El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




miércoles, 5 de octubre de 2022

El tiempo todo lo cura

 




Capítulo X. Parte 6. Novela "Ocurrió en Lima"

Sacando unos marcos de fotos, de una de las cajas, recordé las fotos que el padre de Indhira tiene en la mesa de su despacho y, entonces, fui consciente de que llevaba veinticuatro horas sin acordarme de Indhira, ni de mi desastrosa despedida del sábado anterior. Es cierto que el tiempo lo va curando todo, porque ya no me parecía tan desastrosa como en un principio.

No cabe ninguna duda de que nuestro estado emocional está conectado, por completo, al pensamiento. Un día intenso de trabajo, sin tiempo para pensar, ha sido suficiente para dejar de lado toda la parafernalia asociada a la mente. No me he sentido mal por mi actuación con Indhira, ni me he sentido ni bien ni mal por la impresión que causó en mí, ni tan siquiera le he dado vueltas a la progresión o a las regresiones realizadas con Ángel, ni me he cuestionado que estaba haciendo abriendo cajas para Diana, a la que ayer no conocía. ¡Cuánto poder tiene el pensamiento!

Comenzaba el trabajo, propuesto por Ángel, de amarme a mí mismo, aprendiendo, primero, a compararme con otros más bajos, más feos o menos inteligentes que yo y, segundo, dejando de compararme. Ahora me atrevo a añadir un nuevo punto, centrarme, con total atención, a lo que sea que esté haciendo, en cada momento. Es lo que Ángel define como “todo está bien”. Pero, también, he aprendido otra cosa: Nadie aprende en cabeza ajena. De poco sirven los discursos. Es mucho más importante un segundo de práctica que toda la teoría del mundo.

A las siete de la noche el departamento de Diana estaba en perfecto estado de revista. Nadie hubiera dicho que se había mudado la tarde anterior. Hasta colgamos algunos cuadros y fotos, que le hacían ilusión,
en el salón y en su habitación.

Durante unos momentos tuve una ligera discusión con mi pensamiento. Él insistía en que debía de irme a casa, haciendo una despedida parecida a la que le había hecho a Indhira. Mi opinión era diferente. Pensaba que estaba sola y que se sentía desprotegida. No es que quisiera convertirme en su protector, pero no podía dejarla abandonada sin más.

Ganó mi opción y le ofrecí a Diana cenar antes de despedirnos. Yo me encargué de pedir algo para la cena.

Estábamos los dos tan cansados que, una vez terminada la cena, decidí despedirme.

-    ¿Estarás bien? –le pregunté mientras me levantaba para irme a casa.

-    Si, Antay. Muchísimas gracias. Has hecho hasta bonito el que podía haber sido el peor día de mi vida. Te lo agradezco infinito. Nunca llegarás a entender el bien que me has hecho. Nunca lo olvidaré.

-    Bueno, Diana, no exageres. Cualquiera hubiera hecho lo mismo. Descansa. ¡Hasta mañana!

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