con seguridad porque se lo creen.

Solamente podréis ayudar a la gente si creéis en lo que hacéis, si creéis en lo que decís.

No importa si más adelante cambiáis de opinión. Si cambiáis de creencia también lo comunicareis, contareis vuestra evolución de como habéis llegado a esa nueva creencia, mientras tanto confiar en lo que creéis hoy y transmitir lo que creéis hoy.

Estáis de sobra preparados para enseñar a los que se acerquen a vosotros. Los que necesiten saber otras cosas ya buscarán a los maestros en esas materias.

Como decía Marcos, (4:9): Si alguien tiene oídos para oír, que oiga.




miércoles, 1 de noviembre de 2017

Reflexión sobre el Amor





Quiero hacer una reflexión sobre el amor, referido, sobre todo, al amor a la familia, al amor a los amigos.

Todo es energía. El amor también lo es y, no es cualquier energía, es la energía más poderosa que existe.

El amor es la única razón para volver a la vida una y otra vez. Podemos pensar que, si estamos volviendo una y otra vez a la vida para aprender a amar, es porque no estamos aprendiendo, y eso que en cada vida tenemos padres, hijos, parejas, hermanos, a los que se supone que amamos. ¿Quiere eso decir que no amamos a los nuestros, a nuestra familia y a nuestros amigos?, ¿quiere esto decir que los seres humanos no sabemos amar?

Por supuesto que sabemos amar. La pregunta es ¿en qué medida?, o ¿cómo es la calidad de nuestro amor?, porque el aprendizaje consiste en aprender a amar como Dios nos ama, y si estamos naciendo y muriendo, decenas, cientos, o miles de veces, es porque no lo conseguimos.

El problema es que la calidad del amor que profesamos los seres humanos tiene un porcentaje de energía y otro porcentaje de sentimiento. Y todo el amor ha de ser 100 por 100 energía.

El porcentaje de energía es amor, el auténtico amor, mientras que el porcentaje de sentimiento es apego.

La manifestación del amor es libertad, afecto, comprensión, dialogo, respeto, compañía, tolerancia, solo por citar algunas de las virtudes que acompañan al amor. Mientras que el apego no manifiesta ninguna virtud, todo son defectos, que son precisamente los antónimos del amor, es decir, atadura, cautiverio, dominio, esclavitud, opresión, represión, tiranía, celos, envidia, intolerancia, crítica.

Mientras en nosotros haya más sentimiento que energía, seguiremos buscando compañía y la confundiremos con amor, buscaremos comprensión y la confundiremos con amor, creeremos que la pasión y el deseo son amor, y confundiremos con amor la dependencia del otro. Todo eso es apego.

El amor es algo diferente. Es algo que se da porque sí, sin más, y no se espera recibir nada a cambio. Quien ama, solo desea la felicidad de la persona amada, ya sea pareja, padres, hijos, hermanos o amigos.

Permítanse un momento de reflexión: Hagan un recuento de las personas a las que aman, y piensen que es lo que están haciendo para su felicidad. Piensen si hay un solo instante en el día, un solo instante, el que esa persona amada pueda no ser completamente feliz por alguna palabra suya, por alguna acción, por alguna omisión.

Si eso es así, posiblemente tendrían que hacer una nueva reflexión sobre la calidad de su amor.

Y no importa lo que ellos hagan o digan, estamos hablando de usted, de su amor por esa persona. Recuerden que amar es desear la felicidad de la persona amada, por encima de todo. Una infelicidad por algún comportamiento suyo no es amor. Es un extraño amor, teñido de apego.

Reflexionen sobre la calidad de su amor.

Bendiciones.




jueves, 26 de octubre de 2017

La Regla de Oro






Ya sabemos que la razón de la vida es poder experimentar el amor en todas sus formas y aprender a amar de manera incondicional.

Y para eso no existe un tiempo ya determinado. Pero de lo que si estamos seguros es de que con una sola vida no tenemos suficiente, necesitamos alguna vida más.

¿Cuántas?, no lo sabemos, y además no existe una regla que permita definir un rango de vidas, ni grande, ni pequeño. Pero todo parece indicar que necesitamos cientos, y algunas almas, miles de vidas.

Es por eso que estamos naciendo y muriendo, con más frecuencia de la que nos gustaría. Porque no nos gusta nacer cuando estamos al otro lado, y no queremos morir cuando estamos en el lado de la vida física.

Si siguiéramos al pie de la letra el Plan de Vida establecido por el alma, es posible que no necesitáramos más allá de 10 vidas, pero del Plan de Vida no solemos cumplirlo al 100%, ni al 50%, seguramente ni al 20%.

Claro que también podemos pensar que ¡Como vamos a cumplir algo que no se conoce!, porque el Plan de Vida es algo que conoce el alma, pero no lo conocemos de manera consciente.

Nuestro problema no es solamente el desconocimiento de nuestro Plan de Vida, tenemos otro grave problema, y es que nos identificamos con el cuerpo, creemos que somos seres independientes, creemos que somos diferentes, creemos que somos superiores o inferiores a otros seres humanos y no es así, TODOS SOMOS LO MISMO. No importa la edad, no importa el sexo, no importa la opción religiosa, ni la opción política, no importa el color de la piel, ni cuantos ceros tiene la cuenta corriente, no importa el coeficiente de inteligencia, TODOS SOMOS LO MISMO.

Todos somos una gota de energía desprendida de Dios. Y para comenzar a solucionar estos problemas, lo mejor es aplicar la REGLA DE ORO EN LA VIDA. Trata a los demás como te gusta que te traten a ti. No juzgues, no critiques, no engañes, no discrimines, ayuda, respeta, valora, acepta y tolera al otro, PORQUE TÚ ERES EL OTRO.

Y eso con independencia de cómo se comporte, con independencia de su trato hacia ti. Porque a ti te da igual, ya que el que está haciendo el trabajo de acercamiento al alma y EL TRABAJO de acercamiento a Dios eres tú.

Aplicar la REGLA DE ORO te va a llevar a conectarte con tu Plan de Vida, aunque lo desconozcas, te va a llevar EN VOLANDAS a vivir desde el alma, que es lo que estamos buscando, te va a llevar a vivir en paz, a la felicidad y a experimentar el amor.

Hazlo, no te arrepentirás.

Bendiciones.


miércoles, 18 de octubre de 2017

¿Qué somos los seres humanos?





               Imagina el océano. Es un día de viento y las olas son fuertes. El viento soplando en la cresta de la ola hace que de esta se desprendan cientos de gotas de agua. Durante un lapso de tiempo, que puede durar uno o dos segundos, cada gota de agua tiene vida propia, hasta que vuelve a caer, para ser nuevamente Océano.

                      Pues el ser humano es como esa gota de agua, solo que en vez de ser agua es energía, por haberse desprendido de un Océano de Energía. A mí a ese Océano de Energía me gusta llamarle Dios.

                     Por lo tanto, los seres humanos somos una parte de Dios, somos un punto de Luz, somos una chispa de Energía.

                      Y de la misma manera que, en uno o dos segundos, la gota de agua vuelve al océano, la chispa de energía ha de volver al Origen, ha de volver a Dios. ¿En cuánto tiempo?, no se sabe, esa es una potestad del ser humano, es su libre albedrío.

                      La gota de agua se desprende de la ola por efecto del aire, pero ¿por qué se desprende una chispa de Energía de Dios?

                     No sabemos el porqué de la Creación, pero podemos pensar que es un acto de Amor de Dios, que quiere que cada una de sus partes experimenten el amor en todas las formas posibles.

                     Y cuando esa Chispa de energía haya experimentado el Amor y aprenda, por sí sola, a amar de manera incondicional, volverá a la Fuente, de la misma manera que la gota de agua vuelve al Océano.

                     El mejor escenario para experimentar el amor en todas sus formas es la vida física. Para eso venimos a la vida. Cualquiera otra cosa, de los miles de millones de cosas que podemos hacer los seres humanos solo son un entretenimiento, porque nuestra única y real misión es aprender a amar.

                  Para poder realizar ese aprendizaje, la parte divina, que es el alma, se disfraza con un cuerpo, que podemos decir que es el vestuario que se da el alma para representar su papel en la obra de la vida.

                  Nuestro problema, el de los seres humanos es que creemos que el protagonista de la vida es el vestuario, es decir el cuerpo, cuando el verdadero protagonista es el alma, que además es quien organiza esa vida que el cuerpo cree como suya.

                       Por eso es imprescindible vivir desde el alma. 


                      Bendiciones.



domingo, 15 de octubre de 2017

El Rincón del alma-Presentación

          



         El Rincón del Alma nace para compartir con ustedes la experiencia de un viaje muy corto en el espacio, pero muy largo en el tiempo. Es la experiencia de un viaje al interior de ser.

Los seres humanos pasamos gran parte de nuestra vida buscando, ya sea consciente o inconscientemente, la felicidad, la serenidad, la paz interior, el amor.

Y buscamos esos estados con las herramientas de que disponemos, que no son otras, que las enseñanzas y las creencias que hemos ido atesorando en nuestro interior, recibidas de nuestros padres, de nuestros modelos, de nuestros profesores, de los religiosos, y de la sociedad en general.

            Casi todas esas enseñanzas y creencias nos llevan a buscar en el exterior. porque nos han dicho que, si conseguimos aquello que anhelamos, sea lo que sea, dinero, un nuevo coche, una casa de su propiedad, una pareja, etc., vamos a ser felices.

            La realidad es que no son muchos los que consiguen encontrarlo. Incluso cuando encontramos algo que nos puede dar felicidad, o que se parece al amor, normalmente se acaba, antes o después.

Cabría preguntarse, ¿No estaremos buscando mal?, y si tuvieran razón los que dicen que la felicidad es un estado interior, por lo tanto, habrá que buscarla dentro.

            ¿Qué hay que hacer para buscar dentro?

            Ese es el viaje que decía al principio.  Es viajar de la mente al corazón, es viajar del cuerpo al alma. En definitiva, es vivir desde el alma, dejando que mande, que organice y planifique el corazón. Porque mientras la mente es el instrumento del cuerpo, el corazón es el primer ministro del alma.

            Ya…, pero ¿qué es el alma?,

            Porque como el alma no se ve, y vivimos en una época en la que aquello que no se ve y no se toca, es como si no existiera, para muchos no existe, y la entienden, más como un concepto abstracto del que hablan, sobre todos, las religiones.

Pero si existe, y se puede conectar con ella.

Esto es de lo que van a tratar estos videos del Rincón del alma. ¿Qué es el alma? ¿Cómo vivir desde el interior? ¿Qué hay antes y después de la vida? ¿Para qué la vida?

      Y algunas cuestiones más, que me hice en su día, y he tratado de ir dando respuestas a mis preguntas, que seguramente serán muy parecidas a las suyas.

Si les puedo ayudar, estaré encantado.
Si les apetece nos podemos seguir viendo.

Bendiciones.




sábado, 23 de septiembre de 2017

Desmitificando la meditación



Me he encontrado con muchísimas personas que me han dicho: “Es que no se meditar”. Y mi respuesta siempre es la misma: “Todo el mundo sabe meditar”. Decir que no se sabe meditar es como decir que no se sabe dormir, y que le enseñen a dormir. Nadie le enseña a dormir, dormir es una necesidad del cuerpo. Meditar es una necesidad del alma.

Meditar es la cesación del pensamiento, y el pensamiento puede cesar estando sentado, de pie, acostado, apoyando la espalda en la pared o manteniéndola recta. Puede cesar tocándose las yemas de unos dedos, de otros, o de ninguno. Puede cesar vestidos de blanco y de negro, en la madrugada y en la noche, con la cabeza erguida o inclinada. Lo importante es que cese el pensamiento, cualquier pensamiento, hasta los pensamientos inducidos de repetición de palabras, por cánticos más o menos espirituales, o por la repetición de “un cuento” que va contando un guía de meditación.

La meditación lo que busca es el silencio, es el vacío, es la nada, y eso es imposible de enseñar.


Todo lo que enseñamos quienes nos dedicamos a estos menesteres, está bien, puede ayudar en un principio, pero no estamos enseñando meditación, porque la meditación no se enseña, llega por sí sola. Enseñamos técnicas de concentración, de imaginación, de contemplación, de visualización, de respiración, y algún “ción” más.  


miércoles, 6 de septiembre de 2017

Tú y Dios



Nunca estoy solo. Dios está conmigo. Él cuida de mí. Él sana mi cuerpo. Él administra mis finanzas. Él ocupa mi pensamiento. Él dirige mis emociones. Él me llena con su Amor.

            Todo lo que sucede en mi vida lo he planificado conjuntamente con Él. Todo es perfecto, absolutamente todo. Por lo tanto, no hay miedo, no hay preocupación, no hay sufrimiento, no hay dolor. Todo es perfecto, todo está bien.


            Por cierto, Dios también está contigo. Aunque no quieras, está contigo. Aunque no lo creas, está contigo. Pero si quieres sentirlo sólo tienes que mantenerle en tu pensamiento. Deja salir a los demonios que ocupan habitualmente tu mente. Deja salir el miedo, la carencia, la culpa, la ira, los celos, la rabia, la envidia, la preocupación, la impotencia, y ocupa ese espacio que dejas vacío con Dios.



jueves, 24 de agosto de 2017

Reflexiones (1)

La vida no es como a cada uno de nosotros nos gustaría que fuera.
La vida es, y punto, y querer que sea según los propios deseos, o los propios caprichos, es como querer retorcerla.
Y retorcer a la vida, es el camino más corto para el sufrimiento.
Si algo no te gusta de tu vida, trabaja para cambiarlo, pero no condiciones tu felicidad a los cambios que esperas conseguir.

Nunca dejes de decir “Te amo”. No sabes si será la última vez. Cada día, a cada instante, expresa tu amor.



Cuando la relación del hombre con el hombre, sea idéntica a la relación de Dios con el hombre, habremos encontrado el cielo en la tierra.
Y la gloria, la felicidad, la alegría y el amor, serán las armas de los ejércitos, la voz de los poderosos, el libro sagrado de las iglesias y la moneda de cambio del capital.

Vivir sin miedo.
Sin miedo a la gente, porque todos están embarcados en el mismo barco, viviendo todos, las mismas miserias, deseando imposibles, tratando de aparentar lo que no son.
Sin miedo a la vida, porque es hermosa, porque el timonel de la vida es uno mismo, porque el miedo merma la propia confianza, y hace embarrancar a la vida, en los lodos de la crítica, de la ira, del resentimiento.
Sin miedo a la libertad, porque el miedo aprisiona con grilletes invisibles sin permitir el movimiento.
Sin miedo a decir “no”, con cariño, cuando la circunstancia lo requiera, porque cuando se retienen varios “noes” el siguiente “no” ya está exento de cariño, y es más un exabrupto que lleva implícita la tormenta.
Sin miedo, porque con miedo no se ama.
Con amor, porque quien ama no teme.

Empiecen a vivir su vida, en lugar de tratar de vivir la vida de los demás. A los otros no hay que agradarles, lo que hay que hacer es respetarles, es ayudarles si lo necesitan y, por supuesto, si aceptan la ayuda. No hay que criticarles, no hay que juzgarles, ni tan siquiera opinar, si no se lo requieren. Colóquense en sus zapatos antes de opinar, ¿Qué sabe nadie de nadie?, ¿Qué saben de sus pensamientos, de sus emociones, del momento por el que están pasando?, ¿Que saben de su dolor o sus alegrías? Pues nada, no saben nada, así que tampoco saben el porqué de sus reacciones.
Dejen caer sus máscaras y acéptense. Con la propia aceptación comenzarán a amarse, y la consecuencia lógica de la aceptación y del amor por ustedes mismos será la aceptación del otro y el amor hacia él.

Una de las tareas más difíciles del ser humano es ser honesto y sincero consigo mismo.

Qué diferente sería la vida si en lugar de centrarse en lo negativo, que es el punto de mira de todos los seres humanos, cambiaran el ángulo y se centraran en lo positivo.
Se ahorrarían mucho sufrimiento inútil
La vida es un gran escenario en el que se llevan a cabo infinidad de papeles, y todos protagonistas.
No existen vidas insulsas ni vidas anónimas. Cada ser es un protagonista en la vida, todas las vidas son interesantes y con contenido.
Cada persona vive la vida que desea vivir. Solo ella es responsable de sus éxitos o sus fracasos.
Todos los seres humanos tenemos los mismos problemas, con ligerísimos matices.
Lo que es bueno para uno es bueno para todos.
Si eres capaz de ver los problemas de tu vecino, e incluso le das consejos, puedes aplicártelos a ti mismo, seguro que te van bien en alguna faceta de la vida.

En el Amor no hay esfuerzo, no hay dolor, no hay sufrimiento, no hay dudas, no hay celos. En el Amor hay sinceridad, hay transparencia, hay comunicación, hay libertad, hay alegría.