El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




martes, 22 de noviembre de 2022

¿Otro tiempo?, ¿una dimensión paralela?

 



Capítulo XV. Parte 1. Novela "Ocurrió en Lima"

Antay se despertó con una musiquita que comenzó muy suave y que fue aumentado de volumen, aunque, sin llegar a ser estridente.

Le costó un tiempo descubrir que la musiquita procedía de su celular, y no entendió la razón, porque no era consciente de haber puesto la alarma, en la noche cuando se acostó, ya que nunca lo hacía, a pesar de que a las 7:30 había quedado con Diana para poder llegar a las 8 a la oficina, junto con Pablo y Patricia, que les estarían esperando, para que, los tres, entregaran su curriculum y mantuvieran la reunión con el señor Ramírez.

Sacó la mano del edredón, aun con los ojos cerrados, para mirar el celular. Cuando lo tuvo en su mano y, abrió los ojos, pudo comprobar que marcaba las 4:30am. ¿Por qué tan temprano?

Una ligera claridad se filtraba a través de las cortinas pero…., entraba desde el lado contrario. ¿Cómo podía ser que la claridad entrara por la derecha cuando la ventana estaba en el lado izquierdo? “¿Me habré acostado al revés?”, pensó Antay. Se incorporó y no entendió nada. Estaba acostado de manera correcta. Entonces fue consciente de que la habitación era, por lo menos, el triple de grande de lo que es su habitación. Y la cama, también, era enorme. No estaba ni en su habitación ni, por supuesto, en su cama. Pero, ¿dónde estaba? Y, además, no estaba solo. Había una mujer acostada a su lado, y esa mujer era… ¡Indhira!

La mente de Antay trabajaba a marchas forzadas. “Anoche después de la pizza acompañé a Indhira a su casa y quedamos en que la llamaría un día de la siguiente semana, sin determinar cuándo. Fue un encuentro agradable en el que los dos, de manera más o menos clara, insinuamos que nos gustábamos y que iba a ser muy fácil para ambos llegar un poco más lejos, pero no pasó nada más. La dejé en el portal de su casa y yo volví a la mía y, estoy seguro de haberme acostado en mi cama. ¿Estaré soñando?”

-    Cariño, como no te des prisa, vais a perder el avión, -fue lo primero que dijo Indhira nada más abrir los ojos y ver a Antay sentado en la cama sin hacer ademán de levantarse y vestirse.

-    ¿Qué avión?, -preguntó Antay confundido, no entendiendo nada.

-  Amor, en media hora pasa a buscarte Pablo. Vais a Miami, ¿no te acuerdas?, ¿seguro que estás despierto?

-    Sí, estoy despierto, -balbuceó Antay.

-  Pues mientras te vistes te preparo un café. Te he dejado el terno, la camisa y la corbata preparados en el closet. No tardes en bajar.

“¿Adónde tengo que bajar?”, pensó Antay. Mientras tanto Indhira había salido de la cama. Estaba preciosa con un pantaloncito corto y una camiseta de tirantes que se pegaba a su cuerpo como una segunda piel.

La vio ponerse una bata que le llegaba a medio muslo y desapareció corriendo por una de las puertas que se veían en la habitación. “Debe de ser donde está la escalera para bajar a ese lugar donde tengo que ir”, seguía Antay con sus elucubraciones.

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